miércoles, 8 de julio de 2020

REACCIONES A LARGO PLAZO DE LAS VACUNAS



La mayor vigilancia sobre los efectos adversos de las vacunas se hace a corto plazo, y nadie se preocupa ni investiga sobre los efectos a largo plazo. Por eso, una vez pasada la primera etapa, y si no hay reacciones indeseables, padres y médicos se quedan tranquilos.

Los efectos a largo plazo documentados incluyen los desórdenes inmunitarios y neurológicos crónicos como autismo, hiperactividad, síndrome de atención, dislexia, alergias, cáncer y otros trastornos que apenas existían hace un siglo, justo antes de los programas masivos de vacunación.

Los componentes de la vacuna incluyen carcinógenos conocidos como el tiomersal, fosfato de aluminio y formaldehido; el Centro de Información de de Venenos de Australia considera que no hay ninguna cantidad segura aceptable de formaldehido que pueda inyectarse en el cuerpo humano; todas son potencialmente tóxicas.

El historiador médico, investigador y escritor Harris Coulter explicó que después de una investigación extensa había comprobado que la inmunización en la niñez podía ser la causa de encefalitis de bajo grado en los infantes en un porcentaje mayor que el admitido por las autoridades de sanidad públicas, aproximadamente en un 15 a 20 por ciento de todos los niños. Señala que las secuelas de encefalitis (inflamación del cerebro) son: autismo, déficit cognitivo de aprendizaje, pequeños daños en el cerebro, epilepsia, problemas con el sueño, desórdenes sexuales, asma, muerte súbita del lactante, diabetes, obesidad y violencia impulsiva, la mayoría de ellos ampliamente extendidos en la sociedad contemporánea.

Muchos de estos trastornos eran relativamente raros antaño, pero se han vuelto más comunes cuando se han extendido los programas de vacunación en la niñez. Coulter también señala que: “el toxoide de la tos ferina se usa para crear la encefalitis en los animales de laboratorio”.

Un estudio alemán encontró las correlaciones entre las vacunaciones y 22 enfermedades neurológicas, incluso el déficit de atención y la epilepsia. El dilema es que esos elementos virales en las vacunas pueden persistir y deformarse en el cuerpo humano durante años, con desconocidas consecuencias. Millones de niños están compartiendo involuntariamente un experimento enorme, intensivo; y no hay ningún esfuerzo sincero, organizado, que permita a la comunidad médica rastrear los efectos negativos y determinar las consecuencias a largo plazo.

La conclusión es que se ha ignorado los efectos adversos de las vacunaciones, a pesar de las correlaciones directas con muchas cronicidades.

Adolfo Pérez

1 comentario:

  1. Puedo hablar y dar fé de los efectos a largo plazo...mi hijo tiene 34 años y no tenéis idea de cómo me reconcome el saber lo que hoy sé de su condición, y todas las vacunaciones que tenía que haberle evitado. No vacunéis a vuestros hijos por favor.

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