sábado, 3 de octubre de 2015

¿HA SIDO DIRIGIDA LA HISTORIA POR SOCIEDADES SECRETAS? (16)



Con la popularización de internet y el acceso a la TV vía satélite, hemos conseguido empequeñecer nuestro planeta. Es cierto que cada vez tenemos más recursos a nuestro alcance. También es verdad que gozamos de una capacidad de información muchísimo mayor que la que tuvieron nuestros padres y abuelos. Sin embargo, dichas ventajas no son unidireccionales. Dicho de otra manera, creernos más libres sólo por tener acceso a la información es estar equivocados. Las sociedades secretas, y también los servicios de información y los propios gobiernos, se valen de una sociedad tecnológica para controlarnos. Podemos ser espiados por medio de algo tan inocente como el número de una cuenta bancaria o una tarjeta de crédito; a través de los servidores de internet y de todos los programas que los diferentes distribuidores de contenidos introducen en nuestros ordenadores.

Los que manejan los hilos desde la sombra, tienen la capacidad de saber a qué hora nos conectamos a la red, qué tipo de navegación hacemos, qué periódico virtual hemos leído. También pueden descubrir nuestros gustos musicales, políticos, sociales y hasta sexuales. Si el seguimiento por internet es implacable, no digamos ya otras fuentes, como los datos de la inscripción a la Seguridad Social, los registros de Hacienda, o el empadronamiento en un municipio. Nuestro teléfono móvil puede ser detectado vía satélite con un margen de error de poco más de un metro. Pensar que somos libres y que vivimos en un mundo libre en una sociedad como la nuestra, es una paradoja. Tiene más libertad de movimientos que nosotros cualquier habitante del mal llamado Tercer Mundo. Sus conversaciones no son tan fáciles de capturar.

Visto el panorama, de una cosa podemos estar seguros: el «Gran Hermano» de Orwell no es sólo una novela sino la realidad en la que estamos viviendo. El proyecto illuminati era conquistar el mundo después de tres grandes contiendas. Dos ya han acaecido. El inicio de la tercera sería provocar «batallas cruentas». ¿Quizá se trata del terrorismo? Tras la tercera contienda, siempre según los proyectos illuminati, debería producirse la destrucción del Cristianismo, que es el objetivo de la trama del libro "Angeles y demonios".

Tras dicha época de convulsión llegaría el momento de la redención, del nuevo tiempo, de la «iluminación de las mentes». Sería el tiempo de Lucifer, quien para los Illuminati no es en absoluto una figura diabólica, como la define la Iglesia, sino un símbolo de la elevación. Según ellos, Lucifer es el auténtico portador de «La Luz». El complot no ha hecho más que empezar. Las sociedades secretas han tejido los hilos capaces de conducir a la humanidad durante los próximos siglos. En la documentación de los illuminati encontramos párrafos reveladores: “Arrojaremos a los nihilistas y ateístas y provocaremos un cataclismo social que mostrará claramente a todas las naciones el efecto del ateismo absoluto, origen del salvajismo más sangriento. Entonces, por doquier, la gente forzada a defenderse contra la minoría de revolucionarios, exterminará a estos destructores de la civilización“. Según los illuminati, las multitudes, desilusionadas con el cristianismo, recibirán la verdadera luz a través de la manifestación universal de la doctrina de Lucifer, seguida por la destrucción del cristianismo y del ateismo, ambos conquistados y destruidos al mismo tiempo …

Los grupos de la conspiración mundial están actuando en todas partes. Nadie repara en ellos. Sin embargo, todo parece indicar que estamos bajo el mandato de un poderoso e invisible gobierno mundial que persigue, continúa y sustenta la idea de un ex jesuita alemán llamado Adam Weishaupt, fundador de los Illuminati. Algunos investigadores opinan que los Illuminati ya están en las filas de la curia vaticana.

Teóricamente, la Comisión Trilateral está formada por un grupo de personas que representan las más altas finanzas y el mundo de los negocios y la política de Estados Unidos, Europa y Japón. Pero lo que no todo el mundo sabe es que desde la Trilateral se establecen nexos de unión y colaboración con la Masonería. Lo que tampoco se reconoce oficialmente es que detrás de la Masonería estén los Illuminati. Los investigadores del mundo de la conspiración afirman que el llamado nuevo orden mundial es en realidad la puesta en práctica de uno de los símbolos por excelencia de los Illuminati: la pirámide que aparece en los billetes de un dólar. Y el presidente Washington era masón, así como también lo era su rival, Thomas Jefferson.


Los miembros del club Bilderberger, fundado en 1954 e integrado por los 500 hombres más influyentes del mundo, estarían en la base de esta pirámide. Por encima de ellos encontraríamos el llamado «Consejo de los 33», formado por los grandes maestres masones de más alta graduación de todo el mundo. Sobre estos masones hallaríamos el gran consejo de los 13 Grandes Druidas. Sobre ellos actuaría un estamento denominado «El Tribunal», compuesto por personas desconocidas. Todos los consejos, grupos y estamentos referidos estarían gobernados por alguien sin nombre que poseería el grado 72 de los cabalistas. Este alguien recibiría el nombre de «El Illuminati», el omnipotente gran hermano elucubrado por Weishaupt y anunciado nuevamente en 1949 por George Orwell en su novela profética 1984.

El 1 de agosto de 1972 uno de los mandatarios de esta pirámide lanzó una frase críptica, que muchos han querido ver relacionada con la caída de las Torres Gemelas: «Cuando veáis apagarse las luces de Nueva York, sabréis que nuestro objetivo se ha conseguido». ¿Fueron las Torres del World Trade Center las señales que marcan el cambio del mundo? Dado todo lo antes indicado, ¿hay alguna posibilidad para la esperanza?

Unos pocos analistas, en relación con el típico coro de voces que únicamente pronostican las crisis cuando ellas ya están ocurriendo, han percibido que la situación económica y financiera internacional se ha vuelto, silenciosamente, alarmante. Si, además, introducimos el grave problema energético, que explica el afán de invadir Irak contra viento y marea, resulta obvio que la crisis definitiva no sólo no parece ser evitable, sino que los tiempos pueden estar mucho más cercanos de lo que las transitorias bonanzas en los mercados pueden augurar.

Obviamente los cambios no se van a producir sin costos. Éstos hoy no pueden evaluarse. Sólo puede pensarse que muy probablemente serán superiores a los alguna vez vividos por las actuales generaciones. Puede que esto no guste, pero la alternativa sería nada menos que la profundización de la globalización a niveles desastrosos para las mayorías populares.

Puede resultar paradójico, pero todo indica que la estocada mortal al poder de la élite la dará, en algún momento aún incierto del tiempo, el propio “dios” creado por ella misma. Como en el Dr. Frankenstein, la élite ha contribuido a desarrollar un ser que se apresta a volverse en contra de su propio creador y merendárselo. Ese ser no es otro que el mercado. A veces la propia realidad nos sorprende y parece proporcionar datos paradójicos o premonitorios.

Por ejemplo, pocos parecen haber reparado en que si se recorre Wall Street, en Manhattan, en el mismo sentido del Sol, o sea de este a oeste, el recorrido finaliza en un muy extraño lugar. Sobre todo resulta extraño por tratarse del centro financiero del mundo. Wall Street no termina en el agujero que dejaron las Torres Gemelas en su caída precipitada el 11 de septiembre de 2001. WallStreet termina en el pequeño y lúgubre cementerio colonial de Saint Paul, al lado de una ruinosa, oscura y casi siempre cerrada o vacía iglesia. Allí, en ese cementerio, muy anterior a la globalización y al mundo de las finanzas, bajo unas descuidadas y viejas lápidas cuyos nombres y fechas ya ni se leen, debido al paso del tiempo, yacen los únicos restos, las únicas “calaveras y huesos” que hoy descansan en paz en Manhattan.

(Fuente: https://oldcivilizations.wordpress.com/)

2 comentarios:

  1. que conclocion darías sobre la información que exponiste sobre las sociedades secretas. para cambiar este mundo

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    1. Cada lector sabrá formarse su propia opinión. Entiendo que mi labor es facilitar una información, no dirigir la mente o la voluntad de nadie.

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