miércoles, 17 de agosto de 2011

SINCRONICIDAD (3)

— (...)¿Conoces la historia de los anagramas de Galileo?

—Algo he oído. Creo que en ocasiones consignaba sus descubrimientos en forma de anagramas para no revelarlos abiertamente.

—Exacto. Galileo hizo eso al menos en dos ocasiones. Y Kepler, al intentar descifrar los anagramas, halló sendas soluciones alternativas...

—¿Ambos anagramas admitían dos soluciones?

—Sí, y eso ya es de por sí sorprendente. ¡Pero lo realmente extraordinario es que las "falsas" soluciones de Kepler resultaron ser verdaderas!

—¿Qué quieres decir?

—Donde Galileo hablaba del anillo de Saturno, Kepler encontró el dato de que Marte tiene dos satélites. Y donde Galileo aludía a las fases de Venus, Kepler «descubrió» la gran mancha roja de Júpiter. Y, como seguramente sabrás, tanto los satélites de Marte como la mancha roja de Júpiter no se descubrieron hasta finales del XIX, casi tres siglos más tarde.

—Increíble... ¿Cómo es que la historia de los anagramas de Galileo no es más conocida?

—Supongo que porque pone muy nerviosos a los científicos. Nadie ha podido sugerir siquiera una explicación verosímil. Hay datos tan perturbadores que se tiende a olvidarlos... ¿Has leído Los viajes de Gulliver?

—Solo en versiones para niños.

—Mal hecho. Es un libro fascinante, y muy instructivo. En uno de sus viajes, Gulliver visita la isla volante de Laputa, cuyos astrónomos le cuentan que han descubierto dos pequeños satélites que giran alrededor de Marte, uno de ellos a una distancia igual a tres diámetros del planeta. Tres diámetros marcianos son unos veinte mil kilómetros, que es precisamente la distancia de Deimos, el menor de los dos satélites, a Marte. Ahora bien, Swift escribió "Los viajes de Gulliver" a principios del XVIII, casi dos siglos antes de que Hall descubriera las diminutas lunas marcianas.

—¿Y si tanto Galileo como Swift obtuvieron información sobre los satélites de Marte de alguna misteriosa fuente?

—Tendría que ser una fuente realmente misteriosa.

—Por ejemplo, una sociedad secreta de sabios con conocimientos muy adelantados con respecto a su época.

—Solo hay una forma de ver los satélites de Marte, y es con un telescopio de la potencia y la precisión suficientes —replicó F.—. Una idea puede adelantarse a su tiempo, pero un instrumento no, ya que precisa de toda una infraestructura tecnológica para su fabricación. Si retrocedieras a la época de los romanos, podrías explicarles la teoría de la relatividad, pero te resultaría totalmente imposible fabricar una vulgar bombilla.

—Entonces, ¿cuál puede ser la explicación?

—Daría cualquier cosa por saberlo... Esas sí que son coincidencias (...).


(Carlo Frabetti: "Los jardínes cifrados")

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