miércoles, 18 de abril de 2012

"SIENTO MUCHO QUE OS HAYÁIS ENTERADO. NO VOLVERÁ A OCURRIR (QUE OS ENTERÉIS)"

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En este patio de frenopático que por falta de recursos intelectuales seguimos llamando "España" (¡qué tiempos cuando los españoles éramos bipolares, y sólo había DOS Españas!), a la muchedumbre de siervos vocacionales que solo anhelan ser pisoteados nada parece ganarles terreno moral: "el Rey puede hacer lo que le de la gana", decían ayer estos comparsas de overtura de Arriaga.


Si tan en su derecho estaba a pisotear la coherencia, la integridad y, ya de paso, a su propia familia, ¿por qué ha pedido perdón? Da igual, los babosos cortesanos y aduladores jamás analizarán la contradicción en que incurren. El rey ha pedido perdón (aunque según ellos no tenga por qué), así que ahora toca loar su humildad, grandeza, magnanimidad, humanidad, sentido de Estado, de la reponsabilidad, etc., etc. Haga lo que haga, "eso" engrandece al monarca: irse de turismo con una aristócrata alemana, matar gigantes inocentes en peligro de extinción, contradecir farisaicamente sus admoniciones de Nochebuena, encubrir delitos económicos, arrastrar por el fango el pretigio de una institución en la que cada vez menos ciudadanos confían, ... "Haga lo que haga el rey está bien hecho" repiten con autista determinación los incapaces de cualquier atisbo de sentido crítico (y, por tanto, de inteligencia). Los que ven dignidad en el "mea culpa" de quien ha sido pillado en falta, ¿son capaces de imaginar una retractación espontánea del monarca en el caso de que no hubiera trascendido su cacería de insolidario nuevo rico? ¿Alguien se cree que el Rey se hubiera disculpado "motu proprio" por su frivolidad llevado por el puro remordimiento -encomendándose a un "síndrome de Estocolmo" tan hispánico que parece mentira que le de nombre la capital sueca-, si no nos hubiéramos enterado de su "aventurilla"?

Hay una escena cinematográfica plena de significado moral en el extraordinario film de Robert Redford "Quizz show": al ser confrontado el guapo y ventajista concursante que interpreta Ralph Fiennes, beneficiario de la información privilegiada que le permite presentar batalla al hispano y poco agraciado John Turturro, el jurado popular que empatiza con ese W.A.S.P. (White-Anglo-Saxon-Protestant) en el que se ve reflejado, le expresa su simpatía y acogimiento; pero un juez de carrera levanta la voz y le recrimina su oportunismo, al escenificar su contrición JUSTAMENTE PORQUE LE HAN PILLADO EN FALTA, no porque espontáneamente haya brotado en él un arrepentimiento que la palabra del juez justo revela como mera representación, mera puesta en escena de un actor que juega con la determinación de su público de absolverle de su ventajismo y su mezquindad. ¿No es la metáfora perfecta de ese forzado acto de contrición que hoy ha representado Juan Carlos I?

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