lunes, 25 de enero de 2021

EL TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO COMO POLÍTICA DE ESTADO



Es curioso ver en esta plandemia cómo las voces de los llamados "profesionales de la salud mental" brillan por su ausencia.

Al parecer, la profesión de la psicología ha desaparecido completamente de la escena pública, junto con el sentido común y con la gripe, a la sazón, los tres grandes ausentes durante estos últimos diez meses.

Nótese cómo de la salud mental no se volvió a hablar nunca más. La salud mental no ha vuelto a ser consultada por ciudadano alguno y se halla archivada bajo llave desde que todo este circo de horrores comenzó.

El centenario trabajo de los psicólogos, tratando de rescatar al individuo de sus ansiedades, sus fobias y sus miedos más férreos, todo ese trabajo ha sido derrumbado de un plumazo por el mismísimo Estado. Y este impensado derrumbe ha tenido lugar, nada más y nada menos, que en nombre de la "salud".

¿Pero en nombre de qué tipo de salud?

De la salud mental es evidente que no.

Hacia finales de la década de los noventa, mientras se iba abandonando el psicoanálisis como método efectivo de terapia, la psicología positivista anunciaba alegremente que las causas de toda ansiedad eran cuestiones que habitaban en el presente y no ya en un pasado lejano y obscuro que debía de ser escarbado en el subconsciente durante treinta años de divanes.

Por tanto el problema que no nos permitía vivir en plenitud era algo que estaba en el aquí y en el ahora. Tal el hallazgo, tal la sentencia de esta nueva psicología que tomaba el relevo de un ya obsoleto psicoanálisis.

Y en el aquí y el ahora sólo estamos viviendo una única cosa: miedo. Miedo a contagiarnos de una enfermedad, miedo a morir por ese contagio. La vida se ha vuelto un perpetuo y asfixiante luchar contra ese contagio. Contagio que sólo puede tener lugar en el trato con los demás.

Sobrevivir es entonces dejar de tratar con los demás o, con suerte, modificar torpemente aquél trato natural por otro de muy inferior calidad. Un trato más bien digno de un paciente con trastorno obsesivo compulsivo.

Y ninguna voz de la llamada "salud mental" se alza en los medios oficiales denunciando este crímen. Nadie arroja los urgentes y harto predecibles pronósticos de tener que vivir la vida bajo el yugo de esta incertidumbre crónica: soledad, depresión y suicidio.

Pero notemos cómo también enmudecieron de pronto, no sólo los profesionales de la salud mental, sino también todos aquellos gurús del pensamiento positivo, todos aquellos escritores y columnistas ingeniosos de la auto ayuda.

También se han callado todos estos "Paulo Coelho" que nos insistían con aquello de que sólo a través de una vida vivida en plenitud, sólo a través de una existencia que se desligaba definitivamente del miedo era como se alcanzaba la felicidad real ...

Todos estos charlatanes también enmudecieron. Y vaya que lo han hecho ...

Este silencio insólito en el mundo de la psicología ante esta opresión, esta insensatez y esta incertidumbre instaladas como forma de vida, es prueba inmejorable de que todo esto es un plan. Un plan que ha sabido muy bien comprar voces, pero, como podemos ver, mucho mejor ha sabido comprar silencios.

Cuesta creer cómo harán los psicólogos a partir de ahora para alentar a sus pacientes a superar sus miedos, mientras ellos mismos les atienden detrás de un barbijo, ofreciéndoles el codo por todo saludo, conservando a prudente distancia por temor a un contagio. Todo esto sucediendo en un consultorio donde el diván tendrá que ser correctamente "desinfectado" con alcohol en gel.

Cuesta imaginar cómo harán los psicólogos para empequeñecer y hasta para relativizar siquiera esta inhumana forma de vida que se ha impuesto desde los gobiernos.

Porque este mundo sin rostros poseído por el pánico representa exactamente todo eso que los psicólogos habían desde siempre señalado como una amenaza para la salud mental, verbigracia: imposibilidad de amar, de trabajar, de proyectar, de respirar, excesiva preocupación por el futuro y por la muerte, control, censura ...

¿Qué es el cáncer sino la natural somatización de estas situaciones patológicas?

En el mundo de hoy, cada cual está enfermo de un miedo que lo acompaña las 24 horas del día. La vida en sociedad no es más que el sordo intercambio de estos miedos individuales, síntesis aberrante y grotesca amplificación de la locura. Ciertamente, algo sin precedentes en la Humanidad.

Y entonces nos quedan sólo dos conclusiones posibles:

O bien los psicólogos siempre fueron unos mentirosos y podemos ser perfectamente felices tal y cómo estamos viviendo ahora, o bien el gobierno es un criminal que ha convertido en política de Estado todos los trastornos propios de un manual de psicología.

Nereo Raul Ortiz Roston

9 comentarios:

  1. Fenomenal comentario.

    Pienso que muchos psicólogos no son farsantes, sino incompetentes. Es igual de nefasto.

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  2. No suelo coger los transportes públicos por motivos de estar rodeado de bichos, y no son del virus precisamente, pero el otro día por motivos de salud de mi perro lo hice, cuanto fue mi sorpresa cuando en los megáfonos del medio en los dos idiomas de mi ciudad se nos decía ¡que no se hablara durante el trayecto! miré con cara de asombro a mi alrededor buscando una mirada cómplice y como resultado la única que encontré fue la mía en el reflejo del cristal, deduje que yo era el novato y el resto ya estaban acostumbrado y eso me desoló más si cabe, los imbéciles se ha acostumbrado a oír por los megáfonos que no hablen, calladitos, así fue todo el trayecto, evidentemente la vuelta la hice andando, tres cuartos de hora libre de gilipollas... durante el camino se me ocurrió unas cuantas reflexiones para exponerlas aquí, mi pagina favorita y de camino de desahogo pero desistí hasta ahora, este vídeo me ha recordado donde vivo, en el libro 1984 de Orwell, ¿Alguna duda?, como siempre digo, suma y sigue, el resto de mi opinión me la reservo por si sale algún defensor del sistema o trolls, que aquí también los hay.

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  3. Hace unos años pasé por una etapa de gran ansiedad por culpa de un desengaño amoroso... fui a una psicóloga cognitiva de una de las más reconocidas clínicas de Barcelona y ella se empeñaba en decirme que una de las razones por las que me sentía deprimido era mi trabajo: da la casualidad de que yo trabajo, porque -según ella- no socializaba lo suficiente y eso era fatal para la salud menta. Da la casualidad que desde hace muchos trabajo años dando clases particulares por skype.
    Al cabo de unas sesiones llegué a la conclusión de que todo lo que me podía ayudar lo podía aprender yo leyendo algunos libros de autoayuda, haciendo deporte y llevando una vida sana...
    Me pregunto qué dirá ahora la tiparraca esa.

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  4. Gran artículo y poniendo los puntos sobre las ies, el Colegio Oficial de Psicólogos junto con todas sus delegaciones, hacen el mismo papel que el Colegio de Médicos, transmisores del discurso oficial, y me parece muy grave, el juramento hipocrático se ha convertido en pura hipocresía.

    Los panfletos que se reciben semanalmente desde el COP son insufribles, hemos pasado de considerar "rarito" a aquella persona que prefiere tener pocas relaciones pero buenas, a no te relaciones, a promocionar la terapia on line por lo del dichoso bicho, y si, al final los "raritos" serán los que quieren y necesitan las relaciones interpersonales, esto ahora no toca según ellos.

    Es verdad que la gran mayoría hace terapia con el bozal puesto y lo peor de todo es que se han dejado influenciar por toda la propaganda, imposible de dar un sentimiento de seguridad al paciente comportándose de esta forma. Yo particularmente el bozal no me lo he puesto nunca, la distancia entre el paciente y mi persona es la misma de antes, eso si les doy a elegir llevarlo o no, los que hace tiempo que asisten se lo quitan, a los nuevos les dejo a su libre elección sin antes hacerles la siguiente reflexión, si tu vienes a hablarme de ti, crees que llevar un trapo es coherente, algunos, aquellos que están dispuestos a pensar, les empiezas a romper esquemas, otros vienen una vez y no vuelven más, bueno es su elección.

    Tenemos a unos "psicópatas y manipuladores" en el mal llamado gobierno y en los distintos colegios "profesionales" que lo único que están creando es una sociedad con graves trastornos mentales, y una mayoría de psicólogos estaría bien que se replanteasen hacer introspección ante esta situación antes de atender a mas personas.

    Un libro que me ayudo entender como actúan las instancias políticas es "Ponerología Política" del Dr. Andrzej M. Łobaczewski

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  5. El Aviso
    https://www.youtube.com/watch?v=8nKIHb-jZCE

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  6. Muy certero el artículo, salvo en lo que dice del mundillo de terapeutas alternativos ligados a las diversas espiritualidades que es uno de los pocos donde la mayoría de los "clientes" ha reaccionado con mayor contundencia contra la plandemia...
    Entre los "profesionales" de la espiritualidad, es cierto que son muy pocos los que se hayan atrevido a dar la cara -aunque hay muchos más que lo hayan hecho que entre médicos y psicólogos colegiados, por ejemplo echad un vistazo al canal de youtube de Silvia Salud inteligente"-. Muchos han adoptado un perfil bajo ambiguo -por ejemplo Sergi Torres, quizás para no perder a sus fans, que la mayoría son decididamente antiplandemia, o quizás porque, simplemente, piensan que es mejor callar y esperar a hacerse el harakiri...-
    Otros, es verdad, han tomado claramente partido por la plandemia -por ejemplo Sadhguru, que ha debido perder decenas de miles de seguidores en youtube a raíz de los comentarios que leí cuando se manifestó a favor del uso de mascarilla y de la vacunación... aunque misteriosamente después los comentarios críticos desaparecieron y el número de suscriptores no bajó...

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    1. Esos gurús que dicen cosas coherentes y del que yo mismo me he hecho eco en mi blog en algún post fueron colocados previamente por los tarados astrales para desempeñar su papel llegado este evento planificado hace muuuucho tiempo.

      Si tienen abiertos los 33 chakras pero son incapaces de ver la Plandemia no dejan de ser una herramienta más para el control.
      Sad-gurú, el Papa y cualquier pastor que no tiene la dignidad de VER y MOSTRAR no es más que otra herramienta para cegar y confundir al rebaño.

      Los "dioses" de este mundo son tarados mentales como bien nos lo indicaron los gnósticos.
      La demencia social actual es su firma y el que no la ve su instrumento.

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  7. Trabajo como ADMINITRATIVA en un "Centro de salud" Mental rodeada de psiquiatras y psicologas en País Vasco. Gracias a que desde hace años frecuento y sigo a gente despierta como este maravilloso blog supe desde el principio que esto era un gran timo. No tengo palabras para describir lo que he tenido que vivir y observar ante unos compañer@s que aún a día de hoy siguen sin cuestionar lo que estamos padeciendo.
    Estaban muert@s de miedo, limpia que te limpia cada vez que alguien venía...dos bozales... etc,etc...
    Cuando obligaron a llevar mascarilla por la calle en todo momento celebraron y aplaudieron la decisión, incluso decían "ya era hora".
    Supongo que aquí entenderéis mi sufrimiento. Cómo pueden ayudar a nadie con un bozal en la cara me preguntaba a mí misma? He sentido mucha decepción y vergüenza.

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    1. Claramente hay ya dos clases de personas bien diferenciadas.
      El borrego-matris ilustrado o no y sometido al miedo y que pretende que todos vivan su propia ignorancia y aquellos que han despertado al caracter maligno de este sistema y que todavía portan un sistema inmune que les permite tener la intución de saber cuando algo va muy mal y no es correcto por mucho que lo digan los media.

      Los depredadadores de momento están usando a los miedosos para controlar a los inmunes que son los que verdaderamente les preocupan ya que al resto como siempre los van sacrificando a golpe de decreto, informe científico, bula papal, o lo que se tercie en época y lugar.La historia in-humana.

      Lo que sucede no tiene parangon en la historia humana conocida y es claramente para el que lo quiera ver una guerra espiritual que de momento toma el disfraz de un falso virus para mantener el control sobre la especie.
      Un control que pierden día tras día (en la esfera de lo mental) quedando cada vez más en evidencia.


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