martes, 29 de septiembre de 2015

¿HA SIDO DIRIGIDA LA HISTORIA POR SOCIEDADES SECRETAS? (15)



El Club Bilderberg está considerado como el club de los dueños del mundo. Sus actos aparentemente no son muy conocidos, ya que no suelen difundirse al público. Está formado por jefes de gobierno, banqueros, presidentes de multinacionales, dueños de medios de comunicación, etc, y su costumbre suele ser la de encerrarse unos días antes de que lo haga el G8, es decir, el grupo de los ocho países más ricos e industrializados del mundo (Alemania, Canadá, EE. UU., Francia, Italia, Japón y Reino Unido, más Rusia desde 1997). Son muchos los que piensan que el Club Bilderberg es la rama secreta del G8, aunque en apariencia simplemente sería de un club más, formado por exquisitos miembros.

El Club Bilderberg se fundó oficialmente en mayo de 1954 en Holanda, concretamente en Oosterbeek, y tomó su nombre del hotel en que se reunieron por primera vez. No obstante se supone que ya existía en la sombra desde años atrás y estaba formado por miembros de distintas sociedades secretas.

Su creador fue el príncipe Bernhard de Lippe-Biesterfeld, que pertenecía a la Casa de Orange-Nassau, actual familia real de Holanda. Su nombre había aparecido ya en la prensa, no con motivo de la fundación de un club, sino nada menos que por haber sido oficial de las SS de Hitler y miembro del Partido Nazi: el príncipe poseía extraños negocios especulativos en la época de los nazis.

Bernhard decidió crear un club de élite que aglutinara a los principales poderes del mundo. Entendía que en la nueva época el poder ya no estaría  exclusivamente en la religión ni tampoco en la política, sino en ambas, pero también en el mundo industrial, económico y de la empresa. Presidió el singular club hasta el año 1976 y durante todo este tiempo buscó aumentar el entendimiento entre Estados Unidos y el continente europeo. Bernhard legó posteriormente la presidencia a Alec Douglas Home (1903-1995), que fue un relevante político británico que permaneció en la Cámara de los Comunes hasta 1945. En 1951 fue ministro de Estado para Escocia, y en 1955 pasó a coordinar las relaciones con la Commonwealth. Por último ascendió al cargo de primer ministro el 19 de octubre de 1963, permaneciendo al frente del gobierno durante un año. Otro punto interesante en la biografía de este personaje es que, entre los años 1970 y 1974, fue secretario del Foreign Office, que es la institución encargada de controlar la política exterior del Reino Unido.

Tras Douglas Home, presidió el Club un político alemán; Walter Scheel, que durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en la Luftwaffe, operando con la unidad Nachtjagdgeschwader. Terminó la contienda con el grado de Teniente primero y fue condecorado con la Cruz de Hierro. Según la revista Der Spiegel, Walter Scheel se hizo miembro del Partido nazi en 1942. La Comisión Independiente de Historiadores criticó en su informe publicado en octubre de 2010 que Scheel no había admitido su afiliación al partido nazi hasta muchos años después de su nombramiento como ministro de Relaciones Exteriores. En 1953 fue elegido miembro de la Cámara de los Diputados alemana, más conocida como Bundestag. Entre los años 1961 y 1966 fue ministro para la Cooperación Económica y el 1 de julio de 1974 llegó a presidente Federal, manteniendo dicho cargo hasta 1979.

Scheel mantuvo la jefatura del Club Bilderberg hasta 1985, fecha en la que fue sustituido por Eric Roll, presidente de un notable grupo bancario, el S. E. Warburg. Otro de los presidentes destacables fue Peter Rupert que popularmente era conocido como Lord Carrington, quien fue secretario general de la OTAN así como ex ministro de varios gobiernos británicos.

La invitada (que no representante) habitual de España
Como vemos, el club no tiene sino influyentes y poderosos miembros. Pero, ¿podemos considerar que es realmente un centro de conspiraciones? Se dice que quien entra en el Club Bilderberg al poco tiempo logra ascender. La suya será una ascensión política y social a nivel internacional, siempre que la persona en cuestión acate los consejos que recibirá de los miembros dominantes de dicho club. Una muestra de este éxito lo tenemos en Clinton y en Blair, que ingresaron en el club poco antes de ser escogidos presidente y primer ministro de sus respectivos países. Como curiosidad debemos indicar que, al parecer, el dirigente del PSOE español, Pedro Sánchez, ha sido invitado a la próxima reunión del Club.

Como toda sociedad secreta que se precie, el Club no publica anuncios para captar socios. Entrar en esta institución no es fácil, ya que son «ellos», al igual que los Illuminati, los que escogen a los candidatos. Se supone que el proceso de selección se basa en los intereses que tiene el club en sus proyectos a escala global. Un comité de dirigentes supervisores es el encargado de seleccionar a las cien personas que serán invitadas en la próxima convocatoria. Los invitados tendrán que guardar en secreto su asistencia. Ésta es una norma indispensable para mantener buenas relaciones con el club, que además en sus reuniones cuenta con la colaboración en seguridad no sólo de la CÍA, sino también del servicio secreto israelí, el Mossad.

Nadie sabe oficialmente cuándo se reúnen. Tampoco se efectúan ruedas de prensa o comunicados oficiales. Los encuentros de los miembros del club sirven para abordar aspectos políticos y financieros. El nuevo orden mundial está presente en dichas reuniones. Sería de suponer que con la cantidad de personajes importantes que se congregan en las reuniones del Bilderberg, hubiese presencia de la prensa. Pero, sorprendentemente, el secretismo es lo que domina. Todo parece indicar que los miembros del Club vuelven a casa con una posición tomada, y las instrucciones siempre suelen ser bastante claras. En caso de duda, sólo hay que llamar al Club.

A través de diferentes medios de comunicación se ha tenido constancia de algunos de los «sabios consejos» que se han vertido en el Club. Por ejemplo, se le acusó de estar tras el bombardeo ruso sobre Chechenia. Al parecer los responsables de la OTAN que eran miembros del club, autorizaron en reunión secreta a otro miembro, el presidente ruso Putin, a atacar la región rebelde.

Pero no siempre los consejos del Club son acatados. En 2003 se filtró la noticia de que Donald Rumsfeld, secretario de Defensa de Estados Unidos y uno de los clásicos asistentes a las reuniones del Club, había asegurado tras los atentados del 11-S a las Torres Gemelas, que no invadiría Irak. Sin embargo, sí lo hizo. El resultado causó tal malestar en el Club Bilderberg, que Colin Powell tuvo que dar explicaciones a sus miembros respecto a las operaciones militares en Irak.

Si el Club Bilderberg nos parece sospechoso de influir en los destinos del mundo, otro tanto sucede con la organización fundada por uno de sus miembros y que popularmente recibe el nombre de Comisión Trilateral. En julio de 1973 un miembro de la mítica familia financiera Rockefeller decide fundar un grupo que estará formado por la élite de la política y la economía mundial. David Rockefeller tenía el objetivo de que dicha organización fuera selecta y contara sólo con los mejores. Se trataba de crear un organismo privado que aunara los esfuerzos de Estados Unidos, Europa y Japón, en lo que a materia social y política se refiere. De algún modo se trataba de poder regir los destinos del mundo más allá de las fronteras y los gobiernos. Curiosamente esta decisión recuerda bastante a la que pretendía el fundador de los IIluminati. David Rockefeller quería un gobierno mundial más allá de los estados. Tanto en la década de los setenta como en la actualidad no es la política la que maneja los hilos, sino las finanzas.


La existencia de la Comisión Trilateral supone una forma de anular la autonomía de los países y de crear un gran bloque del primer mundo capaz de regir los destinos del segundo y el tercer mundo. En la Trilateral no entraban América Central y del Sur, ni tampoco África ni los países asiáticos. Sólo Japón estaba llamado a ser el representante de Oriente. En su fundación inicial se explícita: “Esta comisión se crea con el fin de analizar los principales temas a los que debe hacer frente Estados Unidos, Europa del Oeste y Japón“. Entonces todavía no se había producido la caída del Muro de Berlín y la Perestroika. Los miembros de la Comisión reúnen más de 200 personalidades provenientes de las tres regiones y comprometidos en diferentes áreas.

Muy parecido en su funcionamiento al Club Bilderberg, la Comisión Trilateral, dotada de una discreción absoluta, no ofrece ruedas de prensa ni sus miembros conceden entrevistas sobre sus reuniones. Sin embargo, sí suelen publicarse unos documentos oficiales sobre distintos temas abordados. Dichos informes son elaborados por equipos de expertos que informan al mundo sobre «aquello que hay que hacer más allá de las soberanías nacionales y las fronteras». De hecho uno de los fines de la Comisión Trilateral es «manejar adecuadamente la gobernabilidad mundial».

Una de las ideas que desde sus inicios pretende poner en práctica la Trilateral, es la consecución de un nuevo orden mundial, que recuerda mucho a los objetivos de las sociedades secretas. Para conseguir este nuevo orden los miembros de la Trilateral no dudan en efectuar declaraciones y dar «consejos» a los gobiernos, pero también a las instituciones mundiales, asesorando al respecto de la globalización, la economía, los intercambios financieros entre países ricos y pobres, etc. Los miembros de la Trilateral defienden que ellos están más allá de los poderes establecidos, y que son quienes están «en mejores condiciones para planificar y construir la arquitectura mundial».

Tras los atentados del 11-S la Trilateral insistió en la necesidad de un orden internacional distinto y una respuesta global al proyecto. Poco después el presidente Bush proclamaba que se erigía en paladín universal de la democracia y que atacaría al terrorismo en cualquier lugar del mundo. Estados Unidos declaró en aquel momento la guerra al terrorismo, y la «limpieza» comenzó en Afganistán. La excusa fue atrapar a Bin Laden, que supuestamente fue asesinado bastantes años más tarde. Eso sí, la búsqueda permitió que Estados Unidos crease un gobierno afgano a su criterio.

En aquella reunión de la Trilateral estuvieron presentes, entre otros, varios miembros del gobierno Bush, como Colin Powell, secretario de Estado; Donald Rumsfeld, secretario de Defensa; y Richard Cheney, vicepresidente. Tiempo después, mientras se mantenía la presencia americana en Afganistán, le tocó el turno a Irak y los tres citados afirmaron tener pruebas de que el gobierno de Sadam Hussein poseía armas de destrucción masiva. La guerra de Irak vendría a continuación. El nuevo orden mundial y la «justicia» global eran imparables.

A diferencia de otras organizaciones la Trilateral es más discreta que secreta. En apariencia el esoterismo y las teorías de la conspiración mundial son ajenos a ella. Es una institución conocida por todo el mundo, algo así como un «consejo de sabios experimentados». Sin embargo son muchos los que ven en la Trilateral la cara visible de otros que están detrás, como el Club Bilderberg o incluso esferas relacionadas con sociedades secretas clásicas como los illuminati, la Masonería y otras.

Vivimos en un mundo globalizado. Es cierto que sigue habiendo fronteras y estados, pero si analizamos con frialdad los principales «clubs» del mundo vemos que, más allá de los estados, sus fronteras y banderas, parece haber un destino marcado por sus dirigentes, que se reúnen en agrupaciones aparentemente inocentes y que miran las cosas desde una perspectiva supranacional. Los tentáculos de las sociedades secretas, de los verdaderos dueños del mundo, están por todas partes.

(Fuente: https://oldcivilizations.wordpress.com/)

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