lunes, 28 de septiembre de 2020

LOS TEST PCR NO SIRVEN PARA IDENTIFICAR EL COVID-19 (1ª PARTE)



Pese a que el mundo entero depende de las pruebas de RT-PCR para "diagnosticar" la infección por SARS-CoV-2, la ciencia es clara: no sirven para ello

Los confinamientos y las medidas higiénicas que se están aplicando en todo el mundo se basan en el número de casos y las tasas de mortalidad generadas por las llamadas pruebas de RT-PCR del SARS-CoV-2, las cuales se utilizan para identificar a los pacientes «positivos», y en estos casos «positivo» normalmente se interpreta como «infectado».

Pero si analizamos detalladamente los hechos, la conclusión es que las pruebas de PCR son inútiles como instrumento de diagnóstico para determinar una supuesta infección por un supuesto nuevo virus llamado SARS-CoV-2.


El lema sin fundamento: «Hacer pruebas, pruebas y más pruebas»

En la rueda de prensa sobre la COVID-19 celebrada el 16 de marzo de 2020, el director general de la OMS, el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, declaró:

«Tenemos un mensaje simple para todos los países: Hagan pruebas, pruebas y más pruebas».

Los titulares de todo el mundo difundieron el mismo mensaje, entre otros por medio de Reuters y la BBC.

El día 3 de mayo el moderador del heute journal -uno de los noticiarios más importantes de la televisión alemana- todavía estaba transmitiendo el lema del dogma del coronavirus a su audiencia, advirtiendo:

«Hagan pruebas, pruebas y más pruebas: ahora mismo ese es el lema y es la única manera de entender realmente cuánto se está extendiendo el coronavirus».

Esto indica que la creencia en la validez de las pruebas de PCR es tan fuerte que está al nivel de una religión que no tolera la más mínima contradicción.

Pero es bien conocido que las religiones tienen que ver con la fe y no con los hechos científicos. Como dijo Walter Lippmann, dos veces ganador del premio Pulitzer y quizás el periodista más influyente del siglo XX: «Cuando todos piensan igual, nadie está pensando mucho».

Para empezar, resulta extraordinario que el propio Kary Mullis, el inventor de la tecnología de reacción en cadena de la polimerasa (PCR), no pensara igual. Gracias a su invento obtuvo el Premio Nobel de Química en 1993.

Por desgracia, Mullis falleció el año pasado a la edad de 74 años, aunque no cabe duda de que el bioquímico pensaba que la PCR no sirve para detectar infecciones por virus.

La razón es que la PCR estaba pensada, y todavía lo está, para ser usada como técnica de fabricación, ya que podía reproducir una misma secuencia de ADN miles de millones de veces, y no como instrumento de diagnóstico para detectar virus.

En 2007 Gina Kolata describió en un artículo publicado en el New York Times llamado Faith in Quick Test Leads to Epidemics That Wasn't [La fe en las pruebas rápidas conduce a una epidemia que no lo fue] cómo declarar pandemias de virus tomando como base las pruebas de PCR puede terminar en desastre.

La falta de un criterio de referencia válido

Además, merece la pena mencionar que no hay un criterio de referencia (estándar de oro) válido con que comparar las pruebas de PCR que se utilizan para identificar a los llamados pacientes de COVID-19, supuestamente infectados con lo que llaman SARS-CoV-2.

Este argumento es fundamental. Las pruebas se deben evaluar para determinar su grado de precisión —estrictamente hablando, su «sensibilidad» y «especificidad»— por comparación con un «criterio de referencia», es decir, el método más preciso que se encuentre disponible.

Por ejemplo, para una prueba de embarazo el criterio de referencia sería el propio embarazo. Pero como dijo, por ejemplo, el especialista en enfermedades infecciosas australiano Sanjaya Senanayake en una entrevista a la ABC TV, en respuesta a la pregunta «¿Qué precisión tienen las pruebas [de COVID-19]?»:

«Si tuviéramos una nueva prueba para detectar [la bacteria] estafilococo áureo en la sangre, ya tenemos hemocultivos, y ese es el criterio de referencia que llevamos décadas usando, por lo que podríamos comparar esta nueva prueba con él. Pero para la COVID-19 no tenemos ningún criterio de referencia».

Jessica C. Watson, de la Universidad de Bristol, lo confirma, ya que en su estudio «Interpreting a COVID-19 Test Result» [interpretando el resultado de una prueba de COVID-19], recientemente publicado en la revista médica The British Medical Journal, escribe que «falta este tipo de "criterio de referencia" tan claro para las pruebas de COVID-19».

Pero en vez de clasificar las pruebas como no aptas para la detección de SARS-CoV-2 y diagnóstico de COVID-19, o en vez de aclarar que solo un virus cuya existencia haya quedado probada por medio de su aislamiento y purificación puede ser un criterio de referencia fiable, Watson afirma con toda seriedad que «en la práctica» el propio diagnóstico de COVID-19, que sorprendentemente incluye la propia prueba de PCR, «posiblemente sea el mejor "criterio de referencia" disponible». Lo cual no tiene sentido científicamente hablando.

Además del hecho de que es completamente absurdo incluir la propia prueba de PCR en el criterio de referencia para evaluar la prueba de PCR, la COVID-19 no tiene síntomas específicos propios, como incluso personas como Thomas Löscher, antiguo jefe del Departamento de Infecciones y Medicina Tropical de la Universidad de Munich y miembro de la Asociación Federal de Internistas Alemanes, nos reconocieron.

Y si la COVID-19 no tiene síntomas específicos propios, el diagnóstico de COVID-19 -al contrario de lo que declara Watson - no puede ser adecuado como criterio de referencia válido.

Además, los «expertos» como Watson pasan por alto el hecho de que solo el aislamiento del virus, es decir, una prueba inequívoca de la existencia del virus, puede ser el criterio de referencia.

Esta es la razón por la que le pregunté a Watson cómo puede ser que el diagnóstico de COVID-19 «posiblemente sea el mejor criterio de referencia disponible» si la COVID-19 no tiene síntomas específicos propios, y también si no sería el propio virus, es decir, el aislamiento del virus, el mejor criterio de referencia disponible/posible. Pero todavía no ha respondido a estas preguntas, pese a nuestras repetidas solicitudes. Y tampoco ha respondido todavía a la entrada que publicamos como respuesta rápida a su artículo, en la cual abordamos exactamente los mismos puntos, aunque el 2 de junio nos escribió diciendo: «Intentaré publicar una respuesta al final de la semana, en cuanto tenga un momento».

No existen pruebas de que el ARN sea de origen viral

Ahora la pregunta es: ¿qué es lo primero que se necesita para realizar el aislamiento, es decir, probar la existencia, de un virus? Necesitamos saber de dónde procede el ARN para el cual están calibradas las pruebas de PCR.

Tal y como se expone tanto en los libros de texto (por ejemplo, White/Fenner. Medical Virology [virología médica], 1986, pág. 9) como por parte de líderes en investigación de virus como lo son Luc Montagnier o Dominic Dwyer, la purificación de partículas —es decir, la separación de un elemento de cualquier otra cosa que no sea ese elemento, como hizo por ejemplo la Premio Nobel Marie Curie en 1898 al purificar 100 mg de cloruro de radio mediante su extracción de varias toneladas de pecblenda— es un prerrequisito esencial para demostrar la existencia de un virus, y de esta manera probar que el ARN de la partícula en cuestión proviene de un nuevo virus. 

La razón de ello es que la PCR es extremadamente sensible, lo que significa que puede detectar incluso trozos minúsculos de ADN o ARN, pero no puede determinar la procedencia de estas partículas, lo cual se debe identificar de antemano.

Y puesto que las pruebas de PCR están calibradas para detectar secuencias de genes (en este caso secuencias de ARN, ya que se piensa que el SARS-CoV-2 es un virus de ARN), necesitamos tener claro que estos fragmentos de genes forman parte del virus buscado. Y para para poder saber esto se debe aislar y purificar correctamente el supuesto virus.

Por lo tanto, hemos pedido a los equipos científicos de los trabajos pertinentes a los que se hace referencia en el contexto del SARS-CoV-2 que prueben si las inyecciones electrón-microscópicas representadas en sus experimentos in vitro muestran virus purificados.

Pero ni un solo equipo pudo responder a esta pregunta con un «Sí» y llama la atención que nadie dijera que la purificación no es un paso necesario. Solo recibimos respuestas del tipo «No, no obtuvimos ninguna micrografía electrónica que muestre el grado de purificación» (véase abajo).

Les preguntamos a varios autores de estudios: «¿Sus micrografías electrónicas muestran el virus purificado?» y nos dieron las siguientes respuestas:

Estudio 1: Leo L. M. Poon; Malik Peiris. Emergence of a novel human coronavirus threatening human health. [aparición de un nuevo coronavirus humano que amenaza la salud humana] Nature Medicine, marzo de 2020

Autor que responde: Malik Peiris

Fecha: 12 de mayo de 2020

Respuesta: «La imagen muestra el virus que brota de una célula infectada. No muestra el virus purificado»

Estudio 2: Myung-Guk Han et al. Identification of Coronavirus Isolated from a Patient in Korea with COVID-19 [identificación de un coronavirus aislado en un paciente con COVID-19 en Corea]. Osong Public Health and Research Perspectives, febrero de 2020

Autor que responde: Myung-Guk Han

Fecha: 6 de mayo de 2020

Respuesta: «No pudimos estimar el grado de purificación porque no purificamos ni concentramos el virus cultivado en células»

Estudio 3: Wan Beom Park et al. Virus Isolation from the First Patient with SARS-CoV-2 in Korea [aislamiento del virus en el primer paciente con SARS-CoV-2 de Corea]. Journal of Korean Medical Science, 24 de febrero de 2020

Autor que responde: Wan Beom Park

Fecha: 19 de marzo de 2020

Respuesta: «No obtuvimos ninguna micrografía electrónica que mostrase el grado de purificación»

Estudio 4: Na Zhu et al. A Novel Coronavirus from Patients with Pneumonia in China [un nuevo coronavirus en pacientes con neumonía en China], 2019. New England Journal of Medicine, 20 de febrero de 2020

Autor que responde: Wenjie Tan

Fecha: 18 de marzo de 2020

Respuesta: «[Mostramos] una imagen de partículas de virus sedimentadas, no purificadas» Lo que queda claro es que lo que se muestra en las micrografías electrónicas (ME) de estos estudios es el resultado final del experimento, lo que significa que no hay ningún otro resultado del cual podrían haber tomado ME.

En otras palabras, si los autores de estos estudios reconocen que sus ME publicadas no muestran partículas purificadas, entonces definitivamente no poseen partículas purificadas de las que se dice que son virales. (En este contexto se debe observar que algunos investigadores usan el término «aislamiento» en sus estudios, pero los procedimientos descritos en ellos no representan un proceso de aislamiento [purificación] propiamente dicho. Por tanto, en este contexto el término «aislamiento» está mal utilizado.) 

Así, los autores de cuatro de los principales estudios de principios del año 2020 en los que se afirma el descubrimiento de un nuevo coronavirus reconocen que no tenían ninguna prueba de que el origen del genoma del virus estuviera constituido por partículas de tipo viral o desechos celulares, puros o impuros, o partículas de ningún tipo. En otras palabras, la existencia de ARN de SARS-CoV-2 está basado en la fe, no en hechos.

También hemos contactado con el Dr. Charles Calisher, experto virólogo. En 2001 la revista Science publicó un «llamado vehemente [...] dirigido a la nueva generación» de varios virólogos veteranos entre los que se hallaba Calisher, donde se decía que:

[Los métodos de detección de virus modernos como] la pulida reacción en cadena de la polimerasa [...] dicen poco o nada sobre cómo se multiplica un virus, qué animales lo tienen, [o] cómo enferma a las personas. [Es] como intentar determinar si alguien tiene mal aliento por medio del estudio de su huella dactilar.

Y esa fue la razón por la que le preguntamos al Dr. Calisher si conoce un solo estudio en el que el se aisle el SARS-CoV-2 y al fin se purifique realmente. Su respuesta:

No conozco ninguna publicación que lo diga, y he estado atento para ver si salía alguna.

Lo que significa esto es que no se puede concluir que las secuencias genéticas de ARN que los científicos tomaron de las muestras de tejido preparadas en los mencionadas ensayos in vitro, y para las cuales se están «calibrando» finalmente las pruebas de PCR, pertenezcan a un virus específico, en este caso el SARS-CoV-2.

Además, no hay ninguna prueba científica de que dichas secuencias de ARN sean los agentes causales de lo que se llama COVID-19.

Para establecer una relación causal, de un modo u otro, es decir, aparte del aislamiento y la purificación del virus, hubiera sido absolutamente necesario realizar un experimento que cumpliera los cuatro postulados de Koch. Pero no existe ningún experimento de este tipo, como Amory Devereux y Rosemary Frei revelaron recientemente a OffGuardian.

Queda demostrado que es un requisito indispensable que se cumplan estos postulados en el caso del SARS-CoV-2 entre otras razones por el hecho de que se han realizado intentos para cumplirlos. Pero incluso los investigadores que dicen que lo han hecho en realidad no lo consiguieron.

Un ejemplo de ello lo constituye un estudio publicado en la revista Nature el 7 de mayo, ya que, entre otros procedimientos que invalidan el estudio, este experimento no cumplió ninguno de los postulados.

Por ejemplo, las ratas de laboratorio supuestamente «infectadas» no mostraron ningún síntoma clínico relevante que se pudiese atribuir claramente a la neumonía, lo cual, de acuerdo con el tercer postulado, debería darse si allí realmente se estuviera produciendo la acción de un virus peligroso y potencialmente mortal. Y la ligera agitación y pérdida de peso que se observaron temporalmente en los animales son insignificantes, no sólo porque podrían haber sido causados por el propio procedimiento, sino también porque el peso se volvió a normalizar.

Además, ningún animal murió a excepción de aquellos a los que sacrificaron para realizar las autopsias. Y no olvidemos que estos experimentos deberían haberse realizado antes de hacer la prueba, lo que no es el caso.

Resulta revelador que ninguno de los representantes alemanes de la teoría oficial sobre el SARS-CoV-2/COVID-19 —el Instituto Robert Koch (RKI), Alexander S. Kekulé (Universidad de Halle), Hartmut Hengel y Ralf Bartenschlager (Sociedad Alemana de Virología), el antes mencionado Thomas Löscher, Ulrich Dirnagl (Charité Berlín) o Georg Bornkamm (virólogo y profesor emérito del Centro Helmholtz de Munich)— pudieran responder la siguiente pregunta que les envié:

Si las partículas de las que se dice que son SARS-CoV-2 no han sido purificadas, ¿cómo se puede estar seguro de que las secuencias genéticas de ARN de estas partículas pertenezcan a un virus específico? 

Sobre todo si se tiene en cuenta la existencia de estudios que muestran que sustancias tales como los antibióticos que se añaden a los tubos de ensayo en los experimentos in vitro realizados para la detección de virus pueden «estresar» el cultivo celular de manera que se formen nuevas secuencias genéticas no detectables previamente, una circunstancia que ya señaló la Premio Nobel Barbara McClintock en su discurso de aceptación en 1983


No podemos olvidarnos de mencionar que finalmente conseguimos que la Charité —donde trabaja Christian Drosten, el virólogo alemán más influyente en la temática de la COVID-19, consejero del gobierno alemán y codesarrollador de la primera prueba de PCR en ser «aceptada» (¡no validada!) mundialmente por la OMS— nos respondiera preguntas sobre el tema.

Pero no conseguimos las respuestas hasta el 18 de junio de 2020, después de varios meses sin contestación. Finalmente solo lo logramos con la ayuda de la abogada berlinesa Viviane Fischer.

A nuestra pregunta «¿Tiene Charité la seguridad de haber realizado debidamente la purificación de partículas?», la Charité reconoce que no utilizaron partículas purificadas.

Y aunque sostienen que «los virólogos de la Charité están seguros de que las pruebas que están realizando detectan el virus», en su estudio (Corman et al.) afirman que:

«Se extrajo ARN de las muestras clínicas con el sistema MagNA Pure 96 (Roche, Penzberg, Alemania) y de los sobrenadantes de los cultivos celulares con el minikit de ARN viral (QIAGEN, Hilden, Alemania)».

Lo que significa que solo supusieron que el ARN era viral.

Cabe señalar que el estudio de Corman et al., publicado el 23 de enero de 2020, ni siquiera pasó por un proceso de revisión por pares adecuado, ni los procedimientos descritos se acompañaron de controles, pese a que se trata de dos aspectos indispensables para que la investigación científica tenga rigor.

Las pruebas: Resultados absurdos

También es innegable que no podemos saber el porcentaje de falsos positivos de las pruebas de PCR sin realizar pruebas de forma generalizada a personas que definitivamente no tengan el virus tras comprobar este dato por un método independiente de la PCR (que tenga un criterio de referencia fiable).

Por ello resulta poco sorprendente que existan varios estudios que muestran los resultados absurdos de las pruebas.

Por ejemplo, ya en febrero la autoridad sanitaria de la provincia de Cantón en China informó de que personas que se habían recuperado completamente de la enfermedad a la que se acusa de ser COVID-19 empezaron a dar «negativo» y después daban «positivo» de nuevo.

Un mes más tarde un estudio publicado en la revista Journal of Medical Virology mostró que 29 de 610 pacientes de un hospital de Wuhan se habían realizado de 3 a 6 pruebas cuyos resultados daban unas veces «negativo», otras «positivo» y otras «inconcluso».

Un tercer ejemplo es un estudio de Singapur donde se realizaron pruebas a 18 pacientes casi a diario y la mayoría pasaba por lo menos una vez del «positivo» al «negativo» y de nuevo al «positivo», lo que a uno de los pacientes le sucedió hasta cinco veces.

Incluso Wang Chen, el presidente de la Academia China de Ciencias Médicas, reconoció en febrero que las pruebas de PCR «solo tienen una precisión de entre el 30 % y el 50 %», al tiempo que Sin Hang Lee, del Laboratorio Milford de Diagnósticos Moleculares, envió el 22 de marzo de 2020 una carta al equipo de respuesta al coronavirus de la OMS y a Anthony S. Fauci, diciendo que:

«En las redes sociales se ha difundido ampliamente que los kit de pruebas de RT-qPCR [PCR cuantitativa con transcriptasa inversa] usados para detectar ARN de SARS-CoV-2 en muestras humanas están generando muchos resultados positivos falsos y no son lo suficientemente sensibles para detectar algunos casos positivos verdaderos».

En otras palabras, incluso en caso de suponer que las pruebas de PCR realmente pueden detectar una infección viral, serían prácticamente inútiles y solo causarían una alarma infundada entre las personas que dieran «positivo».

Si se analiza el valor predictivo positivo (VPP) el resultado es el mismo.

El VPP indica la probabilidad de que una persona que haya dado positivo a la prueba sea realmente «positiva» (es decir, que tenga el supuesto virus) y depende de dos factores: la prevalencia del virus en la población general y la especificidad de la prueba, es decir, el porcentaje de personas sin la enfermedad que den correctamente «negativo» a las pruebas (una prueba con una especificidad del 95 % devuelve erróneamente un resultado positivo en 5 de cada 100 personas no infectadas).

Con la misma especificidad, cuanta más alta sea la prevalencia, más alto el VPP.

En este contexto, el 12 de junio de 2020 la revista Deutsches Ärzteblatt publicó un artículo en el cual se ha calculado el VPP partiendo de tres supuestos de prevalencia diferentes.

Los resultados se deben, sin lugar a dudas, ver de forma muy crítica, en primer lugar porque no es posible calcular la especificidad sin un criterio de referencia fiable, como se ha explicado, y en segundo lugar porque los cálculos del artículo están basados en la especificidad determinada en el estudio de Jessica Watson, que posiblemente no tenga ningún valor, como también se ha mencionado.

Pero si pasamos esto por alto y suponemos que la especificidad de base del 95 % es correcta y que conocemos la prevalencia, incluso la revista convencional Deutsches Ärzteblatt informa de que la llamada prueba de RT-PCR del SARS-CoV-2 puede tener un VPP «sorprendentemente bajo».

En uno de los tres supuestos, en el que se parte de una prevalencia del 3 %, el VPP era solo del 30 %, lo que significa que el 70 % de las personas que dieron «positivo» no son «positivas». Aún así «se les pone en cuarentena», como incluso el Ärzteblatt señala de forma crítica.

El segundo supuesto que plantea el artículo de la revista se basa en una prevalencia del 20 %. En este caso se obtiene un VPP del 78 %, lo que significa que el 22 % de los resultados «positivos» son falsos «positivos».

Eso conllevaría que, si contamos con las alrededor de 9 millones de personas que actualmente se consideran «positivas» en todo el mundo —suponiendo que los verdaderos «positivos» realmente tengan una infección viral— , obtendríamos casi 2 millones de falsos «positivos».

Todo esto encaja con el hecho de que los CDC y la FDA, por ejemplo, reconocen en su documentación que las llamadas «pruebas de SARS-CoV-2» no son adecuadas para el diagnóstico de SARS-CoV-2.

Como ejemplo, en el documento «CDC 2019-Novel Coronavirus (2019-nCoV) Real-Time RT-PCR Diagnostic Panel» (pruebas de diagnóstico de los CDC del nuevo coronavirus de 2019 [2019-nCoV] por RT-PCR en tiempo real) del 30 de marzo de 2020 se dice que:

«La detección de ARN viral puede no indicar la presencia de un virus infeccioso o que el 2019-nCoV sea el agente causal de los síntomas clínicos»

y:

«Esta prueba no sirve para descartar enfermedades causadas por otros patógenos bacterianos o virales». 

Y la FDA admite que:

«Los resultados positivos [...] no descartan infecciones bacterianas o coinfecciones con otros virus. El agente detectado puede no ser la causa definitiva de la enfermedad».

Torsten Engelbrecht y Konstantin Demeter 
(Fuente: https://off-guardian.org/; traducido por Hanne Nörenberg para https://cauac.org/)

4 comentarios:

  1. Muchas veces la verdad es bien sencilla, lo complicado es aceptarla...

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  2. Importante documento de un rigor científico impecable. Qué bien que ahora podrá llegar a muchas más personas.

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  3. Será leído, reflexionado, olvidado y mañana a otra cosa, ¿en un mundo que nadie se preocupa por el prójimo de verdad alguien se piensa que saldremos de esta y otras que vendrán?

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