miércoles, 4 de diciembre de 2019

FASCISMO NEOLIBERAL: EL CASO CATALÁN (1ª PARTE)



Si bien en algunos aspectos el fascismo actual se parece al fenómeno de la década de 1930, existen serias diferencias entre los dos.

El fascismo del siglo XX formó parte de la reacción nacionalista frente a la crisis de la 1ª Globalización (el capitalismo internacionalista que precede a la 1ª Guerra Mundial). Contó con una amplia base popular dado que aunó a todos los sectores que quedaban marginados y resentidos frente a las ventajas y privilegios del capitalismo globalizado. En ningún caso este fascismo apoyó la globalización si no que se configuró como una alternativa a ella.

En cambio, el fascismo del siglo XXI no cuestiona en ningún momento la globalización, sino que la defiende a ultranza achacando las causas de la crisis del sistema a los “otros” (indígenas, negros, inmigrantes, árabes, judíos, viejos, comunistas, no-nacionalistas, etc.) y en ningún caso propone o articula una alternativa a al actual funcionamiento del sistema capitalista.

El fenómeno fascista frente a la 1ª globalización fue un fenómeno esencialmente nacionalista, y a pesar de la afinidad entre los distintos estados fascistas no existió nada parecido a una internacional promotora del fascismo (La primera conferencia mundial de la internacional fascista se celebró en Montreux el 16 de diciembre de 1934, la segunda y última en 1935, resultando ambas un fracaso). Por el contrario, en el fascismo del siglo XXI existe una verdadera internacional constituida por los principales grupos monopolistas transnacionales y sus ONGs neoliberales (Open Society Foundation y sus innumerables filiales, USAID, NED, etc.), y agencias de inteligencia (CIA, la NSA, la israelí Unit 8200, el m16 inglés, etc.), a través de las cuales los grandes grupos transnacionales promueven el fascismo neoliberal dondequiera que los intereses del sistema se encuentren amenazados. Un elemento clave para la promoción y la introducción del fascismo neoliberal es el espionaje globalizado que realizan los grandes gigantes monopolistas de internet (Google, Microsoft, Facebook, Amazon, Aple, etc., junto a las agencias de inteligencia).

Son básicamente fascismos políticos, no fascismos económicos. Los actuales estados fascistas no pretenden combatir la crisis inducida por la 2ª Globalización mediante un activismo fiscal para generar mayor demanda, producción y empleo. El nacionalismo económico ha desaparecido de sus programas. Por supuesto no tratan de doblegar a las multinacionales y hacerlas pagar impuestos. El fascismo neoliberal y los actuales estados fascistas no se oponen a la globalización, sino que forman parte intrínseca de la misma. Son fascismos neoliberales “a la Pinochet” al servicio de los monopolios transnacionales que entran en acción cuando aquellos perciben que en algún momento y/o lugar el juego democrático puede perjudicar sus intereses.

Los fascismos del siglo XX fueron movimientos mayoritarios en los que participó la mayoría de la población. En cambio, los fascistas del siglo XXI suelen ser minoritarios, pero con poder suficiente como para controlar y dominar al resto de la población. En realidad, es el fascismo el que les asegura el poder para doblegar a la mayoría por eso mantienen un estado de confrontación/guerra permanente con el objetivo de confundir a la población dando primacía a lo nacional-racial-identitario frente a lo social.

Las bases de los fascismos del siglo XX, sobre todo en sus momentos iniciales, fueron las clases bajas, obreros, lumpenproletariado, parados, clases medias bajas. Mussolini había sido miembro del Partido Socialista Italiano y el partido de Hitler se denominaba Partido Nacional Socialista. En cambio, en los fascismos neoliberales las bases, desde buen principio, pertenecen a las clases más adineradas que viven en los barrios ricos de las ciudades.

El fascismo neoliberal está a menudo en sintonía directa con las grandes corporaciones multinacionales y sus agencias de inteligencia norteamericanas, británicas o israelitas. Los golpes de estado suelen ser decretados, dirigidos, financiados y coordinados por dichas agencias y ONGs neoliberales (USAID, Fundaciones de Soros, etc.), que además ofrecen sus bancos de datos (Google, Facebook, Amazon, Microsoft, etc.) para denigrar o chantajear a sus oponentes, políticos, activistas dirigentes, periodistas, etc. Combinan estos ataques con con cyber-ataques y campañas denigratorias por las redes que refuerzan las campañas en los medios tradicionales de comunicacón.

Desarrollan todo un arsenal de códigos, simbologías, eslóganes, lemas, informaciones deformadas, contenidos informativos sesgados, creación de identidades excluyentes, intolerancia, racismo, posicionamientos extremos frente al diferente y prejuicios difundidos por los medios de comunicación y reforzados a través de las redes sociales.

El fascismo neoliberal no pretende un partido único como fue siempre el caso en el fascismo del siglo XX. Participa en las elecciones a menudo divididos en varios partidos que compiten entre sí a ver quién es el más fascista. Tampoco pretenden un Estado de partido único, sino que mantienen un juego pseudodemocrático. Son fascismos "disimulativos".

El odio y rechazo social hacia el diferente, y su señalamiento estigmatizador (grupos de watsaap) con una degradación moral y estética de los “otros”.

Manipulación y distorsión de la historia en favor de sus tesis y proclamas, la idealización de la cultura propia, el supremacismo de su identidad diferenciada y la mitologización de sus orígenes Apropiación y autoatribución del concepto de pueblo para hablar continuamente en nombre de este.

Ocupación totalitaria de los espacios públicos con símbolos, banderas, consignas y lemas. Uso de signos identificativos en la vestimenta, en las cuentas de watsapp, o Facebook, banderas consignas y símbolos en los balcones, en las farolas, en las calles, en las vallas, en los puentes de las carreteras, etc., para excluir y atemorizar al diferente, exclusión no solo simbólica, sino que conlleva un apartheid en la práctica, en la vida cotidiana, una censura ideológica y etnicista que suprime la libertad de expresión de los disidentes.

La búsqueda de la confrontación o tensión violenta permanente frente a un enemigo real o imaginario. Se trata de “procesos” y “marchas” que no admiten un paso atrás. La intoxicación informativa utilizando trucos como las cuentas robots para controlar y manipular los centros de atención en las redes.

El ocultamiento y el silencio social del disidente que se ve obligado a cambiar de acera, a no significarse frente a la dictadura violenta del pensamiento único que practica el señalamiento de los diferentes o disidentes, el bulling digital, los escraches, boicots, insultos, desprecios, pintadas en los comercios, automóviles o puertas de las casas.

Organizaciones perfectamente estructuradas y centralizadas dirigen y encuadran las actuaciones, manifestaciones, ocupaciones, etc.

El fascismo del siglo XX era un fascismo autoproclamado y orgulloso. El fascista del siglo XXI niega vigorosamente la evidencia del carácter fascista de sus posicionamientos y acciones atribuyéndolo sistemáticamente a sus opositores. Son fascismos disimulativos.

Es fascismo del siglo XXI es un fascismo de teatro. Sus demostraciones, manifestaciones, confrontaciones con la policía, etc., son organizadas para crear una imagen “democrática” a favor en la escena internacional. A diferencia del fascismo del siglo XX, el fascismo neoliberal manifiesta una notable preocupación para conseguir la aceptación de la comunidad internacional. Organizan verdaderas demostraciones teatrales enfocadas a crear buena impresión “democrática” en el extranjero, presentándose como la mayoría oprimida por los que realmente sufren su opresión. Utilizan descaradamente el victimismo, exagerando con la propaganda y el control de las redes sociales la supuesta violencia de sus opositores. El recurso a los infiltrados, en esto en perfecta sintonía con el fascismo del siglo XX, aparece en todas sus manifestaciones.

Como en el caso de los fascistas del siglo XX los fascismos neoliberales crean organizaciones, escuadrones y comités de energúmenos como fuerzas de choque. Estas fuerzas de choque actúan dirigidas y coordinadas vía internet.

El supremacismo neoliberal catalán, un fascismo disimulado

Jacinto Toryho (director de la revista anarquista Solidaridad Obrera de 1937 a 1939 ): “La insurrección de Cataluña en 1934 tuvo una nota original: comenzó con una huelga general impuesta por el Gobierno contra la voluntad de los obreros que se negaron a hacer el juego a los innovadores. Pues tratábase de una innovación singularísima, ya que por primera vez en la Historia la huelga general la organizaba y dirigía el Poder público. Los ‘escamots’ de Dencás y Badía, armados hasta los dientes, los días 5 y 6 impusieron el cierre de fábricas, oficinas, bancos, tiendas, talleres. Mas no habían contado con la ‘huéspeda’: los trabajadores se negaban a complacerlos. En algunas fábricas cedían momentáneamente ante las armas exhibidas por los representantes de la coacción oficial, mas apenas éstos se alejaban, volvían al trabajo con más ahínco. Los medios de de transporte fueron paralizados merced a la elocuencia de las ametralladoras de que hacían alarde los hombres de Badía. /…/ En el feudo de Dencás /…/ se halló un montón de cenizas de papeles y documentos incinerados antes de escapar [tras el fracaso del golpe de estado secesionista], pero encontróse sin haber sido pasto de las llamas la lista firmada por Miguel Badía con los nombres de las personas que deberían ser fusiladas al día siguiente del triunfo allí donde se las encontrara y sin formación de causa. La mayoría de esos nombres eran militantes de la FAI y de la CNT. /…/

Acerca del ‘generalísimo’ de la insurrección separatista [Dencás] y de la Esquerra que la impulsó, escribió, en 1935, Joaquín Maurín [ex-secretario general de la CNT que se pasó a la facción antiestalisnista del marxismo], líder del Bloque Obrero y Campesino: /…/ “Dencás, jefe de la fracción de ‘Estat Catalá’, turbio en sus propósitos, no podía ocultar sus intenciones deliberadamente fascistas. Todo su trabajo de organización y toda su actividad política tendían hacia un objetivo final: un fascismo catalán. Su declaración de guerra a los anarcosindicalistas, sus ‘escamots’ de camisas verdes regimentadas, todo eso tenía un denominador común: el nacional socialismo catalán”».”

Un ejemplar del separatismo fascista promovido por el capital globalizado es el del separatismo catalán del siglo XXI. Aunque no se trata de un estado “independiente” fascista, el hecho de constituir una comunidad autónoma dotada de un estatuto con importantes competencias que incluyen un gobierno y un parlamento autonómico, una policía autonómica, recaudación fiscal propia, educación, sanidad, un tribunal de justicia, control de medios de comunicación públicos como varios canales de televisión, más de una docena de cadenas de radio, una docena de periódicos, además de multitud de revistas, una red de representaciones diplomáticas en el extranjero, etc., puede considerarse perfectamente como un caso de estado fascista neoliberal.

El flirteo con el fascismo del nacionalismo catalán viene de antiguo. El 22 de octubre de 1933, miles de jóvenes uniformados con camisas verdes desfilaron en Barcelona desde la Gran Vía hasta el Estadio Olímpico de Montjuïc. Se trataba de una demostración de los escuadrones de las Juventudes de Esquerra Republicana – Estat Catalá (JEREC). El New York Times se hizo eco de la noticia al día siguiente refiriéndose al naciente fascismo catalán. Aquella misma semana paramilitares del partido nacionalista independentista Estat Catalá, asaltaron NAGSA, la imprenta donde se editaba el satírico “El Bé Negre” en represalia por unas caricaturas burlescas sobre dichos paramilitares.

Pero el fascismo catalán encontró su reflejo inmediato en el fascismo en la península que pronto recibiría el apoyo de los nazis y los fascistas italianos, razón por la cual el nacionalismo catalán abandonaría su deriva fascista inicial.


(Visto en http://crisiscapitalista.blogspot.com/)

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