domingo, 24 de noviembre de 2013

EL AGOTAMIENTO NERVIOSO, EL MAL DEL SIGLO (2ª parte)



El síndrome de Burnout será el mayor problema al que se enfrenten las empresas en relación a sus trabajadores de aquí a 20 años, como ya empieza a serlo. Y para la Seguridad Social, que ya está bastante “tocada”, significarán más costes a consecuencia de las bajas laborales que tendrá que asumir.

Algunas empresas ya están haciendo frente al problema, aunque son mayoría las que o bien no les preocupa, o lo ven como inevitable o algo fuera de su alcance o creen que es suficiente con “rejuvenecer” al personal.

El doctor François Baumann, en su obra titulada “Burn out, quand le travail rend malade”(Burnout, cuando trabajar enferma) -Éditions Josette Lyon-, escribe: “La paradoja es que la persona `quemada´ no ve con claridad las consecuencias de su estado: aún no es consciente de sufrir una patología; seguirá trabajando a un ritmo vertiginoso, incluso acelerado en comparación con el ritmo al que está acostumbrado… pero de manera ineficaz, lo cual reforzará su desmotivación general”.

Y es que es precisamente la desmotivación lo que amenaza al trabajador que sufre esta patología, el cual observa con impotencia que esforzarse más no sirve para conseguir mejores resultados, sino lo contrario. O lo que es peor, recurre a otras escapatorias: tabaco, alcohol, drogas, somníferos, antidepresivos, etc. para huir del problema sin resolverlo. De esa forma, es posible que caiga en la adicción, cuyos perjuicios se sumarán a su agotamiento, y la persona se verá atrapada en una situación insoportable de la que no podrá salir.

Un estudio llevado a cabo por el IFAS (Instituto Francés de Acción contra el Estrés) entre 13.000 encuestados puso de manifiesto que el estrés constituye hoy en día un importante elemento de riesgo para la salud en uno de cada cinco hombres y una de cada tres mujeres. Es inevitable, pues, preocuparse por la rápida y previsible evolución de los trastornos físicos (cansancio, insomnio, dolor de cabeza, mareos, trastornos musculares y digestivos…) y psíquicos (falta de entusiasmo, insatisfacción, depresión…) que lleva aparejados. Si no hacemos nada, nos expondremos a una explosión en las próximas décadas.

Todos los investigadores lo ven claro: el maravilloso desarrollo de la informática y las nuevas tecnologías ha aumentado de forma considerable la presión casi permanente sobre el sistema nervioso de los usuarios. Es el conjunto de la sociedad moderna la que sufre dicha presión, pues está sometida por completo a un tipo de “comunicación” cada vez más invasiva.

Tras lo que en principio parecía algo que proporcionaba más libertad, poco a poco se ha tornado en una suerte de esclavitud de la informática, de la que tomamos conciencia demasiado lentamente, para intentar hacerle frente antes de que los problemas de salud que genera se vuelvan catastróficos.

La expansión de la informática no se presentó de forma inmediata como un peligro, sino todo lo contrario. La naturaleza, en cierto modo “mágica”, de las posibilidades técnológicas que ofrecía maravilló y fascinó a todo tipo de usuarios. La facilidad de uso tras una breve formación, la rapidez y eficacia de su funcionamiento, se percibieron como un progreso de gran importancia, así como un factor decisivo para el aumento de la productividad, reforzado por una especie de “diversión”, de todo lo cual pronto tuvimos que desengañarnos.

Y es que, aunque la trinidad formada por el teclado, el ratón y la pantalla, sustituida cada vez más por las pantallas táctiles, no podría ser más atractiva (como podemos constatar, especialmente entre los adolescentes), somete a nuestros organismos de forma insidiosa a una dependencia total a la máquina, lo cual acarrea consecuencias devastadoras. Éstos son algunos de los perjuicios que provoca, y de los cuales a menudo no somos conscientes:
  1. El ordenador inmoviliza el cuerpo en una posición fija que limita el movimiento de los miembros, lo cual perjudica a los músculos, a los huesos, a la circulación de la sangre y al tránsito intestinal.
  2. El ratón deja la mano inmóvil y la obliga a realizar movimientos bruscos repetitivos y antinaturales, mientras que el teclado hipersensible, diseñado para favorecer la rapidez de los gestos, crea una fatiga neurológica constante.
  3. La pantalla “hipnotiza” literalmente la mirada, limita por completo nuestro campo de visión y restringe de forma abusiva su alcance, lo que disminuye poco a poco sus facultades de adaptación a la línea del horizonte y puede crear miopía. A todo eso se suma la permanente fatiga de los ojos, causada por la luminosidad directa.
Ni que decir tiene que todos esos perjuicios se ven agravados cuando las exigencias profesionales de cada uno requieren que las tareas se ejecuten a gran velocidad. Con lo cual, tanto nuestra mente como nuestro sistema nervioso sufren una presión psicológica intensa, lo que en casos extremos y en las personas más frágiles puede conducir a un desarreglo total del metabolismo y de las facultades de adaptación.

De hecho, si las actividades de este tipo se mantienen durante varios años, el progresivo deterioro de la salud es casi inevitable. Si el organismo es joven, puede soportar la presión y adaptarse. Sin embargo, al avanzar en los años (en torno a los 40 de media), las defensas se ven desbordadas y comienza el agotamiento nervioso.

¿QUÉ REMEDIOS HAY?

Recurrir a los ansiolíticos y los antidepresivos es un error porque, aunque parezca que pueden ayudar de forma pasajera, puede acostumbrarse a ellos y además no resuelven el problema en absoluto. Las únicas soluciones son de dos tipos: las que dependen de la empresa en la que cada uno trabaja y las que dependen de la persona, sin excluir la interacción entre ambas, que sería lo aconsejable.

Hoy en día, es indispensable que las personas con trabajadores a su cargo entiendan que el bienestar físico y mental de éstos es la base de su productividad. La enorme presión psicológica que genera la informática y su inmediatez (sin mencionar los peligros asociados a las ondas electromagnéticas de los ordenadores y de los teléfonos móviles hace que sea necesaria una organización funcional de los puestos y de los horarios en las empresas, para así hacer posible que cada trabajador pueda tomarse un respiro, relajarse, “recuperarse” y distanciarse de vez en cuando de la sobrecarga emocional y psicológica de su entorno.

Todos necesitamos espacio, silencio y calma. Asimismo, es indispensable que los puestos de trabajo estén adaptados desde un punto de vista ergonómico. El trabajador debe disponer del máximo confort ya que, lejos de ser un lujo, se trata de un factor fundamental para la eficiencia y la productividad, así como una buena forma de evitar el absentismo. Por tanto, tiene ventajas tanto para el trabajador como para la empresa.

En lo que se refiere al trabajador en sí, debe saber distribuir sus fuerzas, aprender a relajarse buscando la manera de hacerlo varias veces a lo largo de la jornada, y aprovechar la mínima ocasión para moverse (por ejemplo: levantándose de vez en cuando a llevar un papel en la oficina, o a recogerlo de la impresora). Lo ideal sería no permanecer sin moverse frente al ordenador más de 30 minutos. El hecho de levantarse y caminar un rato, aunque solo sea dos minutos, tiene consecuencias mucho más positivas de lo que pensamos.

Si los directivos de la empresa no son capaces de realizar las adaptaciones necesarias y si el trabajador no consigue reducir a su vez los efectos nefastos de la presión excesiva que padece, no le quedará más remedio que cambiar de vida y de trabajo. Por supuesto, del dicho al hecho hay un trecho, pero en algunas situaciones insostenibles, es la única forma de salvar nuestra salud, elemento primordial para nuestra felicidad y que nunca debe sacrificarse.

Pierre Lance escritor, periodista y filósofo.
(Fuente: http://www.saludnutricionbienestar.com/)

2 comentarios:

  1. Muy buen artículo, quisiera compartir un artículo sobre ésta temática titulado "¿Eres sensible a sufrir el Síndrome de Burnout", donde se analiza una reciente estudio, donde relaciona el padecimiento de ésta enfermedad con determinadas características de personalidad de los pacientes
    http://juanmoisesdelaserna.es/psicologia/diferencia-inteligencia/

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  2. Muchas gracias por el enlace, y un saludo.

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