sábado, 11 de abril de 2020

5G Y COVID-19



El 1 de noviembre pasado, durante la campaña de inoculación masiva de la vacuna de la gripe en China se produjo en la provincia de Hubei el primer caso reportado del nuevo coronavirus COVID-19. Se descubrió entonces que la vacuna de la gripe incrementaba el riesgo de padecer el coronavirus en un 36 %, como si la mínima infección que ésta debía producir se viese decuplicada por algún factor externo, un dato que no pasó inadvertido a los expertos médicos de la Universidad Estatal de Washington, quienes identificaron ese activador en un informe titulado "El papel del 5G en el Epidemia de coronavirus en Wuhan, China". 

Dicho informe planteó preguntas sobre el "papel causal que 5G pudo haber tenido en las personas infectadas con coronavirus" en los lugares donde el virus se extendió. A propósito de ello, el profesor emérito Martin Pall afirmaba con rotundidad: "Poner decenas de millones de antenas 5G sin una sola prueba biológica de seguridad debe ser la idea más estúpida que nadie ha tenido en toda la historia del mundo". Pero, pese a lo estúpido de la idea, la implementación de esta mortífera tecnología prosigue, disimulada bajo la cortina de humo que la pandamia mundial resultante de su difusión le ofrece.


La pasada semana una curiosa noticia nos llamaba la atención: unos extraños haces luminosos en el espacio fueron avistados por decenas de personas en la Comarca de Pamplona- Iruñerria. La explicación, sin embargo, resultaba muy razonable: Las luminarias correspondían al tren de satélites privados Starlink, lanzados por la compañía aeroespacial Space X; que ya ha puesto en órbita 360 satélites y para el año próximo llegará a la cifra de 12.000.

No hace falta una investigación muy exhaustiva para comprobar que esto es parte del despliegue de la infraestructura de la tecnología 5G y el “Internet de las Cosas”, tecnología que el propio Defensor del Pueblo ha señalado como carente de las necesarias garantías ambientales y sanitarias. La comunidad científica, en base al conocimiento ya existente sobre los efectos biológicos de la contaminación electromagnética, ha alertado sobre las graves consecuencias sanitarias y medioambientales que el despliegue de la infraestructura 5G provocará. Incluso Bruselas, Suiza, Eslovenia y un importante número de municipios de EEUU, Gran Bretaña e Italia han planteado una moratoria al 5G hasta que no se demuestre su inocuidad; en otro lado de la cuerda se ubican ciudades punteras en el despliegue del 5G como Wuhan en China.

¿Cómo es posible que precisamente en este período de grave crisis sanitaria se acelere la implantación de una tecnología tan cuestionada y sin garantía sanitaria?

En efecto, hoy por hoy la única defensa contra el coronavirus es nuestro sistema inmunitario, y existen investigaciones que indican que puede verse debilitado por efecto de la exposición crónica a la contaminación electromagnética producida por las radiofrecuencias. Precisamente las radiofrecuencias son el medio de funcionamiento para la comunicación y transmisión de datos de la tecnología inalámbrica (móviles, wifi, inalámbricos…), y la tecnología 5G incrementará exponencialmente esta exposición además de extenderla a toda la superficie del globo terráqueo a través de miles de satélites-antena, algunos lanzados la pasada semana y otros previstos para los próximos meses.

¿Podrían las radiofrecuencias estar favoreciendo la propagación y virulencia de esta pandemia? Una reciente investigación china publicada en la revista «Virology» sobre otro tipo de coronavirus, explica que la infección aumenta las concentraciones de calcio en las células y eso acelera la replicación de los virus y por tanto la letalidad de la infección vírica. El bloqueo de los canales de calcio inhibe la infección. Uno de los efectos observados de este tipo de radiaciones en investigaciones con células y animales es precisamente la activación de los canales de calcio, provocando un aumento de las concentraciones de calcio en las células, lo que podría favorecer la replicación de este tipo de virus.

¿Cómo es posible que mientras se pide (o impone) un sacrificio a la población con el confinamiento como respuesta a un virus, los gobiernos e industria de las telecomunicaciones aceleran la implantación del 5G, tecnología que podría estar afectando negativamente la respuesta del sistema inmune ante determinadas infecciones?

Hay miles de hogares con niños y niñas que no han salido a la calle en semanas, bajo la continua exposición a radiofrecuencias provenientes de sistemas wifi, móviles y otros aparatos electrónicos domésticos; y miles de personas ingresadas en hospitales que tienen de media una picoantena por cada 10 pacientes (hasta 300 hotspot por hospital) con niveles de radiación que podrían estar afectando negativamente la salud de los que se pretende curar. Hoy más que nunca es evidente la falta de aplicación de las recomendaciones de protección de la población, especialmente la población infantil, frente a las radiofrecuencias que establecía la Resolución 1815 de la Comisión Europea en 2011. Las instituciones difunden el “Quédate en casa”, aunque parece que pocos estamentos oficiales se ha preocupado sobre los factores ambientales de nuestra estancia en el hogar pese su posible influencia en el sistema inmunológico y la capacidad de respuesta a procesos víricos. Sumando el previsto despliegue del 5G, los efectos en la salud futura de las exposiciones actuales a radiofrecuencias podrían ser importantes. Existiendo ya evidencias suficientes ampliamente consideradas como alertas tempranas que justificarían de sobra la aplicación del principio de precaución, ¿ocurrirá como con el amianto y el tabaco? ¿Habrá que esperar hasta un coste en salud y vidas irreparable?

Y de la mano de la microbiología, los efectos medioambientales del 5G debido a la alteración ubicua del entorno electromagnético terrestre se prevén como incluso más críticos que los sanitarios; afección a microbiología, insectos, aves, plantas y bosques e incluso a mamíferos. Una mayor ruptura del equilibrio de los ecosistemas puede poner en jaque a los servicios ecosistémicos que son la base de la vida.

Ya es sabido que la infraestructura 5G no sólo consistirá en satélites, sino en millones de antenas urbanas y de dispositivos emisores camuflados en todos los electrodomésticos y objetos imaginables, pasando por la sustitución de los teléfonos móviles actuales. Para ello se deberán emplear (se están empleando) unos recursos energéticos, materiales y financieros muy necesarios en otros ámbitos, generando un importante volumen de gases de efecto invernadero y, por lo tanto, acelerando el cambio climático.

Aspiramos a la paralización de la tecnología 5G porque además de sus perniciosos efectos sanitarios, medioambientales y sociales, no es necesaria. No queremos conducción autónoma ni cirugía a distancia, ya que las personas, profesionales, nos generan mucha más confianza que las máquinas y lo que necesita el sistema sanitario público es revertir los recortes y recuperar su fortaleza y calidad, y no dilapidar su presupuesto en el 5G. Tampoco nos interesa pagar tan elevado precio por mejorar nuestra conexión; la fibra óptica, incluso en el medio rural, ya ofrece unas altas velocidades por cable y es apta para el teletrabajo o el acceso a la cultura y al ocio. Obviamente, no deseamos en absoluto que la “nube” virtual se apropie de nuestros datos y se entrometa en nuestra privacidad haciéndonos más vulnerables a la manipulación, al ciberdelito, a la vigilancia permanente y, por lo tanto, a la limitación de nuestra libertad y derechos.


Finalmente, deseamos recordar a las instituciones navarras y españolas que el “progreso” que deseamos no es precisamente en favor de tecnologías sin garantía sanitaria como el 5G y el capital relacionado con ello, y por ello solicitamos:

– La aplicación urgente del “Quédate en casa” también a la industria de las telecomunicaciones durante este confinamiento.

– La paralización del despliegue 5G mientras que la ciencia no determine su inocuidad y las aseguradoras no cubran las responsabilidades por afección a la salud.

– Y la derivación de esos recursos energéticos, financieros, legales o humanos previstos para el 5G a sanidad, medio ambiente, salud ambiental y aplicación de la Resolución 1815.


De esta forma, el progreso, el desarrollo y la tecnología podrán estar enfocados al medio ambiente, las personas y su salud.

(Fuente: https://www.ekologistakmartxan.org/)

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