sábado, 18 de julio de 2020

UN MEDICAMENTO APRESURADO: LA TALIDOMIDA




Este artículo no pretende ser tanto un recordatorio de cómo la industria farmacéutica ha jugado -y continúa haciéndolo- con la vida y la salud de las personas en aras del sacrosanto negocio como un homenaje a la doctora Frances Oldham Kelsey, quien con algo tan sencillo como cumplir con su conciencia personal y profesional salvó a una generación de bebés estadounidenses de una tragedia que, en cambio, se abatió sobre los neonatos de Europa.

Frances Oldham Kelsey, quien falleció en 2015 a los 101 años
El "no" que la doctora Frances Oldham Kelsey le dio a la compañía Chemie Grunenthalen en el año 1960 ha sido uno de los más poderosos en la historia de la industria farmacéutica. Con su negativa ayudó a “salvar, quizás, a miles de personas de la muerte o de una incapacidad de por vida”, dice la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés).

Cuando la médica comenzó a trabajar en esa organización, le dieron lo que parecía ser una solicitud “fácil” de procesar. Se trataba de un fármaco que inicialmente se había comercializado como sedante en Europa, a finales de los años 50, y después para aliviar las náuseas durante el embarazo. En 1960 el medicamento era accesible en decenas de naciones.

Pero Kelsey le bloqueó el camino a la compañía que lo quería vender en Estados Unidos porque no estaba satisfecha con la evidencia presentada sobre su inocuidad. Varios meses después emergería un vínculo terrible que la comunidad científica internacional desconocía: la talidomida causaba daño severo en los fetos. Fueron al menos 10.000 niños que nacieron con diferentes malformaciones, algunos sin brazos, otros sin piernas. Se teme que muchos otros murieron en el útero. La tragedia golpeó a familias de más de 45 países.

Miles de niños de decenas de países sufrieron malformaciones después de que
a sus madres les fuera administrada talidomida durante el embarazo

La pasión por la ciencia llevó a Kelsey, quien nació en Canadá en 1914, a especializarse en farmacología. Cuando terminó una maestría en 1935, uno de sus profesores en la Universidad McGill, en Montreal, la animó para que se postulara a una vacante que se había abierto como asistente de investigaciones en la Universidad de Chicago.

El profesor Eugene Geiling, quien había creado el departamento de Farmacología, le envió una carta de aceptación pero cometió un error: la dirigió al “Sr. Oldham”. El científico había confundido “el nombre Frances por el masculino Francis”, contaron Adam Bernstein y Patricia Sullivan, del Washington Post, en el obituario de Kelsey, quien murió en 2015 a los 101 años.

La doctora Kelsey fue una pieza clave en conseguir una legis-
lación que garantizara que los fármacos que se comercializa-
ban resultasen efectivos y seguros
La carta le hizo dudar a la joven científica. “En esos días, cuando una mujer tomaba un trabajo, se le hacía sentir como si estuviera privando a un hombre de su capacidad para sostener a su esposa e hijo”, reflexionó la científica en una entrevista con The New York Times. “Pero mi profesor dijo: ‘No seas estúpida. Acepta el trabajo, firma con tu nombre y agrega 'señorita' entre paréntesis’”. Años después Kelsey bromearía sobre ese episodio y diría que “si su nombre hubiese sido Elizabeth o Mary Jane su carrera pudo haber terminado ahí”.

En la Universidad de Chicago, Kelsey evidenciaría “los peligros de la negligencia en la supervisión de fármacos”, cuenta Stephen Phillips, en “How a courageous physician-scientist saved the U.S. from a birth-defects catastrophe” (“Cómo una médica-científica salvó a EE.UU. de una catástrofe de defectos de nacimiento”), publicado en la web de esa universidad.

Como estudiante de posgrado en 1937, Kelsey desempeñó un rol clave en “otro caso histórico de la regulación de medicamentos del siglo XX”: ayudó a Geiling a investigar la muerte de 107 personas en diferentes partes del país. Todo apuntaba -reseña el Washington Post- a un fármaco para combatir infecciones estreptocócicas. Aunque no había sido sometido a las pruebas de seguridad necesarias, el medicamento se comercializó. “Muchos de los que se tomaron la medicina, incluyendo un número alto de niños, sufrieron de una muerte agonizante”, recordó el periódico estadounidense. Geiling le había encomendado a su pupila que probara el fármaco en animales. Kelsey observó su efecto letal en ratas. Esa tragedia llevó al Congreso de Estados Unidos a aprobar una legislación más estricta para garantizar que un medicamento fuese inocuo antes de que saliera al mercado.

"Su juicio excepcional cuando evaluó la seguridad de un medicamento nuevo
para el uso humano ha evitado una tragedia mayor de malformaciones de na-
cimiento en EE.UU.", dijo el presidente John F. Kennedy cuando condecoró
a la doctora Kelsey, en 1962.

“Fue ese requisito lo que décadas después llevó a la doctora Kelsey, como funcionaria médica de la FDA, a negarse a aprobar la aplicación de la talidomida hasta que la compañía pudiera proveer la evidencia requerida sobre su seguridad”, le dice a BBC Mundo la FDA

En la Universidad de Chicago, Kelsey no sólo trabajó como investigadora sino como profesora. Allí también se graduaría de médica y conocería a su esposo F. Ellis Kelsey, otro de los científicos que ayudó a evitar que la talidomida se comercializara en ese país.

Esta foto de 1968 muestra a la niña Barbie Hanavan cuando
cuando tenía 6 años. Ella fue una de las víctimas de la talido-
mida cuya historia fue dada a conocer por la prensa de la
época.
En 1960, Geiling trabajaba en la FDA y no dudó en contratar a Kelsey. A tan solo un mes de estar en su nuevo puesto, a la médica “se le asignó revisar una solicitud para vender un (fármaco) que ayudaba a dormir, que ya era ampliamente recetado en otras naciones para las náuseas del embarazo, entre otras condiciones”, señala Phillips. De acuerdo con el autor, Kelsey recordaba con nitidez su primera reacción al ver la aplicación de la compañía William S. Merrell para comercializar el medicamento: “Era demasiado positiva; no podía ser el fármaco perfecto, sin riesgo”, decía.

“Todos sentimos -afirma- que la solicitud inicial era inadecuada” porque no demostraba su inocuidad. La experta evocaba que se había generado una discusión sobre qué tipo de información podían tener los representantes de la compañía acerca de “cuán seguro era el fármaco durante el embarazo”. 

“Desde septiembre de 1960 hasta noviembre de 1961, Kelsey y un grupo de colegas de la FDA fueron todo lo que se interpuso entre la nación y el fármaco talidomida, que causó defectos congénitos masivos y muertes fetales en todo el mundo”, reflexiona Phillips.

Durante muchos años se creyó que los fetos no sufrirían los
efectos de ningún fármaco porque la barrera placentaria los
aislaba
Aunque la farmacóloga se convirtió en la figura central del caso -especialmente tras un reportaje del Washington Post que alabó su “escepticismo y tenacidad (…) para prevenir lo que pudo haber sido una espantosa tragedia estadounidense”- Kelsey siempre compartió el crédito con sus superiores y los otros dos miembros del equipo: el farmacólogo Oyam Jiro y el químico Lee Geismar.

En la década de 1950, señala el Museo de la Ciencia de Reino Unido, “los científicos no sabían que los efectos de un fármaco podían pasar por la barrera placentaria y dañar a un feto en el útero”.

“Por eso, el uso de medicamentos durante el embarazo no era controlado estrictamente”. Y esa creencia de que el feto estaba protegido en el útero se extendió al inicio de la década de los 60, señala Tone. “Las investigaciones previas de Kelsey en animales demostraban lo contrario: los fármacos podían pasar de la madre al feto a través de la placenta”. Merrell, como sucedía con otras farmacéuticas de la época, no había probado el fármaco en animales preñados,. Para Keysel, la evidencia presentada sobre la inocuidad del medicamento no era suficiente ni adecuada, pues parecía basarse más “en testimonios que en los resultados de estudios bien diseñados” y de pruebas clínicas. Así que rechazó la solicitud y pidió más información. La compañía presentó más datos pero también ejerció una campaña de presión contra Kelsey.

La doctora Kelsey recibió presiones inauditas de la indus-
tria farmacéutica, una forma de coacción que hoy en día
no solo no ha desaparecido, sino que ha sido "blanqueada"
bajo el eufemismo de "hacer lobby"
“Hubo cartas, llamadas y visitas de los ejecutivos de Merrell. Fue calificada de burócrata quisquillosa, terca e irrazonable”, recordaba Robert D. McFadden en el obituario de Kelsey de The New York Times. “Kelsey se dio cuenta de que estar sometido a cierta presión por parte de un patrocinador de medicamentos entraba en el territorio de ser un revisor de fármacos de la FDA, al menos en esa época”, le indica a BBC Mundo la FDA.

A Kelsey seguía sin convencerle la evidencia presentada por la compañía y rechazó las siguientes aplicaciones. Fue entonces que sucedió algo determinante.

En febrero de 1961 -cuenta Phillips- la médica leyó un artículo en la revista British Medical Journal, en el que un doctor reportaba efectos adversos en los brazos y piernas de pacientes que había tratado con talidomida. Eso no sólo aumentó su preocupación, sino que la llevó a pedirle a la empresa pruebas de que el fármaco no era dañino para los fetos. Meses después noticias devastadoras emergerían y así lo recordó la doctora en la entrevista con la Universidad de Victoria: “Información procedente de Europa hacía una terrible asociación entre el fármaco y defectos de nacimiento muy severos”.

Pero no sólo era Europa. Ese mismo año, el obstetra australiano William McBride también había encendido la alarma en un artículo publicado en The Lancet. “Las autoridades se apresuraron a atar cabos e identificaron la talidomida como el denominador común. En cuatro oportunidades Kelsey había usado la palanca reguladora que ponía a su disposición la legislación de 1938 para rechazar la solicitud de Merrell por falta de datos”, recuerda Phillips. En su quinto intento, dice el autor, Merrell le notificó a Kelsey que cancelaba su solicitud. El medicamento nunca fue comercializado en Estados Unidos.

El doctor Samuel Andelman, comisionado de Salud de Chicago
en 1960, muestra algunas de las pastillas recuperadas por el
Departamento de Salud de EE.UU.
Y, pese a todo, el país no fue inmune a la tragedia: “Hubo alrededor de una docena y media de niños nacidos en Estados Unidos con los efectos de la talidomida, (porque) el fármaco había sido distribuido legalmente para fines de investigación”, indica la FDA.

Pero -advierte- de haberse comercializado, si la aplicación se hubiese aprobado en el momento en que se presentó, “pudo haber resultado en un número asombrosamente mayor de niños nacidos muertos o con defectos graves”.

Las autoridades sanitarias de EE.UU. lograron recuperar muchas de las muestras que se habían distribuido. Lo sucedido con la talidomida ayudó a que en 1962 se estableciera una legislación más robusta para regular los medicamentos en Estados Unidos. “Hubo cambios en la ley y uno de los requisitos era que antes de que un fármaco fuese comercializado se tenía que demostrar no sólo que era inocuo sino efectivo para su propósito”, recordaba Kelsey en la entrevista con la Universidad de Victoria.

De acuerdo con Daniel Carpenter, profesor de Gobierno de la Universidad de Harvard, uno de los legados más grandes de Kelsey es haber sido una de las impulsoras de una visión en la que la ciencia independiente y el estado de derecho debían estar en el corazón de las regulaciones farmacéuticas en Estados Unidos. “No se trataba sólo de un asunto de ciencia, sino que también era una cuestión de no recibir influencia política desde arriba o (de una fuente) externa a la agencia”, le dice el experto a BBC Mundo. “(Kelsey) ayudó a establecer una cultura en la FDA en la que los funcionarios médicos, y no personas designadas políticamente o electas para la Casa Blanca o el Congreso, tomaban las decisiones esenciales y lo hacían siguiendo el criterio científico y legal”, explica el Director de Ciencias Sociales del Instituto Radcliffe para Estudios Avanzados de la Universidad de Harvard.

Para Inmaculada Posadas, profesora de Farmacología de la Universidad de Castilla-La Mancha, España, Kelsey no sólo es un ejemplo de rigor científico y perseverancia, sino “sobre todo de la defensa de sus creencias por encima de los intereses económicos, en favor de la seguridad de la población”.

El doctor William McBride, desde Australia, fue uno de los
primeros médicos que ató cabos y alertó sobre los peligros
de la talidomida en 1961
La talidomida había sido distribuida sin receta médica desde 1956 en Alemania, y, posteriormente, bajo diferentes nombres -lo que dificultó su identificación como causante de malformaciones fetales- en 56 países. Tomó cinco años establecer la conexión entre su ingesta por embarazadas y las terribles malformaciones fetales a que dio lugar.

El fármaco fue retirado por Grunenthal en noviembre de 1961 y su distribución se frenó.

Organizaciones de familias afectadas se crearon en diversos países para exigir justicia y algunos sobrevivientes recibieron compensaciones.

En 2012, Grunenthal ofreció disculpas a las víctimas y dijo que "no se pudieron detectar" los efectos del medicamento antes de su salida al mercado. El gesto fue calificado como “insultante” por parte de grupos de sobrevivientes

Como no podía ser de otra manera, los laberínticos vericuetos de la judicatu-
ra española fueron aprovechados por la compañía Grunenthal para eludir su
responsabilidad en los crímenes contra la población. Bayer ya había senta-
do un siniestro precedente en la "era González", como explica este blog aquí
aquí y aquí

(Fuente: https://www.bbc.com/)

1 comentario:

  1. Dejaré una pregunta al aire, las farmacéuticas ganan billones sanando o estando las personas enfermas? Si no enferman se les hace enfermar, si no vemos la lógica mejor seguimos al resto del ganado humano, todo ha sido, es y será simplemente negocios, repito, si hay dinero por medio son negocios, riquezas, poder y estafa, todo lo demás son cuentos para distraer a las masas que siempre quieren más... por menos. Preguntas complejas para respuestas sencillas, distracción para enredarnos con diversas chorradas y hacernos perder el tiempo en debates, teorías, distopías, utopías y tu tía, busquemos respuestas solo sencillas con preguntas sencillas. No vemos que todo acaba con el rollo de las bolsas globales, bancos, dinero, fondos de inversión, fondo monetario internacional, deuda, prestamos y política? Todo es negocio, incluidas nuestras vidas y siempre hay un diferente beneficiario según crean los diferentes problemas. Problema-acción-solución, nunca falla.

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