sábado, 18 de enero de 2020

LA PRIVATIZACIÓN DE LA CENSURA: EL PODER DE FACEBOOK EN LA ESFERA PÚBLICA



En un reciente informe emitido por el Parlamento Británico en torno al impacto social de las "fake news" se calificó a los líderes de las principales plataformas digitales de “Gánster Digitales”. Esto se debe a su decidido rol a la hora de esparcir noticias de dudosa credibilidad con el único propósito de mantener un flujo constante de visitas incrementando con ello sus beneficios económicos. Plataformas digitales como Facebook han venido siendo señaladas por instituciones, ongs, académicos y activistas como una fuente de desinformación y manipulación. Que el poder de estas corporaciones a la hora de condicionar el curso político de los acontecimientos entraña un riesgo para la democracia es un hecho reconocido, no solo por sectores críticos, sino por entidades como la Comisión Europea o el Gobierno de los Estados Unidos.

Sorprende con ello el aplauso generalizado de los medios “críticos” al primer episodio de censura corporativa a las declaraciones en las redes sociales de un partido con representación política en el Parlamento Español. Vaya por delante, que no cabe duda de que las declaraciones emitidas por el partido ultraderechista Vox buscan la manipulación siguiendo la vieja estrategia del miedo. Tampoco es intención del autor de este escrito defender un “libre mercado de la expresión” que poco favorece a quienes no poseen los medios. No obstante, conviene señalar los peligros de una creciente privatización de la censura, en una sociedad cada vez más adicta a las de redes sociales, para muchos, única o privilegiada fuente de información.

El Estado Español, al contrario de otras jurisdicciones como Alemania, carece de una normativa específica que regule la discusión pública en las redes sociales. A excepción hecha de aquello que pueda incurrir en “discurso de odio” (sujeto a la dudosa arbitrariedad de la conservadora judicatura española) el discurso público online está sujeto a la censura corporativa. Existe una total falta de reflexión ante uno de los mayores debates políticos del siglo XXI. Diversos estudios demuestran que la esfera de debate público, es decir, el laboratorio de las ideas y de la opinión, sobre todo de los jóvenes (y no tan jóvenes) se desarrolla en plataformas digitales. A pesar del tremendo alcance de las redes sociales (Facebook tendría 24 millones de usuarios en España) estas no están sometidas al mismo tipo de control democrático que otras instancias. Son espacios considerados como privados, a pesar de su más que evidente interés público.


Siguiendo la lógica más neoliberal, Facebook no es gobernada. Se autoregula. Ejerce un dominio casi absoluto sobre sus contenidos. La opacidad de los métodos que guían aquello que se muestra a los usuarios en su “news feed” está amparado por el secreto comercial, sometido a normativas estadounidenses. El investigador de la Universidad de Maryland Frank Pasquale ha denominado a esto como la “Black Box”. Una caja negra procesada y gestionada por manos privadas, absolutamente ajena al control público y social. Cabe destacar que Facebook ha recibido una sanción record por parte de las autoridades estadounidenses de 5.000 millones de dólares, a consecuencia de su uso despótico en su caja negra de los datos de usuarios.

Facebook no es un gánster digital, tal y como califican los miembros del Parlamento Británico. Las incontables sentencias en contra de la corporación digital la señalan como una corporación criminal. Esto es, una empresa privada que sistemáticamente viola la legalidad a fin de aumentar sus beneficios y su poder corporativo. Que a una corporación criminal se le atribuya el poder de decidir qué entra y qué no en la esfera del debate público, no es solo una irresponsabilidad colectiva, es una dejadez de funciones por parte de las autoridades públicas. Esto no es un fenómeno nuevo. El neoliberlismo ideológico firmemente asentado en nuestra “Privatizada democracia” impone un modelo de creciente externalización de las funciones más básicas que le corresponden al Estado.


Es necesario, tal y como señaló la Comisión Europea, recuperar la soberanía digital, hoy en manos de corporaciones privadas. Estamos en un momento político ideal para abrir un debate acerca de cómo queremos gestionar la esfera pública, en la cual, el mundo digital, ocupa ya una dimensión central. Una mesa directiva en Silicon Valley, no puede definir los contenidos de aquello que se discute, que se lee, que se piensa, en nuestros territorios. Esta no es una demanda radical. Es un imperativo fundamental para mantener los mínimos que sostienen la democracia.

Aitor Jiménez
(Visto en https://www.elsaltodiario.com/)

SOMOS OVEJAS EN LA MATRIX














(Visto en https://lamatrixholografica.wordpress.com/)

viernes, 17 de enero de 2020

EL GANGSTER TRUMP DESTRUYÓ A SU PROPIO HERMANO


Con chaqueta negra Frederick Trump Jr. A su derecha, Donald 

Esta historia de Iraq demuestra el talante mafioso con el que Donald Trump obtiene sus victorias:

Parece que Trump exigió que Irak firme más de la mitad de sus ingresos petroleros a cambio de que Estados Unidos reconstruyera la infraestructura que destruyó. El primer ministro iraquí, Adil Abdul-Mahdi, consiguió que contratistas chinos terminaran el trabajo en mejores condiciones. Trump exigió a Adil que cancelara el acuerdo con China e instigó “disturbios populares” para presionarlo. Recordando a Ucrania, hizo que francotiradores marinos abatieran a algunos manifestantes. Cuando Adil y el Ministro de Defensa revelaron que los francotiradores no eran iraquíes, Trump amenazó con matar a ambos hombres. Adil renunció. Henry Makow PhD.

Donald Trump con su mentor, el judío Roy Cohn
Estudiando la dinastía Trump, me sorprendió saber que el presidente tenía un hermano, ocho años mayor, que había sido el heredero designado para el negocio familiar.

Sin embargo Frederick Trump Jr. carecía de la mentalidad depredadora de "el ganador se lo lleva todo” que su padre exigía de sus hijos. Entonces, como Jacob con Esaú, Donald lo suplantó (típico de muchas familias judías es que los niños tienen que “ganarse” el amor de sus padres compitiendo entre ellos).

Lo inusual de esta historia es la franca crueldad con la que el primogénito fue tratado por su propia familia. En lugar de reconocer que no era lo suficientemente despiadado, relegándole a una posición de honor, fue prácticamente expulsado de la familia.

Para la dinastía Trump solo hay dos tipos de personas: ganadores y perdedores, y Fred Jr. fue un perdedor.

Comenzó una nueva carrera como piloto de una aerolínea, pero las heridas lo llevaron a beber. Cuando regresó a la casa de su familia, le dieron trabajos serviles. Murió prematuramente “de alcoholismo” a los 43 años en 1981.

Se había casado y tenía dos hijos antes de divorciarse. Cuando el patriarca Fred Trump Sr. murió en 1999, la familia de Fred no estaba en el testamento. Cuando demandaron, la familia Trump suspendió el seguro de salud del que dependían para el cuidado de un niño gravemente enfermo.

Trump con su hija predilecta, Ivanka, con quien mantiene una
relación que no se parece a la habitual entre una hija un padre,
al menos si éste es mínimamente normal.
Donald Trump es un típico estafador zafio y fatuo cuya vida entera se basa en la búsqueda de dinero, sexo, fama y poder. Su estilo es la ostentación, el farol y la intimidación. Por ejemplo, llamó al editor de Forbes 400 (las personas más ricas de Estados Unidos) fingiendo ser “John Barron” el jefe de finanzas de la Organización Trump. Convenció al editor de que Trump valía mucho más de lo que aparentaba. Y su imperio se basó en préstamos bancarios y exenciones fiscales.

La política es básicamente una farsa dirigida por los banqueros centrales. No me sorprendería si la autodestrucción del Partido Demócrata está diseñada para reelegir a Trump en 2020.

Estamos atrapados entre una roca judía masónica y un lugar difícil : el comunismo y el sionismo, dos caminos hacia el mismo destino, la tiranía global. Los banqueros siempre controlan ambos lados de cada conflicto para poder beneficiarse del resultado. Y entre medias encontramos a un fantoche engreído cuyo talante no augura nada bueno. Y cuyo estilo de "negociación", que de un modo nada metafórico consiste en apuntar con un arma a su interlocutor, podría conducir a una guerra nuclear.

Henry Makow PhD.
(Artículo completo en: https://beforeitsnews.com/; visto en https://muelasgaitan.wordpress.com/)

UNA CULTURA SUPERFICIAL



"STAR WARS" VERSIÓN PACO MARTÍNEZ SORIA


Sin desmerecer el excelente doblaje con el que Constantino Romero puso voz a Darth Vader, circula por la Red una descacharrante alternativa que imagina lo que hubiera sido el Señor de los Sith doblado por Paco Martínez Soria. La verdad es que es imposible no reírse con el resultado.

jueves, 16 de enero de 2020

LOS AYATOLAS DE LA VERDAD Y SUS BRIGADAS PRO-HECHOS



En estos días se ha hablado con cierta insistencia del empeño de algunas empresas tecnológicas y de ciertos medios de comunicación por combatir las mentiras que circulan por las redes. Ya es preocupante que hablen de combatir las mentiras cuando debieran referirse a combatir las falsedades, porque las mentiras están protegidas por la presunción de inocencia del que las cree, es decir que nunca podemos saber a ciencia cierta si el que nos dice alguna falsedad miente o solo está equivocado. De no entender esa elemental sutileza ha salido la estúpida expresión de “mientes y lo sabes”, como si fuera posible que alguien mintiese sin saberlo. A cambio, solo el mentiroso sabe que lo es y los demás nos deberemos conformar con suponerlo, pero sin absoluta certeza pues las mentiras son actos intencionales y solo el agente puede conocer a ciencia cierta sus intenciones. Las mentiras son, pues, subjetivas, mientras que las falsedades son, por el contrario, objetivas, al menos en el plano ideal, y ahí tenemos uno de los pocos criterios sólidos para saber que alguien es un mentiroso, lo es siempre aquel que nos dice dos cosas contrarias sin pestañear. Tenemos ejemplos muy recientes del caso, así que huelgan más explicaciones.

A primera vista, tanto combatir la mentira como detectar y desmentir las falsedades parece un empeño nobilísimo. Pero, si se examina un poco más de cerca la cuestión, la cosa no resulta tan inocente. Quienes pretenden garantizarnos la verdad de barato nos están excusando de pensar por nuestra cuenta, quieren imponernos sus verdades que, como mínimo, serán interesadas y especiosas. 

Los campos en los que la verdad puede ser objeto de un reconocimiento indubitable y universal son muy estrechos y específicos y se limitan, casi en exclusiva, a las que se suelen llamar verdades formales, como son las de la Lógica y la Matemática, y aún en esos campos resulta difícil reconocer sin la menor duda una verdad cuando resulta referida a algo suficientemente complejo. En los demás campos, incluso en la ciencia empírica, pero de manera muy especial en lo que se refiere al comportamiento humano, a la ética y a la política, establecer la verdad resulta difícil y es muy controvertible.


Manejamos el concepto de verdad con notable ligereza porque en la vida práctica necesitamos atenernos a criterios claros y a convicciones sólidas que consideramos verdaderas, sin la menor duda. Cuando descubrimos que alguien no comparte alguna de esas creencias experimentamos un asombro parecido al que refleja el epigrama de Moratín:

“Admiróse un portugués / de ver que en su tierna infancia / todos los niños en Francia / supiesen hablar francés. / Arte diabólica es, dijo, torciendo el mostacho, que para hablar en gabacho / un fidalgo en Portugal / llega a viejo, y lo habla mal / y aquí lo parla un muchacho.”

Comprendemos entonces, a nada que seamos un poco reflexivos, que el asunto puede resultar algo más complejo que lo que suponíamos, si es que queremos renunciar al vicio tribal de considerar canalla al que no piensa y siente como nosotros.

A cambio de esta dificultad de fondo, el concepto de verdad es irrenunciable como ideal, pero debe manejarse con mucho cuidado. Es pueril pensar, por ejemplo, que existen informaciones puras, objetivas e inmaculadas y que se transmiten sin sesgos ni deformaciones de testigos e intermediarios, sin que sea necesario hacer un esfuerzo denodado por acercarse a la objetividad. Los supuestos hechos objetivos, son, casi siempre, un mito o un desideratum, de manera que siempre hemos de hacer dos cosas, considerar con escepticismo lo que se nos cuenta (Feynman decía que no creer lo que te cuentan es el principio de la ciencia), y tratar de comprobar por nosotros mismos la verdad que se nos ofrece, con lo que llegaremos a poder distinguir fuentes fiables de las que no lo son, sin olvidar que incluso la fuente más fiable puede caer en la tentación de usar su influencia para manipularnos a favor de sus intereses.


Debido a lo difícil que es llegar a la verdad en cualquier asunto no trivial, resulta esencial que existan una serie de libertades básicas, la libertad de investigación, de conciencia y de expresión, de manera que podamos acercarnos lo más posible a la verdad, mantener lo que Oakeshott llamaba, la conversación de la humanidad, el continuado debate acerca de las cosas que de verdad importan y la apertura intelectual y la tolerancia que nos permitirán entender las posiciones que difieren de nuestras creencias y valores, cuando reconocemos en los discrepantes una voluntad de ser decentes y respetar nuestra libertad y no el deseo de manipularnos para convertirnos en instrumentos de sus objetivos. Rorty lo decía con claridad, “cuídate de la libertad, que la verdad ya se cuida de sí misma”.

El que puedan existir personas e instituciones que, en ámbitos en que la discrepancia es tan legítima como inevitable, se atribuyan el papel de defensor de la verdad sólo muestra que los tiranos y los delincuentes gustan de disfrazarse para mejor mentir. Defender la verdad de esa manera significará casi siempre el intento de imponer una versión interesada de la realidad. Algo muy distinto es, por supuesto, buscar y proporcionar fuentes adicionales, testimonios, argumentos, explicaciones, analogías, ejemplos, lo que fuere, que ayuden a entender cualquier suceso, siempre que se haga desde una posición abierta a la controversia y dirigida a encontrar la mejor versión de lo que se quiera contar. Cuando, por el contrario, una comisión de investigación, ética, jurídica o política se organiza con la intención de probar una tesis interesada estaremos ante lo contrario, el intento habitual de cubrir la verdad con informaciones que la disimulen u oculten porque, para bien y para mal, la información y la desinformación se presentan mediante sistemas y códigos idénticos.


Este tipo de consideraciones son imprescindibles en campos en los que los intereses y las convicciones juegan un papel muy destacado y en los que abundan las personas dispuestas a imponer su credo por las buenas o por las no tan buenas. Frente a la diversidad y a la dificultad de reconocer con certeza las verdades que importan, las personas de tendencia más conservadora suelen denunciar lo que llaman el relativismo, mientras que los más a la izquierda se atienen al lema de una obra de Simone de Beauvoir según el cual “la verdad es una y el error múltiple y por eso la derecha profesa el pluralismo”, es decir que los extremos tienden a tocarse en esta clase de asuntos.

Hay dos argumentos esenciales para oponer al relativismo (la posición que parte de que, puesto que existe diversidad, no hay verdad alguna): en primer lugar, el carácter contradictorio de la pretensión del relativista, y, en segundo lugar, las certezas más que razonables que alcanzamos mediante la ciencia, el rigor y la paciencia. La importancia que se ha de reconocer a la verdad debe traducirse en honestidad intelectual, en el compromiso de acoger la verdad así la diga Agamenón o su porquero, un espíritu abierto y valiente menos frecuente de lo deseable.

La disposición a otorgar a otros la potestad de decirnos lo que es verdad es un paso atrás en la civilización ilustrada que se ha apoyado en el sapere aude, en la libertad de quien se atreve a saber, a pensar por su cuenta. Y es muy peligroso que los gobiernos, como ha ocurrido ahora mismo en España, nos empiecen a ofrecer servicios de supuesta autenticación, un paso más en la dependencia perfecta del poder político, en la conversión de la sociedad en una especie de guardería.

La izquierda, en particular, nos quiere dependientes en educación, sanidad, pensiones y ahora parece pretender que dependamos de ella también en las creencias y opiniones, un paso decisivo hacia una sociedad igualitaria pero espantosa en la que, sin embargo, como advirtió Orwell, los que certifican la verdad se ocuparán, sin duda, de ser más iguales que nosotros. Estas brigadas prohechos quieren ser como la policía religiosa de los ayatolas, algo como fue la vieja Inquisición, y solo los más mansos y lelos se conformarán con la papilla fáctica que le suministrarán tamaños censores. Es muy de preocupar que nadie se tome en serio semejantes perversiones que pretenden acabar con la libertad individual con la excusa hipócrita de combatir el libertinaje, un propósito que siempre han acariciado los tiranos, porque todos los dictadores se parecen y se quieren justificar con el bien que tales almas bellas se prestan a derramar sobre débiles e incautos.

J. L. González Quirós
(Visto en https://disidentia.com/)

FOMENTANDO EL RELEVO ÉTNICO




Varios murales/anuncios han aparecido en Londres con la frase "Imagínate una ciudad menos habitada. Cumple con tu parte. ¡Estirilízate!".

Lo curioso es que todos los niños dibujados en el mural son de la misma raza. Los globalistas son cada día menos sutiles en su racismo anti-blanco.