sábado, 8 de mayo de 2021

MEDICINA INDUSTRIAL



La causa real, el origen, y la clave para poder diseñar e implementar un escenario plandémico como el que vivimos en la actualidad, no es otra que la falsa teoría microbiana del contagio y la infección, desarrollada por Louis Pasteur a finales del siglo XlX, y oficializada a principios del XX con la inestimable ayuda de algunos conocidos magnates de la industria del petróleo, que intuyeron una oportunidad de negocio única, a través de la creación de lo que hoy conocemos como la Big Pharma.

La teoría microbiana plantea un paisaje belicista dentro de nuestro propio cuerpo, plagado de microorganismos, bacterias y virus que serían elementos atacantes, causantes de todas las patologías que padecemos. Este planteamiento, tan absurdo como improbable, abre la puerta al lucrativo negocio de las patentes, es decir, cualquiera que “demuestre” haber descubierto un supuesto agente patógeno puede patentarlo y obtener así pingües beneficios, a través de cada vacuna, antibiótico o fármaco que se desarrolle para combatirlo.

El soporte científico para el proyecto de Pasteur, vino de la mano de Robert Koch, un ambicioso biólogo de la época, que quiso dejar su impronta en la historia desarrollando los famosos postulados que llevan su apellido. Los postulados de Koch, si bien en la teoría resultan congruentes, en la práctica son del todo irrealizables, y nunca han podido efectuarse porque la propia naturaleza de la teoría microbiana es errónea y contradictoria.


Una vez oficializada, la industria farmacéutica pasa a financiar la docencia médica en todo occidente, y tras la segunda guerra mundial, los planes de estudios de las facultades de medicina son intervenidos para apuntalar la falsa teoría microbiana y conseguir así legiones de nuevos médicos, recién salidos de estas universidades, convencidos de que la “medicina moderna” es el futuro, y dispuestos a aplicar la iatrogenia a todo paciente que caiga en sus manos.

Esa “medicina moderna” no es otra que lo que hoy conocemos como “medicina industrial” o “medicina alopática”, una medicina que no investiga las causas de las dolencias, y que se limita a recetar fármaco procedentes de derivados del petróleo que simplemente mitigan el dolor y las molestias, fomentando así el desarrollo de una población de enfermos crónicos, dependientes de esas empresas expendedoras de píldoras y comprimidos altamente tóxicos.

A mediados del siglo XX, algunos científicos ponen en entredicho que los microbios sean los responsables de las enfermedades, al descubrir, que los bacilos supuestamente causantes de patologías como la meningitis, el cólera o la difteria, se encuentran dentro del genoma humano tanto de pacientes sanos como enfermos. Esto evidencia que no pueden ser patógenos. Por esta razón la mafia médico-farmacéutica cambia de estrategia, y presenta a los virus como los nuevos enemigos. Estos agentes son más difíciles de observar que las bacterias debido a su minúsculo tamaño, y se convierten en el sospechoso perfecto para continuar con el lucrativo negocio del miedo.

Hoy en día podemos afirmar que la teoría de Pasteur es un fraude por muchos motivos, pero sobre todo porque nunca ha sido demostrada empíricamente, pues todas las pruebas realizadas obtuvieron resultados nulos, y porque dede el año 1993 conocemos el contenido de sus cuadernos de laboratorio privados, en los que él mismo reconoce haber utilizado información fraudulenta para dar credibilidad a sus tesis, además de incurrir en numerosas y sorprendentes contradicciones.

En la actualidad existe una corriente de eminentes microbiólogos que afirman que los virus son partículas procedentes de células muertas, es decir, exosomas, material genético inerte, por lo que en ningún caso pueden ser patógenos. Esta tesis ha ido adquiriendo cada vez más peso, porque la mediçina alopática ha demostrado no ser una opción viable para la sanación, y además ha servido de caldo de cultivo idóneo para la implementación de diversas estafas sanitarias, como la gripe A, la gripe porcina o la actual plandemia de Covid-l9.

Feliz semana a todos los desobedientes, respiracionistas, (y a los que comparten los textos sin censurar nada) energía y Rock and roll, la cabeza alta y la cara descubierta siempre!!!

Mártin Sánchez

2 comentarios:

  1. A los fabricantes si... Pero si en el vademécum pone "B. Con receta médica"... lo que vaya sin receta médica y lo que ello supone... no es atribuible al fabricante

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  2. Exacto, si no hay receta es que nadie la recomienda o la manda por lo tanto no hay responsables, ya que no hay manera de convencer de toda esta mentira por lo menos los convencidos de ponerse las vacunas que pidan que se lo digan por escrito, más que nada que las familias tengan a quien reclamar a los que se queden vegetativos, medio paralizados o muertos, los vivos tienen que seguir comiendo... la ley del más fuerte y como decía mi abuela, el muerto al hoyo y el vivo al bollo... de pan se entiende ;)

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