miércoles, 16 de septiembre de 2015

¿HA SIDO DIRIGIDA LA HISTORIA POR SOCIEDADES SECRETAS? (10)



A veces se piensa que con el cese de una organización secreta, ésta muere definitivamente. Este mismo error ha sido cometido por lo que respecta a la sociedad de los Illuminati. Oficialmente perduraron once años. La versión histórica afirma que la sociedad fue disgregada, y que su fundador huyó y murió en el exilio. Sin embargo para los investigadores de la conspiración aquello no fue el final, sino más bien el principio de una nueva etapa. El hecho de que el grupo haya sido oficialmente disuelto, le permitía seguir con sus actividades de forma todavía más clandestina.

Los Illuminati habían conseguido ramificarse lo suficiente como para ostentar posiciones de poder en otras sociedades secretas aparentemente más inocentes, como por ejemplo los rosacruces o los masones. Mientras los illuminati se disgregaban, las filas de la Masonería crecían, al igual que lo hacían los rosacruces y otras sociedades secretas de índole menor como, por ejemplo, los Carbonarios o una sociedad que en España se conocía como la Santa Garduña. Otras hipótesis postulan que en realidad fue al revés, es decir, que fueron los masones quienes, al introducirse en los Illuminati, consiguieron finalmente su destrucción.

Una de las creencias más retorcidas indica que, en realidad, tras la disolución de los Illuminati se creó una sociedad secreta dentro de otra. Así, en el interior de la Masonería habría habido otra hermandad aún más secreta que ni siquiera los principales masones conocían, compuesta por hermanos masones pertenecientes a los Illuminati. Ellos, según esta creencia, dominaban las dos sociedades, y a través de sus acciones tenían como objetivo dominar el mundo. Pero, ¿qué otras sociedades secretas influyeron en la conjura de los Illuminati?

La singularidad esencial de una sociedad secreta ha sido permanecer invisible a los ojos del mundo. Por lo tanto, la prudencia y discreción eran un componente básico para su existencia. Sin embargo, en los siglos XIX y XX, antiguos y nuevos grupos secretos de poder han comenzado a actuar a la luz del día. Resulta un poco sorprendente que todavía reciban el nombre de secretas, cuando se habla de ellas no ya para declarar que existen, sino también para debatir públicamente sus intenciones y actividades. Los illuminati, los rosacruces y los masones son tal vez algunas de las más populares de esas sociedades.

Dentro de lo que pretenden ser sociedades secretas existen gobiernos en la sombra, que son los que realmente dictan las instrucciones decisivas. Pero también es factible que las sociedades secretas no sean más que tapaderas de otros grupos que sí son realmente secretos.

Los «Luciferinos» constituyeron un grupo fundado por Gualterio Lollard en el siglo XIV. Defendían que Lucifer y sus ángeles representaban el conocimiento y la sabiduría. Mantenían que la visión que daba de ellos la Iglesia era injusta y, por extensión, también lo era la expulsión de Lucifer y sus ángeles del Cielo, tal como la presentaban los textos sagrados. Esta sociedad, que se manifestaba totalmente contraria a los postulados de Roma, se extendió en Países Bajos, Alemania, Austria, Francia e Inglaterra.

Frente a la Iglesia establecida hay dos corrientes diabólicas. Una es la teórica, intelectual y reflexiva, marcada por el luciferismo; y otra la práctica, mundana, terrenal, dictatorial y jerárquica, en manos del satanismo. El satanismo postula atacar a la Iglesia, invertir sus símbolos y profanar sus templos. Persigue, simple y llanamente, mantener una línea de actuación totalmente contraria a la que viene marcada desde Roma. Sin embargo, el satanismo no tendría sentido si no existiera la Iglesia, y ésta no tendría enemigo alguno, al menos desde el punto de vista conceptual, si no pudiera recurrir al Mal y más concretamente a Satanás, como contrafigura de su prédica. Iglesia y Satanismo, es decir, las supuestas representaciones del Bien y del Mal, no tendrían demasiada razón de ser si uno de los dos estamentos dejara de existir.

En cambio el luciferismo buscaba la claridad y el entendimiento. Partió de la base de que Lucifer se enfrentó a Dios por su negativa a entregarle la sabiduría, así como el libre discernimiento y albedrío. Defendía que el ser humano es en sí mismo una representación de Lucifer, ya que posee los sentidos, las emociones, la sensibilidad, la psiquis y los sueños. Como aquél, busca entender para qué ha venido al mundo, intenta comprender quién es Dios y requiere de una libertad que no esté subyugada a los designios marcados por entidades que no siempre comprende. No es extraño que, con postulados como los anteriores, Dan Brown plasme a través de su relato la idea de que los Illuminati tienen una vinculación luciferista, dado que buscan el conocimiento, defendiendo la supremacía de la ciencia por encima del dogma. Ahora bien, salvo contados casos, el luciferismo no recurre, como sí lo hace el satanismo, a la violencia y a la trasgresión de las leyes gubernamentales y civiles.

En la estela de la Revolución Francesa y las invasiones napoleónicas, la Europa del siglo XIX se convirtió en semillero de diversas sociedades secretas y grupos conspirativos, algunos de los cuales fueron decisivos en los grandes cambios políticos y sociales de dicho siglo.

La sociedad secreta de los Carbonarios, surgida en el sur de Italia durante la ocupación napoleónica, tenía como símbolo el carbón, al que veían como «capaz de purificar el aire y alejar de las estancias las bestias feroces». El movimiento Carbonario surgió en Napóles a comienzos del siglo XIX, llegando también a operar en Francia, Portugal y España. Su ideología básica era luchar contra las autoridades civiles y religiosas. Su creencia se basaba en alcanzar la libertad de acción más allá de lo que pudieran dictaminar los poderes establecidos. Se reunían en secreto en pequeñas chozas que recibían el nombre de «repúblicas». Sus miembros, pertenecientes a la clase alta y media alta, se organizaban en una jerarquía de logias que mantenían una estructuración paralela formada, por un lado, por la población civil, y por otro, por las fuerzas armadas. Aunque era una sociedad secreta que poseía raíces esotéricas, algunos de sus miembros tenían relación con la Masonería y los Illuminati, por lo que prácticamente el grupo Carbonario era una sociedad conspirativa de carácter político. 

Entre sus miembros más destacados se contaron Giuseppe Garibaldi, el gran luchador por la independencia y la unidad italiana; y Giuseppe Mazzini, mentor del anterior y fundador de la logia revolucionaria de «La Joven Italia», vinculada a otras sociedades libertarias conjuradas en la formación de «La Joven Europa». Dichas cons-piraciones quedarían plasmadas en una serie de cartas que mantuvo Mazzini con Albert Pike, el líder del Ku Klux Klan, tal como antes hemos indicado.

El origen de la Santa Garduña es legendario, y es anterior al surgimiento de los Illuminati. Se funda como un grupo guerrillero y político, también en cierta forma místico. Según su leyenda fundacional, tras la invasión árabe a España, San Apolinario, un devoto ermitaño, experimenta una visión de la Virgen de Córdoba. La aparición le advierte que la invasión de los musulmanes se debe a un castigo divino, por la dejadez y la falta de atención para con las obligaciones litúrgicas. La Virgen conmina a San Apolinario a que reúna en su nombre a personas de bien, que deberán dejarse guiar por la Biblia y tendrán la misión de atacar a los invasores árabes, a sus posesiones y sus familias.

Aunque la historia oficial sitúa al movimiento secreto de la Garduña en el siglo XIX, lo cierto es que existen crónicas que nos hablan de sus antecesores, actuando ya entre los siglos XVI y XVII como secretos colaboradores de la Inquisición, participando en las ejecuciones de árabes y judíos, y apropiándose de sus bienes. Los garduños usaban la Biblia como libro oráculo. Antes de planificar un ataque o tomar una decisión, abrían el libro sagrado al azar y buscaban en él una frase o pasaje inspirador, y después pasaban a la acción. En tiempos más modernos los garduños se erigen como un grupo político que persigue la resistencia contra la dominación napoleónica. Tras la retirada de los franceses, se convierten en una sociedad de corte liberal formada por miembros acaudalados e influyentes. Su poder e ingerencia eran notables. Tanto es así que en el año 1821 el gobierno del rey español Fernando VII detiene al Gran Maestre Francisco de Cortina, pretendiendo así descabezar a la Orden. El 25 de noviembre de 1822, Cortina es ejecutado en Sevilla, y junto a él, 16 mandatarios de la Santa Garduña. Este hecho provoca que los supervivientes de la persecución pasen a la clandestinidad y muchos de ellos huyen a América del Sur, donde reestablecen su Orden y colaboran en las revoluciones independentistas.

Está comprobada la influencia de la Masonería en la emancipación de buena parte de las colonias españolas. Partiendo de la base de que el masón Francisco de Miranda intentó una revuelta en Venezuela, que también eran masones los libertadores Simón Bolívar y José de San Martín, y que los masones Hidalgo y Castillo inician en 1810 el proceso de la independencia de México, cabe suponer que los miembros de la Santa Garduña estuvieron en estrecha colaboración con ellos, realizando cuantas acciones fueran oportunas para lograr sus fines.

Otra sociedad la constituyeron los llamados Poderosos Caballeros Negros. Se trata de una sociedad secreta que presuntamente bebió en las fuentes de los Illuminati y que tuvo ciertas vinculaciones con la Masonería. Era una orden fundada en el 1815 por un profesor berlinés, con el objeto de luchar contra la invasión napoleónica. De ser cierta esta historia que nos ha llegado, cabe preguntarse si es posible que hubiera masones entre sus filas, cuando el propio Napoleón estaba adherido a la logia masónica de Hermes.

Los Comuneros eran otra sociedad secreta que nació en 1821 en el seno de la Masonería, y que toma su nombre de los Comuneros castellanos que se alzaron contra el Emperador Carlos I en el siglo XVI. Los nuevos Comuneros afirmaban que el objeto esencial de su existencia era conservar, por todos los medios que tuvieran a su alcance, la libertad del género humano, y concretamente los derechos del pueblo español contra los abusos del poder, así como auxiliar a quienes por esa causa padecieran desgracias.

Los Conciencíanos se declaraban enemigos de la Iglesia. Aunque en teoría era una asociación de pensadores progresistas, todo parece indicar que en su interior se albergaba un grupo secreto de notable influencia librepensadora, que muchos han visto como satanistas en tanto negaban la existencia de Dios. En realidad se trató de un grupo protestante de influencia local, que en 1764 redactó en París unos estatutos bastante explícitos respecto de sus creencias. Declaraban la no existencia de Dios, ni tampoco la del Demonio. Los Concienciarios creían que era preciso despreciar a los miembros de la Iglesia, a los que consideraban manipuladores. Defendían que la ciencia y la razón debían reemplazar a los sacerdotes y magistrados. Su filosofía de acción era vivir honestamente, unido a una conciencia global del todo, dejando de lado lo que marcaban los libros sagrados, en especial la Biblia que, según ellos, estaba llena de «fábulas y contradicciones». Planteaban no dañar a nada ni a nadie, salvo que fuera preciso «dar a cada uno lo suyo y lo que en justicia le corresponda».

Los Decembristas fueron unos conspiradores aristócratas. De nuevo se trata de un grupo presuntamente secreto y de carácter local, aunque supuestamente influenciado por seguidores de la sociedad Illuminati. Estaba conformado por nobles revolucionarios rusos, que cuestionaban el absolutismo del zar y propiciaban una monarquía constitucional. A través de los grupos que fueron creando y de su poder económico, lograron escalar posiciones en la política rusa. El nombre proviene de la fecha de su primer levantamiento, el 21 de diciembre de 1825, para impedir el ascenso al trono del zar Nicolás II. Esta asonada fue duramente reprimida y la sociedad Decembrista se hizo todavía más oculta, sin embargo su actividad desde la sombra siguió latente. Fundaron varias sociedades secretas que dependían de la Orden, como por ejemplo «Sociedad del Norte», «Sociedad de los Eslavos Unidos» y «Sociedad del Sur». Se cree que más tarde se disgregaron en pequeños grupos conspirativos.

Los Hijos Blancos de Irlanda surge de un grupo local de conspiradores irlandeses cuyos primeros testimonios datan de 1761. Era una sociedad secreta que se había inspirado en la Masonería, tanto para su organización como para intentar alcanzar determinadas esferas de poder político. Tuvo dos ramas: una más contemplativa y especulativa, que hizo incursiones en el esoterismo y el espiri-tualismo iniciático; y otra mucho más dura, ansiosa de pasar a la acción en contra del poder establecido, para lo cual no dudaron en incendiar casas, derribar cercas y atacar a los grandes terratenientes. Por otra parte, desafiaban las normas religiosas impuestas, de-fendiendo la libertad del hombre por encima de los mandatos de la Divinidad.

Se ha culpado a las sociedades secretas de estar detrás de acontecimientos como la Independencia de Estados Unidos, de la Revolución Francesa, así como de los levantamientos que propiciaron la independencia de los países sudamericanos, de la Revolución Soviética, de las guerras mundiales, de la caída del Muro de Berlín y la Perestroika de Gorbachov, por no hablar de conflictos más recientes, como las crisis del Golfo Pérsico que han provocado las dos guerras de Iraq. Antes de afirmar que todos estos acontecimientos respondieron a tramas de las sociedades secretas y de sus intereses, deberíamos dejar un margen a la duda. Pero lo cierto es que los datos con que se cuenta hacen que sea poca la duda .

(Fuente: https://oldcivilizations.wordpress.com/)

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