martes, 26 de septiembre de 2017

LOS NACIONALISMOS PERIFÉRICOS DE LA PENÍNSULA IBÉRICA (3): CATALUÑA



El nacionalismo catalán es tan racista como los demás nacionalismos periféricos, aunque sus seguidores se han dado más maña que sus correligionarios vascos y gallegos en ocultarlas. Como en los dos casos anteriormente estudiados, el catalanismo también recibe la nefasta influencia del mito ario desde su origen en los tiempos de la «Renaixença» (movimiento análogo al «Rexurdimento» gallego). Según Pompeu Gener, médico y destacado nacionalista catalán del siglo XIX, existe una raza catalana que (¡cómo no!) es aria, descendiente de los francos, y que contrasta con la chusma que vive al sur del Ebro, que tiene impura sangre semítica (de «moro» y judío):

Pompeu Gener, medidor de cráneos
«Creemos que nuestro pueblo es de una raza superior a la de la mayoría que forman España. Sabemos por la ciencia que somos arios. (…) También tenderemos a expulsar todo aquello que nos fue importado de los semitas del otro lado del Ebro: costumbres de moros fatalistas.»

El lector quizá se haya percatado de la interesante expresión «sabemos por la ciencia» y es que el supremacismo catalán intentó darse un barniz científico, que en realidad fue pseudocientíco pues echó mano de la craneometría, un engendro producido por el furor positivista del siglo XIX que acabó siendo denunciado por la propia Ciencia como un fraude. Así, otro grande del nacionalismo catalán, Valentí Almirall, distinguía dos grandes grupos raciales en España atendiendo a la forma de la bóveda craneal de los individuos. En sus palabras,

«España no es una nación una, compuesta por un pueblo uniforme. Más bien es todo lo contrario. Desde los más remotos tiempos de la historia, una gran variedad de razas diferentes echaron raíces en nuestra península, pero sin llegar nunca a fusionarse. En época posterior se constituyeron dos grupos: el castellano y el vasco-aragonés o pirenaico. Ahora bien, el carácter y los rasgos de ambos son diametralmente opuestos. (…)

«El grupo central-meridional, por la influencia de la sangre semita que se debe a la invasión árabe, se distingue por su espíritu soñador (….). El grupo pirenaico, procede de razas primitivas, se manifiesta como mucho más positivo. Su ingenio analítico y recio, como su territorio, va directo al fondo de las cosas, sin pararse en las formas.»

Y ya en el siglo XX, sería también un médico, el Dr. Puig i Sais, el que advirtiera en su libro El problema de la natalitat a Catalunya. Un perill gravíssim per a la nostra pátria (1915), que los inmigrantes venidos de otras partes de España (especialmente de Murcia y Andalucía) presentaban un mayor índice de natalidad que los catalanes de pura cepa, con lo que peligraba esa «raza catalana» de la que hablaban Gener y Almirall.

(Fuente: http://revistaamoryrabia.blogspot.com.es/)

EL USO DE MAGIA NEGRA POR PARTE DE LA ÉLITE


lunes, 25 de septiembre de 2017

REIR O LLORAR



Haciendo una pequeña "trampa" respecto al lema del blog ("contrainformación que no encontrarás en los medios oficiales ...") reproduzco hoy, por su implacable lucidez, un artículo publicado en su día por el diario LA VANGUARDIA con el que la escritora Laura Freixas diagnosticaba el disparate al que, entre la perplejidad y la indignación, asistimos los partidarios del sentido común frente al pensamiento mágico con el que cuatro iluminados han conseguido contagiar a un porcentaje nada desdeñable de la población catalana, infección con tintes de pandemia que amenaza -ya veremos si las autoridades saben atajarla antes- con causar víctimas mortales. Mientras esa terrible posibilidad no se materialice, aún podemos reirnos de la tragicomedia de pésima calidad que unos y otros nacionalistas sobreactuados representan. Y volver al sentido común que estas reflexiones sin desperdicio aportan:

Laura Freixas, confirmando que el "seny" (sensatez) catalán
todavía goza de buena salud
Que nuestro presidente nos convoque a un referéndum para el que no hay censo, ni junta electoral, ni fun­cionarios, ni locales, ni urnas, ¿no da risa?

Que presida el Gobierno un señor que no se presentó para ese cargo, y su proyecto estrella sea uno que no figuraba en el programa, ¿no es como para llorar?

Que un Gobierno adopte una iniciativa de inmensa trascendencia ... con el evidente fin de que otro Gobierno la prohíba, ¿no parece una broma?

Que nos digan que una decisión traumá­tica e irreversible se podrá tomar por un voto, sin umbral mínimo de participación, ¿no es alarmante?

Que la voluntad de todos aquellos que en esas condiciones nos negamos a votar (el 9-N fuimos el 63%) no cuente para nada, ¿no es motivo de furia?

Que nos anuncien que han preparado una ley importantísima para el caso de que gane el sí, pero no nos dejen verla, ¿no es un ­chiste?

Que llevemos cinco años hablando de una sola cosa: si proclamamos o no un Estado independiente, pero que nadie sepa en qué consistiría, porque los proyectos o no se conocen, o son irrealizables, o incompatibles entre sí (¿qué país pueden construir juntos Junts pel Sí y la CUP?), ¿no es un disparate?

Que el presidente exprese complacido que “damos miedo, y más miedo que daremos”, ¿debería provocarnos carcajadas o sudores fríos?

Que para el caso de que no se celebre el referéndum, quienes lo han convocado no tengan ningún plan, ¿no es terrorífico? Cuando todo esto se vaya a pique, como de un modo u otro se va a ir, ¿qué piensa hacer el Govern? ¿Atrincherarse en el castillo de Montjuïc, con cianuro y revólveres? ¿En el túnel del terror del Tibidabo, con sombreros de cucurucho y escobas? ¿O salir al balcón de la plaza Sant Jaume a tirar monigotes de papel y polvos picapica gritando: ¡inocentes, inocentes!, ¡os creísteis lo de la independencia!... y de paso, revelar que los Reyes son los padres?

Yo no sé si debo reír (¿de miedo?) o llorar (¿de risa?). O afligirme al comprobar que cada día que pasa estamos más divididos y enfrentados. O comprar palomitas y sentarme a contemplar el espectáculo. O preparar pañuelos y abrazos para quienes se van a quedar huérfanos, o tomates podridos para quienes les engañaron. Lo que sé es que, por favor, por favor, por favor, ¡quiero poder pensar en otra cosa!

El president amb el cap a ocells
Que el nostre president ens convoqui a un referèndum per al qual no hi ha cens, ni junta electoral, ni funcionaris, ni locals, ni urnes, no fa riure? 

Que presideixi el Govern un senyor que no es va presentar per a aquest càrrec, i el seu projecte estrella sigui un que no figurava en el programa, no és com per plorar? 

Que un Govern adopti una iniciativa d’immensa transcendència... amb l’evident finalitat que un altre Govern la prohibeixi, no sembla una broma? 

Que ens diguin que una decisió traumàtica i irreversible es podrà prendre per un vot, sense llindar mínim de participació, no és alarmant? 

Que la voluntat de totes aquelles per­sones que en aquestes condicions ens ­neguem a votar (el 9- N vam ser el 63%), no compti per a res, no és motiu de fúria? 

Que ens anunciïn que han preparat una llei importantíssima per al cas que guanyi el sí, però que no ens deixin veure-la, no és un acudit? 

Que faci cinc anys que parlem d’una sola cosa –si proclamem o no un Estat independent–, però que ningú no sàpiga en què consistiria, perquè els projectes o no es coneixen, o són irrealitzables, o incompatibles entre si (quin país poden construir junts Junts pel Sí i la CUP?), no és un disbarat? 

Que el president expressi complagut que “fem por, i més que en farem”, ens hauria de provocar rialles o suors ­fredes? 

Que per al cas que no se celebri el referèndum, els qui l’han convocat no tinguin cap pla, no és terrorífic? Quan tot això se’n vagi en orris, com d’una manera o una altra se n’anirà, què pensa fer el Govern? Atrinxerar-se al castell de Montjuïc, amb cianur i revòlvers? Al túnel del terror del Tibidabo, amb barrets de cucurutxo i ­escombres? O sortir al balcó de la plaça Sant Jaume a tirar ninots de paper i pólvores pica-pica cridant: innocents, innocents!, us heu cregut això de la independència!... i de passada, revelar que els Reis són els pares? 

Jo no sé si he de riure (de por?) o plorar (de riure?). O afligir-me en comprovar que cada dia que passa estem més dividits i ­enfrontats. O comprar crispetes i seure a contemplar l’espectacle. O preparar mocadors i abraçades per als qui es quedaran orfes, o tomàquets podrits per als qui els van enganyar. El que sé és que, sisplau,­ sisplau, sisplau, vull poder pensar en una altra cosa!

Laura Freixas
(Fuente: http://www.lavanguardia.com/)

LOS DOCUMENTOS QUE NOS ESCLAVIZAN AL IMPERIO ROMANO-VATICANO (I)


domingo, 24 de septiembre de 2017

¿CUÁLES SON LAS RAZONES PARA LA INDEPENDENCIA CATALANA?



Seguramente, allí por Hispanoamérica contempláis sin entender muy bien lo que está sucediendo en estas semanas en España. Y lo cierto es que os afecta más de lo que pensáis, entre otras cosas, porque la destrucción de España significaría la destrucción de -una parte de- vuestros orígenes. Es importante que leáis el texto a continuación porque el proceso a una eventual independencia catalana os puede ayudar a comprender cómo sucedió la de vuestros respectivos países porque, a decir verdad, y salvando las distancias temporales, quienes las organizaron en el siglo XIX son los mismos que están operando ahora y sus métodos, también muy parecidos.

Comercio boicoteado por rotular en castellano, arriesgandose
a las multas con que la Generalitat impone la inmersión lin-
güística en catalán. ¿Cuál es la lengua oprimida? 
1- En un principio, el origen de los deseos independentistas se basó en la supuesta opresión de la lengua castellana sobre la catalana. Dado que es difícil sostener ese desencadenante en la actualidad, donde la lengua catalana prima sobre la castellana, ese argumento ha sido abandonado en los últimos tiempos, concurriendo catalanes de lengua castellana al “proceso”. O sea, que la lengua no era el problema.

Conclusión: nos mintieron y esa supuesta opresión cultural y agravio no era verdadero sino una manera de generar cizaña y malmeter a los catalanes contra España.

2- Después de dar por “aprovechado” el argumento cultural, se extendió el argumento económico bajo el lema “España nos roba”, que venía a significar que Cataluña no estaba mal por la crisis planetaria generada por la Reserva Federal Americana sino porque su dinero se había ido a otras regiones españolas. Una vez que se demostró que los políticos catalanes habían robado en las mismas proporciones que los del resto de España, este argumento ha dejado de ser usado, sin desdecirse por ello, pero con la multiplicación del enojo conseguida. El odio se va cociendo poco a poco.

Conclusión: la verdadera razón ha de ser otra.

Un efecto colateral de la posible seceSIÓN: la impunidad vía prescripción, in-
dulto, o a saber qué birli-birloque "legal" de los que improvisan estos espabi-
lados, para los corruptos que llevan décadas saqueando las arcas públicas de
la Comunidad Catalana. Un fin para el que no han dudado en abrir la posibi-
lidad de un conflicto civil como el que asoló España entre 1936 y 1939.

3-Un tercer argumento es el nacionalista: la nación históricamente maltratada que, paradójicamente, para los activistas más extremos (los de las CUP) no es importante porque se consideran internacionalistas. En palabras de sus propios dirigentes (y muchas otras personas del ámbito “alternativo”), desprecian al estado y las fronteras; la destrucción del estado español es sólo un movimiento táctico en aras de crear una “revolución”: como si dividir las celdas de una prisión en otras más pequeñas fuera a cambiar el concepto de la prisión, como si cambiarla de nombre fuera a convertirla en otra cosa. Y esto es así porque hay que recalcar que (bajo mi experiencia en diez años pasando temporadas en Cataluña) no existe un sentimiento en contra del pueblo español, ni en su conjunto ni de ninguna de sus regiones.

O sea que, en definitiva, el argumento nacionalista no es el relevante en esta independencia.

¿Pero si no existe un sentimiento en contra de los españoles, en qué se basa el independentismo?

En el odio al Estado español.

La llengua existeix per entendre, no per sotmetre
¿Se puede estar en contra del Estado español y no de los españoles? ¿Acaso no representa el estado español a los españoles?

Esta evidente contradicción esconde la clave para entender el proceso catalán y el irracional motivo sobre el que en realidad se sostiene. Dado que, como digo, la mayor parte de los que hoy están apoyando el nacionalismo tienen raíces españolas, es en realidad el argumento del “cuanto peor, mejor” el que más pesa actualmente. De la destrucción de este estado corrupto, saldrá otro inmaculado y justo (no se explica cómo).

O sea, el argumento “antisistema”… de unos individuos como las CUP que han sido alimentados por el propio Sistema.

La verdadera motivación del proceso independentista catalán en la actualidad reside en el (COMPRENSIBLE) hartazgo del pueblo catalán ante la crisis que padecemos desde hace diez años y que ha dejado a esta región sin su potente tejido industrial y soportando unas cargas impositivas intolerables (las autopistas, gestionadas por el propio autogobierno !!). La opción independentista vendría a ser la huida hacia adelante ante una situación que parece no tener fin. Los arquitectos de este proceso han conseguido convencer a parte de la Opinión Pública de que un eventual estado catalán abriría la oportunidad de generar otro tipo de economía, soslayando que es el Banco Central Europeo, el BIS de Basilea y la Reserva Federal Americana quienes tienen (ahora mismo) la llave del final de la crisis. El propio sistema sionista que genera la crisis ofrece la solución que les favorece, bajo el ya clásico esquema de acción-reacción-solución (tesis, antítesis, síntesis).

El rostro violento y represor del Estado, que padecemos todos
(y no solo los catalanes)
En los últimos días estoy debatiendo con muchos seguidores de esta página ¡que se han vuelto independentistas! aún conociendo cómo comenzaron las guerras de Yugoslavia, Siria, Libia y Ucrania. Lo cual es para analizarlo detenidamente: individuos que conocen cómo opera la manipulación MK Ultra y cómo se generan las guerras están llevando a su propio pueblo a otra más. Inconscientemente, claro, lo cual nos lleva al poder del inconsciente (manipulado) para que uno olvide lo que ya sabe: el poder de la masa inconsciente (la masa siempre lo es) sobre el individuo consciente. La emoción contra la razón.

Cuando te pones a debatir con ellos, aparecen una serie de frases inconexas y contradictorias que, cuando se las señalas, pone de manifiesto que, en realidad, lo que está detrás de este movimiento es UNA EMOCIÓN IRRACIONAL (a veces dicen “sentimiento” porque hoy en día la mayor parte de la gente no es capaz de diferenciar ambos conceptos: “sentimiento” y “emoción”. El sentimiento es consciente, la emoción es inconsciente). Una emoción irracional, manipulada, obviamente, que no es ni más ni menos que el condicionamiento clásico: la rata que es sometida a una situación de estrés (la crisis) es condicionada a “elegir” la solución que el psicólogo/manipulador ha generado previamente, en este caso, la guerra fratricida.

Claro: todo esto está ocurriendo mientras el nuevo sistema monetario está emergiendo abiertamente, por lo que, dados los vínculos de la élite catalana con la Sinagoga, es ella en realidad quien está pilotando el proceso.

PD: No os podéis imaginar lo duro que es para mí contemplar cómo tantos años formando a tanta gente en cómo funciona la Ingeniería Social valen de tan poco ante el empuje de las emociones irracionales cuidadosamente manipuladas. Evidentemente, una ciudadanía a la que se le ha convencido de la existencia de un enemigo (El Estado Español) puede ser conducida al enfrentamiento con el inocente (el pueblo español). Esto pinta muy pero que muy mal.

(Fuente: Rafapal)

O.T.A.N.: IMPUNIDAD TOTAL


sábado, 23 de septiembre de 2017

LA CRISIS CATALANA Y EL EJEMPLO DE QUEBEC



Si el referéndum del 1-O cumpliera con las garantías legales de las que carece, que son todas, permitámonos por un momento entrar en el terreno de las hipótesis: ¿Qué pasaría si en algunos lugares de Cataluña ganase el voto favorable a la independencia y en otros no? ¿Puede dividirse España pero no Cataluña? Quienes defienden el derecho a decidir sobre su soberanía, ¿con qué legitimidad se lo pueden negar a otras partes de su territorio?

Estas relevantes cuestiones y otras que no lo son menos fueron tratadas por el Tribunal Supremo de Canadá, última instancia judicial del país, tras la victoria muy ajustada del no (50,58%) frente al sí (48,42%) en la última consulta soberanista que convocó la provincia de Quebec para separarse de Canadá, en 1995 y en la que participó el 93,52% de los censados. Era cuestión de tiempo que el voto favorable a la secesión ganara, pensaron entonces los nacionalistas del Partido Québécois.

El Gobierno federal, preocupado por esta perspectiva, decidió consultar al alto tribunal, dada la ausencia de limitaciones constitucionales para evitar que así ocurriera. Sus conclusiones fueron recogidas en la llamada Ley de Claridad, aprobada en junio de 2000 por el Parlamento. Canadá se convirtió así en el primer país entre las democracias avanzadas en reconocer el derecho de cualquiera de sus provincias, no sólo la francófona, a escindirse y crear su propio Estado siempre que se cumplan las condiciones que recoge la citada ley. ¿El resultado? No ha habido más referendos desde entonces y la causa secesionista ha perdido mucho de su antiguo atractivo para los quebequenses y sus dirigentes nacionalistas.

Así, cuando los defensores del derecho a decidir en Cataluña usan el ejemplo de lo ocurrido en Canadá para poner en evidencia la rigidez del ordenamiento jurídico español, no nos quedemos sólo con la primera parte, la de la reforma legal necesaria para celebrar una consulta de estas características, conozcamos todo el contenido de la citada ley y los límites que en nombre precisamente de la democracia esta incluye. Esto nos dará pistas de por qué no ha habido más consultas soberanistas en la provincia francófona, donde el sentimiento de humillación histórica con respecto al resto de los territorios del país, de habla y cultura anglosajona, ha estado siempre muy arraigado. Como dice el notario Fernando Rodríguez Prieto, que ha arrojado luz sobre esta cuestión en sus artículos publicados en el blog Hay Derecho: "Este ejemplo, más que suponer un respaldo al secesionismo, puede dotar de nuevas armas dialécticas a unos unionistas necesitados de ellas".

Todo empezó con una pregunta farragosa, de ahí el nombre de la Ley de 'Claridad'. En el referéndum de 1995 la secesión de Canadá se planteaba así: "¿Acepta que Quebec alcance su soberanía tras ofrecer formalmente a Canadá una nueva asociación económica y política que se enmarque dentro del proyecto de ley sobre el futuro de Quebec y el acuerdo firmado el 12 de junio de 1995?". Esto, en francés y en inglés; en las zonas donde había comunidades americanas aborígenes, se añadía la lengua nativa. Ya tienen mérito los que dijeron que sí.

Quien provocó la intermediación del máximo órgano judicial fue Stéphane Dion, nombrado ministro de Asuntos Intergubernamentales en 1996. A raíz del referéndum, envió tres cartas al Gobierno nacionalista de Quebec cuestionando la validez de la consulta. Por tres razones: ¿Ampara la ley internacional una declaración de independencia unilateral?, ¿es suficiente el 50% más décimas para aprobar una secesión? ¿estaría la integridad del territorio de Quebec protegida por la legislación internacional tras la independencia? En este último punto, Dion argumentó que la experiencia internacional demuestra que las fronteras de una entidad que busca la independencia se pueden cuestionar por razones precisamente democráticas (mayorías en algunas comarcas contrarias a la secesión o con voluntad a su vez de separarse de esa entidad). En definitiva; Canadá es divisible, pero ¿Quebec no?

Dion envió estas mismas tres preguntas al Tribunal Supremo de Canadá. El órgano judicial respondió. Su respuesta unánime fue contundente y en ciertos aspectos osada por su aperturismo. Veamos.

1. No se puede convocar un referéndum de secesión de forma unilateral. La ruptura afecta a los ciudadanos quebequenses pero también a los canadienses. No se trata en ningún caso de un referéndum de autodeterminación. Si hay un voto claro y mayoritario a favor de la secesión, se inicia un proceso de negociación para establecer los términos de la separación. Sería el principio del proceso y no el final (similar a los dos años de negociaciones entre el Reino Unido y la UE que se abren tras ganar el Brexit).

2. La pregunta ha de ser clara y la convocatoria ha de tener un mínimo de participación.Asimismo, sólo una mayoría cualificada favorable a la secesión podría legitimar la ruptura con el Estado. En definitiva, el Tribunal argumentó que una decisión de este calado no puede depender de una minoría. "Si el resultado del referéndum representa la expresión de una voluntad democrática debe carecer de ambigüedad, tanto en la pregunta que se plantea, como en el apoyo que recibe pues este debe ser representativo de un deseo mayoritario.", dijo el órgano judicial en sus conclusiones.

3. Las partes del territorio que voten por permanecer en el país no formarán parte del nuevo Estado independiente. La secesión no tiene que ocurrir en toda la provincia si en algunas comarcas gana el no a la independencia. En definitiva, el Gobierno federal les exige a los secesionistas que practiquen la misma apertura y respeto a la voluntad popular que ejerce él mismo al aceptar una consulta de estas características. Si hay una parte de Quebec que quiere seguir siendo canadiense hay que aceptarlo. En 1980, Pierre Trudeau, el padre del actual primer ministro, Justin Trudeau, se anticipó a las conclusiones del Tribunal al declarar tras el referéndum celebrado ese año: "Si Canadá es divisible, Quebec debe serlo también". Esta condición incluida en la Ley de Claridad, inapelable en términos de respeto a la voluntad popular, está en el origen del declive de las aspiraciones secesionistas de Quebec. Hay varias regiones dentro de la provincia que en los dos referéndums, parte de Montreal y territorios con población mayoritariamente aborigen, entre otras, han expresado su voluntad de permanecer en Canadá.

¿Se dan algunas de estas condiciones en el referéndum ilegal convocado por los secesionistas catalanes? No, ninguna. Si intentara pasar la prueba de la Ley de Claridad, la consulta catalana no aprobaría en ningún punto: es unilateral; apela al derecho de autodeterminación que ampara la legislación internacional pero que no es aplicable en este caso por las condiciones exigidas; no establece un porcentaje mínimo de participación ni exige una mayoría cualificada favorable al sí para considerarlo efectivo; el resultado no supone el principio de una negociación sino la ruptura inmediata con el Estado (así está recogido en la Ley de Transitoriedad y Fundacional de la República Catalana) y por supuesto ni oír hablar de renunciar a los territorios donde gane el no a la secesión; no les importa cuál sea su voluntad.

Los resultados del 9N son reveladores en este sentido. Aunque la consulta no tuvo ninguna garantía legal y contó seguramente con una participación mayoritariamente favorable al sí, aparecen importantes comarcas donde gana el no, entre ellas Barcelona, la costa y el Valle de Arán.

Hasta aquí el ejercicio hipotético. Si bien hay que destacar las diferencias entre la forma de Estado de Canadá y de España, pues el primero se constituye en 1867 como la unión voluntaria de una confederación de provincias que habían sido colonias británicas en la que no había obstáculos constitucionales para su separación salvo los después recogidos en la Ley de Claridad.

En el caso de España, la Constitución precisaría de una reforma para dar cabida a esas aspiraciones sin que se pusiera en peligro el Estado democrático de Derecho. Los requisitos legales para hacerlo son exigentes, amén de la elevada mayoría política necesaria para ello, pero, como algunos expertos juristas señalan, no es imposible, aunque el inmovilismo de Rajoy hasta la fecha no apunte en la buena dirección. El éxito a la hora de desactivar la causa secesionista de Quebec en Canadá, llevando la democracia a su máxima expresión, ¿podría servirnos de guía?

Victoria Carvajal
(Fuente: https://es.sott.net/)


La guinda del pastel secesionista: carteles en árabe invitando a votar el 1-O.
Parece que la "identidad catalana" ya no pasa por la lengua ni por la cultura
autóctonas. Y que para el seceSIONISMO vale todo.