miércoles, 29 de marzo de 2017

EL HOMBRE QUE NO PARA DE MORIR EN ATENTADOS TERRORISTAS



Si te suena esta cara es porque, según las redes sociales y distintos medios de comunicación, es la de un hombre que ha sido asesinado en varias ocasiones durante los recientes atentados terroristas, incluidos el club de ambiente de Orlando y el aeropuerto de Estambul en Turquía.

El mismísimo New York Times lo dio por muerto en un vídeo homenaje sobre Florida —y después añadió una nota para retractarse: “su estado no pudo ser confirmado”. En otra ocasión, el hombre perdió la vida a bordo del avión siniestrado de EgyptAir. También fue acusado de dar a la policía la orden de disparar durante la protesta por la reforma educativa en Oaxaca, México.

Por si cabía alguna duda, todas estas informaciones son falsas y provienen de diferentes usuarios de servicios como Twitter. ¿Quién es y por qué es víctima de esta recurrente broma pesada de Internet? Una investigación de France24 arroja algo de luz sobre el tema. Al parecer es una historia de venganza.

La cadena de televisión localizó a la persona que sale en las fotos y consiguió contactar con él. Es un mexicano cuyo nombre no ha sido publicado. “Mi foto está en todas partes a causa de alguien que empezó esto como una broma después de una disputa legal”, explica. Esa demanda judicial seguiría en proceso. El hombre asegura además que ha contactado con los medios para que retiren sus fotos, pero estos no le hacen caso.

France24 habló también con las personas que publicaron los mensajes falsos. Todos cuentan una historia similar: el hombre los estafó —desde pequeñas sumas de dinero hasta 1.000 dólares— y ahora pretenden, textualmente, “arruinar su reputación”. “Este hombre solía ser mi amigo, pero ha timado al menos a cuatro personas que conozco”, dice uno de los bromistas. “Todavía no nos ha devuelto nuestro dinero [así que] hemos decidido castigarlo”.


El reportaje pone en evidencia dos cosas. Primero, que el sentido del humor en Internet no conoce límites y el ciberacoso puede ser una forma de tomarte la justicia por tu mano. Segundo, que los medios son cada vez más proclives a tragarse historias falsas.

(Fuente: http://es.gizmodo.com/)

CÓMO SALIR DE LA MATRIX, SEGÚN PHILIP K. DICK



Philip K. Dick dijo en una conferencia en 1977: "Vivimos en una realidad programada computacionalmente y la única pista que tenemos es cuando una variable es cambiada y una alteración en nuestra realidad ocurre". Sus ideas prefiguran indudablemente la noción desarrollada en la trilogía The Matrix. Una serie que, como ha notado el profesor Robert Thurman, tiene notables influencias budistas (la Matrix del budismo se llama samsara) y que ha producido la gran metáfora de nuestro tiempo para referirse a una sensación milenaria: la sospecha de que el mundo que experimentamos convencionalmente es una ilusión. En su laberíntica y obsesiva reflexión en torno a una serie de visiones místicas que ocurrieron el 2/3/1974, plasmadas en The Exegesis, curiosamente Dick, un gnóstico cristiano, da como posible escapatoria a este dédalo ilusorio que hoy llamamos La Matrix: el camino del bodhisattva. Dick cuenta sobre el protagonista de un texto que pensaba titular The Owl:

Sólo escapa verdaderamente del laberinto cuando decide regresar voluntariamente (volverse a someter al poder del laberinto) para beneficiar a aquellos que siguen atrapados dentro de él. Esto es, nunca puedes irte tu sólo, para salir debes de elegir llevar a los demás ... ésta es la paradoja última del laberinto, la ingenuidad quintaesencial de su construcción, que la única vía de salida es una vía de regreso voluntaria (al interior de su poder), que es lo que constituye el sendero del bodhisattva.

Dick refuerza esta misma idea: "Si existe la felicidad, debe de surgir de voluntariamente entregar el propio ser en intercambio por participar conscientemente en el destino de la unidad total". En otras palabras, el héroe de la Matrix, el bodhisattva, el hacker, es aquel que descubre que la realidad más allá de la ilusión del programa o simulacro es una completa interdependencia entre todos los seres, lo cual es la semilla indestructible de la compasión. La motivación de la compasión, de la renuncia y la entrega en favor de los demás es la sabiduría de que los otros son parte de mí; si el universo entero es la experiencia de un sólo cuerpo o mandala, entonces la compasión surge de manera tan espontánea como cuando uno quita los dedos del fuego (ese fuego es el samsara, es la Matrix). En el budismo tántrico, la compasión constituye el insuperable método (upaya) para alcanzar la iluminación y despertar del sueño del samsara.

Este intersticio o glitch divino en la arquitectura de la Matrix o del laberinto (este hilo de Ariadna), que Dick descubre como la compasión, es justamente lo que unen al budismo y al cristianismo. También en The Exegesis, Dick escribe: "Cristo es Buda homologado como bodhisattava". El acto crístico es un acto de compasión pura: sacrificar su vida para salvar a los demás; coincide con el juramento del bodhisattva: dedicar incontables vidas a liberar a todos los seres, permanecer dentro del samsara hasta que todos los seres alcancen la liberación. Siguiendo con esta incursión gnóstica en el budismo mahayana, Dick escribe que "la cualidad más alta de la compasión es el único poder capaz de resolver el laberinto... La verdadera medida del hombre no es su inteligencia o su éxito en este sistema demente. No, la verdadera medida del hombre es esta: qué tan rápido puede responder a la necesidad de los demás y qué tanto de sí mismo puede dar". Aquí hay un claro eco bíblico, sólo quien es capaz de dar su vida (esta vida mundana, este polvo) podrá obtener la vida eterna, pero no será ya alguien, un individuo, sino será la divinidad misma: Cristo, Buda ...

La muerte de nuestra personalidad separada, de nuestro ego, es la semilla de la vida del espíritu. Pero esa vida del espíritu más que una fase nueva es la condición original que siempre ha existido, innata y por lo tanto inmortal. Con esto llegamos también a otro de los conceptos esenciales de la teología de Philip K. Dick, el escritor de ciencia ficción que era en realidad uno de los grandes místicos del siglo XX. Tomando de Platón pero en comunión también con del camino tántrico del budismo vajrayana, Dick mantiene que el remedio para sanar esta condición de estar perdidos en el laberinto (en el samsara) es la anamnesis, la pérdida de la amnesia que nos caracteriza. "Recordaste tus orígenes, y eran de más allá de las estrellas". En el budismo tántrico se asume la condición original, la noción de la pureza primordial, la naturaleza búdica inherente (o tathagatagarbha), como la realidad presente, así la base del sendero se vuelve indivisible del fruto (el proyecto de volverse budas se nutre de la visión de que ya somos budas). En otras palabras, se trae a mente, se recuerda (mindfulness, sati) la propia naturaleza búdica, la luz del origen (allende las estrellas y allende lo humano). Asimismo, el hecho de que la salida del laberinto constituya precisamente permanecer en él desde la perspectiva de la compasión intuye ya una noción que no está del todo desarrollada en la visión de Dick (y que quizás entre en conflicto con el dualismo del gnosticismo cristiano), esto es, la no-dualidad. En el sentido más profundo, cuando se ha realizado el cambio de perspectiva de la compasión y la integración de la totalidad en uno, el laberinto ya no es un laberinto (es un espacio sin límites), no hay separación entre afuera y adentro, el samsara es nirvana, pero, nos dicen las tradiciones místicas, es sólo entendido y experimentado por alguien que ha alcanzado un estado como el de un cristo, un bodhisattva, un tzadikim, etc.


En la película "The Matrix: Revolutions", el clímax de la saga se produce con un enfrentamiento entre el Agente Smith y Neo. Neo logra conquistar el último obstáculo, así reconociendo completamente su propia naturaleza búdica como "The One", convirtiéndose antes en su enemigo, absorbiéndolo en él mismo a Smith. Al lograr esto, la Matrix estalla en la vacuidad que siempre fue, sólo vacío radiante.

Para el budismo mahayana la vacuidad necesariamente implica la compasión y viceversa (este extenderse de Neo en Smith es un reconocer la vacuidad de la identidad y una compasión, un sentir-con). Las cosas están vacías ya que no tienen existencia inherente, no existen desde su propio lado sino solamente en interdependencia con todas las otras cosas; la compasión surge espontáneamente de reconocer esta interdependencia, incluso podríamos decir que la compasión es esa misma interdependencia: el acto reflejo que surge espontáneamente de saber que en cada cosa se reflejan todas las otras cosas (como en el caso del mítico collar de perlas de Indra, una de las más hermosas metáforas de la naturaleza del universo).



Dice Dick: "Somos cosmocrators olvidadizos, atrapados en el universo de nuestra propia hechura". Es la ignorancia de que este mundo es generado por nuestra propia mente la que perpetúa el estado de sufrimiento, la que sigue reproduciendo un sueño. Sufrimos y sentimos dolor porque creemos que el sueño es real y que estamos separados de los otros, pero ese mismo sufrimiento es lo que nos motiva a actuar, descubrir la verdad y despertar. "En un sentido muy real, el dolor que sentimos como criaturas vivientes es el dolor de despertar... la presión de este dolor nos motiva a buscar respuestas o, lo que es lo mismo, nos motiva a una mayor conciencia". Este es exactamente el entendimiento de la primera noble verdad del Buda.

Alejandro Martínez Gallardo
(Visto en Pijamasurf)

EL DOCUMENTAL PERDIDO DEL DIA-D


Cuatro cintas, descubiertas por investigadores de la biblioteca Eisenhower en 2014, contienen el primer documental del desembarco del día D. Se trataba de material clasificado destinado únicamente a la cúpula militar. Se preparó con prisas y no tiene música, efectos o sonido ambiente. Se proyectó para Winston Churchill y se mandaron copias a Roosevelt y Stalin.

martes, 28 de marzo de 2017

LA ÉLITE PRETENDE IMPLEMENTAR UNA SERIE DE MEDIDAS TOTALITARIAS CON LAS EXCUSA DEL ATENTADO DE WESTMINSTER



"London has fallen": Hollywood señala al Big Ben como objetivo terrorista en la
secuela de "Olympus", ambas estrenadas en marzo y, en el caso de la segunda,
justamente el día 22. Primer aviso ...

Como señala con acierto el blog Donde la verdad nos lleva, nos encontramos con que en el reciente atentado de Londres la supuesta autoría yihadista supone una cortina de humo tras de la que se esconde la mano de los auténticos ideólogos detrás de estos actos: la élite que quiere cerrar su trampa de control absoluto sobre los ciudadanos de Occidente.

Un atentado que, recordemóslo, golpea un punto de Londres -el Big Ben- cuyas coordenadas GPS habían sido publicadas veinticuatro horas antes apenas encriptadas en código morse por un usuario de la red 4chan, quien subió la imagen, tomada de un simple buscador, de dos pistolas, junto con un enlace que remitía a una página de Pastebin donde un segundo código, esta vez en binario, señalaba dicho punto, en el lado noroeste del Parlamento Británico. El usuario -identificado como n1SoXPxb- había ofuscado su localización y creado la cuenta ex-profeso para publicar este único mensaje.

No solo existía esta advertencia, sino que el ataque se producía en una fecha enormemente simbólica: el aniversario de las explosiones en el aeropuerto de Bruselas y, de acuerdo con la notación anglosajona, en una cifra (322) que identifica a los Skull&Bones, la orden secreta de la que procede la mayoría de los presidentes de E.E.U.U., en el 322 aniversario del Banco de Inglaterra. Además, el calendario pagano hace culminar el dia 22 la festividad del solsticio de la primavera o Pelusia, los tres dias de invocación de la diosa Isis. Y la deidad, claro, aparece para reclamar el sufrimiento generado por el sacrificio humano bajo la figura del fantasmal grupo terrorista (léase "mercenario") creado para desestructurar Oriente Medio.


Las medidas adoptadas por las autoridades británicas vienen a confirmar la estrategia del PROBLEMA (atentados)-REACCIÓN (terror entre los ciudadanos)-SOLUCIÓN (mayor control social por parte del Poder), estrategia por la cual la misma sociedad civil acaba respaldando la implementación de iniciativas tendentes a reducir la libertad en aras de la seguridad, iniciativas que de otro modo despertarían no pocas protestas. Doctrina del "shock" en estado puro. Aunque luego las medidas adoptadas se muestren inútiles frente al terrorismo: siendo Londres la ciudad del mundo con mayor número de cámaras de vigilancia en las calles, ninguna parece haber captado el choque del 4x4 del supuesto atacante contra la verja del Palacio de Westminster, ni el alucinante "sprint" que nos dicen que realizó (¡después de una colisión frontal!) por el perímetro de los jardínes del Parlamento hasta internarse en ellos y apuñalar a un policía. Solo tenemos imágenes o lejanas o tardías. O ambas cosas.



Una vez más, las clásicas paradojas que se dan en los atentados de Falsa Bandera: tampoco hay imágenes de los supuestos terroristas del 11-M en los trenes que estallaron, ni de los del 7-J, las cámaras o no funcionan o las grabaciones son confiscadas por la policía y no se vuelve a saber de ellas. Ni siquiera faltó el simulacro de emergencia previo (tres días antes) para limar los detalles de la puesta en escena.

Hace pocas semanas Wikileaks revelaba la capacidad de los servicios secretos
para hackear vehículos y tomar el control a distancia.

Recalco el punto clave del asunto: este tipo de atentados sirven para justificar medidas extraordinarias que supuestamente servirán para "prevenir nuevos ataques", fin que nunca logran. Si son eficaces estas medidas son para reprimir, vigilar y someter a la población civil, cuyos derechos y libertades son progresivamente recortados.

Cadena humana formada por mujeres musulmanas el pasado sábado en el
Puente de Westminster en homenaje a las víctimas del atentado 

El pasado fin de semana se han anunciado dos de estas medidas:

En primer lugar, la ministra del interior, la ex-J.P. Morgan (banca Rothschild, "of course") Amber Rudd anunció el sábado un mayor control de los mensajes cifrados en Internet, en particular WhatsApp, cuyo tráfico debería ser transparente a los ojos del "Big Brother".

"¡Hala! ¡Se acabaron los secretitos en WhatsApp!"

En segundo lugar, las autoridades pretenden desplegar de forma permanente las fuerzas SAS del ejército en la capital británica, ejerciendo un "servicio" de patrullaje y vigilancia ejercido hasta ahora por la policía, algo que podría encubrir la militarización del orden público. Los escuadrones desplegados contarán con el apoyo de helicópteros, e irán provistos de explosivos de abertura de brecha y balas especialmente diseñadas para matar instantáneamente.

Fuerzas del SAS. ¿Es frikismo mío o parecen
moradores de las arenas en "Star Wars"?

Es evidente que con el ejército en las calles, el gobierno dispondrá de una fuerza de choque enormemente eficaz que poder utilizar no solo contra los supuestos -y fantasmales- terroristas, sino también contra disturbios y protestas. El escenario de "V de Vendetta" está cada vez más cercano ...

(posesodegerasa)

HEMOS CAMBIADO EL ‘CONÓCETE A TI MISMO’ POR UN ‘EXHÍBETE A TI MISMO’



La tradición del autoconocimiento, vigente durante varios siglos, se ha convertido hoy en materia prima de la sociedad del espectáculo en que vivimos.

En nuestra época, el conocimiento y el cuidado de sí han perdido la importancia que habían tenido más o menos desde tiempos de la Antigua Grecia y hasta los días de Sigmund Freud, Carl G. Jung y otros filósofos y pensadores no menos importantes. Durante más de 2 siglos, ambas posturas frente a la existencia –conocerse y cuidarse– habían sido entendidas como elementos imprescindibles en la construcción y consecución de una vida plena.

De los dos, el cuidado de sí terminó por imponerse sobre el conocimiento de sí, pero bajo una forma muy específica: capturado por el capitalismo. Ahora y desde hace algunas décadas, el cuidado de sí se ha confundido con el cuidado personal, y por todos lados se nos insta a cuidar de nuestra salud, de nuestro cuerpo, de nuestra apariencia, pero no libremente, sino en el marco específico del consumo, con mercancías producidas específicamente para dicho fin y, en última instancia, para convertir nuestra propia salud, nuestro cuerpo y nuestra apariencia en mercancías expuestas en el aparador global del capitalismo contemporáneo.

Ciertos discursos nos invitan a tomar agua, a comer sanamente, a hacer ejercicio, pero sólo porque eso implica comprar agua, productos pretendidamente saludables o la ropa más adecuada para ejercitarse. ¿Pero es que el agua debe venderse? ¿Es que lo saludable sólo existe una vez procesado, empaquetado y etiquetado bajo ese calificativo? ¿El ejercicio sólo es posible realizarlo con determinados tenis y playeras que disipan tecnológicamente el sudor? Y una vez que entramos en ese estilo de vida, ¿no tendemos a convertirnos nosotros mismos en productos de esas marcas?

En cuanto al conocimiento de sí, su suerte ha sido diametralmente distinta. Conocerse, ahora, parece un ejercicio relegado al catálogo de las supersticiones anteriores al racionalismo, propio de una época carente de la tecnología necesaria para medir y comprobar cualquier aspecto de la realidad. La invitación a conocerse que se ofrece desde ciertas tradiciones espirituales, filosóficas, psicológicas y del buen vivir, se desdeña por esto mismo, porque proviene de sistemas de pensamiento que la ideología dominante considera superados u obsoletos, en comparación con la pretendida objetividad y precisión de la técnica. ¿A quién le importa ahora tomarse el tiempo de conocerse cuando un test de personalidad o un examen psicométrico nos prometen arrojar inmediatamente la definición de lo que somos?

En una nota miscelánea, el filósofo mexicano Jorge Portilla llegó a escribir que “el hombre es un ser de tal índole que no puede vivir si no comprende su vida”. Si esto es cierto para todos; si todo sujeto, eventualmente, necesita contarse la historia de su propia vida; si, hasta cierto punto, llega el momento en toda existencia en que necesitamos saber quiénes somos, para qué vivimos y qué queremos de la vida, cabría preguntarse por el lugar que esas preguntas tienen actualmente, si es que dicha comprensión de la existencia propia aún está vigente, si aún se ejerce y de qué manera.

Si antes señalamos la captura que hizo el capitalismo del cuidado de sí para transformarlo en cuidado personal, en el caso del conocimiento de sí es posible hablar de un movimiento parecido. A juzgar por lo que ocurre cotidianamente, por la iteración inconmensurable de imágenes del Yo que mana en las redes sociales, como un torrente o como una hidra, quizá sea posible afirmar que esa necesidad de elaborar la historia propia que antes se buscaba satisfacer en las páginas de un diario personal, en el cultivo de la mente y del espíritu, en la lectura de cierta filosofía (Platón, Nietzsche, Schopenhauer), en la dificultad del diván pero, sobre todo, al hilo de los hallazgos y las adversidades propias de la existencia, es ahora la materia prima de una narrativa homogénea que circula diariamente a través de millones de pantallas.

La vida, parece ser, se vive no para comprenderla o contarla, sino para exhibirla; se le tributa ahora a la maquinaria insaciable de los likes y los shares, al dios inmisericorde de esta sociedad del espectáculo en la que tantos se afanan por figurar y aun destacar, cumpliendo con todos los requisitos impuestos para convertirse en representaciones de sí mismos.

¿Quién tiene tiempo ahora de conocerse? Tan llenos de distracciones como estamos, tan ocupados en la trivialidad del momento, tan ansiosos por ganar el reconocimiento inmediato y fugaz de una buena selfie, ¿a quién le queda tiempo para emprender el camino de conocerse a sí mismo? ¿Para qué hacerlo si es mucho más sencillo tomar videos y fotografías, condensar el estado de ánimo actual en un post de Facebook, vivir bajo la tiranía de la recompensa inmediata? ¿Quién tiene ahora el tiempo, la paciencia o la disciplina para persistir en la tarea inacabable de conocerse a sí mismo cuando a la mano y en este mismo instante está la alternativa de exhibirse a sí mismo?

La historia personal sólo puede elaborarla y contarla el propio sujeto, porque sólo él conoce la suma de circunstancias que lo llevó al momento actual de su existencia. Las redes sociales, sin embargo, nos han habituado a la idea de que todas las historias pueden contarse de cierta forma, bajo ciertas reglas, en el marco de ciertos límites, todo lo cual tiene algo en común: está diseñado a la conveniencia de cierto modo de producción y de consumo. Preferir la exhibición de sí al conocimiento de sí es, en buena medida, participar de ese cautiverio, aceptarlo mansamente.

¿Por qué no pensar que la historia propia podría convertirse en una obra de arte, en un mural, en una sinfonía? ¿Sólo porque poder hacer eso requiere más tiempo y esfuerzo que lanzar un tweet o publicar una fotografía en Instagram? ¿De verdad no tenemos tiempo ni recursos para hacer más en nuestra vida de lo que ya hacemos?

Juan Pablo Carrillo Hernández
(Fuente: Pijamasurf; visto en http://buscandolaverdad.es/)

ESCLAVOS DEL NUEVO ORDEN MUNDIAL


lunes, 27 de marzo de 2017

LAS REGLAS DEL JUEGO (5ª parte)



El "Manual de Guerra del Departamento Defensa de Estados Unidos", en realidad una Ley del Pentágono para la guerra, sostiene que el derecho de guerra es independiente y reemplaza a todas las otras ramas del derecho, incluidos los tratados internacionales de derechos humanos y la Declaración de Derechos de la Constitución de Estados Unidos, nada menos que una fórmula para la ley marcial, la dictadura militar y la suspensión de la Constitución.

Citando un tratado jurídico titulado ‘Derecho Militar y de los precedentes’, el manual indica que el derecho de la guerra puede prevalecer sobre la Constitución ‘en el teatro real de las operaciones militares’, y como está señalado por un juez ‘las leyes ordinarias de la Tierra se sustituyeron por las leyes de la guerra’. La jurisdicción de todo magistrado civil se suspende, y ‘la autoridad militar y la fuerza sustituyen efectivamente su autoridad original, en los poderes de guerra del Congreso y del Ejecutivo, y por lo tanto en su fuente constitucional, el derecho de la guerra puede en su ejercicio reemplazar sustancialmente de manera temporal incluso la propia Constitución’.

Con el mundo entero declarado campo de batalla en la ‘guerra contra el terror’, esta es una fórmula del Pentágono para imponer la dictadura militar en todo el planeta.

Cuando el Pentágono se refiere al ‘derecho de la guerra’, no se está refiriendo a los precedentes históricos o tratados internacionales. La frase ‘ley de guerra’, en el contexto del manual, es un eufemismo de ‘ley de acuerdo con al Pentágono’.

Bajo tal marco pseudo-legal, el ‘derecho de la guerra’ es una fuente independiente de la autoridad judicial que anula todos los derechos democráticos y arbitra las sanciones por la regla de los militares.

‘Aunque el derecho de la guerra es generalmente visto como ley prohibitiva, en algunos aspectos, sobre todo en el contexto de la legislación nacional, el derecho de la guerra puede ser visto como permisivo o incluso como una fuente de autoridad’.

El ideólogo nazi Carl Schmitt
Esta doctrina es casi una copia de los escritos del jurista nazi Carl Schmitt (1888-1985). En ‘Estado de excepción’ bajo condiciones de una emergencia nacional, al ejecutivo se le permite anular las protecciones democráticas y no tener en cuenta el estado de derecho. Bajo esta doctrina, los derechos democráticos no son derogados formalmente, pero se suspenden indefinidamente.

La doctrina de ‘Estado de excepción’ de Schmitt fue utilizada en 1933 como una justificación legal de la ‘Ley para aliviar la angustia de las personas y el Reich’, también conocida como la ‘Ley Habilitante’, que codificó la dictadura de Adolf Hitler.

El manual del Pentágono invoca la teoría de Schmitt en todo menos en el nombre. Habiendo afirmado que el derecho de la guerra es una disciplina ‘especial’ de la ley, en lugar de una disciplina ‘general’, el manual indica que ‘la norma especial prevalece sobre la ley general’. Para el efecto, una máxima legal agregada se cita como ‘lex specialis derogat legi generali’.

Así, según el Pentágono, el derecho de la guerra es la excepción a la general ley de tiempos de paz, nada menos que una doctrina legal nazi incorporada por el Pentágono en un documento político crucial, por el cual cada vez que la política de conflictos del Pentágono entre en disputa con los tratados de derechos humanos, éstos deben ser ignorados.

El manual continúa: ‘Detrás de este enfoque está el hecho que el derecho de la guerra está firmemente establecido en el derecho internacional consuetudinario como un cuerpo bien desarrollado de ley que está separado de los principios de la ley de aplicación general en tiempos de paz’. La implicación es que en tiempos de guerra, el inmenso establecimiento militar de Estados Unidos es una rama de separada e independiente del gobierno, sujeto a sus propias normas y sin rendir cuentas a nadie.

A pesar de las referencias a los poderes de guerra del Congreso y el ejecutivo bajo la Constitución de Estados Unidos, las concepciones del Pentágono son lo contrario del marco previsto por los redactores de la Constitución. La Declaración de la Independencia, en su lista de quejas en contra de la monarquía británica, acusa que el rey ‘afecta para hacer independiente y superior lo militar al poder civil’, y describe al presidente como el comandante en jefe de la marina y el ejército como una forma de expresar la subordinación de los militares al poder civil. Esta frase no estaba destinada a elevar los militares, con el presidente como su cabeza, en una especie de autoridad suprema sobre el resto del Estado y de la población.

Según el Pentágono, los tratados de derechos humanos, son principalmente aplicables a la relación entre un Estado y los individuos en tiempos de paz. Por lo tanto, en tiempos de ‘guerra contra el terror’ de alcance y duración indefinidos, los derechos humanos y otras garantías de las libertades civiles no se aplican, con argumentos presentados por el manual para justificar la suspensión de la Declaración de Derechos de todo tipo como una ley de ‘tiempos de paz’, que se sustituye mientras dure la ‘guerra contra el terror’.

Pero ¿por qué detenerse ahí? Las elecciones también forman parte de un sistema de leyes de aplicación general en ‘tiempos de paz’. ¿Qué pasa con otras libertades civiles? ¿Y el derecho a la libertad de expresión o el derecho a formar partidos políticos? ¿Qué pasa con el derecho a un juicio con jurado? ¿Y el derecho a la privacidad, y la prohibición de castigo cruel e inusual? ¿Qué pasa con las leyes contra la discriminación racial o el derecho a un salario mínimo?

Llevado a su conclusión lógica, la Ley del Manual de Guerra justifica la imposición de una dictadura militar, la suspensión de todos los derechos democráticos contra toda clase de disidentes como derecho y obligación de segregarlos de la comunidad normal durante la duración del conflicto, dejando al descubierto planes que se han discutido ampliamente, desarrollados y aprobados en los más altos niveles del Estado.

En tiempos de guerra, la ley se silencia. Según el Pentágono, las masacres de civiles son permisibles si ayudan a lograr ‘objetivos operativos’.

De conformidad con este enfoque, un derecho democrático básico o principio jurídico se afirma en términos abstractos, y entonces será ‘equilibrado’ contra el principio autoritario, con el resultado que el principio básico será privado de sentido.

En otras palabras, después de aplicar la fórmula de ‘equilibrio’, resulta que es aceptable matar a civiles, si en conjunto se espera que una ´ventaja militar’ sea mayor que el daño a los civiles. Esto hace efectiva la norma que prohíbe matar sin sentido a civiles. En la práctica, la fórmula de ‘equilibrio’ se traduce en el poder sin trabas de los líderes militares para ordenar asesinatos en masa y destrucción.

‘Por ejemplo’, dice el documento, ‘si un comandante determina que tomar precaución podría resultar en riesgo operativo (es decir, el riesgo de no poder cumplir la misión) o un mayor riesgo de daño a sus propias fuerzas, entonces la precaución no sería factible y no se requiere’.

Esto es un cheque en blanco para los asesinatos en masa de civiles si un líder militar decide que no hacerlo sería un ‘riesgo operativo’. Si el exterminio de la población de una ciudad hostil reduciría el ‘riesgo de daño’ a las fuerzas estadounidenses, entonces el Manual Pentágono lo permite.

El manual también codifica el término tendencioso de ‘escudos humanos’, en que las muertes de civiles se atribuyen a los objetivos de bombardeos indiscriminados. ‘Una incursión que está sujeta a un ataque podría no tomar las precauciones posibles para reducir el riesgo de daño a los civiles, por la separación de la población civil de los objetivos militares, la capacidad de discriminar y reducir el riesgo de daño a la población civil probable será disminuida por tal conducta enemiga’.

Esto no es más que una justificación con otro nombre para el castigo colectivo. Si el Pentágono identifica un ‘objetivo militar’ en un área densamente poblada, a continuación, los militares supuestamente tienen el derecho legal a anular con explosivos el sitio por extenso que sea y culpar a la población civil por ser ‘escudos humanos’. El castigo colectivo es, según el derecho internacional, un crimen de guerra. Está diseñado para aterrorizar a una población y desalentar la resistencia.

El manual autoriza expresamente los asesinatos selectivos. ‘Las operaciones militares pueden dirigirse contra combatientes enemigos específicos, y las fuerzas estadounidenses a menudo han llevado a cabo este tipo de operaciones’.

El manual censura y focaliza a los periodistas como ‘beligerantes no privilegiados’, e incluso los trata como espías potenciales. ‘La presentación de informes sobre las operaciones militares puede ser muy similar a la recogida de inteligencia o incluso el espionaje’.

El Manual de Guerra del Pentágono pide por tanto ‘capturar y castigar’ a los periodistas, prohibirles trabajar de forma anónima, y requiere que los periodistas obtengan ‘permiso y documentos de identidad’ de los militares de Estados Unidos para llevar a cabo su trabajo’.

José Couso, víctima del permiso autoconcedido por las autori-
des militares de E.E.U.U . para escarmentar a los periodistas
que van por libre.
Dice: ‘Un periodista que actúa como espía puede ser objeto de medidas de seguridad y castigado si es capturado. Para evitar ser confundidos con espías, los periodistas deben actuar de manera abierta y con el permiso de las autoridades pertinentes. La presentación de los documentos de identificación, como la tarjeta de identificación emitida a los corresponsales de guerra autorizados u otra identificación adecuada, pueden ayudar a los periodistas a evitar ser confundidos con espías’.

Los periodistas pueden ser sometidos a censura militar. Declara que ‘puede necesitar censura el trabajo de los periodistas o tomar otras medidas de seguridad para que los periodistas no revelen información sensible al enemigo. En el marco del derecho de la guerra, no existe un derecho especial para los periodistas de entrar en el territorio de un Estado sin su consentimiento o para acceder a las zonas de operaciones militares sin el consentimiento del Estado que realiza esas operaciones’.

En este marco legal propio de un estado policial autoritario, por ejemplo, se justificaría la creación de un campo de internamiento militar para encarcelar a cada periodista que publique material sensible. No hay nada en el manual que prohibiría el Pentágono lanzar ataques aéreos contra periodistas específicos que considere estar actuando como ‘espías’, y argumenta que quienes critican la ‘guerra contra el terror están ayudando al enemigo’, y de tal manera deben ser tratados como ‘combatientes ilegales’ en el marco del derecho de la guerra, porque están trabajando al ‘servicio de los islamistas que buscan destruir la civilización occidental y volver a crear los califatos’, siendo culpables de ‘escepticismo del poder ejecutivo, socialización profesional, pacifismo pernicioso y cosmopolitismo’, y pueden ser considerados ‘objetivos legítimos’ del ataque militar en el marco del derecho de la guerra.

El manual del Pentágono codifica esta posición y autoriza a los militares para llevar a cabo medidas represivas contra los periodistas que cubren conflictos.

El rostro del soldado que disparó contra José Couso, un cri-
men impune justificado por la ralea de tertulianos pagados
con petrodólares ensangrentados del tito Sam
Es significativo que las palabras ‘libertad de expresión’ y ‘libertad de prensa’ no aparezcan en el manual del Pentágono.

En una sección que establece la autoridad del Pentágono como ‘Potencia ocupante’, el manual indica que ‘a los efectos de la seguridad, una Potencia ocupante podrá establecer la regulación de cualquiera o de todas las formas de medios de comunicación (por ejemplo, prensa, radio, televisión) y entretenimiento (por ejemplo, teatro, cine), del correo y de otros medios de comunicación. Por ejemplo, una Potencia ocupante podrá prohibir totalmente la publicación de periódicos que representan una amenaza a la seguridad, o puede prescribir normas para la publicación o difusión de los periódicos de otros medios de comunicación con el propósito de cumplir con sus obligaciones de restablecer el orden público’.

Una nota al pie incluye la advertencia que ‘esta sub-sección se centra únicamente en lo que está permitido por la ley de la guerra y no se ocupa de las posibles consecuencias de la censura bajo la Primera Enmienda de la Constitución’. Presumiblemente, los autores sostienen que se aplica la Primera Enmienda sólo en ‘tiempos de paz’, y que está superada por la ‘ley especial’ del Pentágono en toda la duración de la ‘guerra contra el terror’.

El Manual de Guerra del Pentágono autoriza pues el asesinato de civiles durante los conflictos armados y establece un marco para las detenciones militares masivas. Discute libremente el uso de armas nucleares, y no prohíbe el napalm, las municiones de uranio empobrecido, bombas de racimo y otras armas indiscriminadas.

El manual es una expresión de la incompatibilidad del militarismo imperialista y la democracia. En los 27 años transcurridos desde la liquidación de la Unión Soviética, y en especial durante los 16 años transcurridos desde el lanzamiento de la llamada ‘guerra contra el terror’, Estados Unidos ha estado perpetuamente en guerra, tratando de compensar su decadencia económica por las amenazas y la violencia militar en todo el mundo, difícilmente se puede esperar que permanezca fiel a la ley y los principios democráticos de la nación.

(Fuente: http://noficcin.blogspot.com.es/)