sábado, 13 de febrero de 2021

NOCIONES FUNDAMENTALES SOBRE LAS INYECCIONES CONTRA C.O.V.I.D (3ª parte)



Son claras las preocupaciones con respecto al potencial de padecer una “mejora dependiente de anticuerpos” en individuos que sean reinfectados con SARS-CoV-2 después de la vacunación, con cualquiera de las vacunas candidatas para COVID-19, debido a que, desde el brote de SARS-CoV-1 en 2002, la “mejora dependiente de anticuerpos” representa un obstáculo para el desarrollo de la vacuna contra los virus corona y debe ser cuidadosamente evaluado.

Las autoridades quedan entonces debidamente advertidas del riesgo potencial de que los individuos vacunados con la proteína spike (S) de SARS-CoV-2 (objetivo principal de todas las vacunas candidatas actuales contra COVID-19) podrían generar anticuerpos no neutralizantes, lo que podría causar complicaciones inducidas por la vacunación o un aumento de la enfermedad COVID-19, razón por la cual los individuos vacunados podrían quedar sensibilizados y podrían experimentar un aumento de la enfermedad del COVID-19 en un futuro previsible.

Por todos estos argumentos y antecedentes científicos, no es ético ahorrar los ensayos pre-clínicos en los modelos animales adecuados, ni superponer las etapas experimentales en seres humanos. Es prudente y estrictamente necesario respetar los tiempos de los ensayos clínicos para asegurar que a mediano y largo plazo no van a ocasionar daños irreversibles en las personas. Existe un riesgo potencial y en un grado desconocido de generar modificaciones genéticas de carácter transitorias o permanentes con las vacunas vectorizadas y de RNA.

Las empresas, deliberadamente han superpuesto las fases experimentales, no han dedicado el tiempo mínimo requerido para monitorizar que las inyecciones no van a provocar enfermedades autoinmunes, neurodegenerativas u otros efectos adversos graves ya descritos en voluntarios.

Sinopharm está probando dos vacunas de virus completo inactivado con adyuvante (sales de aluminio) desarrollada por el Instituto de Productos Biológicos de Wuhan. Se han publicado los datos de los estudios de fase 1 y 2. También se ha iniciado un ensayo clínico de fase 1/2 en personas de 6 años o más y ensayo clínico de fase 3 que tiene previsto inscribir voluntarios en Perú, Argentina, Marruecos, Jordania, Emiratos Árabes Unidos y Baréin. Las vacunas que se destinen a la población deben ser seguras y efectivas. Sería ingenuo pensar que en tiempo récord alguna de las empresas podría ofrecer una vacuna contra COVID-19 que sea científicamente comprobada segura y eficaz.

4.- ALERTA A LAS AUTORIDADES POR POSIBLE DAÑO DE LAS VACUNAS COVID-19 EN LA REPRODUCCIÓN HUMANA.


Diversas voces cualificadas de investigadores científicos y médicos, están advirtiendo a la comunidad internacional del peligro que entrañan las vacunas contra COVID-19 y han solicitado a las autoridades de la FDA y de la Agencia Europea del Medicamento que se detengan de inmediato los ensayos clínicos de fase III de las vacunas que contienen ARNm de la proteína de la espiga (S o “Spike”) del virus SARS-CoV-2.

Daño potencial al desarrollo embrionario y de la placenta

Una de las razones de este pedido urgente se basa en que la proteína S del virus SARS-CoV-2, contra la cual los fabricantes de vacunas compiten para desarrollar en una vacuna, guarda una gran similitud genética y proteica (es decir, es altamente homóloga en la secuencia de los nucléotidos y de los aminoácidos) con dos proteínas humanas codificadas por genes localizados en los cromosomas 7 y 6, las llamadas Sincitina-1 y Sincitina- 2, respectivamente. En otras palabras, las vacunas contra COVID-19 introducen la proteína de la espiga del virus SARS-CoV-2 como supuesto antígeno para desencadenar la respuesta inmunitaria, pero esta proteína viral cual comparte alta similitud genética y proteica con dos proteínas humanas, Sincitina-1 y Sincitina-2.

Las sincitinas se expresan de manera fisiológica durante el embarazo: intervienen en la fusión entre el óvulo y el espermatozoide; en el desarrollo de la placenta, la diferenciación del embrión, el implante del embrión en el útero materno y la inmunosupresión del sistema inmunitario de la madre para impedir el rechazo alogénico del embrión.

Por el parecido entre las sincitinas y la proteína espiga del SARS-CoV-2, los anticuerpos inducidos con cualquiera de las vacunas contra COVID-19 podrían desencadenar una reacción cruzada contra las sincitinas, provocando efectos secundarios alérgicos, citotóxicos y/o autoinmunes que afecten la salud y la reproducción humana.

Las vacunas de ARNm tienen la capacidad potencial de modificar el ADN humano por el mecanismo de silenciamiento de genes mediado por los ARN de interferencia. Mediante el uso de oligonucleótidos antisentido inhibidores, se pudo silenciar el gen sincitina. Cuando el ARNm del gen o la cantidad de proteína sincitina disminuyen, se producen defectos graves en la placenta, mala diferenciación del trofoblasto humano y disfunción vascular placentaria, lo que conduce a la pérdida de la gestación.

Las empresas que desarrollan las vacunas contra COVID-19 no están actuando de manera ética ni responsable, porque no realizan los estudios de seguridad en los modelos animales adecuados, no están respetando los tiempos necesarios para detectar efectos adversos a mediano y largo plazo y además, no van a proporcionar la información acerca de la verdadera composición, la que consideran “confidencial”.


Es importante destacar que hay autores que señalan que los genes sincitina están presentes en los seres humanos y en primates del Viejo Mundo y difieren de los genes env que están presentes en roedores. En este sentido, no se puede sacar información del impacto la la vacuna de ARN en la reproducción de los ratones a partir de los ensayos pre-clínicos de las vacunas de ARNm que se realizaron sólo en ratones y hámsters. Estos estudios se publicaron sin revisión por pares, después de haber iniciado los ensayos clínicos de fase 1 y 2 con los seres humanos. Acerca de los daños en la reproducción humana que pudieran ocasionar las vacunas contra COVID-19, sólo se podría obtener información valiosa a partir de ensayos pre-clínicos que se realicen con primates, ya que estos animales que comparten los genes sincitina con el ser humano.

Pero los ensayos ya se están haciendo directamente en seres humanos y los voluntarios no están siendo debidamente informados de todos los riesgos que conlleva la vacunación. Al adelantar y acortar las fases experimentales las empresas están trasladando el riesgo de los animales a los seres humanos, usando a las personas como cobayas de laboratorio.

Por otra parte, las cláusulas de confidencialidad que han sido concedidas por los gobiernos a las empresas que desarrollan estas vacunas no nos permitirán saber con certeza si las vacunas que introducen ARN modificados tienen función de interferencia (ARNi) y si pueden dirigirse contra sitios específicos a lo largo de la transcripción de ARN de un gen, en este caso, las sincitinas humanas, por la alta similitud que comparten en la secuencia.

Las consecuencias de inocular genes extraños con las vacunas contra COVID-19 pueden resultar catastróficas para el destino de la humanidad, si se tiene en cuenta papel de las proteínas de envoltura HERV (sincitinas) en la fisiología humana y sus posibles efectos patogénicos en varios tipos de cánceres y de trastornos autoinmunes.

Daño potencial al testículo por depósito de anticuerpos

Desde la aparición del brote del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS-CoV-1) del 2002 en Guandong, China y del brote de MERS en 2012 en Arabia Saudita, se sabe que los coronavirus de tipo SARS dañan múltiples órganos y se 10 of 14 ha demostrado el daño irreversible que provoca en el sistema reproductivo masculino 35. El impacto de la infección por el nuevo SARS-CoV-2 sobre la fertilidad masculina también ha sido recientemente demostrado.


El daño testicular provocado por el SARS-CoV-2 se explicaría por la alta expresión del receptor ACE2 (homólogo de la enzima convertidora de angiotensina 2) en la gónada masculina. El receptor de alta afinidad de la proteína viral Spike (S) sería la enzima ACE2 que tiene expresión mayoritaria en testículo, y también en ovarios y embrión, y desempeña una función primordial en la reproducción humana.

Se demostró recientemente que la expresión de ACE2 se detecta principalmente en enterocitos, túbulos renales, vesícula biliar, cardiomiocitos, células reproductoras masculinas, trofoblastos placentarios, células ductales, ojos y vasculatura. En el sistema respiratorio, la expresión fue muy limitada, con poca o ninguna expresión en un subconjunto de células y tan sólo en unos pocos individuos, confirmando que la enzima ACE 2 no se encuentra expresada en pulmón.

La orquitis autoinmune es una complicación demostrada del SARS-CoV. En los pacientes que han pasado por una infección COVID-19 natural, de curso leve o moderado, no se observan secuelas ni daño en los testículos ni la calidad del semen, pero si se deben seguir y evaluar las funciones reproductivas en pacientes varones con COVID-19 severo recuperados.

Los cambios patológicos que se observaron en los testículos de pacientes que murieron de SARS y MERS sugirieron que el virus causaba epididimitis y orquitis autoinume (intensa inflamación testicular causada por la respuesta inmune celular y los anticuerpos).

Se ha podido observar extensa destrucción de las células germinales, con pocos o sin espermatozoides, con la membrana basal engrosada, fibrosis peritubular, infiltración de linfocitos y macrófagos, congestiones vasculares, y anticuerpos autoinmunes: depósitos de IgG muy extensa en el epitelio seminífero, el intersticio, células germinales degeneradas y las células de Sertoli, todo lo cual indica que es la respuesta inmune específica contra el virus la causa principal del daño testicular, ya que no se encontraron virus SARS en los testículos. No se detectaron secuencias del genoma del SARS en los testículos afectados, se pudo comprobar que los coronavirus no ingresan a los túbulos seminíferos ni se detectan en muestras de semen, lo que sugiere que el impacto en los testículos se debe a la respuesta inmune contra la proteína Spike (S) del SARS-CoV, por el depósito de las inmunoglobulinas.

Por estos hallazgos, antes de aprobar una inoculación masiva en la población con cualquiera de las vacunas contra COVID-19, resulta necesario evaluar en los ensayos clínicos a mediano y largo plazo que la respuesta inmue inducida por las vacunas no van a causar epididimitis, orquitis y/o puedan provocar infertilidad por depósito de los anticuerpos en el tejido testicular.

A estos antecedentes médicos y científicos nos referimos, principalmente, cuando alertamos que la inmunización con vacunas contra COVID-19 pueden afectar la fertilidad. El derecho a la descendencia no puede verse afectado por ninguna terapia preventiva experimental y ese derecho lo tienen que garantizar las empresas, pero dados los tiempos reducidos de desarrollo de estas vacunas, no están permitiendo de manera adecuada la evaluación y el registro de los efectos adversos a mediano y largo plazo.

En síntesis, al igual que todos los científicos internacionales sin conflictos de intereses, me veo obligada a alertar que si los gobiernos quieren implementar una vacunación experimental masiva y obligatoria en la población con vacunas que no han cumplido las fases experimentales y que son aprobadas con protocolos “de emergencia”, están siendo cómplices de posibles delitos de contra la humanidad, debido a que estas plataformas terapéuticas “novedosas” encierran implícitos y ocultos en sus diseños los mecanismos más ampliamente aceptados de silenciamiento de genes inducido mediante ARN inhibidores, cuyos efectos son de pleno conocimiento para la comunidad científica internacional y sin embargo están siendo minimizados por las farmacéuticas, cuando deberían ser evaluados antes de la autorización comercial de estas vacunas.


Las consecuencias de inocular estos genes extraños en la población con las vacunas contra COVID-19 pueden resultar catastróficas para el destino de la humanidad, si se tiene en cuenta papel de las proteínas sincitinas en la fisiología humana y sus posibles efectos patogénicos en varios tipos de cánceres y de trastornos autoinmunes como la Esclerosis Múltiple 46, 47, la Esclerosis Lateral Amiotrófica y la Diabetes tipo 1.


(Fuente: https://cienciaysaludnatural.com/)

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