sábado, 3 de diciembre de 2011

LA ECONOMÍA, EL ROBO Y LA FE, UN CÓCTEL EXPLOSIVO LISTO PARA SER SERVIDO EN FORMA DE CRISIS

"Todo rico es un ladrón o heredero de un ladrón" es una máxima enunciada no por ningún teórico del anarquismo ni ningún radical antisistema, sino por uno de los Padres de la Iglesia: San Agustín (354 - 430). El sabio africano pone el dedo en la llaga de lo que fundamenta toda actividad económica, que no es otra cosa que el robo. El hombre roba aquello que, real o figuradamente, necesita. Roba su sustento a la tierra, a los irracionales o a sus semejantes.

Se que habrá quien considere estas líneas un dislate absoluto, pero probablemente en su rechazo esté hablando un afán justificatorio que, más que descalificar mi tesis, la refuerza. No se trata de que lo que exceda a la necesidad sea hurtado al mundo, es que incluso lo necesario es arrebatado. Robamos su vida a los animales que comemos, robamos sus frutos a la tierra, ..., nos vemos forzados por nuestra propia naturaleza a una actividad depredatoria contínua. Arrebatar a lo Otro nuestro sustento es la base de la supervivencia humana.

Constatada esta violencia constitutiva, es la actitud con la que la asumimos lo único que puede fundamentar una moral exculpatoria, ésa que se da en la tribu primitiva que invoca al espíritu del animal que se va a cazar, a quien se le "explica" la razón de su sacrificio y a cuyo espíritu sagrado se rinde homenaje. Los aborígenes australianos refieren que hubo un tiempo en que esta expiación previa a la caza provocaba que el animal a cazar entregara voluntariamente su vida a sus cazadores, en un acto trascendente de aceptación. Las pinturas primitivas de las antípodas y de nuestra prehistoria documentan esta magia simpática que nos vincula con la presa y que nos reconciliaba simbólicamente con una eucaristía elemental. Robábamos la vida de una víctima propiciatoria, pero respetábamos su divinidad.

Solo cuando existe la economía del excedente, de lo que no consumimos puntualmente sino que guardamos en previsión de un futuro incierto, se abren las puertas de la codicia. Quien más guarda aparece como más poderoso. La economía nace como gestión de lo excedente, tasado en un valor que primero es intuitivo (economía del trueque) y luego se traspone a algún tipo de metal depositario del valor. La moneda se acuña en metales preciosos que, hasta ayer mismo, han sido los garantes de la riqueza real por ella representada. Los templarios trajeron de Oriente el pagaré como sutituto de la moneda, y hemos visto después del papel-moneda el dinero de plástico, donde una banda magnética grabada es la llave que abre el acceso a la posibilidad de comerciar. Nuestra relación con el dinero se ha vuelto progresivamente abstracta, hasta el punto de que hoy el dinero es una sucesión de datos codificados en código binario que fluctúan al compás de infinitas operaciones fuera de la comprensión de nuestros primitivos cerebros. La cómica imagen, fijada por Disney, del ávaro Tío Gilito arrojando monedas sobre su cabeza es, a menos de cien años de su creación, una entelequia entre melancólica (por lo anticuada) y romántica. El elemento significante del dinero (los movimientos en las cuentas de particulares o de corporaciones) está hoy tan alejado de la riqueza real que objetivamente ya no significa nada. Este blog ha recogido numerosas críticas a esa economía sin base real que es ya pura ficción metafísica, puro delerio fideísta digno del más esforzado tratamiento psiquiátrico.

El robo es hoy la usura, el préstamo a interés efectuado por entidades financieras que CARECEN de riqueza real en depósito, pero a las que los políticos han autorizado a comerciar con un producto inexistente y ficticio: el dinero que la confianza de los fieles acepta como real. La economía postcapitalista es una delirante ceremonia alucinatoria que no puede sobrevivir al más elemental ejercicio de sentido común. En este momento, todavía la misa negra que ofician los banqueros-sacerdotes sigue su curso, pero todos sabemos que tiene las horas contadas. ¿Cómo ha podido durar tanto este grotesco disparate?

No hay comentarios:

Publicar un comentario