martes, 22 de septiembre de 2015

¿HA SIDO DIRIGIDA LA HISTORIA POR SOCIEDADES SECRETAS? (12)



Seguir diciendo que Colón descubrió América ha pasado a ser una ingenuidad. Los habitantes de aquellas tierras hacía tiempo que esperaban la vuelta de los Viracochas, que personificaban a los dioses blancos que los habían visitado en el pasado. Una de las historias al respecto afirma que la primera llegada de europeos al Nuevo Continente acontece en el año 877. Se trataba de unos monjes irlandeses pertenecientes a una orden secreta conocida como «Culdea», cuyos datos se han perdido en la historia. A éstos les siguen los navegantes vikingos, quienes, según la leyenda, en primer lugar se asentaron en Canadá y posterirmente se desplazaron hacia México, para expandirse por algunas zonas de Centroamérica. Los vikingos habrían trazado mapas primigenios del Nuevo Continente, que se supone consultó Colón antes de realizar sus viajes. Sostienen algunas crónicas que estos mapas acabarían en manos de la orden militar del Temple.

La orden militar del Temple, tras la caída del reino de Jerusalén y al sentirse amenazada su permanencia, establecería negociaciones con los vikingos y crearía una primera ruta para poder asentarse en el Nuevo Mundo, mucho antes que Colón. Y también con anterioridad a ese acontecimiento, se habrían refugiado en América aquéllos a los que el Priorato de Sión había encomendado la misión de velar por la Sangre Real.

El conde de Sant Clair, que mantenía excelentes relaciones con los templarios, ordenó en 1446 edificar una capilla que se levantó en Escocia a diez kilómetros de Edimburgo. La capilla, además de numerosa simbología esotérica, tiene relieves esculpidos en sus muros en los que se observan mazorcas de maíz y plantas americanas que en aquella fecha no se conocían en Europa. Recordemos que el descubrimiento «oficial» de América aconteció el 12 de octubre de 1492, es decir, 42 años después de la fundación e inauguración de la citada capilla.


Los primeros colonos que arribaron al continente americano, después del Descubrimiento, tenían más de un motivo para embarcarse en aquella aventura transatlántica. Uno de las razones que más pesaba era seguramente la persecución a la que estaban sometidos en el continente europeo. En España, Francia, Portugal, Inglaterra, Italia, y otros reinos europeos, había muchísimas personas perseguidas por el poder establecido. Gran parte de ellas vieron en los viajes al Nuevo Continente una forma de reiniciar su vida. Se trataba de condenados por sus creencias religiosas, políticas o filosóficas, pero también por haber cometido delitos comunes en sus países de origen. A muchos de ellos se les conmutaba la pena a cambio de que se establecieran en las colonias de América. Y muchos, tanto los que marcharon voluntaria como involuntariamente, se encargaron de «preparar el terreno» para crear el destino oculto urdido por las conspiraciones de las sociedades secretas. Una de ellas fue la «Orden de la Búsqueda», que supuestamente se habría establecido en América en 1625;, y a la más tarde pertenecería Benjamín Franklin. Otra fue la Orden del Yelmo, con vinculaciones templarías. Poco después llegarían los illuminati y los masones, por no hablar de los rosacruces.

El gran objetivo de los Illuminati había sido siempre la creación de un nuevo orden mundial, y el Nuevo Continente parecía ser campo el perfecto para lograrlo. Todo parece indicar que los Illuminati, ya fuera a través de sus propios recursos o mediante infiltraciones en otras sociedades secretas, tejieron los hilos necesarios para configurar lo que se ha dado en llamar «el destino secreto de Estados Unidos». Para tal fin contaron también con la singular ayuda de la denominada «Orden del Yelmo».

En ella, se habría enrolado un personaje ya mencionado antes. Se trataba del filósofo inglés Francis Bacon, que tuvo vinculaciones con el ocultismo, el esoterismo, la filosofía hermética y el movimiento Rosacruz. Muchos ocultistas consideran que Bacon fue una de las muchas encarnaciones con que se manifestó el conde de Saint-Germain, que era supuestamente inmortal.

La leyenda del conde de Saint-Germain se forja en el apropiado escenario de los Cárpatos, donde nació su protagonista el 26 de mayo de 1696. Al parecer pudo ser hijo del último soberano de Transilvania, y no ha faltado quien vea en él al auténtico conde Drácula. Saint-Germain estudió cabala y alquimia, materias en las que sobresalió. Se decía que a través de dichas disciplinas había logrado obtener grandes poderes mágicos. En 1758 Madame Pompadour se interesa por sus hazañas y, tras conocerlo, queda «subyugada por su fuerza y poder, capaz de mostrar maravillas imposibles para un simple mortal». El aprecio que siente la gran favorita por Saint-Germain hace que lo lleve ante Luis XV, quien lo introducirá en la corte. Lo que más maravilló a los cortesanos, al margen de que el conde aparentaba unos treinta años en lugar de los sesenta y dos que tenía, fue su comportamiento en la corte. No comía, no bebía y jamás se le veía dormir ni mostraba cansancio. Además, dado el esplendor con que se vestía y los bienes de que parecía disfrutar, de los que nadie conocía el origen, pronto corrió el rumor de que poseía increíbles secretos alquímicos que le daban el poder de mutar el plomo en oro. Pero ese dato no es más que una pincelada en su misterio.

En este tiempo, justo antes de la independencia y posterior fundación de Estados Unidos, existe una verdadera pugna por el poder entre la Iglesia Católica y las sociedades secretas de la época, en especial los Illuminati. El motivo es que el clero estaba haciendo todo lo posible por expandir el catolicismo en el Nuevo Mundo, intento que las distintas sociedades veían como una amenaza para sus impulsos libertarios e iniciáticos. Durante este periodo, la Masonería se implanta en las trece provincias británicas del continente, lo que al paso de los años dará como resultado una gran proliferación de nuevas órdenes, con sus intereses políticos, sociales y económicos.

En los albores de 1776 las colonias británicas estaban casi abandonadas por su metrópolis, que ya no podía hacer frente a las ansias de poder de los colonos. Esto genera que el 4 de julio de 1776 se efectúe la Declaración de Independencia de las 13 colonias británicas de América del Norte. De los 56 firmantes de dicha declaración, 53 son masones.

Tras la Independencia, es preciso instaurar nuevos símbolos capaces de aglutinar los diversos componentes de la nueva nación. Uno de los más populares, que ha ido sufriendo cambios, es el dólar, en que algunos aspectos de su simbología resultan intrigantes. El Gobierno Federal aprobó la ley monetaria de 1792 que en principio establecía dos patrones de valor, un dólar de plata y otro de oro, que sólo circuló entre 1849 y 1889. Al tiempo, se adopta el sistema métrico decimal, que consideraban mucho más fácil que el sistema británico. Pero esto no es lo más curioso. Lo sorprendente es que para el diseño de los símbolos que aparecieron en el dólar, y que todavía se mantienen hoy, se contó con el asesoramiento tanto de masones como de los illuminati. El fénix fue la criatura alada que se estampó en los primeros dólares, en tanto que simbolizaba el renacer de las cenizas al tiempo que se trata de un símbolo hermético.

En 1841 el Fénix, que había simbolizado el pájaro nacional de Estados Unidos, fue sustituido por el águila, un símbolo solar egipcio.

Cuenta la tradición que originalmente el ave fénix poseía en su cola plumas de color rojo y azul, colores que, como sabemos, aparecen en la bandera de Estados Unidos, que presentaba también las 13 estrellas que correspondían a los 13 estados de entonces. Esas estrellas, con sus 5 puntas, son un símbolo masón. El águila de los dólares tiene 9 plumas en su cola, número que se corresponde con los grados del rito masónico de York, dominante en aquella época en el territorio americano. Sus alas muestran respectivamente 32 y 33 plumas, aludiendo así a los grados del rito escocés. Con la pata derecha, el águila sostiene una rama de olivo, símbolo de la espiritualidad, la reflexión y el pensamiento. Con la pata izquierda, sujeta 13 flechas que aluden a la acción y la transmutación. El símbolo que surge de combinar ambas patas es una alegoría entre las dos fuerzas que siempre están en conflicto, pero que dependen la una de la otra. Así representarían, entre otras cosas, la luz y la oscuridad; la guerra y la paz; la apertura y la cerrazón; el sentido público y el sentido privado o secreto. El águila sostiene en su pico un pergamino en el que está escrita en latín la leyenda E Pluribus Unum, en clara alusión a la necesidad de integrar y agrupar a las gentes de las antiguas colonias que ahora eran una sola nación. También puede leerse como lema de la doctrina Illuminati de hacer de todas las naciones una sola.

En la mitad izquierda del dólar observamos el que ha venido a llamarse símbolo por excelencia de los Illuminati. Se trata de una pirámide truncada en cuya base, y en números romanos, aparece la fecha 1776, que es la fecha de la Declaración de Independencia del país. En lo alto de la pirámide vemos un triángulo con un ojo, el símbolo illuminati que también aparecerá en los blasones masones a partir del momento en que aquéllos pasan a formar parte de sus filas. El ojo resplandeciente del triángulo situado encima de la pirámide era para los Illuminati una alegoría de la capacidad de estar a la vez en todas partes, viendo con claridad y sin la posibilidad de cometer errores al observar el entorno, al igual que Dios. En la parte superior del ojo, a izquierda y derecha, leemos Annuit Coeptis, que puede traducirse como «Él favorece nuestro comienzo». En definitiva, se trata de una leyenda que pretende indicar claramente que los objetivos se han cumplido. Ellos, los Illuminati, están en la cúspide. Rodeando la base de la pirámide aparece la leyenda Novus Ordo Seculorum, que se traduce como «Nuevo Orden Secular», y que en la actualidad se traduce como «Nuevo Orden Mundial». En el centro del billete, por encima de la palabra «One», podemos leer «In Got we trust» que quiere decir «en Dios confiamos». Esto puede parecer un contrasentido, dado el carácter no religioso de las órdenes imperantes, pero indicar que la divinidad no es patrimonio de una religión en concreto. La pirámide truncada está formada por 72 piedras. Algunos han visto en ellas los 72 escalones de la Escalera de Jacob. Ello implicaría que estuviese relacionada con el judaismo y la tradición cabalística. Por otra parte, la pirámide está inacabada, lo que podríamos interpretar como que la construcción del país está en marcha y no tiene límites. Otro de los aspectos de la pirámide es que, al estar truncada, carece de esta gran piedra en la cúspide que se supone tendría la misión de proyectar las energías, al tiempo que atrae el poder de las fuerzas cósmicas.

Como vemos, el poder de las sociedades secretas llegó al continente americano. Precisamente, la tierra del «nuevo orden mundial», tan en boga en los últimos tiempos, nació con la creación del dólar. Hay quienes dicen que estamos viviendo en los albores de la Tercera Guerra Mundial. Para responder a esta pregunta tenemos que irnos a finales del siglo XIX, a fin de darnos cuenta de que lo peor todavía está por llegar.

Esta tercera gran contienda, que involucraría a todo el mundo, fue programada, a través de una carta, el 15 de agosto de 1871, por dos miembros de la sociedad secreta de los Illuminati, que hoy se guarda en el Museo Británico de Londres.

(Fuente: https://oldcivilizations.wordpress.com/)

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