lunes, 14 de diciembre de 2020

PANDEMIA POLÍTICA: DIVIDIENDO Y DEBILITANDO A LA SOCIEDAD



Somos seres gregarios, es por ello que nos buscamos, atraemos y relacionamos.

La relación es lo que nos hace humanos pues permite la Comunicación, el Conocimiento, la Cooperación y la Civilización.

Sin embargo, las medidas políticas implementadas por nuestros gobernantes van en contra no sólo del bienestar social e individual, sino de todo aquello que nos hace humanos.

Hago hincapié en lo de medidas políticas, porque ni son sanitarias, ni son saludables, en el amplio sentido de la palabra Salud.

¿Qué rigor científico tienen las medidas políticas impuestas por la fuerza?

Estas normas (decretos ley, que no leyes desde el parlamento) restrictivas, irracionales y carentes de rigor científico, impuestas por los políticos de manera unilateral, crean miedo, confusión, frustración, inestabilidad emocional y mental, aislamiento, soledad, hostilidad, auto-destrucción, enfermedad y muerte.

De hecho, han llevado a colectivos médicos a denunciarlas. Algunos ejemplos son:

Médicos Americanos en Primera Línea (America´s Frontline Doctors).

Alianza Mundial de Médicos en Europa.

Médicos por la verdad en España.

Médicos por la verdad Argentina.

La declaración de Great Barrington.

No obstante, no sólo existen quejas de colectivos sanitarios.

Puedes ver la rueda de prensa de Abogados por la verdad, Policias por la libertad, Científicos por la verdad, sanitarios, docentes y múltiples colectivos civiles.

O por ejemplo los Jueces de Austria:

El Tribunal Constitucional de Austria ha declarado anticonstitucional la Ley de Medidas COVID-19 (cierre de bares, prohibición de eventos con más de 10 personas, uso obligatorio de mascarilla, etc.), al no encontrar pruebas que lo justifiquen.



Asimismo, se abre la puerta a que los ciudadanos puedan presentar reclamaciones oficiales de responsabilidad y pedir indemnizaciones por cierre de negocios, pérdidas económicas, etc.

¿A qué peligros nos enfrentamos como sociedad?

En mi opinión personal, el verdadero y gran peligro no radica tanto en el virus como en esta clase política que, de manera completamente consciente, pervierte el significado de la democracia al conculcar los derechos fundamentales de los ciudadanos y culparlos del desastre sanitario, educativo, económico y humano que ellos, y solamente ellos, están ocasionando.


El enemigo más importante a combatir no es el virus sino el sistema político.

Las ciencias psico-sociales han logrado aunar Biología y Biografía para explicar nuestros orígenes, quiénes somos, cómo nos relacionamos y comunicamos, y hacia dónde podemos evolucionar en función del trabajo que realicemos con dichas interacciones.

Centrándome en las relaciones y la biografía, intentaré exponer los mecanismos de defensa que estamos desarrollando.

Comprendiendo el calado de la actual situación:


En estos momentos, las opciones para interactuar son escasas, especialmente para quienes están asustados.

Sabemos que hay personas que se debaten entre el miedo al contagio y el deseo de interacción.

Miedo y deseo son emociones muy potentes dado que provienen de los dos instintos básicos.

El miedo surge del instinto de supervivencia, el deseo del instinto de transmisión de los genes. Ambas emociones van de la mano, son las dos caras de una misma moneda (al desear algo se siente miedo de no poder conseguirlo, o de perderlo una vez logrado; el miedo a algo despierta el deseo de superarlo).

De la gestión de dichas emociones dependen el equilibrio emocional y mental de la persona.

De manera muy general diré que reprimir, o no satisfacer, los deseos y necesidades básicas ocasiona frustración; la frustración a su vez genera ira y agresividad.

El miedo, sin embargo, ocasiona confusión y desconfianza. Todo esto, ya se está detectando en las consultas y las soluciones no siempre son fáciles.

¿Qué están generando las actuales medidas político “sanitarias” ?

Las actuales medidas políticas, ofrecidas como eficaces contra el SARS-CoV-2, están siguiendo un claro patrón de incremento del control ciudadano de forma progresiva por parte de los Estados.

Pero en lo referente al aspecto humano, van en contra de la diversión, la alegría, la interacción social, el ocio. Está prohibido cantar o bailar juntos, ir a conciertos o a eventos culturales.

El contacto físico, la erótica y las expresiones afectivas (besos, caricias y abrazos) están cercenadas, las relaciones interpersonales restringidas, los viajes y la propia práctica del deporte enormemente limitados.

Impedir la necesidad de satisfacer interacciones físicas y sociales reduce las ganas de vivir.

Todo ello va en contra de la salud física, emocional, intelectual y existencial de la población.

¿Y las libertades? ¿Los derechos? ¿Las necesidades humanas?

Las necesidades, derechos y libertades están frustradas lo que limita la autonomía y responsabilidad de los individuos.

No existe responsabilidad sin libertad; para hacernos responsables de lo que hacemos, sentimos o pensamos es necesaria la libertad de elección.

La pérdida de autonomía genera confusión, miedo e inseguridad. La sensación de inseguridad y confusión conduce a la irracionalidad, a la pérdida de claridad mental, a creer y aceptar cualquier cosa que se diga.

Así es como se consigue una población sumisa y dócil.

¿Por qué las normas cambian tanto? ¿Qué efectos generan en la población?

Este ir y venir de normas cambiantes obstaculiza la posibilidad de planificar la vida privada y profesional, lo que genera incertidumbre, inseguridad y dependencia.

Parte de la población se siente como un niño dependiente incapaz de hacerse responsable de su vida o de su salud; aquello que hasta ahora estaba en sus manos, ahora depende de otros.

Otro sector poblacional piensa que les han robado sus perspectivas de futuro, de proyección laboral y personal, de autonomía.


Aparecen la frustración, la ira y la agresividad. La agresividad sale con los más cercanos, especialmente en casa con la pareja y los niños. Aumentan los abusos de poder, los malos tratos, las agresiones sexuales; afloran el autoritarismo, la imposición, la intolerancia contra quienes tienen otra opinión.

¿Se está intentando dividir y debilitar a la sociedad?

De esta manera surgen los bandos: los partidarios de la versión oficial vs los “negacionistas” (etiqueta creada por los medios de comunicación).


Aquellos con pensamiento crítico se presentan como una amenaza social, como un peligro, como algo anormal o desequilibrado.

Al mismo tiempo, estas personas críticas se sienten amenazadas desarrollando sentimientos adversos hacia quienes comulgan con la narrativa oficial. Así comienza la división social, la crispación, los ataques y las agresiones.

Como bien sabemos, dividir y enfrentar a la población otorga poder a quienes lo promueven.

¿Quiénes promueven estas divisiones sociales?

Los medios de comunicación y los políticos alimentan esta lucha entre bandos.

Políticos con medidas no científicas impuestas por decreto ley sin debate alguno y sin aportar estudios o informes que los avalen.

Y los medios de comunicación a través de campañas de propaganda a favor de tales medidas, y en contra de cualquier colectivo profesional que las cuestione o ponga en evidencia.

¿Se promueve la delación y acoso de ciudadanos contra ciudadanos? ¿Se vende como si fuera hacer un bien público? ¿Esto no ha ocurrido ya durante las peores dictaduras y gobiernos totalitarios?

Este verano en televisión, el lehendakari Iñigo Urkullu (máximo dirigente del País Vasco, España) alentaba a los ciudadanos a denunciar a quienes no cumplieran con las normas. La televisión pública vasca solicitaba la habilitación de teléfonos de denuncia ciudadana.

La caza de brujas de los estados totalitarios está en marcha.

Y esto no es un fenómeno aislado. Políticos en EEUU y en múltiples países alentaban y fomentaban actitudes similares de denuncias ciudadanas propias de regímenes totalitarios.

¿Qué más se promueve?

Están aumentando notablemente los trastornos obsesivo-compulsivos.


El continúo lavado de manos, la desinfección de todo aquello que se toca, la sensación de inseguridad ante un patógeno omnipresente o ante un asintomático potencialmente infectivo provocan una continua sensación de peligro, de contagio, de suciedad.

Todo ello patologiza a la sociedad y crea un estrés psicológico permanente.

El estrés crónico conduce a estados auto-destructivos: comer o beber demasiado, abusar de las drogas, del sexo, del juego, y en casos más extremos puede conducir al suicidio.

¿Se está provocando una desestabilización psicológica de la sociedad? ¿Por qué y para qué?

El miedo a las presiones laborales, a perder el trabajo, a no poder pagar el alquiler, a cómo alimentar a los hijos conduce a estados depresivos.

Todo esto activa la sensación de abandono, de soledad y se activa el miedo instintivo a la muerte, potenciando cualquier desequilibrio latente en el sujeto.

El profesor Franz Ruppert, experto en traumas psicológicos, dice que cuando las personas son sometidas a experiencias vitales de estrés crónico y traumas, éstas pierden su integridad, se fragmentan internamente.

Piensan que no pueden hacer nada, se sienten impotentes a merced de una situación exterior que no pueden cambiar, lo que les lleva a separarse de sí mismos y de sus necesidades.

Para superarlo, se identifican con sus verdugos y se someten a ellos. De esta manera, aceptan sin cuestionarlo todas las medidas restrictivas, medicamentos, pruebas diagnósticas o vacunas que les impongan. Llegan a verlos incluso como sus salvadores.

¿Qué está ocurriendo con los niños?

Los niños están desconcertados. A los escolares se les bombardea con estrictas medidas de higiene y distanciamiento social.

Se les impide jugar y relacionarse con normalidad, se les reprime y asusta, se les roba la creatividad y la ilusión. Les hacen sentir culpables porque pueden infectar y matar a sus mayores. La culpa y responsabilidad con la que están cargando es enorme.

Los bebés nacen y se crían entre mascarillas. No pueden ver la expresión de la cara de los adultos. Todo ello les impide desarrollar una adecuada gestión emocional.

Desde hace décadas hay estudios -como los de la cara inmóvil realizados en Harvard por Edward Tronik- que demuestran que la pérdida de interacción social, de contacto físico o de afecto genera daños permanentes en los bebés.



¿Qué está ocurriendo con los mayores?

Los mayores están abandonados, aislados, alejados de sus familiares, lo que les deprime y demencia.

El aislamiento y la soledad provocan pérdida del pensamiento coherente, desarraigo; se generan dudas entre lo verdadero y lo falso, y desaparece el sentido de la realidad que les rodea. Cuando el individuo pierde el sentimiento de pertenencia al mundo, colapsa.

Los regímenes tiránicos utilizan el aislamiento y la soledad como arma para someter al pueblo. Los hombres aislados son impotentes por definición.

Sobre ello escribió largo y tendido Hannah Arendt. Arendt sostenía que lo que perpetúa el totalitarismo es la manipulación por aislamiento, y esto se logra mediante la división de las narrativas “nosotros contra ellos”.

El ser humano aislado pierde su capacidad de añadir algo propio al mundo y su sentimiento de pertenencia éste, lo que supone una de las experiencias más desesperadas del individuo.

Conclusiones:

Los gobernantes están tomando medidas políticas, sin ningún rigor científico, haciéndolas pasar por sanitarias.

Se está produciendo una desestabilización psicológica de la sociedad.

Los políticos y los medios de comunicación están fomentando acciones propias de regímenes totalitarios (con un pretexto sanitario).

Los efectos de estas medidas inhumanas generan efectos devastadores en nuestra salud física, emocional, mental y social, en nuestra economía, en nuestra forma de percibir el mundo y, muy especialmente, en las interacciones que nos hacen humanos.

Denunciar en los tribunales a aquellas personas responsables de todo esto es una acción que se está llevando a efecto en múltiples países.

“La pertenencia, la comunidad y la conexión humana es uno de los mayores actos de valentía y resistencia a la opresión. La verdad, la bondad, la justicia, la belleza y el amor son declaraciones de verdadera pertenencia”. (Hannah Arendt)


L.G.R.R.
(Fuente: https://elinvestigador.org/)

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