jueves, 2 de abril de 2020

LOS MEDIOS Y LA CUARENTENA



Para los muchos millones de españoles que jamás han sufrido en sus carnes los fragores de una guerra (la inmensa mayoría) y que hasta hoy apenas hacían otra cosa que ocuparse legítimamente de sus asuntos, ha llegado la hora de aprender lo que significa el concepto de “propaganda totalitaria de guerra”. Basta con ver, a cierta distancia ideológica, lo que los medios nos están ofreciendo de sol a sol estas semanas. Desde los estudios de televisión, mediante decenas de sesudos debates plagados de expertos y “celebridades”, se nos alecciona en la gravedad de la crisis y la bondad de los gestores. Se alaban sus pretendidas virtudes, se disculpan sus posibles errores y se estigmatiza a todo aquel que ande con el paso cambiado. El dictado es bien sencillo: ellos deciden a qué temer, cómo reaccionar ante el miedo y a quién se debemos dirigirnos en caso de pánico oficialmente desatado.

La alarma generada por la pandemia caracteriza a nuestra clase mediática en esencia, servil a los protagonistas de sus filias, inmisericorde con los sujetos de sus fobias y dispuesta a reventar aplaudiendo y babeando, aunque el resultado final de la actual situación pudiera ser una dictadura tecnocrática camuflada de “plan quinquenal de salvación nacional”. Ya tenemos a la sociedad perfectamente atomizada en casa y a merced, casi sin alternativa, de la omnipotencia de los medios al servicio de una llamada élite de progreso.

¿Sin alternativa? Siempre podemos escondernos detrás del smartphone o el tablet, en busca de la terapia adecuada al aislamiento forzoso. Aunque sepamos que puede ser una verdadera adicción, recurrimos a Twitter, Facebook, Instagram, Snapchat, Candy Crush y decenas de miles de otras aplicaciones en busca de distracción o, lo que es peor, de reafirmación en el angosto túnel desde el que percibimos la realidad … por un efímero chute de dopamina. Alguna neurona suelta en mi cabeza me reprochó durante horas la inusitada importancia que le di a la anunciada restricción de libertades en Internet … desde mi reclusión y renuncia a muchas de mis sacrosantas libertades. Cuando desapareció la perplejidad y mi lóbulo frontal empezaba a recuperar el mando, aparecieron por detrás la amargura y la impotencia.

Pero estábamos hablando de la propaganda mediática. El virus nos ha dejado sin actividad parlamentaria, sin control parlamentario de la acción de gobierno, a los pies de unos gestores de dudosa competencia … y pendientes apenas de la siguiente rueda de prensa, el siguiente discurso motivacional, los números. No vemos familias sufriendo la pérdida de uno de los suyos, no vemos enfermos postrados, no vemos ataúdes, … no vemos la verdad. No nos la muestran y, frágiles, tampoco la reclamamos. Seguimos pendientes de nuestra pantalla confiando en que el aparato burocrático que tan caro nos sale solucionará todo lo que le pase a los demás. En última instancia, todo lo que pueda pasarme a mí. Apagamos el ordenador y encendemos la televisión. No olvidamos el móvil.

Y entre clics y botones apenas nos damos cuenta de la vertiginosa velocidad con que hemos renunciado a una larga lista de derechos que se habían ganado a un altísimo precio durante siglos: el derecho a la libertad de reunión, el derecho a la educación, el derecho a la libre circulación, la libertad de enseñanza e investigación, la libertad de ejercer una profesión, la libertad de comercio, la libertad de viajar… Recuerden: todos estos derechos no se han suspendido por un día o por dos, sino por un período indefinido, siempre bajo la indicación explícita de que las cosas podrían ponerse mucho más difíciles. ¿Y qué hacemos? Esperar devotamente a la próxima rueda de prensa. A las preguntas diseñadas – o filtradas- por el asesor del gobierno, a las respuestas estudiadas del preguntado. Y sobre ese sofrito, nace un nuevo debate de expertos desde el que recordarnos que debemos estar convencidos de que lo que hace nuestro gobierno está bien. Tiene que estarlo, después de todo nuestros dirigentes acaban de pagar 15 millones de euros a ciertos medios por su fidelidad en el relato.


El control y la subordinación de los medios de comunicación es un aviso, apenas un “preview” de lo que el poder del Estado, en las manos equivocadas, puede hacer con nuestra percepción de la realidad. Sí, nuestra salud está en peligro, pero nuestra libertad también. Hay quienes dudan de que las medidas adoptadas sean las adecuadas, o las mejores. Temo que las alternativas serían más arriesgadas y de peores resultados. Las restricciones actuales a la libertad son proporcionales a la seriedad de la amenaza, pero en ningún caso deben mantenerse por más tiempo del necesario.

Llamen a los medios, escriban cartas a los periódicos: pregunten a qué está esperando el gobierno para hacernos test masivos de anticuerpos, para saber cómo evoluciona el proceso de inmunización comunitaria y así poder hacer una previsión de cuándo nos van a devolver las libertades que hemos puesto en sus manos, pero que sólo nos pertenecen a nosotros. Porque sin esas libertades será imposible producir. Y sin producir será imposible evitar la pobreza. Y la pobreza mata. Igual que el virus.


Luis I. Gómez Fernández
(Visto en https://disidentia.com/)

5 comentarios:

  1. Apagar la tv y hagamos como en suecia, persona de riesgo o con síntomas a casa..los demás al trabajo.

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  2. Los derechos y libertades que nos habíamos ganado, ahora se deduce que nos hicieron creer que nuestro esfuerzo y tesón eran los que hacían el logro, pero solo era una ilusión, nos hicieron creer que los habíamos conseguido nosotros. Nos dejaron ilusionarnos, apegarnos a esos derechos y libertades, y cuando ya nos creíamos que la lucha daba sus frutos, resulta que en muy poco tiempo, si lo comparamos con la eternidad que nos costó lograrlos, nos los quitan, y lo que es peor, sin darnos cuenta de que no es el bicho el que nos los quita, el bicho es la escusa, nos los quitan porque lo que quieren es nuestro sufrimiento, nuestras penas, nuestra incertidumbre, nuestro dolor y nuestro miedo.
    Nos dejaron creer que conseguíamos algo porque una vez apegados, quitarnoslos causa eso que quieren:miedo, miedo y más miedo. Ese miedo baja las frecuencias del cuerpo y el sistema inmunológico se debilita y el bicho es cuando puede atacar, y si a eso se añade fumigación, 5G, y toda la peste que la OMS tiene a bien conceder en alimentos y vacunas, pues la jugada sale ok.
    Que qué pretenden con esto?: que sigamos "distraídos" de nosotros mismos, de nuestro centro, que no nos encontremos, que la personalidad no llegue a conectar con el SER verdadero que somos. Si esto sucediera sería su fin, nada más y nada menos, por eso tienen este empeño en meter tanto miedo y ya se puede ver, el miedo es el auténtico bicho.
    Fuerza y ánimo a todos. Practicar la presencia, el aquí y ahora, consciencia plena.

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  3. Cuidado con pedir tests masivos! Se han detectado tests contaminados por el virus. Algo accidental? o intencional? A mí me parece que si es un virus de laboratorio para usarse como arma biológica ésta sería la manera perfecta de diseminarlo. Para quien sepa inglés, David Icke en su cuenta de twitter lo expone ampliamente. Yo lo considero muy probable.

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    1. Claro, sin duda. Por algo nos están metiendo en la cabeza lo de tes rápidos
      Es parecido a que políticos diversos digan que el número de muertos, tanto aquí como en Italia son muchos más, dicen que en china son millones de muertos, pero a mí eso me huele a más miedo, porque favorece a qué la gente se asuste mucho más. Si, por el contrario se dijera que los muertos son menos que el dato oficial el efecto sería contrario y la gente se podría relajar y eso no les conviene.
      Tal vez yo sea demasiado exagerado, pero la historia me da la razón. Estos "vigilantes" se les va descubriendo.
      Primero dicen no, luego parece, y al final resulta que nosotros solitos se lo damos en bandeja.
      Lo de siempre, problema reacción solución.

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  4. Se que somos esclavos pero si tengo que ir a la fabrica, de vacaciones con delfines para vacilar, si tomar una cerveza o lo que me salga de los huevos, eso lo quiero hacer sin control y más sobre mi cuerpo. Eso de momento es mio y solo mio, mi cuerpo. Cuidado con esto que muchos de nosotros ya decíamos nos quieren poner un chip, nos quieren controlar más si cabe y que solo depende de nosotros, el miedo no puede cegarnos, más aún.

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