sábado, 7 de julio de 2012

PHILIP K. DICK, ¿PARANOIA O LUCIDEZ? (1ª parte)


Es, probablemente, el escritor de ciencia ficción más reconocido de la segunda mitad del siglo XX, y el que ha inspirado el cine más rompedor de las últimas décadas ("Blade Runner", "Desafío total", "A Scanner Darkly", "Minority Report", ...). Tras de su extraordinaria fantasía se esconde una visión del universo que desafía nuestras creencias más arraigadas. Tal como relata Enmanuel Carrere en su biografía de este visionario -al que se ha llamado el "Jorge Luis Borges de la Sci-Fi"-, titulada "Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos", un enigmático episodio, en el que recibió una "invasión mental cósmica", marcó su vida e hizo que creyera que el mundo en el que vivimos es un simulacro, desarrollando toda una teología de la "gran ilusión cósmica". La publicación de su monumental obra póstuma, "The Exegesis" refiere este episodio y presenta las inquietantes conclusiones que Dick extrajo de él.

Hace algunos meses se publicó The Exegesis, la obra póstuma de Phillip K. Dick, de más de 900 páginas, en donde el que actualmente es el escritor de ciencia ficción más popular de Hollywood (y quizás pase por ser el más importante en la historia del género), explora y reflexiona sobre un intrigante episodio que le ocurrió en 1974 y del cual se deriva (y cifra) su teología. Estas meditaciones metafísicas, que no fueron escritas para ser publicadas, constan de más de 9,000 páginas, las cuales fueron editadas para componer una obra relativamente digerible.

La teología sobre la que devanea K. Dick es, como quizás sea obvio para sus lectores, una espectral madeja de paranoia y lucidez que, más allá de explorar una veta un tanto radical (y alucinatoria) del cristianismo, se centra en la preocupación central de la obra de este escritor estadounidense: qué es la realidad. Este cuestionamiento, que ha sido abordado también por Borges, Baudrillard, Hume y los filosófos presocráticos, encuentra en K. Dick a uno de sus más profundos inquisidores.

El 20 de febrero de 1974, Phillip K. Dick vivió un acontecimiento —que  alguna vez describió como una invasión mental cósmica— en el que, aparentemente, un rayo láser rosa le disparó una corriente de conocimientos arcanos.

Ese día de febrero de 1974, justo la semana en la que se había publicado la novela "Fluyan mis lágrimas, dijo el policía", Dick fue al dentista a que le quitaran las muelas del juicio bajo los efectos del tiopentato de sodio. Pocas horas después se halló sufriendo un dolor extremo en su casa. Su esposa habló a la farmacia a pedir analgésicos. Tocaron a su puerta y, según relata, K.Dick sintió la necesidad de abrir él mismo pese a que estaba sangrando y dolorido. La chica de la farmacia llevaba puesto un collar brillante con un pez dorado en el centro. Este pez "hipnotizó" a Dick, quien le preguntó a la chica: “¿Qué significa?”.

"La chica tocó el pez dorado resplandeciente con su mano -relata- y dijo :”Es un símbolo usado por los primeros cristianos”. Luego me dio mis medicamentos. En ese instante, mientra volteaba a ver el símbolo del pez brillante y oía sus palabras, experimenté de súbito lo que luego descubrí se conoce como anamnesis, una palabra griega que significa, literalmente, “superación del olvido”. Recordé quién era y dónde estaba. En un instante, en un parpadeo, todo regresó a mí. Y no solo podía recordarlo: lo podía ver. La niña era una cristiana secreta y yo también. Vivíamos con miedo de ser descubiertos por los romanos. Teníamos que comunicarnos con signos crípticos. Ella me había dicho esto y era verdad".


Phillip K. Dick viviría el resto de su vida, hasta 1982, obsesionado por este episodio que incluiría una serie de comunicaciones telepáticas durante el mes siguiente. De aquí se desprende su extraña cosmogonía, que si bien ya había sido esbozada en muchas de sus obras previas, toma un cariz radical y se afianza en su teoría de que la realidad en la que vivimos es un simulacro. En su ensayo How to Build a Universe That Doesn’t Fall Apart ("Cómo construir un universo que no se desmorone") explica:

"La respuesta a la que he llegado tal vez no sea la correcta, pero es la única que tengo. Tiene que ver con el tiempo. Mi teoría es esta: en algún sentido fundamental: el tiempo no es real. O quizás sí sea real, pero no como lo experimentamos o como imaginamos que lo es. Tuve una aguda y abrumadora certidumbre (y todavía la tengo) de que pese a todo el cambio que vemos, un paisaje específico permanente subyace al mundo del cambio: y este paisaje invisible subyacente es el de la Biblia; es, específicamente, el periodo inmediato a la muerte y la resurrección de Cristo; es, en otras palabras, el tiempo del Libro de  los Hechos".

Puede parecer un tanto delirante que un escritor ahora tan reconocido, y cuyas historias alimentan el cine y la televisión cada vez más, creyera que en realidad estamos en Judea, inmóviles (como el Ser de Parménides), 2000 mil años atrás. Phillip K. Dick era consciente de esto y muchas veces buscó desestimar esta espisodio visionario —que siempre persistió como un enigma. Lo transmutó en ficción en la que para algunos es su obra maestra, VALIS, novela en la que el rayo láser que percibió dispararse del collar de la repartidora de fármacos se vuelve el rayo láser satelital que usa la computadora cósmica para proyectar hologramas y transmitir información en la Tierra, manteniendo también la ilusión temporal. El sueño eléctrico de la divinidad de K. Dick, novelado, en el que esta divinidad informática que proviene de Sirio se comunica con él para revelarle lo que podríamos llamar los intersticios de la Matrix.

Dick escribió en Exegesis:

"Parece que somos bucles de memoria (portadores de ADN capaces de experiencia) en una sistema computacional pensante en el que, aunque hemos correctamente grabado y almacenado miles de años de información experiencial, y cada uno de nosotros posee depósitos un tanto diferentes de todas las otras formas de vida, hay un mal funcionamiento —una falla— en la recuperación de la memoria".

Tenemos aquí una clara muestra de la anamnesis que es clave en el sistema filosófico-religioso de K. Dick y la cual equivale a la gnosis platónica: saber es recordar. Recordar quiénes somos, intuye K. Dick, es ver más allá del simulacro, acceder a la esencia intemporal que participa en el Logos (el Logos que es “aquel que piensa, y aquello que se piensa: el pensador y el pensamiento juntos”; Dick cree, como cierta corriente en la física cuántica, que la información es el constituyente primordial del universo). Asimismo, la conciencia de que somos proyecciones holográficas o seres ensoñados nos abre la puerta a ser el proyector de hologramas y el soñador.



(Tomado de http://pijamasurf.com/2011/12/el-mundo-es-una-ilusion-la-teologia-de-phillip-k-dick/)

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