martes, 24 de abril de 2012

UN AUTOGOLPE BORBÓNICO POCO CONOCIDO


Ahora que Su Majestad ha dejado claro cómo asume la austeridad, contención y ejemplaridad que predicaba en su último "speech" navideño, y que, pillado en falta, resultan poco menos que imposibles de justificar su frivolidad y su ausencia de eso que Freud llamaba "sentido de la realidad" -que nadie se llame a engaño, sus disculpas han sido fruto no de sus propios reflejos, de los que tan mal anda, sino de los de sus consejeros-, la Prensa oficialista sigue repitiendo la consigna machacona de que "el país le debe grandes servicios".

A la hora de concretar esos servicios -tan onerosos para el bolsillo del ciudadano, dicho sea de paso-, la propaganda institucional saca siempre a relucir la consigna de que "salvó a España el 23-F", esa operación de imagen que si salvó algo fue a la propia monarquía, pues el Rey pudo presentarse como el que abortó el pronunciamiento militar al que tal vez no fuera ajeno.

No sería la primera vez que un Borbón organiza un autogolpe para promover sus propios intereses, dejando en la estacada a los peones utilizados en la conjura. Ya lo hizo su antepasado Fernando VII, el "rey felón", quien demostró la maestría familiar en inventar un problema para luego presentarse como el salvador que lo resuelve, al instigar en julio de 1822 una sublevación de la Guardia Real que fracasó. La bajeza y doblez del Rey queda retratada en el gesto de salir a uno de los balcones de Palacio a instigar a los represores de la revuelta, señalándoles por dónde huían los conjurados -empujados por él a la asonada- mientras gritaba: "¡A por ellos!", facilitando así su exterminio (y su silencio).

Hasta que no se nos facilite a los ciudadanos la más completa y exhaustiva información acerca de lo que realmente ocurrió en la jornada del 23-F, exhibir interesadamente la media verdad que conviene a Su Majestad seguirá siendo un acto de cinismo. Lástima que sólo los historiadores de mañana sean quienes -al menos- puedan reconstruir esa página de nuestra historia que a nosotros se nos ha hurtado.

Eso sí, por fortuna contamos con investigadores rigurosos que, como Jesús Palacios, con su documentado "23-F, el Rey y su secreto" (del que hablaré próximamente en este "blog") señalan con bastante claridad por dónde fueron (literalmente) los tiros.
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