lunes, 11 de febrero de 2013

¡QUE ME ROBEN LOS MÍOS!



Ahora que la podredumbre enquistada en el sistema empieza a fluir como en una riada fecal, se alzan aquí y allá voces interesadas que claman por elecciones anticipadas, como si recurrir a una baraja nueva hiciera más limpio un juego que todos sabemos trucado. La solución a la corrupción no es la alternancia de los corruptos, eso más bien es su perpetuación: mientras los soportemos, que disfruten los de Gürtel, caso Naseiro, Bárcenas, armas de destrucción masiva en Iraq, "Prestige", etc. , y cuando sus jetas nos resulten excesivamente insoportables, restitución del poder a los beneficiarios de Filesa, Gal, Ibercorp, casos Renfe y BOE, falsos ERE en Andalucía, etc. Como diría Ortega, "no es eso": el bipartidismo  que se nos ha impuesto ha agotado su ciclo.

La solución a este disparate pasa por la destitución, voluntaria o forzosa de los que se han aprovechado de uno de los sistemas más pródigos y permisivos que existen en el mundo, por una reforma profunda de las leyes que han permitido esto (empezando por una Constitución que autoriza al Jefe del Estado a delinquir impunemente -artículo 56.3 -, siguiendo por el aforamiento parlamentario y continuando por la inexistente división de poderes), y por el establecimiento de unos mecanismos legales que garanticen la plena transparencia de los representantes públicos, y su castigo inmisericorde cuando defrauden la confianza depositada en ellos. La democracia no es tanto la capacidad del pueblo para elegir un gobierno, sino la posibilidad de destituirlo cuando pierde su legitimidad. Sin mecanismos para ejercer ese poder no hay democracia. Y esperar resignadamente cuatro años a que le llamen a uno a elegir al amo al que someterse no cumple con ese requisito básico del gobierno del pueblo.

En otro orden de cosas, la ciudadanía española ha resultado tan tolerante que la clase política la ha tomado por idiota. Aquí se vota a unas siglas como se sigue a un equipo de fútbol, por adhesiones meramente emocionales, sin que la razón, el análisis crítico o la rectificación a tiempo tengan nada que ver. Y eso, justamente, sí es ser tonto del haba. Aquí la cabeza se sigue utilizando mayormente para embestir, no para reflexionar. Aceptar que todos van a robar, y que, ya puestos, que me roben los de mi cuerda, es ser idiota. Aceptar que todos van a robar, pero que los de enfrente roban más y con menos estilo, es ser idiota. Partir de esa premisa debería inhabilitar al idiota de turno para votar. Pero como somos tan tolerantes, tan políticamente correctos, tan respetuosos con la idiotez del prójimo, no queremos ni plantearnoslo. Superar un mínimo test de lógica, sentido común y capacidad de discernimiento para acceder a la condición de votante hace parecer a quien lo defiende un fascista cavernario, por lo que me anticipo a los "buenistas" en calificarme peyorativamente.

Eso sí, si subiéramos a un avión y nos enterásemos de que el fulano que va a tener los mandos y nuestras vidas en sus manos es un incapaz que ni siquera tiene el título de piloto igual nos hacía preferir quedarnos en tierra. ¿A alguien se le ocurre algún mecanismo para no subir al avión sobre el que deciden los incapacitados, los que votan con las vísceras y no con la cabeza, los impulsivos con cero horas de vuelo y muchas de aterrizajes forzosos? Porque ésa es, justamente, la situación en la que estamos. Volamos en unas condiciones difíciles, pero las decisiones sobre el vuelo las toma el pasaje sin tener ni pajolera idea de lo que les conviene.

Y una puntualización: parece que abogo por un gobierno "tecnocrático", cuando no hay nada más lejos de mi intención. Si aplicamos el término a las dictaduras encubiertas impuestas a Grecia, Italia, y más recientemente a Túnez, mi recomendación sería organizar otro 2 de Mayo y dejarnos de pamplinas. Reclamo a gobernantes que cuiden de nuestro interés como ciudadanos, no a los serviles gestores de un poder masónico, sionista y rapiñador que es el que encarna hoy la U.E. Reclamo a políticos con vocación de servicio a la patria (el término que faltaba para dar carnaza a mis detractores, ya está el puzzle completo). Políticos que acepten unas nuevas reglas de juego, cuyo signo fundacional sea el abandono de las prebendas, privilegios y opacidades que ha gozado la caterva de PParásito y PSOEces que han desangrado España hasta convertirla en este erial moral, económico, educativo y hasta (anti)estético que nos toca padecer. Reclamo una nueva transición diseñada desde abajo, como en Islandia, y no desde los poderes fácticos como se planteó la española (y no digo "nuestra", porque nunca lo fue, sino de los Bilderberg, la CIA y la Élite globalista).

El blog que llevo publicando desde hace ya año y medio ha señalado sobradamente por donde habría que enfocar la regeneración democrática. Ha habido recogidas de firmas para cambiar la ley electoral, reformar el Congreso, eliminar el Senado y racionalizar la función de los supuestos representantes de la voluntad popular, meros vividores que medran al amparo de esta falsa democracia, heredera moral, sociológica y política de la dictadura franquista. Hasta que estas reclamaciones sean atendidas la única opción digna es la abstención. Votar al PPSOE no es solo avalar a organizaciones corruptas, feudales y rapiñadoras, es convertirse en cómplice de ellas.

3 comentarios:

  1. El parlamentarismo nunca puede ser democrático. Se te ha olvidado mencionar también el artículo número 8 de la Constitución. Una pregunta, ¿crees que las élites mandantes nos temen? Se ríen en nuestra puta jeta, nos escupen, nos pisotean, nos humillan, nos mienten como bellacos. ¿Crees que nos tienen algún miedo? Ninguno, porque saben muy bien lo que han hecho con nosotros: cosas incapaces de pensar, sin ideales, sin ética, sin moral, egoístas, egocéntricos, narcisistas, hedonistas. Adoctrinados para aceptar la mentira, la corrupción y la esclavitud. Adiestrados para obedecer, callar, y seguir los dictados de nuestros amos. No, ellos no nos temen. Por eso se la suda lo que hagamos. Nos desprecian, para ellos somos fuerza de trabajo, animales, poco más. Les importa una mierda si reunimos 10 millones de firmas para que cambien la ley hipotecaria. Nos enseñarán el culo. Ya no tenemos dignidad. Nos arrastramos por un trabajo de mierda, nos arrodillamos por una hedionda subvención. Nos han envilecido hasta límites insospechados. Ya no hay tradiciones, ni cultura, ni arte, ni belleza. ¿Qué se puede esperar entonces de una masa informe de sub-humanos? La sociedad está deprimida, no tiene alegría. ¿Se puede hacer algo sin alegría?

    Cambiar la ley electoral es poner un parche a un sistema podrido, absurdo y cuyo único propósito es la destrucción y la aniquilación de lo humano. Mientras llevemos el capitalismo dentro de nosotros no cambiará nada. Si lo único que buscamos es el beneficio y el interés particular, ¿qué podemos esperar? Nada, excepto nuestra destrucción.

    Un cordial saludo.

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  2. Un saludo Alberto.

    Por desgracia, tus palabras encierran mucha más verdad de la que se puede aceptar como tolerable. Es cierto que las élites se ríen en nuestra cara, pero la situación es tan extrema que quizá empecemos a ver materializarse lo impensable. Afortunadamente, los gestos revolucionarios siguen siendo los más sencillos: decir la verdad, ser afectuoso, no aceptar simulacros ni engaños, ... Lo demás vendrá de ahí.

    Esta gentuza está empujando a demasiada gente a la desesperación, y al final las revoluciones no las hacen los estrategas, sino los desesperados.

    Gracias por comentar.

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    1. Decir la verdad, es revolucionario.
      Querer ser humano, es revolucionario.
      Despreciar el dinero y la abundancia material, es revolucionario.
      Aborrecer el trabajo asalariado y no-libre, es revolucionario.
      La ayuda desinteresada hacia los demás, es revolucionario.
      Auto-construirse con nuestros iguales, es revolucionario.

      Pero sinceramente no puedo estar de acuerdo contigo cuando dices que las revoluciones las hacen los desesperados. La desesperación tan sólo nos puede conducir a la equivocación. Creo que es necesaria y primordial una estrategia a largo plazo. En mi opinión, no podemos caer en el inmediatismo. Y sobre todo, necesitamos grandes hombres. Gente capaz de comprender el momento histórico en el que estamos y de proponer soluciones, grandes ideales, una nueva cosmovisión.

      Además, creo que es imprescindible recuperar la tradición. No podremos auto-construirnos para el futuro si desconocemos nuestro pasado, nuestras raíces, lo que fuimos.

      Un cordial saludo, compañero.

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