viernes, 14 de diciembre de 2012

EL DERECHO A LA MAL LLAMADA "PIRATERÍA"


Y empiezo por negar la etiqueta peyorativa que ha impuesto la codiciosa "industria cultural" (¡toma oxímoron!) a lo que no es sino legítimo intercambio de bienes culturales, como son los registros sonoros y videográficos que hacemos circular los "piratas", muchas veces rescatando del olvido pequeñas joyas a las que las productoras, en su afán de lucro, nunca han incluido en su lista de productos reeditables. Ahora que la garra codiciosa de las multinacionales vuelve a intentar asfixiar la libre circulación de la cultura y la información en la Red no está de más recuperar la reflexión que J.M. Recillas publicó hace once meses en su blog.

La nunca saciada sed de las casas disqueras pretende un mundo ideal digno de George Orwell, donde los individuos, la gente común y corriente, carezca de derechos, o vea éstos supeditados a los derechos "superiores" de esas entidades que sólo una monstruosidad jurídica considera personas morales, con derechos que no tienen las personas físicas. En ese mundodistópico y abusivo quien compra un disco nunca puede considerarse el dueño del bien comprado, como sí ocurre con una casa, una televisión o un automóvil. Ni pidiendo una factura a la tienda uno podría alegar que es dueño de ese disco. No sólo eso, en ese mundo pesadillezco que se avecina, uno no tendría derecho siquiera a prestar el disco, sea a un familiar y a cualquier persona, como ocurre con un automóvil, sobre el cual basta tener una licencia de manejo para hacer uso de cualquier vehículo en el mundo, sin importar si el que lo maneja lo compró o tiene una relación cercana o lejana con el verdadero dueño.

Las autoridades estadounidenses que aprobaron el cierre de la página Megaupload, y generaron el cierre temporal de Filesonic y Fileserve, competidores de aquella, y que otras páginas como Hotfile, y en menor medida Rapidshare, se hayan vuelto inviables porque los propios administradores de dichas páginas laboran como verdaderos soplones al servicio de la autoridad, no consideran que los individuos que intercambian archivos tengan ese derecho, y en cambio sí consideran que el derecho autoral, el Copyright detentado por las casas disqueras y de la industria del DVD, está por encima del derecho elemental de intercambio de bienes culturales, los cuales, de esta manera, han quedado casi anulados, privatizando y cancelando en los hechos los derechos individuales tangibles en aras de derechos abstractos y fantasmales como los derechos de autor, los cuales no puede violar nadie, porque en la práctica nadie que no sea el compositor, cantante, grupo o cineasta que haya hecho un disco o una película podría argumentar que el titular de la autoría no es él sino un tercero. En esta lógica digna de un régimen totalitario es que se basa la ley SOPA el gobierno federal haría el trabajo de proteger a las empresas que sientan que alguna obra de su propiedad está siendo pirateada, sin mediar jucio ni orden judicial alguna, violando todo derecho de privacidad y de derecho de audiencia y de juicio justo.

Así que mientras se debate en los congresos de supuestos estados de derecho estas leyes, es nuestro derecho real compartir bienes culturales, como lo hemos (al menos yo) hecho durante toda nuestra vida. La tecnología está en nuestro favor, y no es nuestra culpa. ¡Viva la piratería!

(Tomado de http://fonotecadejmrecillasv40.blogspot.com.es/2012/01/el-derecho-la-pirateria.html)

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