domingo, 8 de febrero de 2015

UTOPÍA: EL MITO DE UN ESTADO PERFECTO (3ª parte)



Utopía no es sino la ciudad imaginaria organizada según la razón natural, un arquetipo, un modelo. Proyecta el sueño perfecto de la razón, concretándolo en un espacio y un tiempo conjeturales. Su mismo espacio es "utópico", un territorio remoto al que nadie llega, un "último lugar" del que algún marino curioso nos trae noticias. La misma etimología del término "Utopía" nos refiere la inexistencia de ese lugar, pues es un neologismo que deriva de dos palabras griegas, -ou (U), partícula negativa y -topos, que se traduce por "lugar".

"No hay tal lugar" traduce Quevedo en el prólogo a la edición expurgada -la literalidad del genio siempre se ha tenido por peligrosa, y más en nuestro país- que en 1627 hizo G. A. Medianilla de la obra de Moro.

"El país de Jauja", según Brueghel "el Viejo"
Llátzer Bria Perau propone una segunda posible significación del neologismo, señalando que el prefijo u- puede no ser tomado del adverbio ou, sino de eu-, que significa "bueno", con lo que Utopía -Eutopía- equivaldría a "buen lugar", tierra de la felicidad. Esta ambivalencia -no pretende Bria Perau denunciar una equívoca traducción, pues él mismo señala que el título provisional de la obra mientras estaba siendo redactada era el adverbio latino de lugar "nusquam", ninguna parte- sería un guiño, un juego semántico que Moro propuso a los espíritus cultos que leyesen su obra para incidir, a la vez que en la inexistencia presente de tal estado, en su posibilidad.

Utopía postula un mito necesario, una posibilidad que se proyecta hacia el futuro. De esta posibilidad hablaremos más adelante.

Con todo, la caracterización de "Utopía" como estado ideal que no cabe ubicar "in loco reali" está tomada de lo que Platón afirma de su "República", "estado cuyo plan hemos trazado y que solo existe en nuestro pensamiento; porque no crees que exista uno semejante sobre la tierra" (IX, 592 a), y en otro lugar, "ninguno (de los gobiernos actuales) conviene a la filosofía" (IV, 497). Emilio Lledó afirma que "lo que convierte en utopía a la utopía es la distancia".

Lo que no tiene lugar no tiene tampoco, ni tendrá, tiempo, postulan algunos. Así, Ferrater i Mora dice en su "Diccionario de filosofia": "... como lo que no está en ninguna parte no se halla tampoco alojado en ningún tiempo, la utopía es equivalente a ucronía". Es este un juicio precipitado, y su flaqueza radica en confundir la inexistencia en el presente con la inexistencia absoluta. Argüir que lo que no se da hoy no puede darse jamás es falaz; la experiencia histórica demuestra que lo que ayer era impensable hoy es cotidiano. Si la Utopía es irrealizable, ello no depende de ningún apriorismo derivado de su definición, de razones metafísicas, sino de razones antropológicas, es decir, de una incapacidad humana para lo ideal que parece ser la desesperanzada conclusión de un Platón cansado que, en su conocida Epístola Séptima, afirma: "... jamás las ciudades podrán despojarse de sus males, ni tampoco el género humano, según creo" (326 b).

(posesodegerasa)

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