viernes, 10 de febrero de 2012

¿HA SIDO EL 15-M UN EXPERIMENTO DE INGENIERÍA SOCIAL? (1ª parte)

Con la perspectiva que da la distancia, solo cabe concluír que la explosión aparentemente espontánea de la pasada primavera fue infiltrada y re-conducida por expertos -muchos de ellos desenmascarados con sus nombres y apellidos en otros blogs- entrenados en la desactivación de movimientos revolucionarios. No solo se trató de abrir de forma controlada una válvula de escape al descontento social, sino de utilizarlo hábilmente al servicio de los fines de la dictadura económica. El siguiente artículo analiza el modo en que el movimiento 15-M fue instrumentalizado al servicio de los intereses de la Élite.

“Sólo una crisis, real o percibida como real, permite un auténtico cambio”. (Milton Friedman, padre intelectual del neoliberalismo)


En las sociedades de economía capitalista o economía de libre empresa, donde el dinero es el regulador de las relaciones sociales (sistema monetario), el único objetivo de quienes ostentan el poder fáctico, que no son precisamente los líderes políticos o gobernantes, sino aquellos que detentan el poder económico, es el de la consecución de, cada vez, mayores tasas de ganancia, a través de una mayor explotación de las grandes mayorías (reducción de salarios, aumento de precios de bienes básicos, desprotección social…) independientemente de que esto pueda ser perjudicial para el bienestar de éstas. El fin último es el de aumentar su poder y consolidar su posición de clase dominante. Si no se tiene clara esta obsesión enfermiza de las élites dominantes por una incesante acumulación de poder, nunca conseguiremos realizar un análisis correcto de la sociedad capitalista.

Para conseguir los citados objetivos, el poder se dio cuenta de que la sola utilización de la fuerza no era suficiente y que debía de recurrir a técnicas de persuasión de masas, para que éstas aceptasen voluntariamente su condición de dominados y la posición dominante de una élite minoritaria. El propio Napoleón llegó a decir “¿Sabes lo que más me divierte de todo? La impotencia de la fuerza para organizar las cosas”. En este sentido, la religión, que tan útil había sido durante tantos años a reyes y aristócratas para someter la voluntad de sus súbditos, ya no era suficiente (aunque seguía siendo de gran ayuda) para edificar las modernas sociedades industriales esclavistas, y, por lo tanto, eran necesarias otras técnicas de persuasión o manipulación de las conciencias.

Así nació la ingeniería social “intento de recabar el apoyo del público para una actividad, causa o movimiento a través de la aproximación, la persuasión y la información”. Una ciencia, en la que el poder invirtió multimillonarios esfuerzos para su desarrollo y perfeccionamiento, pues había mucho en juego, nada menos que el control de toda la humanidad y del mundo.

La ingeniería social tuvo y tiene como objetivo fundamental convencer a las grandes mayorías de la población sobre la necesidad de adoptar hábitos y formas de vida que, independientemente de que puedan ser perjudiciales para ellas (hacinamiento de la población en grandes urbes para su explotación y alejamiento de los seres humanos de formas de vida más naturales y más sanas), son altamente rentables para que un pequeño grupo ejerza un poder absoluto y caprichoso sobre dichas mayorías y sobre el conjunto del planeta.

Para la consecución de sus objetivos, la ingeniería social construye fenómenos sociales, que moldea, desarrolla y convierte en masivos a través de la basta red de medios de comunicación de masas (televisión, radio, prensa, cine, internet, etc), propiedad de la clase dominante (oligarcas capitalistas), con el apoyo de otras instituciones estatales a su servicio (judicatura, policía, ejército, etc).

De este modo ha hecho, por ejemplo, que la amenaza terrorista sea una de las mayores preocupaciones de toda la humanidad, a pesar de que existan menos posibilidades de fallecer por un acto de terrorismo que de ser alcanzado por un rayo, dejando en un segundo plano otro tipo de muertes antinaturales como los accidentes laborales, los accidentes de tráfico o los suicidios, a pesar de ser todos estos tipos de muerte, infinitamente superiores al de las muertes por terrorismo y consecuencia directa del deshumanizado modelo de vida industrial capitalista. El objetivo buscado con este fenómeno de ingeniería social, conocido con el nombre de terrorismo, es el de llevar a la mayor parte de la población a la búsqueda irracional (motivada por una sensación de miedo permanente) de un líder protector, al que entrega su libertad a cambio de seguridad, asegurándose con ello la continuidad y el fortalecimiento de las sociedades industriales capitalistas.

El movimiento 15-M o movimiento de los indignados es otro claro ejemplo de un fenómeno social, construido según las leyes de la ingeniería social.

Existen múltiples pruebas de ello, desde la vinculación de multitud de personajes que han contribuido a su formación y extensión (Enrique Dans, Martin Varsavsky, Eduardo Punset, Federico Mayor Zaragoza, etc) con la oligarquía capitalista, pasando por las técnicas de propaganda empleadas, típicas del marketing publicitario capitalista (mensajes cortos y fácilmente asimilables por el mayor número de personas posibles, como Democracia Real Ya o No Les Votes, un principio típico de la propaganda goebbeliana), hasta el descarado apoyo y colaboracionismo de las instituciones capitalistas con el movimiento (difusión de las convocatorias y actos a través de los medios de comunicación de masas, facilidades de los ayuntamientos para dotar de electricidad y otros servicios a las acampadas, permisividad absoluta para desarrollar actos públicos nunca antes concedida a ningún otro colectivo ciudadano, etc). Por otra parte, las críticas de la extrema derecha mediática y los diferentes actos de violencia policial (también ampliamente difundidos), han tenido como objetivo reforzar la apariencia popular e independiente del moviendo, para aumentar su credibilidad ante el gran público.

Todo esto es fácilmente apreciable para las mentes abiertas, tras un rápido análisis, el problema aparece cuando tratamos de buscar su verdadero objetivo. ¿Qué pretenden con ello?

Según algunos, el objetivo es canalizar el creciente descontento social, provocado por la crisis económica, hacia caminos asumibles por el sistema, mediante la creación de un movimiento de disidencia controlada, que tendría como objetivo neutralizar las protestas, para que todo siguiera igual. Otros van más lejos y aseguran que el verdadero propósito de las revueltas de los indignados no es sólo el de contemporizar, sino, más bien, el de revolucionar y transformar las actuales estructuras sistémicas, para conseguir un cambio favorable para los intereses de las clases dominantes.

(Fuente: http://antimperialista.blogia.com/2011/061901-el-15m-un-producto-de-ingenieria-social-para-impulsar-la-revolucion-minarquista..php)

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