martes, 19 de noviembre de 2013

EL AGOTAMIENTO NERVIOSO, EL MAL DEL SIGLO (1ª parte)



Competencia, competitividad, eficacia y productividad son las palabras clave de las sociedades modernas, que se encuentran inmersas en el torbellino de la producción masiva, las tecnologías eficientes, la omnipresente informática y la obsesión de ganar más.

Tal frenesí colectivo tiene sus consecuencias en la salud de las personas, como el cansancio extremo, tanto nervioso como psíquico, del cual no hemos hecho más que empezar a tomar conciencia.

Y es que llevamos un tiempo viendo cómo una especie de “enfermedad del trabajo” se extiende en las empresas, y los primeros en sufrirla son, evidentemente, los más aplicados, los que más responsabilidades tienen y los que más se preocupan de hacer bien las cosas, así como los más sensibles.

Esta situación puede llegar a minar completamente sus defensas orgánicas, de manera que sufren un estado de agotamiento emocional que los estadounidenses denominan "Burnout" (que se podría traducir como “quemarse”, “consumirse” o “apagarse”).

El drama del hombre moderno es que su cerebro y su sistema nervioso apenas se han modificado en los últimos cinco milenios, como sin duda tampoco lo han hecho en los últimos dos siglos. No obstante, ¿tienen algo en común el trabajo que desempeñaban nuestros antepasados campesinos de 1813 y el que llevan a cabo sus descendientes de 2013 frente al ordenador? “El hombre es un extraño en el mundo que ha creado”, ya afirmaba a comienzos del siglo pasado Alexis Carrel (Premio Nobel de Medicina en 1910), quien aun no conocía la televisión, los ordenadores ni los teléfonos móviles.

¿Qué diría entonces Carrel hoy, ya en el siglo XXI? Insistiría en su afirmación con mayor convicción aún. Todos valoramos la eficacia de los medios de comunicación modernos, pero nos olvidamos de que aumentan considerablemente la presión mental que ejercen sobre cada individuo.

Hoy en día, en su trabajo le será prácticamente imposible escapar de las múltiples demandas que le desconcentrarán de improviso y le obligarán a pensar en mil cosas a la vez. Como consecuencia de esa presión, se le olvidarán algunas cosas, por lo que se sentirá aún más estresado, sufrirá ansiedad cuando cometa un error y le abordará un siniestro sentimiento de culpabilidad que terminará por agotar de manera prematura su sistema nervioso.

Si usted es joven y su salud es buena, lo llevará más o menos bien, pero a medida que vaya cumpliendo años le será cada vez más difícil aguantar. Y sin embargo, las actuales condiciones económicas y sociales (la globalización, el aumento de la esperanza de vida y el consiguiente envejecimiento de la población, etc.) conducen de forma inexorable a retrasar la edad de jubilación.

¿Cómo es posible entonces llegar a conciliar ambos imperativos contrapuestos? Pero ese agotamiento nervioso prematuro choca con la necesidad de trabajar durante más años.

Pierre Lance (escritor, periodista y filósofo).
(Fuente: http://www.saludnutricionbienestar.com/)

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