miércoles, 23 de mayo de 2018

SIN DEBATE NO EXISTE LA LIBERTAD



En los últimos años de la República alemana de Weimar (1918-1933) la sociedad estaba muy ideologizada y los partidos decían proporcionar a sus seguidores la “correcta” concepción del mundo. Cada partido era una totalidad perfecta, cerrada en sí misma, por lo que converger entre ellos en algún punto resultaba prácticamente imposible: la relación entre las personas con diferentes ideas políticas se fue haciendo cada vez más complicada.

En este contexto de ruptura social el nazismo se fue convirtiendo en la ideología dominante. Pronto el ambiente empezó a ser asfixiante para los disidentes: si no eras nazi, eras sospechoso de ser comunista; o quizá algo peor, judío. Pensar comenzó a ser incómodo, y conversar libremente no estaba exento de sanciones sociales. Si un ciudadano no quería problemas con su vecino, callaba o le daba la razón. Pero la disonancia termina por ser insoportable: fueron muchos los que, acostumbrados a decir lo que no pensaban, acabaron al fin creyendo lo que a todas horas decían.

La reflexión moral implica un diálogo continuo con nosotros mismos y un distanciamiento emocional del asunto juzgado. Se trata de ponernos en la situación de los otros e intentar pensar desde posiciones diferentes. Finalmente, emitimos una opinión razonada que está siempre sometida a debate público. Sin este debate, que se debe producir primero en nuestra cabeza y después con los otros, no hay sociedad civil. No obstante, pensar sobre cuestiones morales es una actividad ingrata, pues pocas veces llega a ser tan concluyente como un razonamiento técnico, científico o matemático. Conlleva, por tanto, ciertodesasosiego.

Además, opinar públicamente puede traer consecuencias incómodas, hay gente que te empieza a mirar mal si no piensas como ella. Quizá por eso la tentación de abdicar del pensamiento crítico está siempre presente, siquiera inconscientemente. Más aun cuando la ideología dominante acecha. ¿Por qué hacerse preguntas inquietantes cuando hay tantas respuestas reconfortantes al alcance de la mano?

Muchos alemanes corrientes que en un principio no simpatizaban con el nazismo, decidieron dejar de hacerse preguntas inquietantes: el juicio ponderado fue sustituido por la opinión irreflexiva inducida por la propaganda o por la presión de grupo. El diálogo interno desapareció y, consiguientemente, el debate público se pervirtió: ya no se trataba de razonar con el otro, sino de imponer mi verdad al otro. Según Hannah Arendt fue precisamente esta incapacidad de pensar de una parte importante de la población de Alemanía la que, en gran medida, posibilitó el triunfo del nazismo.


La Historia se suele repetir, aunque nunca exactamente igual. Hoy la ideología dominante no es el nazismo; pero, como en los últimos años de la República de Weimar, hablar libremente resulta cada vez más complicado. La verdad de lo políticamente correcto no admite matices, discusión ni deliberación reflexiva. Si el debate es entre amigos o familiares y asoma la mínima discordia, el amigo puede convertirse en enemigo y el pariente puede retirarte la palabra.

En la calle, y sobre todo en las televisiones, el mensaje es inequívoco: en nombre de la nueva verdad los disidentes deben ser señalados, vigilados y apartados. El linchamiento en las redes sociales es práctica habitual.

Hoy la ideología dominante es el feminismo supremacista y el elegetebismo. Pero no nos engañemos, podría ser cualquier otra. Lo importante no es la ideología que se dice defender, sino lo que a través de ella se pretende conseguir: sabemos, gracias a las cínicas declaraciones de un ministro que, en España, reeducar a los jueces es prioritario. Sin embargo, el ataque a la Justicia es solo un escalón. Hacer de la vida privada asunto político, acabar con lo que queda de la Civilización occidental e instaurar el Paraíso en la Tierra son los últimos peldaños de la escalera.

La verdad política se llama libertad, y su garante es el Estado de Derecho. Cuando en nombre de otra verdad se sacrifica la libertad, el resultado es siempre el mismo: un régimen totalitario donde reina la mentira. Ocurrió y, por lo tanto, es posible. David Russet, escritor francés víctima de las atrocidades nazis, decía que el hombre normal no sabe que todo es posible. Hoy sus palabras, fruto de un ponderado juicio en una época donde mucha gente lo perdió, deberían entenderse como un nuevo imperativo moral: ¡no ser un hombre normal!

Maestroviejo
(Visto en http://selenitaconsciente.com/)

4 comentarios:

  1. Lo acaecido en la Alemania de principios del siglo pasado vuelve a ser una triste realidad, esta vez en nuestro país. La adhesión al pensamiento único o, en su defecto, no mostrar ni acción ni opinión discrepante, ya parece ser requisito indispensable para "vivir en paz" en Cataluña.

    Se ve gente, que, ejerciendo su "derecho a la libertad expresión" (algo que niegan al discrepante), se clavan sus lacitos amarillos en la solapa o enguarran el mobiliario urbano con plásticos del mismo color, sin importar la ecología, ni que estos puedan perjudicar al medio ambiente. Eso sí, "gracias" a una ley aprobada en la parlamento catalán, nos cobran por la bolsita de plástico en la tienda, para, según nos cuentan "reducir su consumo y evitar que acaben tirados en el medio ambiente". Hipocresía en grado sumo.

    Pero, ay de quien se atreva a plantar cara. Lo hemos visto estos días con quienes osan retirar la cruces amarillas de las playas o los plastiquitos de marras. (¿Y por qué cruces si, de momento y por fortuna, nadie ha muerto?. Parece que estén invocando los muertos que no llegan y que les permitirían seguir con su letanía victimista ante el mundo mundial).
    Se está llegando a extremos absurdos como el de Arenys de munt, con su Ayuntamiento, que ya se plantea multar a quienes retiren los plásticos amarillos de la vía pública y no a quienes los ponen; el mundo al revés. Seguro que en este municipio existen los contenedores de reciclaje y recomiendan a sus ciudadadanos separar y reciclar la basura...

    Mientras,el gobierno central, con don Tancredo al frente, sigue con la táctica del avestruz, la pelota se hace más grande y se envenena la convivencia cada día más en Cataluña.

    La historia está para aprender, no para repetirla. ¿De qué sirve tanta información si siempre volvemos a cometer los mismos errores fatales?.
    Ojalá que en el futuro no tengamos que lamentarlo, como Alemania con su pasado, porque, a la hora de la verdad, siempre les toca a los mismos poner su vida y su sangre, mientras los responsables son los primeros en salir huyendo como ratas cobardes.

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    1. Está claro que somos así; cada uno aprende,como San Pablo, en sus caídas.
      Hay mucha información, pero no tanta, más bien hay mucha propaganda y mucha distracción; si alguien quiere información tiene que buscarla.
      Es como una religión, no tienen interés con los de otra religión y controlan o reprimen a los suyos. Los que viven de... lo defienden mientras da de comer.

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  2. el debate en si msimo no es nada Tiene que haber voluntad de descubrir alguna verdad comaprtida o de lelgar algun acuerdo

    Sin ese prerequisito no existe el debate es tan mierda como todo lo demas

    Imaginense que tipo de debate puede exsitir por ejemplo entre el nazi Torra y Rajoy o entre el nazi Torra y P. Sanchez ? Como no se avengan al DIKTAT de Torra
    ...
    el articulista simplifica lo ocurrido en Alemania
    los nazis tomarone lpoder

    1 porque el partido comunista quiso que lso nazis tomaran el poder ya que no tolero una alianza parlamentaria con los socialistas que les hubiera llevado al poder a ELLOS La agenda oculta del Sr Stalin consistia en aupar a los nazis al poder ( hasta la novela de "ficcion" historia; el rompehielos, de VICTOR SUVOROV, no habia ninguna razon logica que lo explicase)

    2 porque articularon una oferta de prosperidad que llego a al gente y que (cifras cantan) la hizo prosperar de una manera objetiva y palpable

    en fin simplificar esta bien, pero nos perdemos ..la realidad y el paisaje de la realidad

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  3. Yo diría que sin libertad no hay debate.

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