viernes, 15 de noviembre de 2013

UN TESTIMONIO DELIBERADAMENTE IGNORADO POR EL JUEZ EXCULPA AL ÚNICO CONDENADO POR EL 11-M


Zbakh, el hombre cuyo testimonio exculpa a Zougam.
La noticia que ayer saltó a los medios de comunicación supone un giro de 180 grados a la "verdad oficial" consensuada por PP y PSOE para salvar la cara ante los ciudadanos por sus responsabilidades en la mayor masacre habida en España después de la Guerra Civil: las tarjetas telefónicas con las que se nos dice que se activaron las bombas de los trenes no fueron vendidas por Jamal Zougam, sino por un empleado suyo, quien ya había informado de ello al juez instructor del caso, Juan del Olmo. Su testimonio fue ignorado en lo que constituye un flagrante delito de negligencia, ocultación de pruebas y obstrucción a la Justicia -además de posible prevaricación- del que Del Olmo debería responder.

Zougam fue inculpado como autor material de la colocación de las bombas por el más que dudoso testimonio de dos mujeres rumanas a las que su declaración supuso la obtención de numerosos beneficios, empezando por el económico: recibieron cuantiosas indemnizaciones como víctimas de los atentados cuando previamente habían sido rechazadas como tales (solo se admitió esta condición cuando se avinieron a apuntalar la versión oficial). A cuenta de aquel enjuague, Zougam lleva 9 años en prisión incomunicada, sin haberse doblegado a admitir una responsabilidad inexistente en la trama -o tramas, como sabe todo aquel que ha investigado- del 11-M, algo que le hubiera reportado una mejora de su situación. A la luz de la  revelación que ahora hemos conocido debería ser inmediatamente puesto en libertad, puesto que nada puede relacionarle con la matanza.

La versión oficial, sencillamente, se ha desmoronado. Es el momento de plantear las preguntas a las que el juicio de la Casa de Campo dio respuestas falsas, improvisadas y tramposas.

Tal como este blog ha expuesto en los dos últimos años, la masacre del 11-M solo fue posible por la colaboración activa de los servicios secretos españoles, que habían convencido al PP en el gobierno de poder "regalarle" inmediatamente antes de las elecciones del 2004 el doble triunfo de descabezar a ETA y de presentar a la opinión pública el éxito policial de haber desbaratado un atentado de las mismas proporciones que el planeado con la "caravana de la muerte" abortada tres meses antes. De hecho, el "modus operandi" previsto por Interior era el mismo: bombas en trenes activadas mediante teléfonos móviles (en diciembre el objetivo iba a ser la estación de Chamartín, en marzo el escenario sería la línea Guadalajara-Madrid Atocha).

El gobierno dejó hacer, convencido de tener el control de la situación. Solo que no lo tuvo, y el atentado que "se iba a abortar" les explotó en la cara.

A partir de aquel momento, la situación se convirtió en una innoble competición entre PP y PSOE por ver quién podía construir más rápidamente una versión de los hechos que convenciera a la opinión pública: la derecha se aferraba a la versión ETA, la llamada "izquierda" a Al Quaeda, aunque al final se conformaron con la idea de un grupúsculo islamista simpatizante de aquella. La aparición de pruebas pre-fabricadas como la furgoneta "Renault Kangoo" (incapaz de transportar a todos los "suicidados" de Leganés, por lo que se le agregaría el "Skoda Fabia" aparecido de la nada meses después) o la "mochila B", improvisada a toda velocidad-dado que la "A" fue hecha explotar por los artificieros- para apuntar en la dirección islamista, más los testimonios pagados a precio de oro demostraron la mayor eficacia del sector policial afín al PSOE, que consiguió incluso hacer desaparecer todo resto de las bombas que estallaron en los trenes -imposibilitando el demostrar que lo que explotó no fue dinamita-, algo por lo que no solo nadie fue inculpado, sino que supuso el ascenso posterior de los responsables. Incluso los portavoces socialistas -con Zapatero a la cabeza- fueron modificando sobre la marcha la tramposa explicación, pasando de la versión del atentado suicida a la del atentado "teledirigido". Ya se encargaron luego de "suicidar" a los cabezas de turco que cargarían, obviamente sin derecho a defensa y a un juicio justo, con las culpas ante la opinión pública, unos desideologizados traficantes al por menor y confidentes policiales presentados como fanáticos ultra-islamistas. Caso cerrado, y a disfrutar del poder tan mezquinamente adquirido (y tan irresponsablemente ejercido).

Lo que se nos contó en el juicio del 11-M tiene componentes tan delirantes como la visita del "Chino", el terrorista que supuestamente va a cometer el mayor atentado de la historia de Europa, a la tienda de móviles donde compró el día anterior las tarjetas que presuntamente va a usar, para quejarse de que una no tiene saldo. Tendría gracia si no fuera porque dias después le iban a hacer desaparecer para poder inculparle, sin derecho a réplica, a cuenta de una compra absolutamente ajena a la matanza.

Todo lo que se nos ha contado es mentira. Todo obedece a ocultar las responsabilidades que, por acción u omisión, tienen los dos principales partidos del panorama político español, indignos de la menor confianza por su gestión vergonzantemente oportunista de la masacre, de la que ambos quisieron obtener réditos aunque, como era inevitable, solo uno lo consiguió. A la larga, ambos ganaron con el pacto de la ocultación, porque un pacto de silencio fue lo que suscribieron en su mezquino beneficio, y en contra de la gente que, para estos miserables, es sólo carne de cañón, corderos sacrificables en aras de sus innobles intereses.

Y sobre todo, si nos importan la dignidad y la verdad, por dolorosa que sea, hay que retomar la pregunta de la que, hace nueve años y medio, se nos escamoteó la respuesta:

¿Quién ha sido?

La respuesta, que empezamos a intuir, es extremadamente incómoda para quienes todavía confíen en sus gobernantes.

Pero la vida, tarde o temprano, nos sitúa en la tesitura de elegir entre la verdad que duele y la mentira que consuela.

Querido lector, si has leído este artículo hasta aquí, ¿eliges la píldora roja o la píldora azul?

(posesodegerasa)

2 comentarios:

  1. Lo que mas me da coraje es que la gente se creyó toda esa sarta de mentiras y a día de hoy no intentes contradecir la versión oficial porque te crucifican. Pena me da.

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  2. Mucha gente ha renunciado a su derecho a pensar por sí misma y se lo ha cedido a los políticos y a los medios de desinformación masiva. Prefieren la tranquilidad a la racionalidad. Y la cobardía moral de no querer saber da vergüenza.

    El 11-M fue un punto de inflexión en la historia de nuestra mal llamada democracia, un autogolpe de estado del sistema, para el que, como en el 23-F, se ha construido "a posteriori" la versión de los hechos que más convenía al poder. Solo que en este caso es tan chapucera que hace aguas por todas partes, empezando por esa mochila de Vallecas salida de la nada 18 horas después del atentado y que ni estaba preparada para estallar ni se correspondía con lo que explotó en los trenes (llevaba gran cantidad de metralla, cuando las autopsias revelan que en los trenes no hubo metralla, cosas de las prisas por fabricar "pruebas" a todo correr).

    Un saludo.

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