miércoles, 16 de octubre de 2019

EL ASESINATO DE JOHN LENNON POR LA CIA (2ª parte)



 Les Ledbetter, reportero del New York Times, publicó al día siguiente del magnicidio un reportaje donde describía la escena del crimen gracias a la reconstrucción por medio de testigos. Aseguraba que la persona que disparó estaba situada dentro del recinto y no fuera, apuntando a su espalda mientras John ya estaba pasando las puertas del lobby, aquellas puertas vidriadas donde habían quedado marcados los impactos de bala. El 10 de diciembre el New York Times cambió la descripción de Ledbetter, asimilándola a la versión oficial. Nunca se obtuvo un diagrama de esta significativa descripción de los hechos.

¿Quién era en realidad el portero del edificio que tanta relevancia tuvo para la construcción de la versión oficial? Su nombre real era José Joaquin Sanjenis Perdomo, alias «Joaquín Sanjenis» o «Sam Jenis», "Carlos Blanco" y "Amot-2", exiliado de Cuba por su oposición al gobierno de Fidel Castro. Fue miembro de la tristemente célebre Brigada 2506 durante la fallida invasión a Bahía de Cochinos preparada por la CIA en 1961 para derrocar a Castro. ¿Qué hacía un militar infiltrado y agente de la CIA encargado de la seguridad del Edificio Dakota?

Otra de las gracias en el currículo de Perdomo es la amistad que había entablado con Frank Sturgis, el famoso convicto por ladrón del caso Watergate, también en la nómina de pago de servicios de la CIA. Perdomo, mientras trabajaba en el Dakota, cobraba una pensión alimenticia que les otorgaba el gobierno a los veteranos de guerra. Con Sturgis coordinaban ciertas actividades de espionaje y apoyo en suelo norteamericano para exiliados cubanos, tomando información detallada con el objetivo de poder invadir la isla. Esta relación laboral terminó cuando Sturgis fue detenido por el mayor escándalo de espionaje en EE.UU.

Presos de la brigada 2506 recibidos por JFK tras pagar el rescate de su
liberación (1961).

La identidad de Perdomo nunca fue revelada en el juicio. Si era el portero y había presenciado todo ¿Por qué obviar su condición de agente? ¿Por qué el informe policial se basa en lo que Perdomo cuenta y no en lo que el patrullero Cullen advierte? ¿Por qué la NYPD fue impedida de entregar su visión de los hechos? ¿Por qué los diagramas que informaron a la prensa del tiroteo son contrarios al informe balístico? ¿Por qué justo frente al Dakota vivía otro agente de la CIA que sabía de la posible muerte de John? ¿Por qué la policía no requirió de más testigos en un crimen de relevancia internacional? Pero la mayor pregunta que debemos hacernos ahora es: Si Chapman no disparó, ¿por qué asumió el crimen, por qué su convicción de que lo había hecho? Las primeras palabras que dijo Chapman al llegar la policía fueron: He actuado solo, he actuado solo. Uno de los primeros oficiales de policía que interrogó a Chapman dijo: Parecía como un asesino con la mente controlada (¿MK-Ultra?).

No habremos de extendernos demasiado en este punto, pues haríamos demasiado largo este artículo, ya de por sí denso. Pero si hablamos de la muerte de John Lennon, es imprescindible hacer alusión a ello e ilustrarlo con la entrevista que concedió años después Chapman, desde la cárcel, a Larry King.

El proyecto MK Ultra no es ningún secreto, no es una leyenda ni es un rumor. Es una realidad. Se conoce por los numerosos documentos desclasificados por la CIA y por el testimonio de multitud de testigos, entre los cuales encontramos desde ex agentes que participaron en el proyecto hasta víctimas de sus experimentos.

El programa salió a la luz públicamente a través de la comisión presidencial Rockefeller en 1975. Se supo que se habían utilizado drogas, descargas eléctricas, emisión repetitiva de imágenes, torturas y experiencias traumáticas para inducir un estado en las personas que hiciera que su mente se dividiera en dos partes: una consciente, que no recordaría nada de lo acontecido, y otra subconsciente que, al ser activada mediante un mecanismo determinado (que lo relacionara con lo vivido durante la exposición), forzara al sujeto a efectuar actuaciones determinadas.

Esto es, ni más ni menos: gente controlada. Gente que, a una orden, de forma precisa y sin estar sujeta al miedo o a la mala conciencia, fuera capaz de hacer cualquier cosa. El asesino perfecto para crímenes cuya causa no debía conocerse, y para ello tenían que atribuirse a un simple «loco solitario».

Uno de los símbolos utilizados frecuentemente para la inducción mental era la mariposa monarca. Esta especie de mariposa, una de las más grandes y hermosas, conocida por la larga migración que realiza todos los años, simbolizaba el cambio, la transición entre dos estados distintos, el paso entre la oruga y el insecto que renace con las alas abiertas. Muchas víctimas de estos experimentos afirman haber sido obligados a visualizarla una y otra vez durante las sesiones.

La entrevista a Mark Chapman realizada por Larry King se desarrolló en estos términos:

Larry King: Mark, ¿nos relatarías esos terribles momentos para ti, para el mundo, para mucha gente perteneciente al círculo cercano de John Lennon? ¿Qué pasó aquella noche?

Chapman: Bueno, si quieres comenzarlo desde la noche… Estaba parado ahí, con el arma en mi bolsillo.

Larry: ¿Tú sabías que le dispararías?

Chapman (pausa): ¿Dis … disculpa?

Larry: ¿Tú sabías que le dispararías?

Chapman: (con mucha convicción) Absolutamente.

Larry: Ok.

Chapman: Tratando de no hacerlo, rezando para no hacerlo, pero sabiendo muy en el fondo que, probablemente, acabaría en eso.

Primeras declaraciones en línea con un estado mental inducido: no quería, se resistía, pero en su interior, en su mente, tenía el convencimiento de que iba a hacerlo.

Larry: ¿Sabías que sería esa noche? ¿Sabías que lo volverías a ver de nuevo?

Chapman: Sí, lo sabía esa mañana cuando salí del hotel. Tenía algún tipo de premonición de que esa era la última vez que iba a salir de mi hotel. No lo había visto hasta ese punto, eso lo hacía interesante, ni estaba seguro de que él estaba en el edificio. Entonces, dejé el hotel, compré una copia de «El guardián entre el centeno», lo firmé como «Holden Caulfield» y escribí debajo de eso. «Esta es mi declaración, subrayando la palabra «esta», enfatizando la palabra «esta». Yo había planeado no decir nada después del tiroteo. Caminé rápidamente hasta el oeste de Central Park, hasta la calle 72, y comencé a dar vueltas por allí con los fans, con Jude, con Jerry y luego el fotógrafo, ellos vinieron allí.

No sabía si John estaba ahí, pero había salido con el convencimiento de que no regresaría a su hotel aquella noche. «Un tipo de premonición».

Toca hablar ahora de El guardián entre el Centeno. Este libro, de obligada lectura en la mayoría de los institutos de Estados Unidos en calidad de clásico, fue escrito por JD Salinger en 1951, y cuenta la historia de un muchacho conflictivo, Holden Caulfield, que es expulsado de su colegio e inicia un intenso viaje por Nueva York. Narrado en primera persona, con alusión a las drogas, la prostitución, el alcohol, es una introversión en la mente de este adolescente descontento, profundamente reflexivo, que duda de todo y odia todo, excepto dos cosas: el cine y los niños. El título proviene de un sueño, una imagen, que persigue a Holden:

Me imagino a muchos niños pequeños jugando en un gran campo de centeno. Miles de niños y nadie allí para cuidarlos, nadie grande, eso es, excepto yo. Y yo estoy al borde de un profundo precipicio. Mi misión es agarrar a todo niño que vaya a caer en el precipicio. Quiero decir, si algún niño echa a correr y no mira por dónde va, tengo que hacerme presente y agarrarlo. Eso es lo que haría todo el día. Sería el encargado de agarrar a los niños en el centeno. Sé que es una locura; pero es lo único que verdaderamente me gustaría ser. Reconozco que es una locura.

La importancia de este libro radica en la predilección que la mayoría de los «asesinos solitarios» de la historia han sentido por él: John Hincley Jr (intentó asesinar a Reagan), Lee Harvey Oswald (acusado del asesinato de Kennedy) o Sirhan Sirhan (acusado de asesinar a Bob Kennedy), entre otros, lo tenían en sus bibliotecas o lo llevaban encima en el momento de los crímenes.

En el caso de Chapman, sabemos que lo había comprado ese día y había escrito, con el nombre del protagonista, «esta es mi declaración». Pero también se encontró otro ejemplar en un cajón de la mesilla de la habitación de su hotel.

El guardián entre el centeno no es más que otra de las herramientas utilizadas para el control mental, una suerte de «encadenamiento» a las órdenes recibidas, ya sea disparar o simplemente permanecer en un sitio determinado, como Oswald o Chapman.

Debo aclarar que en absoluto, por la simple lectura de este libro, uno se convierte en un asesino despiadado. Cuando hablamos de control mental, a tenor de lo expuesto en los documentos desclasificados y los testimonios de los testigos, nos referimos a complicadas y muy elaboradas técnicas que engloban multitud de prácticas, y este libro es sólo una parte.

Larry: Ok. Y luego John salió, ¿correcto?

Chapman: Él salió y yo estaba apoyado en la barandilla de gárgolas. Yo estaba mirando hacia abajo, estaba leyendo «El guardián entre el centeno», y él se metió en un taxi y desapareció. Y luego más tarde ese día, fui a almorzar con … creo, Jude, volvimos …

Larry: ¿Con quién?

Chapman: Con Jude, ella era una fan que estaba ahí en el edificio. Y entablamos una conversación sobre Hawai y sobre John Lennon. Ella había estado allí varias veces, y en algún momento del día, se fue. Y John volvió, no recuerdo en qué, si en el taxi, pero obviamente estaba de vuelta en el edificio, haciendo un programa de radio… un especial. Y luego él salió del edificio, y el fotógrafo que mencioné antes, Paul Goresh, me empujó hacia delante y me dijo «esta es tu oportunidad, has estado esperando todo el día, vienes de Hawai, no te ha firmado el álbum, ¡anda, anda! Yo estaba muy nervioso, y al instante estaba justo enfrente de John Lennon. Y yo tenía un gran bolígrafo negro, y le dije: «John, ¿me firmarías el álbum?» Y él dijo: «Claro». Yoko se fue a meter en el coche, y él presionó el botón del boli y empezó a escribir, le resultó difícil escribir al principio. Y luego escribió su nombre «John Lennon» y debajo de eso «1980». Y luego me miró a mí, como mencioné antes, y dijo: «¿Eso es todo? ¿Quieres algo más?»

No, Mark, no habías mencionado antes este detalle.

Y sentí, entonces y ahora, que él sabía algo, subconscientemente, como si él estuviera mirando a los ojos a la persona que lo iba a matar.

Larry: ¿Por qué piensas eso?

Chapman: Bueno, su esposa estaba en el coche, la puerta estaba abierta, él es un hombre ocupado, iba a ir a una radio o al estudio de grabación, y él está hablando con un don nadie, firmando el álbum de un don nadie … preguntando si eso es todo lo que quiero. Él me está dando su autógrafo, no tengo una cámara conmigo, ¿qué le podría dar a él?

Larry: Yo admitiría que eso es algo bastante extraño para decirlo. Ok, así que… él se va.

Chapman: Sí, él se va en el coche.

Larry: ¿Y qué hiciste el resto del día?

Chapman: Estuve por ahí, como un idiota, esperando a que él volviera.

Como un idiota … interesante.

Larry: ¿Y a qué hora volvió?

Chapman: Él volvió como a las 10 o las 11 de la noche.

Larry: ¿Tú cenaste?

Chapman: No, no lo hice.

Larry: ¿Miedo a que se te pudiera escapar? Lennon.

Chapman (con mucha rapidez): Probablemente.

En este instante se nota exageradamente que Chapman está hablando de una forma extraña, como leyendo un guion, o diciendo algo aprendido. No rememora como antes.

Larry: ¿Sabías que le dispararías?

Chapman: Sí.

Larry: ¿Cómo pasó eso? ¿Qué pasó?

Chapman: Bueno, el fotógrafo se fue y (pensativo), y siendo justo, tengo que decir que yo intenté que se quedara.

Larry: ¿Por qué? …

Chapman (evita la respuesta): Hubo algunos que luego pensaron que yo quería que se quedara para que tomara fotos del tiroteo, lo que no es cierto.

Larry (insiste): ¿Por qué querías que él …?


Chapman (nervioso): Yo … yo quería que se quedara porque quería salir de allí. Había una parte, una gran parte de mí, que no quería estar allí. Yo le pregunté a Jude, la fan, antes de que se fuera, que si quería una cita conmigo aquella noche. Ella dijo que no. Si hubiese dicho «sí», yo hubiera estado en la cita con ella.

Larry: ¿Pero le hubieses matado al día siguiente?

Chapman (piensa): Yo … (Cambia de repente a tono de convicción) Oh, sí, probablemente hubiese vuelto.

Larry: Ok, las circunstancias del asesinato, ¿qué pasó?

Chapman (respira hondo, el tono cambia de nuevo, vuelve a recitar): Yo estaba sentado dentro del arco del edificio Dakota. Estaba oscuro, hacía viento. José, el portero, estaba fuera, en la acera. Y aquí hay una cosa extraña que pasó, yo tenía ángulo, donde podía ver el oeste de Central Park 72. Vi la limusina que se detuvo, y como ya sabéis, hay probablemente cientos de limusinas en Central Park oeste de noche, pero yo sabía que esa era la suya. Y dije: «ha llegado el momento». Me levanté, la limusina se detuvo, la puerta se abrió, la puerta izquierda de atrás se abrió, Yoko salió, John estaba muy atrás, como a 20 pies, cuando salió. Yo saludé con la cabeza a Yoko, ella pasó a mi lado.

Larry: ¿Te devolvió el saludo?

Chapman: No, no lo hizo. Y no quiero sonar muy clínico con esto, pero lo dije varias veces, espero que me entiendas. John salió, y él me miró. Creo que me reconoció, «aquí está el tipo al que le firmé el álbum antes». Y él caminó y me pasó, di cinco pasos hasta la vuelta de la calle, apuntándolo con mi arma de fuego 38. Y le disparé 5 tiros a su espalda.

Resulta llamativo que Chapman, con los increíbles y detallados recuerdos que tiene, que incluso ha nombrado el momento en que John había apretado el botón del boli al firmarle el autógrafo, no hable del intervalo en que sacó el arma de su bolsillo y apuntó, y pase de forma tan rápida por esta parte de la historia, que debería ser todavía más relevante y clara para él. Da la sensación de que lo de antes estuviera mucho más fresco en su memoria. Como vemos, Chapman no dice haber llamado a John en ningún momento, ni que John se volviera hacia él.

Larry: ¿Habías disparado esa arma antes?

Chapman: Esa arma no, no sabía ni si las balas iban a funcionar y cuando estaba disparando, recuerdo haber pensado (piensa) «están funcionando, están funcionando». Estaba preocupado de que, en el avión, con la humedad del compartimiento de la maleta, se hubiesen estropeado. Y recuerdo haber pensado: «están funcionando».

Machaconamente, Chapman repite esa frase, se trata de otro recuerdo inducido, una sensación, un pensamiento que se introdujo sin duda varias veces en su mente. Tiene todo el tono de inducción mental: «está funcionando, está funcionando, está funcionando».

Larry: ¿Qué hizo Yoko?

Chapman: Ella, naturalmente, no la puedo culpar, ella se precipitó hacia el área de las escaleras, no sé si conocen esa área allí en el edificio Dakota. Pero ella sólo corrió para protegerse, lo que cualquiera hubiese hecho.

Qué interesante defensa de Yoko.

Chapman: John (pausa, parece algo confuso, se traba) de … de acuerdo con lo que he estado diciendo, cayó en las escaleras, y luego la vi a ella, volviendo hacia las escaleras y lloró sobre su cuerpo.

Larry: ¿Gritó ella?

Chapman (piensa unos segundos) No creo que ella gritara, pero unos minutos antes de esto, había un grito espeluznante de alguien. Y se me erizó el pelo de atrás del cuello.

¿Unos minutos antes? Los disparos y el tambaleante camino de John hacia las escaleras sucedieron en apenas unos segundos. ¿Quién gritó antes de todo eso? Nadie, pues no hay ningún testigo que hable de gritos, sino directamente de disparos. ¿O era un grito que venía de dentro de la cabeza de Chapman?

Larry: ¿Estabas aliviado?

Chapman: No, lo que pasó es que yo estaba… (Duda) lo que pasó antes del tiroteo, antes de apretar el gatillo, y después, fueron dos escenas diferentes en mi mente. Antes, todo estaba en calma, y yo estaba listo para que esto pasara, incluso escuchaba una voz dentro de mí, mi voz, dentro de mí, que decía «hazlo, hazlo, hazlo, aquí vamos».

La voz dentro … el control mental, las escenas inducidas. En ese momento Chapman estaba ido, no estaba en un estado consciente; en realidad, su mente no estaba ahí.

Y después del suceso, era como si la cinta de la película se hubiera roto, yo sentí, en una parte de mí mismo, estaba como en estado de shock, estaba de pie, con el arma colgando hacia abajo, en mi lado derecho. Y José el portero vino, él estaba llorando, me estaba cogiendo el brazo y sacudiéndolo, él quitó el arma de mi mano.

Chapman despierta, después de los disparos, pero Perdomo no estaba quitando el arma de su mano, estaba haciéndole creer que él la tenía cogida, para luego fingir que se le la arrebataba. Pensemos: después de un tiroteo, ¿un simple portero se acercaría a un hombre armado para quitarle el revólver de su mano? ¿O correría al interior del edificio, hacia las escaleras, a donde estaba John, para ponerle a él y a sí mismo a salvo? El mismo Chapman nos lo dice:

Eso fue algo muy valiente, contra una persona armada. Tiró el arma al suelo y luego alguien la alejó.

Esta parte de la entrevista, en la fuente que os indico, está mal traducida. ¡Escuchadla! Es tal y como os la he puesto aquí. «Alguien la alejó». Y no Perdomo, como en la traducción y en la versión oficial se indica. ¿Otra persona más?



Y yo estaba confuso, no sabía qué hacer, cogí «El guardián entre el centeno» de mi bolsillo, pasé páginas, y traté de leerlo. Yo no podía esperar, Larry, a que esos policías llegaran allí, yo estaba devastado.

Es curioso que estas revelaciones de Chapman, estas frases que hablan de un estado mental confuso, de diferentes «estados», hayan aparecido dentro de tan «clínico» y objetivo relato justo cuando Larry King ha hecho referencia a los gritos …

(Fuente: http://origenhumano.blogspot.com/)

1 comentario:

  1. todos los locos oyen voces en su cabeza, eso no prueba nada

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