viernes, 30 de octubre de 2020

LA IMPOSICIÓN DE MASCARILLAS A PARTIR DE 6 AÑOS ES UN CRIMEN DE LESA HUMANIDAD



El primer y fundamental motivo por el que las mascarillas son inútiles en el caso de la COVID-19 es que no se ha probado que exista esa nueva enfermedad ni que la cause un supuesto coronavirus que jamás se ha aislado ni se podrá aislar del mismo modo que no se han aislado ninguno de los llamados “coronavirus humanos”.

Este solo motivo hace que todas las recomendaciones sobre uso de mascarillas carezcan de justificación, y con más motivo aún todas las medidas obligatorias y represivas, muy en particular las que embozan a niños y adolescentes en una agresión global sin precedentes contra nuestros hijos y nietos que plantea un reto moral a nuestras sociedades.

La documentación científico-médica que demuestra que las mascarillas no sirven y por el contrario son enormemente peligrosas es apabullante. Se han documentado hipoxia, disminución de moléculas de energía ATP, degradación de la glucosa que reduce la energía celular, caída del PH intracelular y formación de ácido láctico con debilitamiento y atenuación de los sentidos, mareos, pérdida de consciencia, reducción de hasta un 20% de oxigenación de la sangres, deterioro del sistema inmune, generación de cataclismo y estrés celular, y daños neurológicos que pueden ser graves, incluyendo la muerte.

En estas circunstancias, se hace evidente que las mascarillas son un elemento fundamental del montaje perpetrado con esta falsa pandemia. Y puesto que no hay razones científico-médicas para recomendarlas, está claro que los motivos son muy otros:

MIEDO

Las mascarillas hacen visible el miedo, escenifican el miedo, permiten visualizarlo allá donde vayas, lo trasmiten en el trato diario, lo convierten en una imagen clara y nítida que envía un mensaje inmediato a todo el que contempla una figura humana irreconocible, un rostro oculto que se acerca y te mira mientras estás ingresado en un hospital y te pregunta si se trata de alguien que te teme y se protege o de alguien que quiere protegerte porque tiene miedo de transmitirte algo maligno … el miedo es irracional y las mascarillas lo perpetúan y multiplican de modo irracional, emocional, descontrolado. Y el hecho de que se haya generalizado añade un elemento extra de espanto e inquietud: caminar por calles pobladas de espectros, de figuras deshumanizadas que no sabes si conoces o no, si siguen siendo tus vecinos de ayer o no, si pertenecen al escenario de una pesadilla o si son el mundo real transformado por quienes se han arrogado el poder absoluto sobre lo que ellos decretan que es un peligro mortal.

AUTORIDAD

Las mascarillas son una señal, una marca, un símbolo de autoridad. Dejan bien claro quien manda y quien obedece. Materializa la obediencia incluso para aquellos que han buscado un certificado médico que los exima porque también se han sometido a la autoridad médica que tiene la potestad de liberarte de la máscara pero imponiéndote igualmente su autoridad en virtud de artículo tal de la correspondiente orden estatal o autonómica que te concede ese privilegio debido a tu incapacidad, enfermedad o debilidad del tipo que sea, pero entendida siempre como una condición que ellos deciden.

DOGMA DE LA INFECCIÓN

El mero hecho de llevar la mascarilla y ver como otros la llevan ya contribuye a interiorizar la idea de miedo a la infección, miedo al contagio, miedo al contacto, posibilidad de que el mal se extienda, y refuerza por tanto uno de los dogmas fundamentales de la medicina moderna industrial: el de la falsa teoría microbiana de Louis Pasteur, Robert Koch y otros, que a su vez sirve de sostén al enorme negocio de las vacunas en general y de la vacuna contra esta falsa pandemia en particular.

INCOMUNICACIÓN, SEGREGACIÓN Y DESHUMANIZACIÓN

Ya se están haciendo estudios sociológicos sobre la falsa pandemia y sus consecuencias. Parece evidente que las mascarillas contribuyen a incomunicar o dificultar enormemente la comunicación por razones obvias, así como a segregar, apartar, discriminar negativamente como apestados a quienes no las llevamos, contribuyendo en definitiva a dar un paso más en la deshumanización que ya de por sí venía lastrando esta sociedad que nos ha tocado vivir.

Y en el caso de niños y adolescentes -incluyendo los menores de 6 años a los que sus padres ponen la mascarilla creyendo que así los protegen- voy a ser muy escueto y directo para no regodearnos en algo que está meridianamente claro:

La Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal (BOE 24 de noviembre de 1995) establece en su artículo 174.1: “Comete tortura la autoridad o funcionario público que, abusando de su cargo […] por cualquier razón basada en algún tipo de discriminación, sometiere [a cualquier persona] a condiciones o procedimientos que por su naturaleza duración u otras circunstancias le supongan sufrimientos físicos o mentales, la supresión o disminución de sus facultades de conocimiento, discernimiento o decisión o que, de cualquier otro modo atenten contra su integridad moral”.

Y en su artículo 173: “El que infligiera a otra persona un trato degradante, menoscabando su integridad moral será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años. Con la misma pena serán castigados los que, en el ámbito de cualquier relación laboral o funcionarial y prevaliéndose de su relación de superioridad, realicen contra otro de forma reiterada actos hostiles o humillantes que sin llegar a constituir trato degradante supongan grave acoso contra la víctima".

Nancy Covidiota, para que se vayan
acostumbrando desde la infancia
Si las terribles noticias que se han publicado en diversos medios y en redes sociales se confirman -y parece que así es en algún caso- han muerto al menos seis niños -dos en China, tres en Alemania y uno en Portugal- casi con toda seguridad a causa de las mascarillas. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis. Tardo seis segundos en contarlos. Pero esos seis segundos suponen el derrumbe de seis familias, el dolor de seis familias … y debería suponer el dolor de todos los que aún conservamos un resto de humanidad.

Jesús García Blanca
(Visto en http://saludypoder.blogspot.com/)

2 comentarios:

  1. Vi este artículo en el blog del autor y me quedó clarísimo que se cumple la tortura que menciona la Ley del Código Penal. Una idea más que me da fuerza para respirar libre pese a las adversidades.

    Desde luego que nunca jamás podremos entender cómo los padres están haciendo esto a sus hijos. Es incomprensible, es banal, es pura maldad disfrazada de protección, ¿"solo" por miedo?

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  2. Hace mucho que suelo comentar en varias páginas, en esta me centro más a ser mi favorita, en las cuales todas nos dicen que buscan la información que nos ocultan los medios financiados por el Establishment impuesto, en ellas encuentro también voces disonantes incluso con el medio y sus afines, no pasa nada, todos debemos tener nuestro espacio y ya se sabe que ha todos nos gusta que nuestros comentarios salgan en algún lado señal que alguien nos lee y eso siempre nos deja un buen sabor de boca, tener opinión y verse reflejada ayuda a la autoestima, no solía decir palabras que pudieran ofender, lo de borrego no es un insulto a mi entender, somos ganado todos, la diferencia entre unos y otros es que, como siempre digo, cuando vamos al matadero algunos decimos que vamos a ser comida y el resto se cree que os sacan de excursión, nadie quiere oír, leer cosas que se salgan de los que ellos creen su lógica, que suele coincidir con prensa, radio, televisión de medios que si rascas y miras a sus “patrocinadores” financieros de dichos grupos de medios de información pues te llevas las mismas sorpresas de siempre, Soros, JP Morgan, Fundación Rockefeller, Google, Bill y Melinda Gate, en fin, los mismos de siempre, pregunto, ¿Solo lo vemos nosotros? Donde coño miráis cuando buscáis información? Ah, que no buscáis conexiones entre grupos de poder, pues las culpas no es nuestra cuando lo decimos y vemos en vuestros comentarios insultos varios porque discrepamos del uso de la mascarilla en ESPACIOS ABIERTOS, entre otras cosas, nadie cuestiona el virus, nadie tiene información suficiente para dudar de él y nadie puede decir actualmente de qué coño han muerto los muertos de verdad si es por el virus en sí o a causa de otras enfermedades que no son compatibles con este nuevo virus de neumonía. Ya dije en otro comentario hace tiempo, un día nuestros hijos y nietos nos dirán y con razón, ¿Porque nos habéis tratado así, porque no nos habéis defendido de la tiranía de mierdas que solo quieren vuestro control? No tendremos respuesta con la cara colorada por la verguenza y el dolor de nuestra cobardía y miedo.“Cuando un velero no sabe a qué puerto se dirige, ningún viento es el adecuado”. Séneca.

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