viernes, 7 de junio de 2019

LA DICTADURA DE GÉNERO, NEGACIÓN ABSOLUTA DE LA REALIDAD HUMANA (5ª PARTE)


La ideología de género insiste en la desconstrucción de la familia no sólo porque esclaviza a la mujer, sino porque condiciona socialmente a los hijos para que acepten la familia, el matrimonio y la maternidad como algo natural. Si la meta es acabar con la división sexual del trabajo en la cual la mujer ´maternaliza´, hay que entender los mecanismos que la reproducen.

Cualquier estrategia para el cambio cuya meta abarque la liberación de las restricciones impuestas por una desigual organización social en sexos, debe tomar en cuenta la necesidad de una reorganización fundamental del cuidado de los hijos, para que sea compartido igualmente por hombres y mujeres.

Para los propulsores de la ideología de género las responsabilidades de la mujer en la familia son supuestas enemigas de la realización de la mujer. El entorno privado se considera como secundario y menos importante; la familia y el trabajo del hogar como una carga que afecta negativamente los proyectos profesionales de la mujer.

Este ataque declarado contra la familia contrasta notablemente con la Declaración Universal de los Derechos Humanos promulgada en 1948. En el artículo 16 de la misma, la organización de Naciones Unidas defiende enfáticamente a la familia y al matrimonio:

Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia; y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del mismo. Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse matrimonio. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.

Sin embargo, los artífices de la de la ideología de género ponen al margen estas premisas y por el contrario apuntan a la necesidad de desconstruir la familia, el matrimonio, la maternidad, y la feminidad misma para que el mundo pueda ser ´libre´.

Un feminismo ultra radical de ideología de género que increpa la función de la maternidad como opresiva para la mujer, e incluye en lo esencial de su agenda la promoción de la libre elección en asuntos de reproducción y de estilo de vida.

La libre elección de reproducción es la acepción para referirse al aborto; mientras que estilo de vida apunta a promover la homosexualidad, el lesbianismo y toda otra forma de sexualidad por perversa y aberrante que sea, debiendo reconocerse los derechos reproductivos de la mujer lesbiana para concebir hijos a través de la inseminación artificial, y de adoptar legalmente.

La ideología de género es aliada del ambientalismo, el animalismo y otras formas de eugenesia para el estricto control de la fertilidad humana, todas interesadas en que haya cada vez menos gente que tenga ´género´.

Para ser efectivos en el largo plazo, los programas de planificación familiar deben buscar no sólo reducir la fertilidad dentro de los roles de género existentes, mas también subvertir completamente los roles de género a fin de reducir la fertilidad.

Los nuevos derechos de la ideología de género no se reducen a los derechos de salud reproductiva mencionados, sino que además exigen el derecho a determinar la propia identidad sexual.

Si se toma en cuenta que para la ideología de género existen cinco sexos - mujeres heterosexuales, mujeres homosexuales, hombres heterosexuales, hombres homosexuales y bisexuales - los géneros masculino y femenino serían una ´construcción de la realidad social´ que deberían ser abolidos, aun cuando sólo hay dos opciones desde el punto de vista genético: o se es hombre o se es mujer, y no hay absolutamente nada que esté en el medio.

El feminismo de género es un sistema hegemónico esquizofrénico y cerrado contra el cual no hay forma de argumentar. No puede apelarse a la naturaleza, ni a la razón, la experiencia o las opiniones y deseos de mujeres verdaderas, porque según la teoría género todo esto es socialmente construido, prueba adicional de la conspiración patriarcal masiva en contra de la mujer, dado que la identidad sexual puede desconstruirse, la masculinidad y la femineidad no son más que roles de géneros ´construidos´ socialmente y que la mejor identidad sexual sería su ausencia.

El marxismo cultural es la escuela conductista que va en esta procura de suprimir lo masculino hasta convertir al varón de nueva generación en una criatura afeminada carente de atractivo sexual.

Hipergamia degenerada que programa a las mujeres para ser atraídas por hombres que perpetúan este sistema esclavista, pero cuya verdadera finalidad es la misandria, lo que implica prescindir del sexo masculino. Una suerte de hembrismo que no está centrado en el amor a la mujer sino en el odio al hombre.

Es la misandria u androfobia de programación mantis donde predomina la aversión al varón, al considerarlo innecesario para vivir, configurando una suerte de ´racismo de género´, si tal término cabe.

Machismo es un neologismo sexista que adjudica propiedades negativas a la masculinidad de donde surgen las acusaciones más delirantes, porque incluso cuando una mujer agrede a otra se lo llama machismo, ya que todo lo violento es propio del macho y culpa colectiva del patriarcado, con el agregado que infantiliza a la mujer y sataniza al hombre como su verdugo.

Un sistema de cadena de montaje tipo mente colmena que representa el extremo en la línea de pensamiento de la ideología feminista radical acerca del machismo sistémico, de cómo se generó la sociedad y qué lugar ocupó en el pasado la mujer, entendiendo que sólo el hombre es responsable exclusivo de la posición desfavorable que supuestamente ha ocupado la mujer durante mucho tiempo.

No hay nada en la ideología de género que sea científico ni que se corresponda a la verdad. Lo cierto es que la humanidad está en medio de una guerra cultural que invierte la percepción de la realidad mediante la alteración del lenguaje.

En el momento que se eliminan las diferencias sociales artificiosas entre ´géneros´ las diferencias biológicas prevalecen, lo que resulta en la refutación absoluta al constructivismo social radical con el que se pretende definir la identidad de género.

No obstante, el feminismo hegemónico se aferra a bizarras hipótesis doctrinarias como si se tratara de dogmas de fe, una ceguera deliberada que significa legislar en contra de las diferencias naturales entre hombres y mujeres, y a favor de obtener una utopía igualitaria imposible de lograr.

A la censura velada de la corrección política impuesta por el marxismo cultural ya no le basta con la discriminación positiva hacia la mujer a través de un sistema de gobierno que la prostituye al satisfacer por beneficios sus necesidades materiales, promoviendo leyes que tipifican toda conducta sexual no consentida o agresora como un atentado sexual para juzgar al perpetrador - siempre un varón sin derecho alguno a la presunción de inocencia - como terrorista, criminalizando el amor de pareja y otorgando a la mujer el privilegio del odio.

Quien no se ajusta a la política de no tolerar la intolerancia que genera la ideología de género y sus expresiones ´género sensibles´ es tildado de misógino, homofóbico, racista, fascista o fanático privilegiado, fruto de una pandemia machista de masculinidad tóxica.

Un sistema que ha convertido la violencia doméstica en un crimen político y que juzga con mayor severidad a los hombres que a las mujeres, no puede ser un sistema que legitima y ampara a un colectivo opresor sobre otro colectivo oprimido.

Invento de una ideología identitaria profesionalizada en encontrar ofensas, privilegios y opresiones en prácticamente todos los aspectos de esta ´cultura hetero-normativa opresora y binaria´, que saca a la palestra supuestos privilegios arbitrarios para señalar y avergonzar a la gente dependiendo de su raza, sexo o la posición social que ocupa.

Colectivizando la culpa, la ideología de género y su aplición judicial impone el dogma hembrista que la violencia contra la mujer es innata al hombre, que el mundo se divide entre violadores y violadas, entre victimarios y víctimas de una guerra de sexos, siendo una industria multimillonaria controlada por mujeres que no toleran ninguna evidencia que afecte su financiamiento.

En nombre de la tolerancia, la aceptación y la diversidad, el sistema de Naciones Unidas presiona a los gobiernos de todo el mundo para que sean paladines del derecho a la transexualidad en la infancia, y a su vez impulsores de la normalización de una enfermedad denominada disforia de sexo, una condición mental pasajera que tiene tratamiento.

En definitiva, la teoría de género y la legislación a su alrededor son un gran fraude criminal perpetrado sobre los derechos fundamentales de la humanidad, fulminado todo sistema legal a base de una falsa narrativa de justicia social, propaganda sustentada en la doctrina ideológica neomarxista, piedra angular de la industria del género.

En conclusión, hay  un intento muy organizado, aunque no siempre explícito, de atenuar y castigar la masculinidad, vinculado con la hipotética tiranía que impulsa el patriarcado, premisa de una visión ideológica del mundo que ve la historia de la humanidad como la opresión de las mujeres por parte de los hombres, una forma patológica de interpretar el transcurso vital de la humanidad.

No es que hombres y mujeres siempre se lleven bien, pero fundamentalmente la historia humana es un proyecto colectivo que la mujer y el hombre, con enorme esfuerzo, han levantado juntos a lo largo de milenios.

Por lo tanto, describir esto como ´siglos de opresión de las mujeres por parte de los hombres´ es una retorcida reescritura ideológica de la historia.

Y eso es lo que se adoctrina como enseñanza de verdad irrefutable en las facultades de humanidades y ciencias sociales de las universidades, y a través suyo se ha ido diseminando en los sistemas de educación básica e intermedia.

Manifestación potencial de lo que el neomaxismo cultural define como ´cultura de la violación´, parte de una teórica masculinidad tóxica, cuyo impulso por competir resultaría tiránico, dado que la herencia a la que pertenece el varón apunta al patriarcado opresor.

Empero, hasta ahora, ha sido en el mejor interés de la humanidad que las mujeres sean egoístas a costa del sacrificio de hombres cada vez más desechables y menos admirados, en cuyos corazones empieza a brotar la furia.

Todo perpetrado por un muy malicioso e insidioso movimiento ideológico radical casi imposible de resistir, pero ante el cual hay que prevalecer sin excusas.

(Visto en http://noficcin.blogspot.com/)

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