martes, 30 de marzo de 2021

EL INFANTILISMO DE LAS MASAS



Sabemos, sin lugar a dudas, que los políticos mienten y ocultan sus conexiones, que las corporaciones rutinariamente desprecian de forma absoluta las normas morales, que la corrupción nos rodea.

Sabemos que las esferas corporativa y política, los lobbys, los reguladores corruptos, los medios de comunicación y el poder judicial representan puertas giratorias que implican que las irregularidades prácticamente nunca rindan cuentas ante una justicia genuina.

Sabemos que la prensa a veces hace ruido sobre estos asuntos pero que nunca los aborda con verdadero vigor.

Sabemos que en los servicios de inteligencia y en los cuerpos de seguridad las infracciones a la ley son lugar común y que, nuevamente, la justicia nunca llega.

Sabemos que los gobiernos ignoran o pisotean repetidamente los derechos individuales y abusan y maltratan activamente a las personas, sin que nada de esto sea cuestionado.

Entonces, ¿qué es exactamente lo que los negadores de la conspiración se oponen a reconocer con tanto fervor, fariseísmo y condescendencia? ¿Por qué, contra toda evidencia, defienden con desdén y desprecio la ilusión que se derrumba? ¿Cuán arriba están los que saben y que son buenos, y que lo tienen todo controlado, siendo escrupulosos, sabios y sinceros con la preocupación en mente de nuestros mejores intereses? ¿Creen que la prensa sirve a las personas y a la verdad, en lugar de a los delincuentes? ¿Que injusticia tras injusticia sean el resultado de errores y descuidos, y nunca de esa terrible palabra: conspiración?

¿Qué persona razonable seguiría habitando en este mundo de fantasía?

¿Qué ocurre cuando hay una necesidad infantil dentro de nosotros que nunca ha evolucionado más allá de su función original de supervivencia, de confiar en aquellos en nuestro entorno que son, simplemente, más poderosos, presentes y activos?

Sugiero que la respuesta es simple, y que la evidencia de este fenómeno y los estragos que está causando está a nuestro alrededor: el impulso innato de confiar en la madre nunca evoluciona, nunca se encuentra y se contrapesa con la razón (o fe madura), y permanece para siempre en su configuración infantil predeterminada.

Si bien la psique inmadura ya no depende de los padres para su bienestar, el principio fundamental motivador que he descrito permanece intacto, indiscutido y subdesarrollado. Y, en un mundo en el que la estabilidad y la seguridad son recuerdos lejanos, estos instintos de supervivencia, en lugar de estar bien afinados, considerados, agudos, perspicaces y actualizados, siguen siendo, literalmente, los de un bebé. La confianza se deposita en la fuerza más grande, más fuerte, más presente e innegable que existe, porque el instinto decreta que la supervivencia depende de ello.

Y, en esta gran "guardería mundial", la fuerza más omnipresente es la red de instituciones que proyectan consistentemente una imagen inmerecida de poder, calma, experiencia, preocupación y estabilidad.

Esta es la reconfortante ilusión nuclear de la mentalidad del negacionista de la conspiración, la base decrépita sobre la que construye un encumbrado castillo de justificación desde el cual burlarse pomposamente de aquellos que ven lo contrario.


Esto explica por qué el negacionista de la conspiración atacará cualquier sugerencia de que el arquetipo (materno) del cuidado ya no está presente, que los sociópatas están detrás de la puerta enrejada, que nos desprecian a todos o nos ignoran por completo. El negacionista de la conspiración atacará cualquier sugerencia de este tipo con tanta crueldad como si su supervivencia dependiera de ella, lo cual, en cierto modo, dentro de la composición de su psique inconsciente y precaria, así es.

Su sentido de bienestar, seguridad, comodidad, incluso de un futuro, está completamente (y completamente inconscientemente) invertido en esta fantasía. El niño nunca ha madurado y, debido a que no es consciente de esto, más que como un profundo apego a su seguridad personal, atacará ferozmente cualquier amenaza a su cosmovisión inconsciente.

Tim Foyle

2 comentarios:

  1. Han matado a pocos aún, así que debemos seguir respirando nuestro propio oxigeno que sale envenenado del interior y por PURA lógica debe de ser expulsado para no PROVOCAR otros males, en fin, no hay dinero y sobra personal. Y, sobre todo, miedo y el bozal es el símbolo del miedo que no nos deja ver otras cosas y nos recuerda que el "mal" está en todas partes. La ley del bozal se vuelve a endurecer.
    https://www.elconfidencial.com/espana/2021-03-30/mascarilla-obligatoria-toda-espana-distancia-de-seguridad_3013687/

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  2. Buenísimo artículo.

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