lunes, 6 de febrero de 2012

EL PAPEL DEL REY EN EL INTENTO DE GOLPE DE ESTADO DEL 23-F

El presunto golpe cesó muy pronto. A las pocas horas de iniciado, el rey Juan Carlos I, vistiendo el uniforme de Capitán General, salió por televisión y en un corto pero firme discurso condenó la asonada, ratificó la democracia española y ordenó a los rebeldes que depusieran su actitud, lo que éstos acataron de inmediato. Desde ese momento la figura del monarca pasó a ser poco menos que idolatrada, y la monarquía aceptada sin condiciones hasta por los que hasta ese momento abominaban de ella, o al menos estaban en desacuerdo y preferían una república parlamentaria sin ninguna realeza en el medio.

Entre muchos analistas del tema –que quedó sepultado con el paso del tiempo- persisten aún hoy no pocas dudas. Les resultan extrañas algunas operaciones en un golpe como el que aparentemente quería concretarse: ¿por qué Milán del Bosch sacó los tanques en una ciudad alejada como Valencia en lugar de hacerlo en un centro neurálgico del poder como Madrid?; ¿por qué no se tomó, por ejemplo, el Palacio de la Zarzuela y se dejó totalmente libre al rey, y sin cortarle las vías de comunicación con el exterior para dejarlo totalmente aislado?; ¿por qué se dejó salir del edificio de la RTVE (Radio y Televisión Española) al equipo que se dirigió a la residencia real para grabar el discurso de Juan Carlos, cuando el lugar estaba tomado por uno de los grupos rebeldes?.

Son muchas más las dudas que sobrevuelan sobre este hecho, entre las que se incluye el tenor que pudieron haber tenido algunas conversaciones telefónicas entre el rey y el principal jefe rebelde, el general Alfonso Armada, que casualmente había sido ascendido a segundo jefe del Estado Mayor por el propio rey, aún en contra de la opinión del entonces primer ministro Adolfo Suárez, y que se entrevistó varias veces con Juan Carlos, la última seis días antes del golpe.

El libro “Un rey golpe a golpe”, escrito bajo el pseudónimo de “Patricia Sverlo”, nombre que según algunos podría encubrir a un grupo de periodistas de izquierda y para otros al coronel comunista Amadeo Martínez Inglés –libro que dicho sea de paso está absolutamente prohibido en España y sólo podría conseguirse por encargo en ciertos lugares de la región vasca-, revela que durante el juicio que se llevó a cabo contra los militares insurrectos, todos defendieron la postura de que habían actuado por “obediencia debida” al rey, sosteniendo que éste estaba al tanto de todo y que participó en el plan a desarrollar. Todos excepto el general Armada, quien mantuvo su lealtad al monarca en un pacto de silencio. Antes del juicio, el militar le había enviado a Juan Carlos una carta en la que le pedía “por el honor de mis hijos y de mi familia, permiso para utilizar una parte del contenido de nuestra conversación, de la cual tengo nota puntual”, aludiendo a la conversación que habían mantenido pocos días antes del golpe. Pero el rey nunca le concedió ese permiso.

De esa manera la monarquía se convirtió en intocable, y el rey accedió para siempre a su papel de "salvador de la democracia y la libertad". Muy probablemente en complicidad, para arribar a ese fin, con un grupo de militares a los que utilizó y luego abandonó a su suerte. Aunque para algunos también habría tenido importante participación, si no la principal en realidad, la reina Sofía, planificando este hecho ante la amenaza de vastos sectores del país que, de manera cada vez más insistente, venían bregando por el fin de la monarquía y la instauración de una nueva República.

(Fuente: http://odiseaazul.blogspot.com/2011/02/los-negocios-de-juan-carlos-de-borbon.html)

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