martes, 29 de noviembre de 2011

MANTENER EL SENADO, ... ¿PARA QUÉ?

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¿Sirve la Cámara Alta para otra cosa que para colocar, con sueldos exhorbitantes por un trabajo mínimo y prescindible, a adeptos y partidarios (para pagar adhesiones, vamos)? Esta es la pregunta que los ciudadanos deberíamos plantearle masivamente a Mariano ("hilillos de plastelina") Rajoy, en cuyas manos está el gestionar medidas de ahorro a costa de prescindir de entramados burocráticos tan jurásicos como el Senado y las diputaciones provinciales, o a costa de los sueldos de los trabajadores, vía recortes, co-pago por servicios esenciales, previsible subida del I.V.A. y aumento de la presión fiscal. ¿Va a privilegiar los intereses del partido o los del conjunto de la ciudadanía? No voy a ser tan ingénuo de pensar en lo segundo, pero si lo exigimos con determinación un número suficiente de personas podemos lograrlo.

En el suplemento "Crónica" del Diario EL MUNDO del pasado domingo Miguel Angel Mellado informa de un dato que hace sospechar que esto ya está calando en la ciudadanía: los votos en blanco o nulos al Senado triplican los del Congreso. En concreto, en el sobre destinado al Congreso fueron contabilizados 333.095 votos en blanco (el 1´37 % de los escrutados) y 317.886 nulos (el 1´29 %); mientras que al Senado se contabilizaron 1.263.120 votos en blanco (el 5´37 %) y 904.675 votos nulos (3´71). Y que no nos digan que los votos nulos se deben a la torpeza, que muchos, como los de quien firma estas líneas, iban "con mensaje", mensaje que las actas electorales deberían recoger.

Por cierto, en esa misma publicación aparece la reseña del último libro de Daniel Estulín, "El instituto Tavistock" (Ediciones B), un estudio sobre la siniestra institución que, desde el corazón de Londres, actúa como el máximo centro de control mental del planeta, diseñando la música, las drogas, la televisión, ... y hasta la contrainformación que Occidente consume, y donde, por ejemplo, se nos dice que la sobre-exhibición de violencia en la televisión obedece al fin premeditado de reducir nuestra percepción del dolor ajeno. Ahora que los acontecimientos le (nos) dan la razón, las teorías de la Conspiración saltan ya a los medios de comunicación "oficiales". Ojalá las cosas sigan así, y la primera mitad del lema de este blog pierda su vigencia.

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