domingo, 12 de septiembre de 2021

SANITARIOS CONTRA LA SALUD



Sobrevivir a los protocolos médicos es aún menos probable que sobre-
vivir al Covid. Lo que sigue es la prueba fehaciente.

Juan Francisco Martí es el paciente que recibió el tratamiento de ozono en un hospital de Castellón (España) pudiendo salir adelante después de estar muy enfermo de covid y sin casi esperanzas de vida. Recibió finalmente el tratamiento después de muchas trabas por parte de la dirección del hospital porque el auto de una juez lo hizo posible. Debe su vida al empeño de su esposa, Vanesa Bachero, farmacéutica como él y sabedora de que la mera aplicación de los protocolos impuestos por la OMS significaban la condena a muerte de su marido.



Se da el caso de que a Lluis Planas, un paciente en análoga situación internado en la clínica Corachan de Barcelona, le fue denegada esta terapia por decisión de una juez que anuló la autorización previa otorgada por su sustituta. El auto que desestimaba la petición de la familia hubiera dado para el argumento de un relato de Kafka, al considerar que "debe primar el proceso asistencial legalmente previsto" sobre el derecho a la vida del paciente, una decisión que fue inmediatamente aplaudida por la Organización Médica Criminal, perdón, Colegial, de España en un comunicado que algún día deberá formar parte del acta de acusación ante un tribunal internacional que juzgue los crímenes contra la Humanidad que la Plandemia ha desencadenado:


Las dos últimas líneas de la imagen precedente omiten el dato de que el enfermo a quien le fue denegada la ozonoterapia acabó muriendo. Pero, de acuerdo con los "intereses generales" que la juez invocaba en su infame auto (sin aclarar qué intereses son esos) murió como está mandado por los protocolos.

Se da la circunstancia de que Juan Francisco Martí fue hostigado por el personal del Hospital Universitario de la Plana, donde estuvo internado -y desahuciado-, y hasta el que se trasladaron dos de los mayores especialistas en terapia de ozono para aplicarle el tratamiento que el centro hospitalario le negaba. Los trabajadores, azuzados por unos sindicatos corporativistas como pocos, se manifestaron repetidamente contra los intrusos -"extranjeros" les llamaron- que venían a hacer en un hospital público lo que ellos no querían hacer ... salvar una vida. Lanzaron comunicados públicos criticando el tratamiento "chamánico" (como si eso fuera un insulto), descalificando un tratamiento que motejaban de "superchería" -pese a su probada eficacia- y haciendo de cada visita de la heroica Vanesa Bachero al hospital un ejercicio de acoso colectivo.


Una imagen para la historia nacional de la infamia: el personal del Hospital
La Plana (debe ser una alusión a la imagen que da su encefalograma en con-
junto) se manifiesta contra la aplicación del tratamiento que salvó la vida de
Juan Francisco Martí. 

Incluso el presidente del Consejo de Colegios Médicos el doctor Tomás Cobo escribió una carta pública a Carlos Lesmes presidente del Consejo General del Poder Judicial negando a los jueces la potestad de decidir en el área sanitaria que, al parecer, debe estar por encima de la ley. La Comisión Permanente del Comité de Bioética de la Comunidad Valenciana vaticinó que el tratamiento no iba a aportar ninguna mejoría para el paciente, demostrando que su incompetencia no solo se da en el doble terreno de la ética y de la medicina, sino también en el de la adivinación (curioso que califiquen de "superchería" un tratamiento que ha demostrado en múltiples ocasiones salvar vidas y no se den cuenta de que el término, en cambio, cuadra perfectamente a su torpe incursión en el mundo de la profecía ... fallida. "La paja en el ojo ajeno", ya se sabe).

Parece que curar es algo inaceptable si no ocurre bajo unos estándares rígidos aplicados protocolariamente por "autoridades" carentes de compasión y de capacidad de autocrítica, pero henchidos, en cambio, de soberbia, de creerse en posesión de la verdad definitiva y, en el fondo, de una pereza insalvable ante la mera posibilidad de tener que esforzarse fuera de los protocolos establecidos para cumplir con la primera meta de su prostituida profesión: proteger la vida y la salud de los enfermos que les han sido encomendados. Médicos y sanitarios instalados en ese espacio no merecen los aplausos que los ingenuos les dedicaban al comienzo de toda esta farsa (o los merecen, pero aplicados directamente en sus desvergonzadas jetas).

Como bien dice el blog hermano "En el amor de la vida": "Repudiar o rechazar un tratamiento que pueda ayudar a que un paciente se salve, eso es directamente criminal, y es algo que está sucediendo ahora mismo". Y, parafraseando el Evangelio, añado que no se han creado los pacientes para el protocolo, sino los protocolos para el paciente. Que cada vez más personas teman el internamiento hospitalario en vez de verlo como una posibilidad de recuperación es algo que infames mercenarios como los de los centros citados han ganado a pulso.

Pero es que, además, y escarbando en lo sucedido, subyace de fondo el miedo de unos funcionarios de la salud que se han acomodado a trabajar poco y a cobrar generosos pluses por ser el brazo ejecutor de los mandatos de la OMS, con sus inútiles PCRs, falsas vacunas y atención meramente telefónica, a que se les desmonte el privilegiado chiringuito si se divulga que existen tratamientos eficaces contra el Covid, a los que los precavidos querrían acogerse. Si se permite que el paciente ejerza su derecho a elegir el tratamiento, ¿qué sería lo siguiente? ¿terapias sin efectos secundarios? ¿consentimiento informado? ¿vuelta a la atención presencial?

Recordemos que la autorización de emergencia -que no aprobación- de los venenos transgénicos que nos venden como "vacunas" se produjo sobre la base de que no había tratamientos alternativos, por lo que éstos (ozonoterapia, ivermectina, dióxido de cloro, ibuprofenato sódico inhalado, ...) han sido negados, perseguidos o ridiculizados, aún cuando hubieran podido salvar innumerables vidas laminadas por los protocolos asesinos impuestos como únicos e inevitables.

Termino con una nueva cita que sitúa lo sucedido en el ámbito que le corresponde, que no es otro que el de la lucha de la verdad contra la falsedad, de la honestidad contra la propaganda, del bien contra el mal, de la vida contra la muerte:

"Con este episodio de mezquindad colectiva termina de caer el velo. Ya no hay decorado. El Mal se presenta como es: cruel e insolente. La endiosada secta de la bata blanca se pone de largo. Las cartas están bocarriba, para que las personas –médicos de buena voluntad incluidos– que veían, pero no percibían, rompan su hechizo y se planteen mantener su fe ciega en ciertas personas y entidades impostoras, antes de tomar decisiones importantes a la ligera.


En todo esto, la historia de Juan Francisco, que toma fuerte la mano de su mujer y vuelve a la vida en medio de los envites de la serpiente, es lo que nos hace levantarnos de la silla. La magia que algunos no soportan es la de la lucha de un amor incondicional que se crece y no se rinde ante el fanatismo y la oscuridad. También la de la verdad que, con todo en contra, se abre paso entre la irracionalidad de un sistema sin alma, cuyo alimento es la codicia y el afán de control, y cuya verdadera esencia ha quedado a la intemperie. Hasta que alguien venga y LO ENTIERRE PARA SIEMPRE"
.

(Fuentes: https://madridmarket.es/; https://enelamordelavida.blogspot.com/; https://hipocritic.wordpress.com/; https://elpais.com/; https://www.eldiario.es/)

5 comentarios:

  1. Qué buena entrada. Yo cada vez confío menos en los médicos. Y los ingresos de los mayores en hospitales normalmente implican un rosario de pruebas, pocas soluciones y una salida del anciano más desorientado y más dependiente. Una pena. Con los protocolos se trabaja mejor pero los médicos deberían ser más creativos, más abiertos a novedades y son una panda de acomodados endogámicos.

    ResponderEliminar
  2. Hace 10 años por confiar ciegamente en los médicos lo que no era más que un período de estrés laboral -cuya solución era 100% psicológica- estuve a punto de ser codenado a convertirme en un enfermo crónico con 5 pastillas diarias -incluidas benzodiacepinas, betabloqueantes y mierdas para el colesterol- afortunadamente supe ver a tiempo la trampa, cambié mi forma de ver el mundo y no volví a dejar mi salud en manos de ningún inútil con diploma. Hoy estoy siempre más sano que una manzana y no tomo ni una puta pastilla.

    ResponderEliminar
  3. Sí, protocolos...
    ¡Qué le tengan que decir a un médico especialista la medicina que debe de aplicar a un paciente mediante protocolos..! Tremendo!!! Claro, pero se lo dicen titulados universitarios en protocolos, porque ya existe esa carrera
    Qué son los protocolos? Conjunto de reglas, normas de aplicado cumplimiento, pero NO de 'obligado'cumplimiento. De ahí la intervención de los jueces
    *Son una forma de represión, de imposición, de sometimiento, de control, de obligación, etc. El pan nuestro de cada día

    ResponderEliminar
  4. ¿ Cómo puede diagnosticar un médico una enfermedad sin ver al paciente? No es lo mismo decir que ver. Un paciente puede dar una información errónea de su dolencia, mientras que un médico con solo ver al paciente, puede darse cuenta de la dolencia o enfermedad con solo verlo y luego hacerle las pruebas necesarias. Es por tanto mas importante y mas efectiva la presencia del paciente en consulta que la descricción que pueda hacer éste por teléfono de su enfermedad o dolencia. Creo que no se trata de evitar contagios con la no presencia en las consultas, si no mas bien un cambio del sistema de atención al paciente aunque esto suponga una deficiencia de la sanidad ( pero esto no importa nada para ellos ).

    ResponderEliminar
  5. Por la plata baila el perro... Cuando necesitas atención sanitaria, no sabes si vas a un medico o a un sicario...

    ResponderEliminar