viernes, 18 de abril de 2014

23-F 1981, LA HISTORIA DE TRES GOLPES DE ESTADO (2ª parte)



Los sectores nostálgicamente más reaccionarios, entre los que destacaron importantes facciones del Ejército, no tardaron en aclarar que no permanecerían pasivos ante “provocaciones” inaceptables, comenzando a reunirse clandestinamente y a conspirar ejerciendo de auténtica “espada de Damocles” sobre el Gobierno de la nación, hasta confluir en el 23 F, un jeroglífico muy difícil de desentrañar, si tenemos en cuenta que no fueron uno, sino hasta tres, los Golpes que pudieron sucederse en el tiempo, el tercero de los cuales (el que ha pasado a la Historia) fue una versión adelantada del segundo y que, además tuvo una doble variante.

Un “triple golpe” que es, sin lugar a dudas, uno de los "secretos" mejor guardados de los últimos 32 años de nuestra historia reciente, entresijos que dio a conocer, entre otros, el ex coronel Amadeo Martínez Inglés, expulsado del Ejército en 1990 tras acusar al Rey por su presunta participación en el Golpe de Estado del 23 F.

Un ex militar que aportó en su último libro “La Conjura de Mayo, la Rebelión de los generales franquistas”, todo lujo de detalles del “gran” Golpe que los militares ultraderechistas preparaban contra el Rey y contra la democracia para el 2 de mayo de 1981, publicación paralizada, según el autor, por las presiones ejercidas por la Casa Real, lo mismo que ya había ocurrido años antes con “La Transición vigilada”, (retirado del mercado 15 días después de haber sido publicado), y al que siguieron "Juan Carlos I, el último Borbón" y el “23 F, el golpe que nunca existió”, donde sostiene la tesis de la participación interesada de la Corona en el levantamiento, con la complacencia de las principales fuerzas políticas, denuncia tras la que ha solicitado repetidamente al Parlamento la inhabilitación del Rey, siendo el silencio la única respuesta obtenida.

LA CONJURA DE MAYO

Según la tesis de “La Conjura de Mayo”, la trama golpista preparada para el 2 de mayo de 1981, fue elaborada por mandos militares de alta graduación con el objetivo de derrocar al Rey (a quién consideraban un traidor) y sustituir el proceso democrático por una Junta Militar semejante a la del Chile de Pinochet, complot que tendría que haberse iniciado con la llamada “Operación Móstoles” y al que internamente se conoció como plan de “los coroneles”, (por su parecido con los levantamientos habidos pocos meses antes en Grecia y en Turquía) y cuyo éxito, inexcusablemente, tendría que contar con el apoyo de los altos mandos militares y, en modo alguno, de las formaciones políticas.

Por lo tanto, un Golpe inmovilista, “duro” y probablemente “cruento”, estaba preparado mucho tiempo antes del 23 F, un Golpe dispuesto por los generales más extremistas de la ultraderecha castrense que, paradójicamente, provocaría la puesta en marcha de otro Golpe que, para hacerlo más difícil todavía, paradójicamemnte fue concebido con la finalidad de impedir aquél.


Sin embargo, los conspiradores, no contaron con la posible oposición dentro del mismo Ejército, donde sectores más moderados, sabedores de que la conjura podría resultar inevitable, urdieron una estratagema, en forma de “contra golpe”, para impedir que aquel plan fructificase, ardid cuya finalidad era el mantenimiento del orden constitucional, con el Rey a la cabeza, operación que sería dirigida por un general de la confianza del Monarca llamado Alfonso Armada Comyn, secretario de la Casa Real hasta que, por razones de desconfianza con el Presidente Suárez, fuese destituido por éste en 1977.

LA "OPERACIÓN DE GAULLE"

Un Alfonso Armada que sería el “jefe” de esta operación y que, aunque nunca se ha podido demostrar, parece que fue también el “hombre del Rey” durante el 23 F (curiosamente, el mismo personaje que estaba ubicado detrás de Su Majestad el día de su Coronación); “contra-golpe” previsto para el 21 de marzo de 1981 y que recibió el nombre de “Operación De Gaulle”, por las semejanzas de la España de 1981 con aquella Francia de la 4ª República que, ante el riesgo cierto de guerra civil provocado por los sucesos de Argelia, se vió en la necesidad de “salvar” al país encomendando las más altas responsabilidades del Estado a un hombre respetado por todos: el mítico héroe de la Liberación, Charles de Gaulle.

Los “arquitectos” de esta operación, pensaron en el general Armada como el militar ideal para “tomar el poder” y presentarlo como el "salvador" de la Patria mediante una acción incruenta cuyo efecto principal sería el "secuestro" del Parlamento, aprovechando el “vacío” que provocaría la más que probable dimisión de un Adolfo Suárez que nunca aceptó este plan y que, presuntamente, habría sido consentido por el mismísimo Rey, quién fuertemente presionado, quería fuera del gobierno al primer presidente de la democracia española recién instaurada.

Sin embargo, lo que nunca “previeron”, ni los unos ni los otros conspiradores, fue la “sorpresiva” y “prematura” dimisión del presidente Suárez, una dimisión que les pilló, por sorpresa y a contra pié, y que provocó que los preparativos de la intentona prevista para esta fecha, tuvieran que activarse a toda máquina, cuándo aún ninguno de los ellos conocía con certeza los apoyos con los que contaba.

Y si la dimisión del presidente encendió las luces de alarma en todos los sediciosos, lo que ya les volvió “locos” del todo, fue la actitud del teniente coronel Tejero, cuando horas después de asaltar el Parlamento como parte del plan (incluidos la famosa ráfaga de disparos lanzados al recho del hemiciclo), rechazó el listado que el previsto como "salvador nacional", Alfonoso Armada, le presentó con los nombres del Gobierno de Salvación Nacional que él iba a presidir, presunto Gobierno en el que se encontrarían Felipe González, Solé Turá, Ramón Tamames o Enrique Mujica, entre otros, algo que fue rechazado de plano por el ex teniente coronel y que truncó los planes originales de la imtentona.

TEJERO VA POR LIBRE

Puesta en marcha la ya mencionada y muy preparada “Operación de Gaulle” para el 23 F, realmente el Golpe del 23 F propiamente dicho, no comenzó a gestarse hasta el momento mismo en el que Tejero, a última hora de aquella tarde, hizo saber al general Armada que no abandonaría el Parlamento y que sólo se sometería a las órdenes de Milans del Bosch tras conocer el anteriormente citado documenmto con los nombres del Gobierno de Salvación Nacional que iba a dirigir Armada; hasta ese momento pues, todo estaba previsto y bien previsto, pero Tejero, rompió la baraja.

Lo que parece claro es que, el “salva patrias” de Tejero, fue “engañado” y “traicionado” por los “ingenieros” de la conspiración, que le habían asegurado que la “toma” del Congreso, era el paso previo a la constitución de un Gobierno militar.

Por ello, hizo saber a la Cámara, minutos después del asalto, que era inminente la llegada de la “autoridad competente, por supuesto militar”, representada, presuntamente, por el "elefante blanco", la gran incógnita de todo el golpe, quien habría de otorgarle la apariencia de legitimidad de la que hasta el momento carecía. (Nota del "blogger": ¿Tal vez un reconocido cazador de elefantes?)

Pero el presunto “elefante blanco” dió “marcha atrás”, tras tener conocimiento de los disparos efectuados por los secuaces de Tejero al asaltar el Congreso, provocando que el general Armada, se viera obligado a personarse en Zarzuela y explicar al Rey lo que había sucedido, algo que quedó en un intento, pues el Monarca, a instancia de Sabino Fernández Campo, secretario general de la Casa Real, en vista de los acontecimientos, se negó a recibirlo para evitar verse involucrado en los “imprevistos” sucesos de la Carrera de San Jerónimo, aunque recibiendo, parece ser que instrucciones expresas, de acudir al Congreso y reconducir la situación y convencer al teniente coronel para que depusiera su actitud.

UN GOLPE TITUBEANTE

Retomemos la situación; asaltado el Congreso, el país sin Gobierno y al borde de “un vacío de poder” y con los diputados secuestrados, las circunstancias exigían constituir, urgentemente, “un gobierno provisional” formado por la Comisión Permanente de secretarios de Estado y de subsecretarios, a cuyo frente estuvo Francisco Laina, Secretario de Estado para la Seguridad, el político encargado de dirigirse al país para hacerle saber que, militarmente, la grave situación que se estaba viviendo se encontraba bajo control.

En este contexto, al no ser recibido el general Armada por el Rey, y ante el cariz que estaban tomando los acontecimientos, a éste no le quedó otra alternativa que pasadas las diez de la noche, hacer saber a Tejero su intención de formar un “gobierno de unidad nacional” a título personal y, según él, nunca en nombre del Rey, un gobierno que estaría presidido por él, que tendría como vicepresidente a Felipe González, y en el que “habría participación de todos los partidos políticos (incluido el Partido Comunista) con la sola excepción de los nacionalistas”.

El nombre de estos políticos, constaban, al parecer, en un documento con el que Armada se personó en el Congreso y que jamás ha podido ser recuperado, al igual que sucedió con el informe "Delta Sur" (que evaluaba la actitud de los mandos del CESID ante un posible triunfo golpista), varios edictos y otros tantos decretos, ya preparados, y que habrían sido difundidos en caso de haber triunfado el levantamiento.

Una propuesta, que Tejero calificó de “traición”, haciéndole saber que sólo se sometería a la autoridad del Capitán General de Valencia, Jaime Miláns del Bosch que ya había decretado allí el “estado de excepción” y sacado los tanques a la calle, hasta que a las dos de la madrugada, le fue ordenado por el Rey que retirase los 40 tanques y los 1800 hombres que había sacado a las calles de Valencia, así como el bando declarando el "estado de excepción".

A partir del momento de la dimisión del presidente Suárez, para desgracia del general y para infortunio del Rey, “la Operación De Gaulle” se tuvo que "adelantar", para luego trastocsrse con la actitud de Tejero ya reseñada, de manera que el Golpe inicialmente previsto para el 21 de marzo, se desnaturalizó, de forma que, a partir de ese momento, asistimos a un “descuadre” de tal magnitud, que pocas páginas de nuestra historia se han caracterizado por una ambigüedad tan descomunal, todavía, 33 años después, no del todo resuelta.

Nadie sabe, a ciencia cierta, qué es lo que sucedió dentro de aquel complejo entramado de improvisaciones múltiples llenas de incógnitas que muy pocos conocen, salvo los servicios secretos del Estado CESID y la embajada de los Estados Unidos en España y su Central de Inteligencia, la

Un rosario de claves sin desvelar que empezaron a sucederse pasadas las cuatro de la tarde de aquella histórica tarde, cuando 20 agentes de paisano del Servicio de Información de la Guardia Civil, a bordo de cinco coches camuflados con distintivos del CESID, “cerraron” los accesos al Congreso de los Diputados para “facilitar” la llegada de los vehículos militares con los hombres de Tejero, operación, que sólo fue posible, gracias a la decisiva participación, por un lado, de Javier Calderón, hombre clave en el complot y años más tarde Director del CESID desde 1996 hasta 2001, circunstancia que aprovechó para pedir el archivo definitivo del expediente del 23-F que calificó de “chapucero e improvisado”, y, por otro, del comandante José Luis Cortina, entonces Jefe de la Agrupación Operativa del CESID.

Intrigantes personajes cuya implicación en la conspiración trató de ser desvelada, sin conseguirlo, por el teniente coronel Emilio Alonso Manglano, nombrado por el Gobierno de Calvo Sotelo nuevo Director del CESID tras el Golpe, un José Luis Cortina que, años después, se permitió el lujo públicamente de amenazar con "hablar" en el mismísimo juicio a que se sometió a los sediciosos y desentrañar muchas cosas como lo sucedido con el atentado a Carrero Blanco.

Una toma del Congreso tras la que se desencadenó una pugna “diabólica” entre los partidarios de un Golpe “blando”, y los que deseaban un Golpe “duro” o “a la turca”, apoyado por el aparato mediático de “Los Almendros” y por importantes grupúsculos ultraderechistas, además de por importantes sectores del CESID.

Un auténtico complot, al que se puso “punto y seguido” la mañana del 24 de febrero, cuando el teniente general Gabeiras, Jefe del Estado Mayor de la Defensa, considerado, por muchos, como la “inteligencia” de la que se valió el Rey para “desmontar” la revuelta involucionista, recogió a la puerta del Congreso de los Diputados, la rendición de Tejero conocida como la “rendición del capó”, por haberse firmado sobre el capó de un vehículo militar, un argumento más que demuestra lo que fue esta sonora presunta chapuza que, en el fondo, no lo fue tanto.

LA AMBIGÜEDAD DEL MONARCA

¿Pero cuál fue el papel del Rey, desde el momento en que el general Armada fue informado de que no sería recibido en la Zarzuela?

Muchas son las conjeturas al respecto, que podrían sintetizarse en una frenética actividad consistente en infinidad de contactos con los más altos mandos militares del país con objeto de conocer, presumiblemente, con qué mandos podría contar, ante las variantes, no previstas, del complot que se había organizado.



En todo caso, sería a la 1 y 16 minutos de la madrugada del 24 de febrero de 1981, Su Majestad el Rey, vestido con uniforme de Capitán General, se dirigió al país, por radio y televisión, para dejar, inequívocamente claro, que la Corona estaba con la democracia y con el orden constitucional.

A partir de este momento, se amontonan las preguntas:

¿Por qué tardó el Rey más de siete horas en pronunciarse sobre lo que estaba pasando y en comparecer públicamente para decantarse a favor de la legalidad vigente?

¿Qué sucedió la noche del 23 F en el Palacio de la Zarzuela? ¿Se estuvo dilucidando la suerte de la Historia de España o tan sólo la salvaguarda de la Corona?

¿Qué estaba sucediendo, en aquellas primeras horas de la noche, tras la puerta entreabierta del despacho de Su Majestad el Rey? ¿Quiénes franquearon su entrada, además de Sabino Fernández Campo y sus más fieles colaboradores?

¿A qué estaba “jugando” el Rey? ¿Quizá manejaba una doble baraja, una por si el Golpe “blando” finalmente triunfaba y otra por si fracasaba, haciendo alarde de una ambigüedad propia de una institución históricamente especializada en aprovecharse de las circunstancias para su propio interés?

¿Por qué si el Rey había grabado su Mensaje a las 10 y 30 minutos, Televisión Española y Radio Nacional de España no lo emitieron hasta pasada la 1 de la madrugada? ¿Cuál fue la razón por la que Su Majestad no compareció en directo ante la Nación? ¿A qué estaba esperando el Rey con aquella injustificable demora? ¿Quizá a conocer el resultado de la gestión del general Armada proponiendo su programa de “unidad nacional” a los diputados?

Preguntas, cuya respuesta nunca ha sido aclarada suficientemente, y que abrieron una larga serie de especulaciones en torno a la posible y más que probable “implicación” del Rey en una conjura que, al fracasar, provocó, como efecto principal, que la Monarquía “ganase” el prestigio y “legitimidad” popular de la que, hasta entonces había carecido, hipótesis sobre la que el historiador, Isidro Juan Palacios, en su obra “El Rey y su Secreto” aporta datos reveladores que avalan esta tesis.

Presuntas implicaciones de la Corona en el Golpe que el entonces jefe de la CIA en España, Ronald Estes, desveló públicamente, al confirmar haber tenido informada a la Casa Real de las diferentes tramas golpistas que se estaban preparando. (al respecto, viene a colación recordar aquí que el mencionado jefe del espionaje norteamericano fue, curiosamente también, “espectador” de lujo en el alzamiento militar que provocó la caída del Rey Constantino de Grecia en 1967)

Al “torcerse” la “solución Armada”, grande fue la confusión que rodeó, no sólo al Rey, sino también a no pocos Capitanes Generales como fueron los casos de Ángel Campano, en Valladolid, o el de De la Torre Pascual en Palma de Mallorca, quiénes se negaron durante horas a hablar con el Rey, sin olvidar el de Pascual Gálmez, en Barcelona, animando a dar un “escarmiento” a los diputados.

¿Y qué decir de Miláns del Bosch, teniente general del Ejército y Capitán General de la III Región Militar, único de los altos mandos militares que se sumó al Golpe del 23 F, pese a su vocación monárquica y profundo sentido de la lealtad, al declarar el estado de excepción en Valencia 15 minutos después de ser asaltado el Congreso y sacar los tanques a la calle para, en nombre del Rey “salvaguardar del orden constitucional”?

¿Qué quiso decir en el telex enviado al Rey donde decía, textualmente, “después de este mensaje no puedo volverme atrás”?.

¿Por qué y a cambio de qué, el resto de los mandos militares dejaron “solo” a Miláns del Bosch, quién, pese a sentirse “abandonado”, no ordenó el repliegue de las tropas a los cuarteles hasta minutos después del mensaje del Rey, ni dejó sin efecto las medidas excepcionales, por él mismo decretadas, hasta las 5 y 45 minutos de la madrugada del 24 de febrero?

Aunque oficialmente, se haya mostrado a Miláns como el principal “cabecilla” de la rebelión, no parece claro si fue realmente un conspirador, o más bien, un general leal al Rey y “traicionado” por éste, un Miláns llamado a ejercer, en los planes iniciales del “segundo golpe”, una misión semejante al del general Primo de Ribera en 1923.

¿Qué contenían las grabaciones con la conversación mantenida por el Rey con su padre Don Juan de Borbón “Conde de Barcelona”, y que según el coronel Perote, “eran pura dinamita”, en palabras del entonces ministro del interior Juan José Rosón?

¿Quizá alguna grave acusación del “Rey sin Corona” hacia su hijo por su excesivo compadreo con sectores del “Ejército franquista”, a cuya sombra estaba consolidando su poder?.

¿Por qué si, “oficialmente”, el Golpe había pillado por sorpresa a la Corona, las líneas telefónicas del Congreso con el Palacio de la Zarzuela saturaron su centralita? ¿No es lo primero que se hace en un “levantamiento” militar “aislar” y “bloquear” todos los puntos neurálgicos empezando por el de la Jefatura del Estado, tal y como tenía previsto el Golpe del 2 de Mayo? ¿Por qué no se hizo entonces esto con la Zarzuela y con el Congreso?

No olvidemos que, aunque hayan pretendido hacernos creer que la cesión de los derechos dinásticos, en favor de su hijo Juan Carlos por Don Juan de Borbón, fue un acto de “generosidad histórica”, cabría preguntarse: ¿no sería más bien un tributo más que hubo que “pagar” a la larga sombra del innombrable, para poder “controlar” así al hijo de quién debería haber reinado con el nombre de Juan III de España? ¿Fue una casualidad que un hecho histórico de tanta trascendencia como una abdicación, tuviese lugar casi a “oscuras” aquel 15 de mayo de 1.977, sin que se le prestase la atención mediática que merecía y sin apenas presencia institucional? ¿Por qué motivo el “Sistema” seguía temiendo todavía la presencia de Don Juan de Borbón? ¿Por qué la primera llamada telefónica cursada desde Zarzuela, tras la toma del Congreso, fue para el general Armada, “el hombre del Rey”, que sólo fue “abandonado” por éste cuando Tejero trastocó los planes previstos, llegando incluso, 24 horas después de fracasado el Golpe, a calificar al general Armada como “el mayor de todos los traidores”? ¿Quién traicionó a quién?

Prueba de que altos mandos del Ejército conocían y consintieron la llamada “solución Armada”, la encontramos en la llamada telefónica efectuada por el general Juste (Jefe de la División Acorazada Brunete y unidad “estrella” del Ejército español cuya misión era “tomar Madrid” si el Golpe prosperaba), a Sabino Fernández Campo para conocer si Armada se encontraba en la Zarzuela, a lo que Sabino respondió: “ni está ni se le espera”, respuesta con la que aquellos empezaron a comprender que la conspiración estaba en vías de fracaso, unas palabras que se convirtieron en una de las claves secretas de la conspiración, sin que jamás hayan sido aclaradas suficientemente.

Por otra parte, el levantamiento tuvo, necesaria e inexcusablemente, que contar con el apoyo de una importante “trama civil”, sin que 32 años después, haya sido encausado más que un único implicado vinculado a un sindicato ultraderechista, Juan García Carrés.

¿Por qué no se “tiró de la manta” para desmontar una trama cuya prueba principal encuentra su fundamento en los muchos comandos “ultras” preparados para salir a las calles del país tan pronto el Golpe hubiese triunfado?

Continuará.....

(Fuente: http://laventanaesmeralda.blogspot.com.es/)

1 comentario:

  1. AMIGOS A QUE VIENE TANTO BOMBO ? VOSOTROS SOIS LOS TESTAFERROS DE LAS CASTUZAS AVALAIS ASU HOMBRE DE PAJA , LOS DNI Y DEMAS DOCUMENTACION CON VUESTROS NOMBRES PLAGIADOS EN LETRAS MAYUSCULAS . HOMBRE DE PAJA TESTAFERRO ES EL SISTEMA TRADICIONAL DE LA DELINCUENCIA FINANCIERA _ VUESTROS NOMBRES DORMIDOS SON EN MINUSCULAS DE LA LEY NATURAL , TODO LIBRE DE IMPUESTOS TRIBUTOS A LAS CASTUZAS . POR FAVOR DESPERTAR POR EL BIEN DE VUESTRAS FAMILIAS _ELLOS EL SISTEMA DEL HOMBRE DE PAJA NO PUEDE DAR UN SOLO PASO SIN VUESTRO AVAL LAS MAYUSCULAS DE VUESTROS NOMBRES ._ ATENTAMENTE LOS SOBERANOS DE LA LEY NATURAL .

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