domingo, 8 de marzo de 2020

ANDRÉS CALAMARO DESAFÍA EL TABÚ DEL "FEMINICIDIO IDEOLÓGICO"


Ya hay víctima propiciatoria en la que concentrar toda la bilis a exteriorizar en
el mayor acto de contagio colectivo del coronavirus del que tenemos noticia,
programado por sectari@s sin sentido de la responsabilidad: la "manifa" de
hoy, 8-M, involuntario homenaje a Darwin (o no tan involuntario).

Los medios de propaganda nos han habituado a expresiones como "asesinato machista", yuxtaponiendo injustificadamente lo pasional y lo ideológico e induciendo a las masas irreflexivas a considerar que cada crimen contra una mujer manifiesta una pretendida superioridad del varón que la cultura ha construido y perpetuado.

"Las matan por ser mujeres" es la expresión más acabada de esta disparatada creencia, que el feminismo subvencionado ha asumido con entusiasmo, consagrando su tortuosa concepción de la mujer como víctima universal y absoluta. Solo que para sostener dicho diagnóstico hace falta someterlo a comprobación, algo que podría desmentirlo radicalmante. Esa es la razón de que todo intento por validarlo de un modo científico se haya estrellado contra el boicot del "lobby" feminista. Y la que ha desatado a la jauría histérica contra el último portavoz del sentido común, que ha sido el rockero Andrés Calamaro, quien ha tenido la inaudita osadía de hacer la pregunta del millón que deja desnudo al emperador: "¿Cómo sabemos que las asesinan por ser mujeres?"

Podríamos saberlo preguntando a los asesinos, pero cuando en su día EL PAÍS dio a conocer la iniciativa del Ministerio del Interior de entrevistar en las cárceles a los condenados por "feminicidios" para poder tratar las causas reales del problema, el "lobby" feminista puso el grito en el cielo y consiguió que se cancelara la iniciativa, por si el problema se reducía y perdían su razón de ser los cientos de chiringuitos que viven de él. Y es que las que dicen defender a las mujeres necesitan que haya muertes para que no se reduzcan las subvenciones. La lucha contra la mal llamada "violencia de género" (solo hay un género, y es el género humano) se ha convertido en un negocio de lo más suculento, y muchas ya han decidido que su solución resultaría poco rentable, así que viven parasitáriamente del problema, del cual ya son parte -sumamente- interesada.

El amigo Calamaro se ha atrevido a apuntar en la dirección correcta en su cuenta de Twitter: "La violencia de género, en Argentina, procede de la siguiente manera. Una mujer asesinada por día, seis varones. En un año, el porcentaje de asesinatos masculinos es de un 88% ... Son estadísticas, no opiniones". Algo incontestable, pero que Diarioshow recogió con el malintencionado comentario de que "da a entender que la muerte de mujeres no es un tema importante", curiosa conclusión digna de un analfabeto integral, como prueba el subtítulo de la noticia:

¿Qué comprensión lectora se puede esperar de quien no sabe ni escribir?

Y es que, si hay algo que subleva a los fanáticos, es toda evidencia que no pueden ajustar a sus presupuestos ideológicos. Cuando la realidad contradice sus apriorismos se vuelve odiosa, puesto que pone en solfa sus orejeras dogmáticas y deja en evidencia su indigencia intelectual. "Antes la mentira que me conviene que la verdad que me delata" es el lema de la vesania irracional que nutre toda lucha por la hegemonía moral y cultural. Solo que la verdad se defiende sola, mientras que la mentira necesita de apoyos (en forma de subvenciones estatales, Escohotado "dixit").

Pretender un enfoque meramente aritmético del crimen, es decir, pretender la única perspectiva verdaderamente igualitaria que cabe, es lo más alejado a lo que los ideólogos de la "igualdad" travestida en "igual da" pretenden, y, por tanto, lo que más visceral rechazo les provoca. Porque dar por supuesto que la vida de una mujer y un hombre valen lo mismo es fascista, machista y retrógrado. Lo "igualitario", según la progredumbre fanática, es aceptar la inferioridad masculina y lo prescindible de su existencia, lugar común del feminismo hegemónico y cerril. Hay víctimas de primera y de segunda, y el hombre pertenece a éstas últimas.



Ante la avalancha de críticas, amenazas y vituperios de que se vió objeto el cantante por poner en duda el dogma no se mordió la lengua y replicó a la jauría: "Los indignados por la violencia de género me están deseando la muerte, evidencian entonces la contradicción entre los dogmas y la violencia (con la que me contestan). Son clientes de los eslogan, conocen la vida virtual pero se emplean con violencia degenerada cuando argumentan".

Nuevo triple que, como era de esperar, azuzó aún más a la masa de ofendidos, pese a lo cual Calamaro se mantuvo en su postura, jugando la baza de cambiar irónicamente su nombre de usuario a "Ministerium für Staatssicherheit" ("Ministerio para la seguridad del estado", un servicio de inteligencia de la República Democrática Alemana), un movimiento que sus detractores, bastante limitados para la comprensión, no acabaron de entender.


No olvidemos que los posicionamientos lingüísticos condicionan la percepción de la realidad, y el término "feminicidio" viene a dar por supuesto una etiología delictiva falsa, como explica el compatriota de Calamaro, Agustín Laje:



Dos tweets del músico resultan especialmente significativos, el primero, la observación de que "La inmensa mayoría de los hombres solo empleamos la violencia para defender a la mujeres", y el segundo, anterior en algunas semanas a esta polémica concreta, es un diagnóstico absolutamente certero de por dónde van las creencias de las feministas "canónicas": "Creo que para muchas jóvenes el feminismo se está convirtiendo en una religión, en una visión del mundo, con un fuerte componente sentimental, casi apocalíptico, una cosmología. Ven un universo repleto de mujeres victimizadas enfrentadas a unos malvados hombres depredadores".

No solo eso, son fundamentalistas cerradas al debate de ideas, y que por nada del mundo saldrían de su zona de (falsa) certeza para validar su ideología contrastándola con una realidad bastante tozuda.

(posesodegerasa)

6 comentarios:

  1. Calamaro es un machirulo misógino que fomenta el odio a las mujeres. Sólo hay que fijarse en el detalle de su apellido, apuesto a que lo cambió a Calamaro en lugar de Calamar, es toda una declaración de principios, se reafirma en su machismo recalcitrante. Las mujeres deberían hacer Calamaros a la romana con él, para así demostrar que van a hacer todo lo posible y más para demoler el heteropatriarcado machista opresor y feminicida. Como muestra de mi inquebrantable apoyo a la causa, me ofrezco para facilitar una receta de Calamaros a la romana, transmitida de generación en generación por las mujeres oprimidas de mi familia.

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    1. completamente de acuerdo
      Ahora bien ¿Ha pensado vd en cambiar de Especie? Porque de no ser asi es Vd una miserabe Especista e mierda
      A. Calamaro

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    2. Si no hubiera sido por tus heteros padres no habrías nacido, feminecia.

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    3. Sólo te quedas con la parte que te conviene de lo narrado. Creo que eres una de las muchas mujeres subvencionadas y no quieres que termine tu gallina de los huevos de oro

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    4. Aclaración para los especímenes que han contestado, los cuales han evidenciado tener serias dificultades de comprensión lectora: MODO IRÓNICO "ON".

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  2. Lo que no entiendo es porque no dais la cara con vuestro nombre y foto real al poner los comentarios, así sabríamos el perfil de cada persona cara a cara, cobardes hasta para edentificaros...

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