sábado, 7 de diciembre de 2019

FASCISMO NEOLIBERAL: EL CASO CATALÁN (2ª PARTE)



En 2011 cuando estalló el 15 M, las plazas de Madrid y Barcelona se llenaron a rebosar de indignados contra el sistema.

Ni una bandera española, ninguna bandera catalanista, y nuevas formaciones política en ciernes con capacidad de pasar por encima de la corrupta política pro-business neoliberal española y catalana.

A partir de entonces, el independentismo catalán empezó a encontrar respaldo en los foros neoliberales, sobre todo anglosajones (el Wall Street Journal de Rupert Murdoch, el Washington Post, propiedad de Jeffry Bezos de Amazon o el Financial Times), mientras la UE sometía sin piedad las aspiraciones de la nación griega, puestas en Syriza. Había que sustituir a los indignados contra el sistema neoliberal por nacionalistas separatistas indignados contra España.

Las clases pudientes catalanas vieron la posibilidad de enriquecerse a escala global separando a la región autónoma del resto de España y contando con el apoyo internacional que se les ofrecía ante la amenaza de una escalada de la izquierda. Contaban con reintegrarse rápidamente en los organismos, mecanismos y foros internacionales del capitalismo neoliberal globalizado.

El mecanismo para el Catalexit era del más puro diseño neoliberal. Se aprovechaba una primera fase “autonómica” en la que la díscola minoría separatista en el gobierno (gracias a una ley electoral que les beneficia donde el voto rural cuenta el doble que el voto urbano), aprovechaba todos los mecanismos y recursos descentralizados (gobierno y parlamento autonómico, legislación autonómica, educación, sanidad, televisión, prensa y radio autonómicas, activos y empresas públicas cedidas, impuestos cedidos, policía, etc.) para preparar meticulosamente la secesión..

Los dirigentes nacionalistas convirtieron las elecciones autonómicas del 27 de septiembre de 2015 en supuestamente “plebiscitarias”, coaligando todas las fuerzas soberanistas en una candidatura única denominada “Junts pel si” pero que al final, a pesar una campaña manipulada y mentirosa digna de Goebbels, solo consiguió el 48% de los votos, consecuencia de la inesperada participación masiva de la población. Sin embargo, los separatistas, como en repetidas ocasiones y gracias a una ley electoral hecha a su medida, ganaron más escaños y formaron gobierno.


El timing a pié cambiado

A partir de entonces toda la maquinaria autonómica se reajustó para preparar la secesión. La machacona campaña de 2015 se amplificó durante los dos años siguientes. La TV3 (TV pública catalana), se convirtió en una especie de selfie permanente de la realidad virtual del proceso independentista.


Pero tanta patraña y manipulación de la realidad generó unas expectativas en las bases que obligó a los dirigentes a ponerle fechas concretas al “proceso” de independencia, una estrategia rígida e inflexible (“ni un paso atrás”, exigían las bases cada vez más enardecidas, “ni una pantalla repetida”, como si se tratara de una película con final conocido) mientras que las condiciones para el prometido apoyo internacional se esfumaban con Podemos en caída libre ante al trato inmisericorde que recibía la Grecia de Syriza, la amenaza del Brexit (seguramente inducido en parte por el referéndum escocés) y un Rajoy que se postulaba como el mejor adalid europeo de las drásticas reformas neoliberales.

El timing independentista catalán dejó de corresponderse con el timing neoliberal. Todas las promesas de los foros y medios neoliberales se esfumaron. El momento elegido para la independencia no podía ser peor. El independentismo catalán se había precipitado por la senda fascista de forma inconsciente. Y el fascismo no admite traidores.

Consecuencias económicas del catalexit

Dada la alta especialización de Cataluña en la venta de productos al resto de España, se estima que en el escenario medio el catalexit significaría una caída del 44% del comercio bilateral. Así, el PIB catalán caería un 14% y el desempleo aumentaría un 16%.

Caso de que la secesión triunfara (sin violencia), la expulsión inmediata de la UE implicaría ponerse a la cola de la readmisión con la amenaza segura del veto español. En esta larga transición se produciría la salida de la Unión Monetaria Europea y del Mecanismo Único de Supervisión financiera. Para Cataluña, el euro se convertiría en una moneda extranjera cuya utilización, caso de adoptarlo como moneda, podría encarecer sus exportaciones y mermar peligrosamente su competitividad.

Fuera de la Unión Monetaria quedaría desvinculada del BCE con lo que las entidades financieras con domicilio en territorio catalán perderían el acceso a sus baratas líneas de financiación. También se esfumarían las subvenciones europeas al quedar excluida de los fondos estructurales (El Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), El Fondo Social Europeo (FSE), El Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER) y el Fondo Europeo de Marítimo y de Pesca (FEMP).

La inseguridad llevaría a la prima de riesgo a niveles inasumibles, al dejar de contar con la red de protección del Estado español y la hacienda de la nueva república se hundiría irremisiblemente. Fuera de Europa y de España las exportaciones a estas zonas quedan sometidas a aranceles, ya que dejaría de beneficiarse de las ventajas de pertenecer a una zona económica con libre circulación de mercancías. El pago de esos sobrecostes haría mucho menos competitivas las exportaciones catalanas.

El "proceso" separatista, de llegar a materializarse, reduciría los derechos, el bienestar y el futuro de la mayoría de los catalanes a cenizas. El impacto económico, incluso excluyendo las terribles consecuencias de una más que posible deriva violenta propia de los procesos secesionistas (no parece que los españoles vayan a dejarlos marchar de rositas), sería enorme y devastador.

De ahí la deriva fascista, la tergiversación, mentira y manipulación sistemática de la información (amplificada por la labor de los medios de comunicación públicos en sus manos: TV3, Radio, prensa, etc.) a que se ven obligados los dirigentes separatistas para esconder la realidad de las consecuencias sobre la mayoría de la población.

El fracaso del golpe a derivado en una confrontación permanente con la denuncia y escarnio contra los no separatistas o los disidentes. La ocupación totalitaria de los espacios públicos (la calle es y será siempre nuestra), la aparición de las bandas de CDRs con la consigna fascista “apreteu” (aprieten), los aderezos amarillos, lazos, anoraks, bufandas, etc., de los fachas del “procés”. El fracaso conlleva la fanatización del fascismo con la aparición de “escamots motards” al estilo de los fascistas de la derecha boliviana, o de demostraciones de “camisas pardas”

Para el capital monopolista neoliberal, el conflicto catalán permanente está resultando beneficiosa en todos los sentidos. La amenaza separatista en España está favoreciendo la recuperación de la corrupta y asocial clase política neoliberal (PP – PSOE) en detrimento de la izquierda que, incapaz de entender el carácter neoliberal fascista del nuevo separatismo del siglo XXI, está suministrando fuerza de choque al “procés” (CUP) o defendiéndolo con más o menos matices (Podemos y sus variantes regionales), con lo que está liquidando buena parte de su base electoral. Algo parecido a lo ocurrido con los comunistas y socialdemócratas alemanes ante la escalada hitleriana.

Una reacción paralela a la del fascismo separatista catalán de los años treinta ha sido la aparición en la escena política española de Vox, un partido de ultraderecha (hasta ahora insignificante) que abogando explícitamente por terminar con el régimen autonómico ha conseguido superar los 3,6 millones de votantes, por encima del 15 %, lo que le ha disparado hasta los 52 escaños en el Congreso.


En definitiva, el fascismo disimulativo catalanista se está convirtiendo en un verdadero laboratorio del fascismo neoliberal para machacar a los pueblos que intenten rebelarse contra el sistema capitalista de la segunda globalización.

LA FARSA DE LA CUMBRE DEL CLIMA (Y SU OBJETIVO REAL)



Los que dirigen la modificación climática y la geoingeniería contra la naturaleza y la humanidad vienen a darnos la brasa con que somos los ciudadanos de a pie los culpables de sus manejos, aplicando un programa de acción que un usuario de "Forocoches" clava en su comentario:

1- aparece un problema, o lo creamos si no existe
2- culpabilizamos al ciudadano de a pie, aunque la culpa la tengan los gobiernos y las corporaciones
3- el ciudadano es bombardeado con publicidad y se siente concienciado (o sea, culpable).
4- le vendemos la solución para no sentirse responsable, nos llenamos los bolsillos.
5- cuando esa solución provoque nuevos problemas volvemos al punto 1.

El supuesto cambio climático, el supuesto patriarcado, estar gordo ... todo cabe en su esquema problema-reacción-solución-recaudación ...

viernes, 6 de diciembre de 2019

EL VIRUS DEL FEMINISMO ENGENDRA MONSTRUOS



En un mundo imaginario, una epidemia que convierte a los hombres en bestias ha aniquilado a la humanidad. Sólo queda un ser humano sin infectar: Robert Neville, que aprovecha el día para aprovisionarse (el sol resulta letal para las bestias), mientras que por las noches permanece oculto. 

Este es el argumento de la novela Soy leyenda (I Am Legend), de Richard Matheson (Nueva Jersey, 1926 - California, 2013), publicada por primera vez en 1954. Y que es en realidad una puesta al día del mito vampírico, añadiendo una interesante simbología: la desesperada lucha del individuo contra la masa.


Matheson enfrenta la racionalidad, encarnada en el personaje del solitario Neville, al gregarismo de la masa. Y plantea una cuestión inquietante: ¿qué es lo “normal” y qué lo “anormal” en una sociedad que se ha vuelto del revés? Porque, en el mundo que emerge después de la pandemia, Neville se ha vuelto la excepción, “lo anormal”, mientras que los seres a los que la enfermedad ha infectado se han constituido en la nueva mayoría, es decir, representan “lo normal”.

Sirva la simbología de esta novela (en realidad, cuento largo) para denunciar las enormes dificultades que la persona ha de enfrentar para no sucumbir ante la masa. Buen ejemplo de este problema es la celebración del Día internacional de la mujer, que tiene lugar el 8 de marzo de cada año. Un acontecimiento que comenzó el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Suiza, Austria y Dinamarca. Y que más tarde, en 1977, la Asamblea General de las Naciones Unidas, ese paraíso burocrático donde participan los regímenes totalitarios en igualdad con los democráticos, extendió a numerosos países. 


Desde luego, no hay nada que objetar a la celebración del Día internacional de la mujer. Concienciar sobre lo injusta que es la discriminación es un propósito loable. Aunque también debería serlo poner de relieve los grandes avances que las sociedades desarrolladas han logrado en esta materia.

Sin embargo, cuando la prevista celebración se convierte en una admonición denigrante que deforma la realidad y exige dosis letales de discriminación positiva, ya no debería parecernos tan loable … salvo que estemos infectados por el extraño virus del cuento de Matheson.


Construyendo una ficción

En realidad, la huelga feminista del 8M fue en gran medida un artefacto mediático, un grotesco agitprop destinado a proyectar una imagen de la sociedad tan terrible como falsa.

No fue un suceso espontáneo. Hubo grupos de presión, un guion, unas consignas y unos tiempos pautados. Días antes desde los medios de información se realizó un bombardeo preventivo (lo que en argot militar se llama “ablandar al enemigo”). Políticos, periodistas y otros personajes recitaron consignas, datos y presuntas evidencias del grave problema que nos asuela.

Después, se añadieron a la agitación unas redes sociales tomadas por grupos organizados e “influencers” que generaron una tormenta de agravios y reproches de la que solo era posible escapar desconectándose de Internet.

Finalmente, se movilizó en la calle unas decenas de miles de personas para componer encuadres e imágenes efectistas que, difundidas sin descanso, generaron la ilusión de que el consenso era total: nuestra sociedad estaba enferma de machismo.

De pronto, hombres y mujeres eran adversarios que debían mirarse con recelo, ya fuera en la cama, en la calle o en el trabajo. Los hombres ya no actuaban de una manera u otra según el carácter de cada sujeto, sino porque eran hombres. Y las mujeres debían espabilar y actuar como una sola, porque eran mujeres.

Ningún defecto o virtud, éxito o fracaso, afinidad o desavenencia, conciliación o conflicto era achacable a las particularidades de las personas y a la complejidad de sus relaciones. Amor, sexo, trabajo, dinero, reconocimiento … todo estaba sujeto a imposiciones y abusos donde ser hombre o mujer era la clave.

Empujados por la fuerza irresistible de los grupos de presión y de la corrección política, las televisiones, los diarios y las redes sociales clamaron como una sola voz, exigiendo darle la vuelta a una sistema “estructuralmente opresivo”. Y los ideólogos propusieron la cura: tomar al salto todos los espacios, públicos y privados, para imponer la paridad.

La composición de los consejos de las empresas debían repartirse de forma equitativa entre hombres y mujeres; los partidos políticos que no tenían suficientes féminas en sus ejecutivas, debían emprender acciones urgentes para subsanar la “anomalía”; los gobiernos, lo mismo; la brecha salarial –¡ay, ese ser mitológico que pese a décadas de planificación es más difícil de matar que a un vampiro!– exigía una solución radical y todo lo expeditiva que fuera preciso; la violencia de género debía combatirse con más leyes, con más medidas y, sobre todo, con más dinero público: para abrir boca, 1.000 millones de euros adicionales procedentes del pacto de Estado contra la violencia de género.


Todas estas demandas se integraron en una corriente de opinión que, según decían, era abrumadoramente mayoritaria y no dejaba resquicio para la reflexión; si acaso para algún gesto de perplejidad por encima del que el rebaño, azuzado por los pastores, pasaba indiferente, balando sus consignas.

La imposición de la “proporcionalidad de grupo”

La división de la sociedad en grupos predefinidos hunde sus raíces en el pensamiento hegeliano, y se ha asociado indirectamente a Antonio Gramsci (1891-1937) y también a la Escuela de Frankfurt. La idea es proyectar la imagen de una sociedad dividida entre “grupos opresores” y “grupos víctimas” o “grupos fuertes” y “grupos débiles”.

Una vez se instaura la creencia de que, en efecto, existen “grupos opresores” cuyo poder se sustenta en una discriminación estructural, lo siguiente es imponer la equidad o justicia social; esto es, adjudicar a la Administración la legitimidad moral para combatir con todos los medios la subrepresentación de los grupos débiles.

Así, si las mujeres suponen el 52% del censo, los miembros de los consejos de las empresas, de los partidos políticos, de las instituciones o de cualquier gremio han de ser mujeres en un 52%.

Este principio de equidad se sustancia en la “proporcionalidad de grupo”, que lleva tiempo ganando terreno y va camino de generalizarse en las sociedades occidentales.

Como ejemplo de esta larga deriva, ya en 1998, en el US Park Service de los Estados Unidos se alarmaron porque el 85% de los visitantes a los parques nacionales eran de raza blanca, aunque los blancos constituían solo el 74% de la población total. El Servicio de Parques anunció que trabajaría para resolver el “problema”.

Lamentablemente, igual que sucede con la escurridiza brecha salarial, a fecha de hoy el US Park Service no ha logrado la paridad; sigue habiendo proporcionalmente bastantes más visitantes blancos que negros.

Pero que se consiga o no la paridad es lo de menos. En realidad, es un pretexto para ampliar la jurisdicción de la Administración, su capacidad de drenar recursos y repartirlos discrecionalmente.

La quiebra de la democracia liberal

Antes, en las democracias liberales, el ciudadano entendido como individuo debía ser la unidad de medida fundamental. Éste, de forma voluntaria, se constituiría en grupos, conformaría las mayorías y dotaría a la sociedad de un marco constitucional compartido.

Sin embargo, aunque todavía sigamos ejerciendo nuestro derecho al voto, ya no sucede así. No formamos grupos de forma voluntaria, sino que estamos siendo adscritos forzosamente a colectivos según características propias que no podemos elegir, como el sexo, la raza, el origen.

Las leyes ya no salvaguardan al individuo sino a los grupos predeterminados. Pero no a todos los grupos sino solo a los grupos supuestamente débiles. Esto implica la quiebra de la igualdad ante la ley, uno de los principios nucleares de la democracia liberal.

Con todo, lo más grave de artificios como el 8M, cuyos fines no son tanto abogar por la no discriminación como imponer determinadas políticas que benefician a unos pocos, es que no liberan a las personas de supuestas opresiones, muy al contrario, las condenan a la opresión de por vida al enclavarlas en grupos predeterminados.

La discriminación es algo indeseable, pero combatirla con iniciativas que nos atan a características que no podemos elegir, como el sexo, no nos hará más libres, mucho menos más felices, sino más dependientes de una Administración dominada por ciertos grupos de interés.

Quizá, de seguir así, algún siglo venidero tengamos todos los mismos ingresos (si acaso, bastante miserables) y tal vez estemos representados de forma escrupulosamente proporcional, pero es de temer que, como suele suceder, al final serán solo unos pocos los que mejoren sus expectativas.

De lo que no hay duda es que ni hombres ni mujeres seremos más libres, sino más bien al revés. Un día, igual que Robert Neville, amaneceremos en una sociedad que se ha dado la vuelta por completo. Y descubriremos que una persona, por sí misma, sea hombre o mujer, ya no vale nada. La libertad será leyenda.

Javier Benegas
(Visto en https://disidentia.com/)

CUALQUIER SISTEMA QUE MONTÉIS SIN NOSOTROS SERÁ DERRIBADO


El añorado Constantino Romero pone voz a uno de los poemas más demoledores (en más de un sentido) del gran Leonard Cohen. Un recordatorio de que el futuro no puede prescindir de nadie.

jueves, 5 de diciembre de 2019

NORMALIZANDO LA CORRUPCIÓN DE MENORES


Hemos asistido en nuestra patria a un acontecimiento, si no absolutamente nuevo puesto que algún comentario favorable al tema que nos ahora nos ocupa ya ha aparecido de manera relativamente oculta y ciertamente minoritaria en los medios. Nos estamos refiriendo a un acontecimiento que parece ser el que dé comienzo al mecanismo que inicia toda esa ingeniería social dirigida por las élites oscuras, que son movilizadas por gobernantes, legisladores y llevada a cabo en primera línea de combate por los medios de comunicación al servicio de todos ellos. Todo esto, tal y como antes se hizo con otros aspectos tales como el aborto y la eutanasia, busca crear en la opinión pública una actitud positiva que termine implantando en las mentes y almas de la población una transgresión de los aspectos más básicos de la moralidad y de ese modo invertir completamente la moralidad que nos define como seres humanos, una negación de todo aquello que por naturaleza y designio divino resultan inasumibles para toda sociedad a la que le quede un mínimo de cordura moral. En este caso se trata de que la sociedad y los individuos que la componen se salten el último tótem moral que junto al incesto sobrevive en esta decadente civilización que padecemos.

Me estoy refiriendo a la publicación en la editorial Innisfree del libro titulado: “Encuentros sexuales con menores”, libro escrito por Datre Vito (seguramente un pseudónimo). Se trata de una obra que busca que la población general normalice el abyecto comportamiento de un adulto que realiza con un menor acciones de tipo sexual.

Para que el lector de esta entrada pueda obtener una idea clara de la gravedad de lo que esta supuesta novela, que no pasa de ser un alegato en pro de la normalización moral en la población y posteriormente su plasmación en la legislación de la pederastia, paso a reproducir las primeras líneas de este texto:

“Nunca olvidaré a la primera menor que me follé. Se llamaba Morena y tenía 17 años, yo 40 recién cumplidos. Algunos incautos me llamarán de pedófilo, los más ignorantes me tildarán de pederasta, pero no me importa lo más mínimo porque follar con chicas de 16 y 17 años nunca ha sido ilegal en España. De hecho, hasta 2015 la edad de consentimiento sexual estaba establecida en 13 años. Si, una niña de 13 años podía follarse libre y voluntariamente al amigo de su padre o de su abuelo sin que eso fuese delito. Es curioso que en pleno siglo XXI, cuando los niños de 13 años saben más de sexo de lo que sabían nuestros padres a los 18 o nuestros abuelos a los 25 se les prohíba follar con quién ellos libremente decidan por cuestiones de calendario”.

No reproduciré nada más del libro al que estamos refiriéndonos puesto que se trata de narraciones verdaderamente pornográficas con descripciones sobre relaciones sexuales con menores.

Ahora bien, no quisiera continuar sin referirme a como la parte reproducida literalmente el autor comienza cayendo en ese dicho tan conocido que dice: excusa no pedida acusación manifiesta, puesto que cuando ninguna persona le ha acusado de pedofilia o pederastia comienza escusándose.

En segundo lugar, trata de dar una justificación legal o meramente instrumental de cuál es el grado de conocimiento sexual de los menores como si el conocimiento fuese sinónimo de juicio o capacidad de elección, pero lo fundamental es que en la edad de la adolescencia y pre-adolescencia es cuando el sujeto forma su personalidad y se puede ver afectada muy seriamente por toda una serie de actividades, incluidas por supuesto las sexuales. Hay que tener en cuenta que además de los problemas en esas edades en la edad adulta esos menores pueden desarrollar importante sintomatología psicopatológica a causa de la disonancia cognitiva que a buen seguro se producirá al chocar de manera inevitable los principios morales naturales respecto a la actividad sexual de menores con el recuerdo de los comportamientos llevados a cabo con adultos cuando aún eran menores de edad.

Y conste que voluntariamente he pasado por alto la cuestión moral, y no por carecer de gran importancia sino por centrar el tema en la tergiversación de la realidad y la manipulación de la sociedad y sus componentes.

El escritor y la editorial de la obra tratan de ocultar sus últimas intenciones señalando que se enfrentan tanto a podemitas como a feministas debido a que tanto unos como otros se oponen a la pornografía, pero esa no es para nada la finalidad, ya que esa lucha a favor de la pornografía, revestida de lucha por la libertad, no pasa de ser un eslabón más en esa ingeniería social que busca desmontar la arquitectura moral básica que hace del ser humano un ente material dotado de espíritu y reflejo de un orden divino.

En el caso que nos ocupa se trata de aniquilar una columna moral básica sin la cual nos acercaríamos a ser un mero ente animal vaciado de cualquier norma objetiva, ya que si los pilares básicos como la vida y la inocencia infantil pueden ser sacrificados nada puede frenar a una voluntad humana moldeada por la voluntad y los intereses de la élite globalista dirigida por los sionistas y la masonería.

Y que nadie se lleve a engaño, lo que en esta obra se defiende es la corrupción y el abuso de los menores, corrupción en tanto que se permite personas adultas utilicen a menores que no tienen formada su voluntad, su sistema de valores y que son fácilmente manipulables, y por eso mismo es abuso.

(Visto en https://tierrasinnubes.blogspot.com/)

EFICACIA FRENTE A POSTUREO


Adivine el lector con quien se hará la foto el presidente del gobierno en la Cumbre del Clima.

DESPIERTA, TODO ES MENTIRA


El sistema bajo el que vivimos es corrupto y está podrido hasta el núcleo. Busca desesperadamente autoperpetuarse y es manejado por psicópatas y criminales que siempre se salen con la suya. El mundo continua en su forma disfuncional simplemente porque lo permitimos. Así que deja de permitirlo. Comprende que la forma de traer el verdadero cambio al mundo es a través de la no-conformidad hacia el sistema.