jueves, 31 de diciembre de 2020

SI NO ERES PRODUCTIVO, NO MERECES VIVIR



Al cabo de ochenta años, Europa vuelve a catalogar la existencia de la población improductiva como «umwäntiges Leben», “vidas que no merecen ser vividas”: jubilados, enfermos crónicos, depresivos, ... Son la carga de la que quienes sostienen una concepción fabril de la sociedad entienden que es legítimo librarse. Por supuesto, bajo la excusa farisea de un humanitarismo según el cual es preferible matar al necesitado que socorrerle. Atender la vulnerabilidad, la soledad, el sufrimiento, ... es demasiado desafiante, demasiado comprometedor, sobre todo cuando tenemos a mano la solución final de una sedación sin billete de vuelta.

Ya sabemos que las políticas nacionales no existen como tales en una UE que funciona como campo de experimentos obligatorios decididos por una élite globalista para la que somos ganado, y como tal ganado, nuestro valor reside en nuestra utilidad -quien no es útil puede, o incluso debe, ser deshechado-, pero a la luz del genocidio perpetrado en primavera en las residencias de ancianos españolas la ley de eutanasia parece una validación "a posteriori" de una política de "limpieza" de elementos sociales improductivos.

Particularmente siniestro es el presentar esta medida como respuesta a la demanda social de un "derecho". Hay un bien jurídico reconocido por todo Estado avanzado que es el derecho a la vida. La cancelación de un derecho no puede ser a su vez un derecho por una cuestión no valorativa, sino meramente semántica. Es otra cosa. Y camuflar de compasión la fría ejecución de un ser humano cuya supervivencia es inconveniente es peor que un horror, es hipocresía en estado puro.

Parece también esta perversa ley animada por el deseo de liberar recursos sanitarios como los dedicados a los cuidados paliativos (¿para atender tal vez a la ingente masa de los damnificados por la vacuna experimental?), esa vertiente de la medicina tan improductiva que busca aliviar el sufrimiento, acompañar al doliente en su proceso de apagarse lentamente, dar apoyo vital hasta ese último aliento que los psicópatas que nos gobiernan quieren apresurar. Para el pragmatismo materialista la vida ya no tiene valor, solamente precio. Y los gastos empleados en reconocer, proteger, cuidar y acompañar la existencia no parecen justificables en el frío balance economicista de los ingenieros sociales que han programado esta deshumanización constante a la que asistimos, y que es nuestro deber moral revertir.

(posesodegerasa)

2 comentarios:

  1. Amigo mío, en tus reflexiones escritas cada día te superas, si eso es posible, gracias.

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  2. Después de oír lo que decía Lagarde y contrastar lo que se van a ahorrar con esta ley SOLO en cuidados paliativos, hace que no albergue la menor duda de que nos gobiernan desalmados.
    Resistentes saludos

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