martes, 11 de agosto de 2020

LAS MASCARILLAS ENCUBREN UN EJÉRCITO DE SUMISOS ESCLAVOS VOLUNTARIOS



Muchos italianos permanecen con la máscara aunque la ley ya no la imponga y no hay motivos sanitarios para ello (son los típicos discípulos de los aspirantes a tiranos, felices de obedecer sin tener que cuidar de sí mismos).

Digamos la desagradable verdad: estos meses, algunos de nuestros compatriotas, aparte de por razones-sinrazones sanitarias, les gusta llevar una máscara, e incluso les gusta mucho. No para mostrar su auténtica personalidad, oculta por las convenciones habituales, como fue el caso de la Commedia dell'arte italiana, sino para ocultarla por completo, o más bien para fingir que no tiene ninguna. Ni siquiera para innovar con valentía, con nuevas ideas y rostros, sino para obedecer al arrogante líder, "el abogado de los italianos".


Vemos a jóvenes y viejos en excelente estado de salud aventurándose, cautelosamente, en territorios a cero de Covid-19, escondidos detrás de sus sombrías e impersonales máscaras de servicio. Listo para responder a las nuevas "explosiones infecciosas" como dicen los medios pro-emergencia.

No parece que sean los médicos los que están estimulando estos comportamientos que provocan trastornos de ansiedad y clínicamente desprovisto de sentido. Ciertamente, las semanas de emisiones televisivas con actualizaciones en tiempo real sobre el número de muertes por funcionarios con suéteres oscuros con el logotipo de emergencia impreso en ellos y el tono de voz doloroso e inquieto han tenido su efecto en los usuarios confinados en sus casas, lo que hace que estén comprensiblemente preocupados.

El miedo a la muerte, una vez despertado, se convierte en un compañero más asiduo y más insistente que la quietud estoica, que se deja desalojar por la ansiedad sin oponer demasiada resistencia. El hecho de que, más de un mes después del final de la fase activa de la epidemia, el miedo a la muerte todavía reina con fuerza, muestra toda la ambigüedad de la gestión psicológica que le ha sido dada por el gobierno.

Esto muestra también cómo, en caso de eventuales urgencias futuras, no es oportuno apoyarse en personas e instituciones que, en pocas semanas, han transformado un país activo e industrial en una nación asustada y desorientada que corre el riesgo de colapsar. Se trata de un estado psicológico que, para los dirigentes sin escrúpulos y sin programas reales, tiene la ventaja de estar mucho más desprovisto de principios o ideas.

¿Cómo es entonces que tanta gente está dispuesta a usar la máscara, como lo requiere el poder establecido?

El hecho trivial es que desafortunadamente muchas personas aspiran a obedecer a alguien que les ordena, sin tener que cuidarse de sí mismos. Que entonces, además de decirnos que tenemos que usar la máscara porque estamos en una situación de emergencia, que "alguien" hace discursos diferentes y contradictorios, importa poco, porque son frases desconectadas que cambian varias veces al día y la gente no las sigue. Pero la indicación del obediente enmascarado parece clara: bien, dinos qué hacer y lo haremos. Muchos fans famosos de Giuseppi Conte, puestos de relieve por los encuestadores, son también seguidores típicos de potenciales tiranos: personas que son felices de obedecer a alguien que le gusta ejercer poder sobre ellos, exigiendo algo muy personal y significativo, como incluso cubrirse la cara.

Giuseppe Conte, primer ministro italiano

Listos para esconder hasta la huella de su identidad, única e irreproducible: el rostro. Mostrarlo se ha convertido ahora en un acto de valor. Así pues, la identidad personal ha recibido un golpe muy duro en la humillante experiencia del terrorismo sanitario, practicado para prolongar la emergencia y dejar al gobierno en pie. Una situación apreciada por los fanáticos de la máscara, los primos de las sardinas [aludiendo al movimiento de las sardinas], y a menudo las propias sardinas: personas que (por el momento) no desean tanto adherirse o presentar programas definidos, sino obedecer a un poder que se presenta como salvador y que en un primer momento borra sus rostros, haciéndolos desaparecer con sus connotaciones específicas. Liberándolos así de la responsabilidad de ser ellos mismos y gratificándolos con la pertenencia a una masa indistinta, todo un conjunto de individuos indiferenciados, en la que se confunden de forma sardónica. Esto puede parecer extraño, pero el hecho de pertenecer a alguien que te releva de tus responsabilidades y elecciones personales es una de las motivaciones más constantes del hombre, presente a lo largo de su historia.

El texto que lo describe con más lucidez es el "Discurso sobre la servidumbre voluntaria", escrito en 1576 por Etienne de la Boétie, gran amigo del filósofo Montaigne. Cuenta cómo -desde tiempos inmemoriales- los hombres no han querido ser todos sus propios amos: Muchos prefieren ser sirvientes de un amo que los cuide dándoles órdenes y tareas y así los ayude a vivir, de una manera u otra (Hegel volverá a este tema dos siglos después).

E incluso, el estado moderno nació también para responder adecuadamente a esta necesidad. La necesidad de liderazgo y de mando ya estaba presente desde tiempos muy remotos, como lo demuestran los relatos más antiguos de la humanidad. Una necesidad de ser poseído y dirigido, que prosigue igualmente, de manera diferente, en las democracias industrializadas. Hoy en día, en Italia, la mayoría de las personas trabajan directa o indirectamente para el Estado, que (como el gobierno amarillo-rojo sabe muy bien, y se beneficia de ello), los representa pero también es, en parte, su "maestro" y su voz.

El confinamiento obligatorio en los hogares y la suspensión sustancial de toda actividad durante un largo período de tiempo, junto con el poder del Estado gestionado según una clave oscura, para aumentar el miedo y la obediencia de la gente, han producido así una especie de colapso del sentido del Yo, de la autonomía de los individuos. Muchos se han vuelto así incapaces de liberarse del viscoso abrazo de un poder enfermo cuya única perspectiva para permanecer en la silla es la persecución de la urgencia.

Aunque, en realidad, la emergencia sanitaria ya ha pasado, ha sido sustituida por otra muy grave y muy real (aunque poco mencionada): la ruina económica causada por la gestión insensata de la pandemia, con el cese durante casi dos meses de toda la vida y actividad del país, y la falta de conocimiento real de los problemas sobre el terreno.

La máscara sanitaria, que se ha convertido en casi obligatoria en el gobierno de emergencia sin fin, reviste por lo tanto una importancia histórica, aunque Giuseppi no lo sepa (como todo el resto).

En la larga historia de la -Máscara-Persona (etimológicamente, "persona" viene del latín persona que significa justamente "máscara de teatro", " rol, personaje"), lo que se lleva puesto, la "prenda", siempre ha representado, desde la cultura romana, el carnet de identidad, el signo que dice quiénes somos y por lo tanto cuáles son nuestros derechos. La máscara, como explica el filósofo estoico Pantetios, revela "el sentido de la personalidad individual", sustrayéndola de la uniformidad de la masa informe y atribuyendo a cada uno su fisonomía y sus particularidades específicas (de ahí las máscaras de guerreros, animales y otros).


El gobierno amarillo-rojo es el primero que ha impuesto una Máscara-Persona que, en lugar de revelar quién eres o a quien, lo que te inspira, borra tu identidad detrás de la del conformista sanitario, dispuesto a olvidar, como se lo pide el jefe, toda fe, toda identidad, todo entusiasmo a condición de salvar su propio pellejo (que, por cierto, nadie amenaza, por el momento).

Una máscara de miedo y cobardía, para borrar cualquier posibilidad de desarrollo como persona libre.

Claudio Risé
(Fuente: https://www.laverita.info/; visto en http://www.verdadypaciencia.com/)


13 comentarios:

  1. Nunca se van a dar cuenta que es una farsa, todos los años se morirá por encima del 1% de la población. En España todos los dias podrán retransmimitir por encima de las mil muertes... Bueno, repitiendo una o dos tienen suficiente... y así ya empiezan a reconocer y acompañar en el sentimiento a los del funeral.
    Y estaran felices de salvar al 99% que no se murió, y cuando les llegue la parca reclamarán el premio que les corresponde por haber enterrado su denario.

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  2. Ahora se entiende como un rebaño de cientos de ovejas son dominadas y controladas por UN SOLO PERRO...

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    1. Y lo peor es que muchas de esas ovejas se prestan gustosas a ayudar al perro, controlando y señalando a las díscolas ovejas negras...

      Saludos, Buscador

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  3. Cómo acierta en su análisis.

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  4. Ya lo dicen que españoles e italianos, primos hermanos...
    Si al artículo le cambiamos las referencias al país alpino y las sustituimos por España y los españoles, nos pintarán un cuadro patéticamente idéntico.

    La verdad es que salir cada día a la calle es una auténtica pesadilla, viendo el triste paisanaje que nos rodea y teniendo que soportar miradas impertinentes, inquisitoriales y/ o reprobatorias.
    Pero, sinceramente, aún así, me importan más las nefastas consecuencias, que el uso del bozal acarrearía para mi salud física y psíquica y sobre todo el simbolismo de sumisión, que tiene el tapabocas a un poder sin escrúpulos, psicópata y genocida, que lo que puedan opinar y/o pensar los demás.

    Estoy deseando ver cómo se les quedan las caras a ese 90% de la población ovina el día en que sea de dominio público la verdad, (que lo será, no me cabe duda) y por fin descubran cómo han caído de cuatro patas con la gran mentira macabra que les han colado...

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    1. Sí que es una pesadilla salir a la calle. Y escuchar "razonamientos" sobre lo mal que lo hacemos la gente y por qué esa es la causa de los "rebrotes". Ya empieza a dar vergüenza ese tipo de comentarios.

      Ojalá sea como dice Ud., Lola, y que se sepa la verdad. Yo siempre tengo muchas dudas acerca de eso. Pienso que se van a salir con la suya. Me produce una enorme tristeza y pesadillas.

      Tenemos que resistir también mentalmente. Guerra mental a la mentira macabra.

      Saludos.

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    2. Totalmente de acuerdo, aparte de la insensatez del mal uso de la mascarilla en espacios al aire libre, es la calor que estamos padeciendo por aquí, me niego llevarla, es lo que hay, sobre las miradas, hace mucho que no tengo empatía con ese tipo de humanos, que hagan lo que quieran, crean en lo que quieran y actúen como ellos quieran, mientras me dejen en paz, allá cada cual.
      Como dice Hyperion, en mi mente mando. Pero pronto habrá que tomar decisiones porque ellos siguen avanzando con su agenda.
      Saludos...

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    3. Hola amigos,
      El tema de ir por la calle a cara descubierta está resultando un ejemplo de coraje (y obstinación, porqué no) De una parte te sientes íntegro, feliz de no estar atrapado en la telaraña y de otro lado, ante la soledad de tu actitud te invade un sentimiento como de ser un extraño, fuera de lugar. Yo soy de Vilafranca del Penedès y aquí desde ayer se ha levantado la veda para cazar infectados a base de practicar de manera masiva el fraudulento PCR (detector del virus??) y así ir aumentando artificialmente las cifras en una población sin ninguna existencia de la "enfermedad" Con ello podrán infectar las mentes que todavía estén vírgenes y seguir con su juego falso y maligno. Hoy he publicado en uno de mis blogs un artículo muy documentado sobre la inutilidad de los PCR. Aquí os dejo el enlace: https://masacriticaconsciente.blogspot.com/2020/08/aparte-de-no-servir-para-nada-son-un.html
      Saludos y fuerza a todos que la vamos a necesitar ante lo desproporcionado del embate.
      Un abrazo
      Joan

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  5. Las mascarillas, como dice el título, encubren un ejército de esclavos sumisos voluntarios porque el fin es ese. Nunca ha sido el protegernos de nada.

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    1. Y el fin pecuniario, también.
      No hay que olvidar la recaudación millonaria, en concepto de IVA, que recauda el Estado semanalmente, más necesitado que nunca de fuentes de financiación, que le permita a la casta seguir manteniendo, con tranquilidad y sin sobresaltos, su nivel de vida rajá y también para las paguitas de los foráneos, que vienen a "pagarnos las pensiones"...

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    2. Funcionan relativamente para lo que se utilizaban antes. La utilización sobrevenida es absurda... y creo recordar que en las mismas instrucciones de las mascarillas dicen que no sirven.
      Ante una enfermedad asintomatica... pero que más nos tienen que decir... "usted ve bien porque es un miope asintomático", "Venga pongase las gafas, aunque sean del carnaval"

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    3. Brillante analogía, anónimo 14:25!

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    4. Anónimo 14.25, genial comentario...

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