martes, 24 de septiembre de 2013

ISRAEL ES UN ESTADO NEOFASCISTA QUE VULNERA CONSTANTEMENTE EL DERECHO INTERNACIONAL


La diplomática francesa Marion Cataing yace en el suelo tras ser golpeada por soldados
israelíes durante la incautación que estos realizaron de la ayuda de emergencia enviada
por la U.E. a ciudadanos palestinos cuyas casas habían sido demolidas. Humanidad y respeto
al derecho internacional a partes iguales. Los responsables solo recibirán felicitaciones.

Según Nathan Birbaum, el intelectual judío que inventó en 1891 el concepto de sionismo, es la biología y no la lengua y la cultura quien explica la formación de las naciones. Para él la raza es todo. Y el pueblo judío habría sido casi el único en preservar la pureza de la sangre a través de los milenios.

Murió sin comprender que esa tesis racista, al prevalecer, apagaría el mito del pueblo sagrado elegido por Dios. Porque los judíos son un pueblo hijo de una cadena de mestizajes. Lo que les confiere una identidad propia y una cultura y la fidelidad a una tradición religiosa enraizada es la falsificación de la Historia.

En los pasaportes del estado judío de Israel no es aceptada la nacionalidad de israelita. Los ciudadanos de pleno derecho escriben “judío”. Los palestinos deben escribir “árabe”, nacionalidad inexistente. Ser cristiano, budista, mazdeísta, musulmán o hindú resulta de una opción religiosa, no es una nacionalidad. El judaísmo tampoco es una nacionalidad. En Israel no hay casamiento civil. Para los judíos es obligatorio el casamiento religioso, aunque sean ateos.

Esta aberración es inseparable de muchas otras en un Estado confesional, etnocracia liberal construida sobre mitos, un Estado que cambió el yiddish, hablado por los pioneros del “regreso a Tierra Santa”, por el sagrado hebraico de los rabinos, desconocido del pueblo de Judea que se expresaba en arameo, la lengua en que la Biblia fue redactada en Babilonia y no en Jerusalén.

El “Estado del Pueblo Judío” se asume como democrático. Pero la realidad niega la ley fundamental aprobada por el Knesset. No puede ser democrático un Estado que trata como parias de nuevo tipo al 20 % de la población del país, un Estado nacido de la violenta usurpación de tierra ajena, un Estado que pisotea continuamente el derecho internacional y practica un genocidio silencioso contra el pueblo palestino.

(Fuente: http://bitacoradeunnicaraguense.blogspot.com.es/)

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