domingo, 24 de marzo de 2019

ALEMANIA Y LA GRAN MENTIRA DE KOSOVO



Hoy se cumplen veinte del inicio del bombardeo de lo que quedaba de Yugoslavia conocido como “guerra de Kosovo”. Para Alemania aquella participación en una operación ilegal de la OTAN fue la primera operación militar exterior desde Hitler. Desde entonces, “la seguridad de Alemania se defiende en el Hindukush”, como dijo en 2009 el ministro de defensa Peter Struck. También en África y allí donde el acceso alemán/europeo a los recursos y vías comerciales lo exijan, según estableció en su día con toda claridad la canciller Angela Merkel.

Aquel estreno en Kosovo empezó con una mentira. Igual que Vietnam, igual que Irak y que tantas otras guerras (recordemos el informe de la agencia Efe de septiembre de 1939, dando cuenta del ataque de Polonia contra Alemania). La primera mentira de Kosovo fue la masacre de Rachak.

Rachak y el policía Hensch

Rachak y Rugovo son dos pueblos del noroeste de Kosovo, al sur de la capital de distrito de Pec. Con la frontera albanesa muy cerca, en 1998 la región era zona de acción de la guerrilla albanesa UCK, sostenida y financiada por la OTAN, la CIA y el servicio secreto británico.

Aquel año la UCK cometió tantos desmanes con civiles serbios, gitanos y albaneses “colaboracionistas” que su jefe local, Ramush Haradinaj, luego primer ministro de Kosovo, hasta llegó a ser juzgado en La Haya por crímenes de guerra por un tribunal que era comparsa de la OTAN. Haradinaj fue absuelto, entre otras cosas porque nueve de los diez testigos que debían declarar contra él fueron eliminados antes de que pudieran hacerlo, unos en “accidentes de tráfico”, otros en “peleas de bar”, otros en atentados. Así hasta nueve. En cualquier caso, a principios de 1999 el ejército yugoslavo respondió con gran fuerza a aquella ofensiva de la UCK teledirigida por la OTAN con una contraofensiva.

Cerca de Rachak y de Rugova varias decenas de guerrilleros albaneses cayeron en emboscadas ante el ejército. Henning Hensch, un policía alemán retirado con carnet del SPD, estuvo allí. Era uno de los seleccionados por el ministerio de Exteriores para engrosar los equipos de observadores de la OSCE en Kosovo. En esa calidad actuó como perito en Rachak y Rugovo. Vio a los guerrilleros muertos con sus armas, carnets y emblemas de la UCK cosidos en sus guerreras. En Rugovo, los yugoslavos juntaron los cadáveres en el pueblo y los observadores de la OSCE hicieron fotos.

“Esas fotos, convenientemente filtradas de todo rastro de armas y emblemas de la UCK, hicieron pasar lo que fue un enfrentamiento militar con grupos armados, por pruebas de una masacre de civiles”, me explicó Hensch en 2012. “Ambos bandos cometían exactamente los mismos crímenes, pero había que poner toda la responsabilidad sólo sobre uno de ellos”, decía el policía jubilado.

El 27 de abril el entonces ministro socialdemócrata de defensa alemán, Rudolf Scharping, presentó en rueda de prensa aquellas fotos en las que se veía los cadáveres de los guerrilleros amontonados en el papel de civiles inocentes masacrados. Al día siguiente, el diario Bild publicaba una de ellas en portada con el titular: “Por esto hacemos la guerra”.

“Este era un país opuesto a la guerra y consiguieron que, por primera vez en más de cincuenta años, se metiera en una”, explicaba por teléfono Hensch, con sumo pesar. “Antes de esa experiencia, nunca imaginé que en mi país pudiera pasar algo así, es decir que el gobierno y la prensa mintieran al unísono y engañaran a la población”.

Para violentar el consenso básico de la sociedad alemana contra el intervencionismo militar, la OTAN, el gobierno de socialdemócratas y verdes (1998-2005) y los medios de comunicación, se tuvieron que emplear a fondo.

El “Media Operation Center” de la OTAN dirigido por el infame Jamie Shea, subordinado al secretario general, Javier Solana (a su vez subordinado al Pentágono), fue una fábrica de mentiras, que los periodistas retransmitían. Shea, un hombre deshonesto, decía que el truco era, “mantener a los periodistas lo más ocupados posible, alimentándoles constantemente con briefings, de tal manera que no tengan tiempo para buscar información por sí mismos”. Años después Shea explicó que, “si hubiéramos perdido a la opinión pública alemana, la habríamos perdido en toda Europa”.

Fabricar la narrativa del conflicto

El relato del conjunto de la guerra en los Balcanes se basó en una fenomenal sarta de mentiras, amnesias y omisiones. La opinión pública europea fue intoxicada con una eficacia que hasta entonces, en Occidente, solo se consideraba posible en Estados Unidos.

Como hoy se conoce perfectamente, antes de la intervención de la OTAN no había en el conflicto de Kosovo la “catástrofe humanitaria” que las potencias se inventaron para intervenir, sino una violencia que en 1998 partió de la UCK y a la que el ejército yugoslavo respondió con la misma violencia, explicaron miembros del equipo de la OSCE como el general alemán retirado Heinz Loquai y la diplomática estadounidense Norma Brown en un documental de la cadena de televisión alemana ARD emitido en 2012 (“Es began mit einer Lüge” – Comenzó con una mentira).

Los medios alemanes ignoraron tres datos fundamentales: 1- La tradicional hostilidad de su país hacia Yugoslavia, que diarios como el Frankfurter Allgemeine Zeitung y Die Welt, así como el semanario Der Spiegel, consideraban una “creación artificial”. 2- El hecho de tanto croatas como bosnios musulmanes, liderados en los noventa por dirigentes de la misma calaña que Milosevic, habían sido aliados de la Alemania nazi en la segunda guerra mundial y partícipes, junto con los alemanes, del genocidio de un millón de serbios desencadenado entonces por los nazis. Y 3- La naturaleza ilegal de las acciones militares de la OTAN desde el punto de vista de la ley internacional. El ministro de exteriores verde Josef Fischer comparó a “los serbios” con los nazis y al conflicto de Kosovo con Auschwitz, comparaciones que el General Loquai califica de monstruosas, “especialmente en boca de un alemán”. Algunas de las mentiras concretas y puntuales fueron las siguientes:

El catálogo de Scharping

El ministro de defensa Rudolf Scharping dijo antes de la intervención que los serbios habían matado a 100.000 albaneses en Kosovo. La realidad es que se contabilizaron entre cinco mil y siete mil, entre muertos y desaparecidos, todos los bandos juntos e incluidas las víctimas de bombas de la OTAN.

Scharping suscribió la leyenda americana del “plan herradura” de Milosevic: rodear a la población albanesa y deportarla antes del inicio de los bombardeos. Mencionó la “expulsión de millones” y “400.000 refugiados” albaneses antes del inicio de la operación de la OTAN. La realidad fue que para verano de 1999, a las pocas semanas de la ocupación de Kosovo por la OTAN, 230.000 serbios, montenegrinos, gitanos y albaneses “colaboracionistas” fueron expulsados de Kosovo mientras en la región había 46.000 soldados de la OTAN, es decir uno por cada cuatro expulsados. Una genuina “limpieza étnica” bajo la ocupación militar de la OTAN.

Pueblos que habían sido destruidos después de iniciada la guerra por la OTAN se presentaron como destruidos antes, como incentivo para iniciarla.

Se ocultó que la miseria de los refugiados albaneses y su estampida también era consecuencia de los ataques de la OTAN.

Scharping informó del inexistente “campo de concentración” de Milosevic en el estadio de Pristina con “varios miles de internados”. Diez años después, el ministro dijo que sólo eran “sospechas”.

Se informó falsamente de “cinco dirigentes albaneses” ejecutados y de “veinte profesores” albaneses fusilados antes sus alumnos.

Todo ello se hizo para justificar más de 6.000 ataques de la OTAN sin mandato de la ONU cuyo sentido era demostrar que la OTAN tenía razón de ser y aprovechar las violencias -agravadas por la intervención de las potencias- para disolver Yugoslavia, un estado anómalo en el nuevo orden europeo posterior al fin de la guerra fría. Ningún político y medio de comunicación se ha disculpado y la misma constelación actúa, y está bien preparada y engrasada para actuar, en los conflictos del presente y el futuro.

Y sin embargo …

Según una encuesta realizada en febrero para la asociación atlantista Atlantikbrücke, los alemanes siguen rechazando fuertemente las intervenciones militares de su ejército en el extranjero, iniciadas hace 20 años en Yugoslavia: solo el 14% las apoyan, contra un 77% que las rechazan.

(P.S. No es esta la única derrota del complejo político-mediático local. Pese a que desde hace años se les bombardea con la demonización de la Rusia de Putin, a los alemanes Trump les parece mucho menos fiable (82%) que el presidente ruso (56%), e incluso consideran a China como socio menos dudoso (42%) que Estados Unidos (86%), señala la misma encuesta. Esta opinión contradice directamente las últimas resoluciones del Parlamento Europeo a favor de incrementar las sanciones contra Rusia, país al que ya no puede considerarse “socio estratégico”, señala la resolución votada este mes por 402 diputados, contra 163 (y 89 abstenciones). Al mismo tiempo, la Comisión ha declarado a China “rival sistémico” en una resolución que casi coincidió con la votación en el Parlamento Europeo. La UE califica así, simultáneamente, como casi enemigos a China y Rusia. El propósito es aislar a esas potencias, pero teniendo en cuenta el estado de las relaciones con Estados Unidos, así como el proceso de creciente fragmentación de la UE, es legítimo preguntarse quien es el aislado).

(Fuente: https://rafaelpoch.com/)

"CHALECOS AMARILLOS", LO QUE NADIE TE ESTÁ CONTANDO



Después de ya 18 semanas de lucha la respuesta del gobierno francés a este movimiento conocido como los chalecos amarillos ha sido condenatoria, desdeñosa y represiva. En lugar de mantener el orden a través de un verdadero diálogo y reformas, el siervo de los Rothschild, Macrón, ha desatado una escalada de violencia policial sin igual contra los chalecos amarillos, culminada hoy al ordenar el despliegue del ejército en los Campos Elíseos con instrucciones explícitas de usar munición letal contra los manifestantes.

sábado, 23 de marzo de 2019

ENTREVISTA CON YOBANA CARRIL ACERCA DE LA LEY SOBRE VIOLENCIA DE GÉNERO



Hoy charlamos con Yobana Carril, abogada penalista especializada en violencia de género y una de las voces más críticas con la actual legislación sobre la materia.

Eres conocida por tus objeciones a la actual legislación en materia de violencia de género y a la forma en que se aplica en los tribunales. ¿Qué cambiarías y por qué?

Cambiaría la ley integral de violencia sobre la mujer por una ley de violencia familiar; entiendo que los delitos que se cometen en el ámbito familiar deben estar más penados al ser esa una esfera donde uno debería poderse sentir especialmente cómodo y seguro. Además, cuando está en su casa con su familia no tiene el estado de vigilia que podría tener en la calle, por lo que abusar del mismo debería estar especialmente castigado.

En cambio, lo que no comparto es que se castigue por razón del sexo. Todos los delitos cometidos en el ámbito familiar deben tratarse por igual, sin atender al sexo de quien los realiza o sufra.

Los defensores de la actual legislación defienden que en la medida en que la violencia del hombre hacia la mujer es distinta a la que ejerce la mujer hacia el hombre -por ser la primera algo estructural o cultural- entonces estaría justificado que ambos fenómenos reciban tratos distintos. ¿Por qué no compartes este planteamiento (que en cambio sí parecen avalar el Constitucional y el Supremo)?

Mi obligación como abogada es respetar las sentencias de cualquier juzgado o tribunal. Con todo, yo tengo mi opinión y es bien distinta.

No comparto que a día de hoy exista esa diferencia estructural. Esa diferencia podía existir en el tiempo de mis padres, pero no ahora. Yo soy mujer y he podido estudiar lo que quise, he tenido las mismas oportunidades que cualquier hombre, no he sufrido brecha salarial, en el trabajo no me han tratado distinto por ser mujer etc. Esa diferencia ni la he visto ni la he sentido.

Hay muchas entidades que sostienen que como la fuerza que puede ejercer un hombre sobre una mujer es mayor, entonces debería penarse más duramente. De acuerdo, pero entonces que se legisle atendiendo a este factor, a la fuerza, pero no al sexo o al género.

Un matiz entonces; ¿si aceptáramos que sí existe esa diferencia estructural –que el machismo no es algo del pasado- entonces sí verías con mejores ojos la actual legislación?

Aceptaría ciertas asimetrías pero bajo una premisa importante. Cuando se aprobó la LIVG en su artículo 1 decía que debía apreciarse violencia de género de un hombre hacia una mujer (pareja o ex pareja) si la misma manifestaba un ánimo discriminatorio, ideas machistas … es decir, un odio hacia esa mujer por ser mujer. Pero con los años esto se ha transformado en “violencia de género es la violencia ejercida por cualquier hombre hacia cualquier mujer (pareja o ex pareja)”. Por ejemplo, si yo le doy una bofetada a mi marido y mi marido me la devuelve, ¿por qué mi marido debe estar castigado con una pena mayor a la mía (si la agresión tenía la misma fuerza)? Si yo le doy una bofetada y él me la devuelve, no lo está haciendo porque yo sea mujer, sino simplemente porque yo se la he dado primero. Pues bien, estos matices son muy importantes.

Se argumenta que, de nuevo, dada la (general) superioridad física del hombre, aunque la agresión en sí misma considerada sea idéntica, como él la realiza desde una posición de mayor seguridad o privilegio –puede defenderse con más facilidad, devolverla con más fuerza etc.-, entonces quedaría justificada un trato distinto. Es decir, como hay una asimetría fáctica (de poder), debe haber también una asimetría penal

Eso significaría que si yo agredo a una persona físicamente superior a mí y esa persona me la devuelve con la misma intensidad, entonces debería recibir una pena mayor. Sin embargo no la tiene. Similarmente, si una mujer agrede a su pareja femenina de mayor capacidad física y esta se devuelve de forma idéntica, debería recibir una pena mayor. Sin embargo no la tiene. La pena mayor solo debería darse cuando efectivamente uno hiciera uso de su superioridad. Que esa superioridad exista sin más no puede tenerse en cuenta.

Volviendo entonces a lo que decías sobre la inadecuada interpretación que crees que se ha hecho de la LIVG. ¿Podríamos decir que Yobana Carril comparte esa ley, pero no la forma en que se ha aplicado? Es decir, ¿te parece bien que haya un agravante por móvil machista (pero no que se presuponga en toda agresión)?

No sería del todo exacto. Si un hombre agrede a una mujer motivado efectivamente por ideas machistas, entonces para eso ya están los delitos de odio. Pero eso debería aplicarse tanto a una mujer como a un hombre: si una mujer bajo el lema “machete al machote” –que se oye mucho hoy en día- agrediera a su marido, también debería aplicarse ese agravante de odio. Insisto, simplemente digo que tan reprochable es una actitud como otra, y que deben tratarse por igual.

Consideras que las condenas por violencia de género no deberían privar automáticamente a un hombre de la custodia de sus hijos. ¿Puede un maltratador -alguien que agrede a sus seres (teóricamente) queridos- ser buen padre?

En primer lugar una clarificación: bajo la actual ley no se necesita que un hombre haya sido condenado por violencia de género para poder privarlo de la custodia compartida de sus hijos. Basta con que esté inmerso en un proceso por violencia de género. Es decir, que a una persona inocente, que no ha sido condenada, se la priva de sus derechos.

En segundo lugar: yo puedo entender que cuando existe una condena firme por un delito grave contra su mujer sí que haya que tomar medidas en relación a los hijos. El problema viene porque ahora se está privando de la custodia compartida por vejaciones leves. Es decir, un hombre que durante una discusión le dice a su esposa “eres una puta” puede ser condenado por vejaciones y privado de la custodia de sus hijos. Pero por decirle eso a una persona uno no se convierte necesariamente en un mal padre. Todos decimos cosas de las que nos arrepentimos y que no pensamos cuando discutimos. Yo he visto casos en que un hombre que, en respuesta a la negativa de su mujer de dejarle ver a sus hijos, le dijo “eres muy mala madre, vas a arder en el infierno”, y que fue acusado por Fiscalía de una amenaza de muerte, con lo que quedó privado de pedir la custodia compartida. ¿Es eso justo?

En definitiva, no podemos considerar igual toda la violencia; no es lo mismo un señor que maltrata habitualmente a una persona, que uno que en una discusión suelte un disparate. Ese señor puede ser un buen padre. Y la prueba de ello es que cuando una madre le dice a su marido o al hijo algo análogo, entonces no se la priva de la custodia. ¿Por qué al padre sí?

¿Pero no puede ser “un simple insulto” la manifestación de algo más profundo, de un carácter genuinamente machista y por ello peligroso para los hijos y las madres?

Si yo ahora mato a mi vecino y cumplo mi condena, salgo y nadie me quita la custodia de mi hijo. ¿Puede una terrorista de ETA que haya matado ser una buena madre? Como esos actos no entran, hoy en día, dentro de la violencia de género no parece que haya ningún problema.

Sostienes que las cifras que se manejan sobre denuncias falsas son muy erróneas. ¿Qué porcentajes te parecerían más adecuados (muy aproximadamente)? ¿Por qué debería el lector escéptico creerte a ti y no a todos aquellos que sostienen que las mismas sí reflejan la realidad adecuadamente?

No me atrevería a dar un número exacto. Ahora bien, se trata de un numero muchísimo mayor del que las cifras oficiales revelan. Como se acostumbra a decir, las encuestas dependen mucho de “como se cocinen”.

Yo tengo un cliente que fue condenado por violencia de género con la palabra de la denunciante y el parte de lesiones que presentaba. Cuatro años después esta señora vuelve a denunciarle y aparece con moratones y un parte de lesiones similares al primero. Pero esta vez había un cambio: precisamente en el momento que esta señora alegaba que la estaban golpeando mi cliente estaba siendo grabado por las cámaras de seguridad de un parking a varios kilómetros de distancia. Es por ello que esta vez se le absolvió. Sin embargo, Fiscalía no dedujo testimonio cuando era evidente que existían indicios de denuncia falsa. De hecho, Fiscalía no solo no se puso a investigar el caso, sino que siguió con la acusación; naturalmente mi cliente tubo que interponer una querella, algo para nada barato.

La conclusión es que la Fiscalía no hace su trabajo en esta materia, y que si ese señor no hubiera tenido capacidad económica suficiente no hubiera podido presentar esta querella. Y esta sería una denuncia falsa que no sería contabilizada y que no saldría en las cifras oficiales. Es por esto que digo que las cifras no son correctas, porque mi experiencia, tras muchos casos, me demuestra que Fiscalía no actúa como debería.

¿Pero qué interés podría tener Fiscalía en no perseguir estos delitos? ¿Acaso existe alguna instrucción o circular que pida a los fiscales cierta indulgencia?

Existe como un murmullo, como un pacto tácito, de que no hay que actuar con demasiada dureza con las denuncias falsas para no desincentivar a las mujeres a denunciar. Que ese es un precio que vale la pena pagar.

Y si fuera así, ¿crees que llevarían razón? ¿Ser muy duro o diligente en la persecución de las denuncias falsas podría desincentivar las denuncias reales?

A una persona que ha sido maltratada le cuesta muchísimo más denunciar que a una persona que no. Recuerdo el caso de una mujer –que no llevé yo personalmente- que había sido maltratada durante mucho tiempo que al ser preguntada por si quería la vivienda familiar dijo horrorizada que no. Que quería irse a algún sitio para que no la localizaran costara lo que costara. Allí veías el verdadero miedo. Entonces sí es verdad que a las víctimas reales les cuesta denunciar.

Ahora, eso no justifica que haya otras personas inocentes que deban sufrir procesos penales que, por escoger una palabra suave, diría que son “lamentables”.

Si se persiguieran las denuncias falsas y no se gastaran recursos en ellas quedarían muchos más para las personas que realmente lo necesitan. Con ello se conseguiría además que los jueces no tengan rebanarse los sesos cribando qué denuncias son verdaderas de cuáles no. La actitud de Fiscalía no ayuda a las víctimas de verdad.

Como conclusión una pregunta más de fondo: sostienes que la actual legislación no tiene sentido porque a tu parecer presupone equivocadamente que la igualdad entre hombres y mujeres no se ha alcanzado (por lo que serían innecesarias medidas de discriminación positiva, asimetrías penales etc.). Sin entrar en la segunda cuestión, ¿crees que ya se ha alcanzado esa igualdad, no solo a nivel formal/legal, sino a nivel cultural?

En términos generales la sociedad española no es machista ni discriminatoria. Evidentemente hay hombres con ese pensamiento, pero como también lo hay entre las mujeres. No somos una sociedad perfecta. Pero decir a estas alturas que las mujeres necesitamos velar por nuestros derechos de forma distinta que debe hacerlo un hombre, me parece extemporáneo. Esta lucha ya se ganó en otra generación. A día de hoy está fuera de tiempo.

Consideremos entonces lo siguiente: Son muchas las diferencias que, en términos generales, existen a nivel social entre hombres y mujeres: las horas de trabajo doméstico, las profesiones que se desempeñan, la clase de delitos que se cometen etc. ¿Son esas diferencias una casualidad, fruto de la elección libre, un producto de la distinta biología entre varones y mujeres? ¿Qué te lleva a pensar que esas diferencias sociales no vienen parcialmente motivadas por la cultura “del azul y el rosa”, por un sutil sexismo cultural aun imperante?

Yo estudie Derecho. Podría haber estudiado periodismo, ingeniera, mecánica … pero nadie me impuso estudiar Derecho. Yo tengo una hija y ha estudiado ingeniera informática. Nadie le ha puesto trabas por ser mujer. Cada una ha podido escoger con libertad. Convertir esto en una cuestión de género me parece absurdo.

A ver, hombres y mujeres somos diferentes, pero como son diferentes españoles y australianos. Como son diferentes los de costa y los de interior. Y a unos les gustará más el pescado y a otros la carne. Será una cuestión de preferencias, pero no de imposición. ¿Quién me impuso a mí hacer Derecho? A mi padre le hubiera encantado que hiciera una ingeniería, pero nadie me lo impuso. A mí me hubiera encantado que mi hija estudiara Derecho, pero ha querido hacer ingeniería.

Yo soy mujer, madre y jamás he trabajado a media jornada. Si las mujeres optan más por la media jornada es una elección personal. Absolutamente personal. ¿A qué mujer le obligan a coger media jornada por ser madre?

Puedo entender que en la época de nuestros padres a las mujeres “les tocara hacer la tareas del hogar”. Pero hoy los hombres no pueden obligar a las mujeres a trabajar más horas en el hogar. Hoy los hombres planchan, cocinan, cambian pañales … eso es lo normal y lo que yo vivo en mi entorno. Y si a una mujer le pasa que las tareas no se reparten equitativamente no tiene porque consentirlo. Hay una cosa que se llama divorcio; si tal y como vivo no me gusta me separo y hago otra vida.

En definitiva, me gustaría concluir remarcando que hombres y mujeres no debemos vivir enfrentados. Debemos ser tratados como personas, no como hombres o mujeres. Las mujeres no somos “florecillas de campo” que necesitan ser protegidas. Hoy una mujer esforzada y con talento puede hacer todo lo que se proponga. Ni más ni menos que los hombres. La discriminación, por muy positiva que sea, sigue siendo discriminación.

(Visto en https://www.revistalibertalia.com/)

VIVALDI Y LA ESTACIÓN ESPACIAL INTERNACIONAL


Comparto un hermoso video en el que imágenes de nuestro planeta tomadas desde la Estación Espacial Internacional. La secuencia de imágenes nocturnas ha sido acelerada al doble. La música de fondo son "Las Cuatro Estaciones" de Antonio Vivaldi, interpretada por Bela Banfalvi y la orquesta de cámara Budapest Strings. Toda una delicatessen de casi 43 minutos para disfrutar la maravilla de nuestro Planeta junto con una de las composiciones musicales más bellas jamás creadas.

viernes, 22 de marzo de 2019

EL GENOCIDIO REVOLUCIONARIO QUE FRANCIA SILENCIÓ: LA GUERRA DE LA VENDÉE



La vesania genocida que un Simón de Monfort mostró en 1209 al decretar que todos los habitantes de Béziers debían ser exterminados sin distinción entre fieles a Roma y herejes cátaros con su célebre alocución "Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos" fue actualizada en 1793 sustituyendo a Dios por una Revolución que reclamaba ávidamente sacrificios en masa en su altar. 

"Camaradas, entramos en el país insurrecto. Os doy la orden de entregar a las llamas todo lo que sea susceptible de ser quemado y pasar al filo de la bayoneta todo habitante que encontréis a vuestro paso. Sé que puede haber patriotas [ciudadanos afectos a la Revolución] en este país; es igual, debemos sacrificarlo todo".

De todos los intentos de exterminio que jalonan la historia de la Modernidad (armenios, ucranianos, judíos, rusos blancos, camboyanos, tutsis...), aquel en el que mejor consta la determinación genocida es el que tuvo lugar en 1793 y 1794 contra la población de la región francesa de la Vendée a causa de su fidelidad católica. La voluntad exterminadora del Comité de Salud Pública era tan clara, que los ejecutores materiales de las matanzas, sintiéndose inequívocamente respaldados, no temieron dejar constancia de ellas, por incriminatorio que pudiese resultar.

La frase citada al principio, por ejemplo, la pronunció el general Grignon, al mando de la primera columna que entró en el país. Pero esa y otras pruebas padecieron durante dos siglos un espeso manto de silencio: la historia de la Revolución Francesa la escribieron los revolucionarios, y la protección pública a una verdad oficial que ocultaba esos hechos laminaba en la práctica la labor de los historiadores que osaran discutirla.

Una investigación capital: Reynald Secher

Sólo en torno a 1989, con ocasión del bicentenario, comenzaron a llegar a la opinión pública hechos que hasta entonces sólo divulgaban las minorías contrarrevolucionarias. En 1985, cuando Reynald Secher quiso defender primero, y publicar después, su tesis doctoral sobre el genocidio de la Vendée (La Vendée-Vengé. Le génocide franco-français), que allegaba cientos de testimonios de autoinculpación de los revolucionarios, fue seriamente advertido de las consecuencias para su futuro académico de exponer unos hechos que contradecían el adoctrinamiento impuesto a los franceses desde la escuela durante doscientos años.

Pero siguió adelante, y aunque el libro nunca se ha publicado en español, forma ahora el punto de partida de la reciente obra de investigación del profesor Alberto Bárcena en La guerra de la Vendée. Una cruzada en la revolución (San Román). Bárcena brinda así, por primera vez al lector no especializado, los elementos esenciales de la investigación de Secher, completados con la propia investigación del autor.

El libro demuestra, con base documental y testifical, que el fundamento de la resistencia de los vendeanos, y la causa del odio revolucionario hacia ellos, fue la religión.

Amor a los refractarios, desprecio a los juramentados

Tras el asesinato de Luis XVI el 21 de enero de 1793 y el inicio de la guerra contra España en marzo, la Convención ordenó una leva de 300.000 hombres, que fue la chispa que encendió la rebelión. Pero lo que realmente había convertido en rebeldes los espíritus de los franceses (no sólo los vandeanos) era la Constitución Civil del Clero, que exigía a los sacerdotes un juramento de fidelidad a la Revolución.

La persecución contra los obispos y sacerdotes que se negaron fue brutal, y las autoridades los sustituían por el clero adicto. Bárcena cita multitud de documentos en los que el pueblo exige "buenos curas" como una de sus principales reivindicaciones. Los curas juramentados eran detestados como infieles. Los refractarios, protegidos y escondidos por la gente aun a riesgo de su propia vida.

Los vandeanos, firmemente adheridos a la monarquía católica, se distinguieron particularmente en ese rechazo a las autoridades revolucionarias.

Héroes de la resistencia católica

El levantamiento popular, en ocasiones sin más armas que los aperos de labranza, fue tan entusiasta que infligió a los azules derrotas memorables, de forma que los caudillos católicos se convirtieron en mitos, comenzando por el primero de ellos, Jacques Cathelineau, muerto en combate, y siguiendo por nombres de leyenda como François de Charette o el conde de La Rochejaquelein.

Hasta 40.000 soldados lograron presentar en orden de batalla los contrarrevolucionarios, que estuvieron a punto de conquistar Nantes. Llegaron a sumar más de cien mil hombres.

Se decide el genocidio

La Convención comprendió que la mecha vandeana podía prender en todo el país por motivos similares, y fue entonces cuando se tomó la decisión del genocidio: el decreto de 1 de agosto de 1793, que incluía el envío a la región de cantidades ingentes de materiales combustibles de toda clase. El pueblo no combatiente abandonó masivamente la zona, en número de 80.000 personas, mientras los revolucionarios saqueaban y quemaban sus casas.

Un despacho del general Marceau, comandante en jefe interino del ejército del oeste, describe así su paso por la Vendée: "Por agotadas que estuvieran nuestras tropas hicieron todavía ocho leguas, masacrando sin cesar y haciendo un botín inmenso. Nos hicimos con siete cañones, nueve cajas y una inmensidad de mujeres (tres mil fueron ahogadas en Pont-au-Baux)". Los ahogamientos masivos en los ríos fueron uno de los métodos más usados para las matanzas: las llamaban eufemísticamente "deportaciones verticales".

"Fusilamos a todo el que cae en nuestras manos, prisioneros, heridos, enfermos en los hospitales", confiesa el general Rouyer.

Medidas "buenas y puras"

La intensidad de las matanzas era de tal calibre, que algunos de los ejecutores quisieron ponerse a cubierto de cualquier responsabilidad. El 17 de de enero de 1794, el general Turreau exige a la Convención que le confirme la orden de "quemar todas las villas, pueblos y aldeas de la Vendée que no estén en el sentido de la Revolución". Y no por escrúpulos morales, sino por mera seguridad jurídica, pide certidumbres: "Debéis igualmente pronunciaros de antemano sobre la suerte de las mujeres y los niños. Si hay que pasarlos a todos por el filo de la espada, yo no puedo ejecutar semejante medida sin una orden que ponga mi responsabilidad a cubierto".

La respuesta del Comité de Salud Pública llegó el 8 de febrero, y es la prueba evidente de que en la Vendée nada se consideró un exceso: todo lo que se hizo estaba amparado por las autoridades de la Revolución Francesa. "Te quejas, ciudadano general", le dicen, "de no haber recibido del Comité una aprobación formal a tus medidas. Éstas le parecen buenas y puras pero, alejado del teatro de operaciones, espera los resultados para pronunciarse: extermina a los bandidos hasta el último, ése es tu deber". Los "bandidos" eran, obviamente, los católicos vandeanos.


Un horror inconcebible

De las atrocidades cometidas da cuenta la denuncia de un oficial de policía, Gannet, sobre lo que vio cometer al general Amey, que mandaba la división con sede en Mortagne. Una vez más, la denuncia no es moral, sino política: sencillamente, Amey, en absoluta orgía asesina, está matando también a partidarios de la Revolución Francesa.

He aquí el impresionante testimonio de Gannet:

"Amey hace encender los hornos y cuando están bien calientes mete en ellos a las mujeres y los niños. Le hemos hecho amonestaciones; nos ha respondido que era así como la República quería cocer su pan. Primeramente se ha condenado a este género de muerte a las mujeres bandidas, y no hemos dicho demasiado; pero hoy los gritos de esas miserables han divertido tanto a los soldados y a Turreau que han querido continuar esos placeres. Faltando las hembras de los realistas, se han dirigido a las esposas de verdaderos patriotas. Ya veintitrés, que sepamos, han sufrido este horrible suplicio y no eran culpables más que de adorar a la nación. Hemos querido interponer nuestra autoridad, los soldados nos han amenazado con la misma suerte".


Aquellas fuerzas revolucionarias, uniformadas, al mando de generales que luego destacarían bajo Napoleón, debidamente respaldadas por el Comité de Salud Pública, fueron denominadas "columnas del infierno".

Se justifica por más testimonios. El capitán Dupuy, del batallón de la Libertad, escribe así a su hermana:

"Por todas partes donde pasamos, llevamos la llama y la muerte. La edad, el sexo, nada es respetado. Un voluntario mató, con sus propias manos, a tres mujeres. Es atroz, pero la salvación de la República lo exige imperiosamente. No hemos visto un solo individuo sin fusilarle. Por todas partes la tierra está cubierta de cadáveres".

El cirujano Thomas describe escenas horrorosas:

"He visto quemar vivos a hombres y mujeres. He visto ciento cincuenta soldados maltratar y violar mujeres, chicas de catorce y quince años, masacrarlas después y lanzarse de bayoneta en bayoneta tiernos niños que habían quedado al lado de su madre sobre las baldosas".

Hay datos aún más escalofriantes, como la utilización de la piel de las víctimas, un hecho firmemente documentado en varias causas judiciales e incluso en un informe oficial del capitoste revolucionario Saint-Just:

"Se curte en Meudon la piel humana. La piel que proviene de hombres es de una consistencia y de una bondad superiores a la de las gamuzas. La de los sujetos femeninos es más flexible, pero presenta menos solidez".

Los cadáveres de los vandeanos servían incluso para grasa. De nuevo, a confesión de parte, en este caso de uno de los soldados del general Crouzat que el 5 de abril de 1794 quemaron a 150 mujeres: "Hicimos agujeros en la tierra para colocar calderas a fin de recibir lo que caía; habíamos puesto barras de hierro encima y colocado a las mujeres encima. Después, más encima aún, estaba el fuego. Dos de mis camaradas estaban conmigo en este asunto. Envié diez barriles a Nantes. Era como la grasa de momia: servía para los hospitales".

Reacción tardía

Algunos revolucionarios, como el general Danican, sí denunciaron la barbarie:

"He visto masacrar a viejos en su cama, degollar niños sobre el seno de sus madres, guillotinar mujeres embarazadas e incluso al día siguiente de su alumbramiento. Las atrocidades que se han cometido ante mis ojos han afectado de tal manera mi corazón que no sentiré nunca la vida". Y al final, la misma Convención que había ordenado el genocidio y amparado su brutalidad tuvo que reconocer, el 29 de septiembre de 1794, que "jefes bárbaros, que osan aún decirse republicanos, han hecho degollar, por el placer de degollar, a viejos, mujeres, niños. Municipios patriotas incluso han sido las víctimas de esos monstruos de los que no detallaremos las execrables actuaciones".

Exterminada la quinta parte de la población

No hacía falta, pues sus mismos autores no tuvieron reparo en contarlas. Todo este aporte documental, que se hallaba virgen hasta 1985 porque nadie se atrevía a desmentir la versión oficial hasta que Reynald Secher lo hizo, forma parte de La guerra de la Vendée de Alberto Bárcena.

Pero la obra de Bárcena no se limita a estudiar la represión. Es una historia completa de las campañas bélicas, de la trastienda política y de las razones que, aparte la religión (la principal), también contribuyeron al ensañamiento con esa región francesa, que perdió el 14,38 % de la población (dos tercios campesinos, un tercio comerciantes) y vio destruidas el 18,16 % de sus casas. Son valores medios, porque hay pueblos donde el exterminio de personas y de hogares llegó al 80 %.

Todo ello, bajo la divisa Libertad, Igualdad, Fraternidad y en nombre de los Derechos Humanos. Una historia que estaba por escribirse.

(Visto en https://es.sott.net/)

PD.: Un docudrama de reciente producción, "La rebelión ocultada" recrea el genocidio de la Vendée. Éste es el trailer:

CERCA DE 17.000 APLICACIONES DE ANDROID RASTREAN Y RECOPILAN DATOS DE SUS USUARIOS SIN PERMISO



Cerca de 17.000 aplicaciones para Android estarían recopilando información de sus usuarios sin permiso con el ánimo de rastrear su actividad y enviar publicidad dirigida. Así lo asegura el Instituto Internacional de Ciencias de la Comunicación (EE.UU.).

Serge Egelman, autor principal de la investigación, publicó el pasado viernes un documento acerca de su estudio. Según explica, los dispositivos móviles cuentan con un número único, pero reiniciable, conocido como “identificador de publicidad”.

A través de este número se recopila información del consumidor con el fin de detectar y predecir su comportamiento y sus intereses como consumidor, para así enviarle anuncios personalizados; aunque -en principio- puede ser desactivado a voluntad del usuario de manera similar a como se borran las ‘cookies’ en los navegadores de Internet.

No obstante, el experto denuncia que algunas aplicaciones se estarían aprovechando de otros identificadores (de ‘hardware’) difíciles o imposibles de cambiar, como la dirección MAC, el código IMEI, entre otros, también con fines de seguimiento.

El problema radica en que estas acciones parecen violar la política de la tienda Google Play, que subraya que ninguno de los identificadores se pueden trasmitir “sin el consenso explícito de los usuarios”.

Las políticas de la compañía permiten a los desarrolladores recopilar identificadores, pero prohíben combinar los de anuncios con los de ‘hardware’ sin permiso, o usar estos últimos con fines comerciales.

De este modo, la investigación se centró en determinar el número de aplicaciones que violan esta política y descubrió que, de las 24.000 analizadas, aproximadamente el 70% (alrededor de 17.000) lo hacían. A través de este análisis se lograron identificar las redes publicitarias y demás compañías involucradas. La información fue suministrada a Google en el pasado septiembre.

Egelman afirmó que tras cinco meses de haber presentado su trabajo no ha recibido respuesta de Google y desconoce si el gigante tecnológico “planea abordar este problema generalizado”.

“Google está proporcionando a los usuarios controles de privacidad, pero estos en realidad no hacen nada porque solo controlan la identificación del anuncio”, concluye.

(Fuente: RT; visto en https://buscandolaverdad.es/)


Y, como corolario de esta información, una mirada a un Facebook que se está convirtiendo en el gran vampiro de la Red, confirmando que antes éramos el cliente, pero ahora somos el producto:

jueves, 21 de marzo de 2019

FEMINISMO MODERNO, MACHISMO 2.0


Fanatismo: creer sin cuestionarse 

Era un miércoles por la mañana. Caminaba al lado de la universidad cuando leí un lema “grafiteado” en una pared que rezaba “Yo sí te creo”. El graffiti en cuestión está en aquella pared desde el 8 de marzo de 2018. Imagino que lo habría pintado algún manifestante momentos antes de comenzar, junto a su grupo, el recorrido hasta el centro de la ciudad. Por mi parte, aquel 8 de marzo, así como varios de los anteriores y ulteriores días, cargué contra la huelga “feminista”, entre otros motivos, por innecesaria e ilegal, y pagué las consecuencias como cualquiera que osa criticar al desviado movimiento.

Días antes había avisado de lo propagandista que era la huelga, de su nula necesidad y de su marcado sesgo ideológico. Sin embargo, recibí, como tantos otros, todo tipo de insultos por expresar una opinión que, simplemente, no era – ni es – popular. Recibí también amenazas y perdí “amigos”, pero mantuve siempre mis principios intactos.

Aquellos que me insultaron y amenazaron (como a tantas otras personas que criticaron por una u otra razón la huelga) utilizan la misma lógica de la que hacen gala hoy gran parte de nuestros políticos. Conmigo o contra mí. El enemigo de mi enemigo es mi amigo. Y todo lo demás, es secundario. Primero, hemos de notar el sectarismo que denota marcar al disidente por el hecho de disentir y abrazar a los afines por el hecho de serlo, pero este señalamiento sistemático nos muestra también el supremacismo excluyente propio de cualquier colectivismo.

Si lo examinamos en profundidad, el feminismo actual se parece bastante al socialismo. Ambos sitúan al grupo (uno a las mujeres y el otro al proletariado) por encima del individuo y consideran alienado a quien, perteneciendo al grupo en cuestión, no comulgue con su visión. Basta con leer el manifiesto de la huelga para tener claro qué tipo de mujeres pueden secundarla: anticapitalistas, socialistas (como mínimo) y favorables a la desigualdad ante la ley por razón de sexo (la discriminación “positiva” de siempre).

También es destacable el trato que este movimiento da a las mujeres. En su mente, son como minusválidas que necesitan que el Estado, omnipresente, les ayude en la olvidada lucha por la igualdad real. No es ni más ni menos que el paternalismo de siempre, que justifica el aumento del poder político con verdades a medias o falsedades completas. España es, según un estudio de la Universidad de Georgetown, el quinto mejor país del mundo para ser mujer. El 83% de personas se sienten, según Gallup, seguras al caminar de noche en nuestro país. La mal llamada brecha salarial de género no es más que la penalización que sufre cualquiera, hombre o mujer, que decida dedicar gran parte de su tiempo al cuidado de sus hijos en lugar de avanzar en sus respectivas carreras. Además, la huelga no sólo es, como he argumentado anteriormente, innecesaria. También es ilegal. Según el apartado 2 del artículo 28 de la constitución española, sólo los trabajadores tienen derecho a huelga. Así pues, las acciones del 8 de marzo serán, al igual que el año pasado, manifestaciones políticas.

En Mordor también cunde el feminismo
Por si esta insania no fuera suficientemente perturbadora, un mayúsculo grupo de personas anteriormente contrarias a estas ideas empieza a aceptar (o lo ha hecho ya) las falaces justificaciones del colectivo (probablemente mal llamado) feminista. Otorgan al movimiento una legitimación que no merece y le hacen el juego a quienes, a través de la división social, pretenden, y muchas veces consiguen, aplicar las políticas que no logran poner en práctica mediante las urnas. No es nada nuevo. Lo mismo se ha hecho con otros tipos de discriminación “positiva”, que consigue hacer pasar por homogéneos a grupos de individuos de lo más diferentes. Al confundir de esta manera a la población, consiguen que interioricen la premisa de que el desacuerdo con estas medidas supone un grave indicio de discriminación, ésta sí, negativa. Cualquier crítica hacia los privilegios de un grupo, más o menos numeroso, será silenciada porque, total, ¿para qué escuchar los argumentos de los inadaptados sociales? “¡Son machistas, homófobos, misóginos y fachas!”, pensarán dentro de la burbuja.

Este tipo de histeria colectiva no sólo tiene consecuencias sociales, sino también legales. No olvidemos que en España, como nos demostró una sentencia del Tribunal Supremo hace unas semanas, existe una asimetría penal entre hombres y mujeres. Ambos miembros de la pareja fueron condenados por lo mismo. Sin embargo, él fue condenado a una pena más dura que ella. Los hombres son, por el hecho de ser hombres, castigados más duramente en delitos dentro de la pareja como consecuencia de la Ley Contra la Violencia de Género que muchos se niegan siquiera a criticar. Por si fuera poco, son numerosos los que, no siempre de partidos de izquierdas, consideran que la educación perpetúa actualmente la desigualdad, según ellos, vigente en nuestro país y que, por tanto, hay que modificarla para dejarle claro a los menores que hombres y mujeres debemos ser iguales. Es el sueño de todo político intervencionista: la creación de un problema inexistente, la aceptación social del mismo y su uso ilimitado para obtener votantes a costa de muchos. Y cuando digo muchos, me refiero a sus hijos, hermanos, primos, a su padre, abuelo … a los hombres.

Anticapitalismo
Somos muchos los que no cedemos a la supremacía de quienes colectivizan a la mujer y anulan al individuo, a la falsa idea de desigualdad de la misma respecto al hombre, a la presión social que el movimiento feminista ejerce ni a los privilegios legales, siempre injustos y deleznables. Al final, el feminismo moderno, del que tan de moda está hacer gala, no es más que el nuevo machismo, la imposición de privilegios por razón de sexo de forma inversa a la que ocurría hace unos años. Dicen que toda acción tiene una reacción, pero lo que no me imaginaba era que tal respuesta al machismo real, muy distinto a la falsa discriminación de la que algunas se quejan hoy, vendría, en su gran mayoría, por parte de aquellas que no lo han sufrido en la vida.

Franciso Nunes
(Visto en https://disidentia.com/)