jueves, 20 de mayo de 2021

EL GLOBALISMO MATA



Todo pudo comenzar en aquel simulacro denominado “Evento 201”, patrocinado por Bill Gates y otros magnates globalistas, que ahora, la prensa y las redes sociales manejadas y financiadas por los promotores de aquella reunión, pretenden ocultar no permitiendo el acceso a aquella información que ha desaparecido o simplemente ha sido cubierta con un gran rótulo con la leyenda “falso” que oculta el contenido del texto.

Sea como fuere, aquel siniestro evento, al igual que esa pretendida “Agenda 2030”, promovida por el Foro de Davos, a la que está abonado el moncloita y otros de su misma calaña, siervos secuaces del globalismo, tiene como único objetivo que el hombre, el ser humano como tal, pierda su identidad y su dignidad y pase a estar en manos, como títeres, de un siniestro grupo de individuos -Bill Gates, Soros, Mark Elliot Zuckerbergm etc.- que mueven los hilos desde las sombras. Un selecto grupo de personajes que, sin haber sido elegidos por nadie, detentan el poder mundial, regando con sus dineros a políticos corruptos, prensa y redes miserables e incluso a instituciones internacionales.

Se trata de subvertir el orden mundial, especialmente el del primer mundo, único capaz de hacer frente a este ataque contra la libertad, destruyendo las economías nacionales y las señas identitarias de las naciones para convertirnos a todos en siervos de ese miserable globalismo que preconiza que en 2030 “ninguno tendremos nada, pero todos seremos muy felices”.

Se trata, por todos los medios imaginables, de someter a la población mundial a un férreo control, donde nada quede fuera de su tupida red de vigilancia. En tal caso, el gran paradigma será esa China comunista donde su población está sometida, de forma sibilina, al recio poder del partido.

Primero será con la asignación de una tarjeta, cuando no de un chip, en el que se acumule toda la información posible sobre cada uno de nosotros. Nos lo venderán aduciendo que solo nos reportará ventajas. No tendremos necesidad de llevar dinero en efectivo en nuestros bolsillos, ni tan siquiera tarjetas; ni será necesario ir provistos de un documento de identidad o pasaporte; tampoco será preciso llevar con nosotros la tarjeta sanitaria; los datos relativos a nuestro permiso de conducir y a la situación de nuestro vehículo formarán parte de esa información; no será necesario llevar el carné de socio de nuestro Equipo para poder acceder a un estadio, ni siquiera pasar por taquilla para comprar una entrada para un cine ya que todo podrá gestionarse a través de la tarjeta o del chip del que, por cierto, ya han hablado alguna vez.

En definitiva, todo serán “ventajas” y serán muchos los que proclamen a los cuatro vientos que tales medidas buscan como único objetivo facilitarnos una vida más cómoda y feliz.

Pero también, en esa información, aparentemente tan útil, alguien se ocupará de introducir, de forma subrepticia, nuestros antecedentes, nuestra filiación política, la información sobre si nuestras opiniones en las redes son afectas o no al poder. Sabrán con quien nos reunimos; a dónde vamos y con quien; si participamos en protestas a favor o en contra del poder; qué prensa compramos; qué religión practicamos, si es que finalmente permiten que practiquemos alguna; qué emisora o cadena es nuestra preferida y qué programas vemos o escuchamos; qué libros leemos; qué comemos y cómo nos divertimos. Todo, absolutamente todo estará controlado y, por tanto, será fácilmente manipulable llegado el caso.

Finalmente, podrán determinar cuando sobramos en este mundo y así, encontrarán la forma de pasaportarnos al más allá mediante la administración de una vacuna o lo que sea, cuando cumplamos la edad que ellos consideran razonable. No podemos olvidar que tipos siniestros como Bill Gates no hace mucho que proclamaba a los cuatro vientos que el mundo está superpoblado y que sobramos no sé cuántos. Espero que sea él, el más solidario y el primero en quitarse del medio para dar ejemplo.


Y todo ello, gobernado por un poder oscuro y supranacional que será el que determine nuestro futuro y el que, caso de no podernos matar físicamente, nos matará civilmente si resultamos molestos.

Ese poder que preconiza el ocaso del capitalismo, en tanto que sus promotores están en posesión de las primeras fortunas del mundo.

Sin embargo, para poder ocultar estos oscuros objetivos en un mundo libre como el nuestro, era necesario llevar adelante un “evento” mundial: una gran pandemia capaz de paralizar el mundo, destrozar las economías de los países más desarrollados e inocularnos el terror para así someternos, convirtiéndonos en más manejables, eso sí, con la promesa de la gran panacea universal convertida en una vacuna que, por cierto, fabrican o financian ellos mismos.

Y en esta danza macabra intervienen determinados elementos, todos ellos al servicio de ese oscuro poder universal.

El primero, el cambio climático y a su sombra todas las medidas que se están adoptando: eliminación del parque de vehículos no eléctricos, reducción de la velocidad, peatonalización de las ciudades, incitación al uso de la bicicleta en todo tiempo y lugar, cierre de la industria aduciendo que es contaminante, supresión de las explotaciones mineras, limitación de la ganadería con la consabida restricción del consumo de carne animal, drástica reducción del transporte aéreo, etc.

El segundo, el falso ecologismo que tiene encandilado a muchos jóvenes para los que una mascota tiene exactamente el mismo valor que una vida humana. Prueba de ello es que aplauden leyes asesinas como la del aborto o la eutanasia, aduciendo que son derechos inherentes al ser humano, y exigen que las mascotas sean sujetas de los mismos derechos que los humanos, incluso darlos de alta en la Seguridad social. Son esos que claman contra la tauromaquia o la caza y luego se callan cuando en algún parque natural extremeño se asesina, sin piedad, a hembras y a crías de determinadas especies para reducir el exceso de población.

El tercero, la inmigración ilegal a los países del primer mundo -no vemos que los chinos permitan la llegada de corrientes migratorias a su suelo- y con ello, subvertir la forma de vivir de los países receptores, eliminar su cultura, sus tradiciones y costumbres; eliminar la práctica religiosa tradicional para no ofender los sentimientos de los de fuera.


Junto a estos, los veganos, los intereses lgtbi y no sé cuantas letras más, las femimazis, la izquierda en general y mucha derecha en particular de varios países, etc. Todos ellos financiados por estos ejes del poder globalista que tiene por objetivo, por medio de relativismo implantado en la sociedad, cambiar nuestra forma de ser y de pensar para, destruyendo las bases sólidas de nuestra cultura, convertirnos en sus títeres con la promesa de un mundo feliz.

Sin duda, si hace unos años alguien nos hubiese hablado de esto, le llamaríamos conspiranoico o simplemente responderíamos que no sería posible tal maniobra. Sin embargo, ya está ahí. ¿Quién iba a sospechar, en diciembre de 2019, lo que se estaba fraguando y nos vino encima tan solo dos meses después?

Por tanto, es preciso estar atentos, muy despiertos para evitar que, de aquí a unos pocos años, nos convirtamos en marionetas del poder globalista, un poder que mata.

José Eugenio Fernández Barallobre
(Fuente: https://elcorreodeespana.com/)

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