martes, 9 de julio de 2019

EL FEMINISMO AL SERVICIO DEL PODER


Quienes llaman "revolución" a cualquier show capitalista apoyado por todo
el aparato propagandístico del sistema (medios hegemónicos, gobiernos e insti-
tuciones, sindicatos a sueldo del capital y propaganda masiva) tienen un impor-
tante cacao en la cabeza. Sí, Lucía Mendaz Méndez, también usted. A ver si
vamos deshaciendo tanto grumo indigesto.

Ayer se cumplieron cuatro meses desde que una masa sin voz propia se prestó por segunda vez a corporeizar una adhesión ciega e inquebrantable al discurso inconcreto y vago que los ingenieros sociales les sirvieron en bandeja para ahondar en la división de la sociedad. El móvil de la exhibición de falsa unidad fue el principio de que no solo hay que tener razón, sino que ser más que aquéllos a quienes se les niega. Pero una vez más el subidón colectivo se muestra carente de sustrato, y de lo que subyace a la demagogia para la masa hace Javier Benegas un análisis implacable que no me resisto a compartir.

"La guerra es la paz"

Hay una frase que dice: “si quieres reducir a un hombre a la nada, convéncele de la inutilidad de todo cuanto haga”. El aserto es terrible pero verdadero, pues no hay nada más eficaz para destruir la voluntad que convencernos de su inutilidad, que nada de cuanto hagamos servirá para cambiar las cosas porque nuestro entorno obedece a fuerzas inasequibles.

Hay que dejarse llevar, girar con el mundo y estar del lado de la Historia, que es el lema del progreso, intentando aprovechar sus pequeños placeres y, acaso, expresando un sonoro sufrimiento para obtener la piedad de los otros. Aunque hasta la piedad puede ser un negocio.

"La ignorancia es la fuerza"
No es nuestra voluntad la que manda sino la voluntad de un irritante todo, de una desesperante maquinaria que, a ratos, atribuimos a una conspiración y a ratos a la fatalidad. La idea de que somos, como humanidad, la encarnación de un mal que no tiene remedio es el manifiesto colectivo de la posmodernidad.

Así, nuestra vida discurre asediada por la culpabilidad y la angustia, impregnándonos de una sensación lúgubre, como un náufrago que bracea desesperado en un gran mar saturado de salitre sin ninguna esperanza de llegar al agua dulce para enjuagarse. Incluso aquel al que la vida le sonríe no puede evitar caer a menudo en la trampa de la incertidumbre, de la culpabilidad y su penitencia, y preguntarse angustiado: y si mañana cambiara mi suerte, ¿quién me salvará?

Solo así podría explicarse, por ejemplo, que Greta Thungber, una chica que, con a penas 16 años de edad, se erige en el símbolo juvenil contra el cambio climático, diga: “Cuando tenía 11 once años estaba muy deprimida: dejé de comer, dejé de hablar. Tenía mucho que ver con el cambio climático.”

"La libertad es la esclavitud"
Casi nadie se libra del poderoso pesimismo que parece apoderarse no del mundo, sino de lo que llamamos “mundo occidental”. Porque para los habitantes de la República Centroafricana, Níger, Chad, Burkina Faso, Burundi, Guinea, Sudán del Sur, Mozambique y otros muchos países que, sin ser tan pobres, están muy lejos de nuestra calidad de vida, la depresión es un lujo, exactamente igual de inasequible que conducir un BMW.

“Hemos perdido la alegría”, me aseguraba un hombre sabio recientemente. “Antes”, añadía, “cualquier cosa podía ser motivo de celebración, porque la alegría era una característica de nuestro carácter. Pero esa alegría ha desaparecido”. Y creo que tiene razón. Vivimos en un perenne cabreo sordo, pendientes de la posibilidad de la catástrofe, de un inminente apocalipsis, impregnados de una cultura obsesionada con la muerte. Algo que se refleja en infinidad de películas y series, imbuidas de un realismo mágico dominado por las temáticas del terror, la psicopatía, la violencia y la conspiración.

"El feminismo es igualdad"
En todos estos productos audiovisuales, y más allá de su inevitable corrección política, no hay lugar para las buenas vibraciones. Sus finales suelen ser tan deprimentes como lo son sus argumentos, porque está de moda la conclusión fatal. Es lo que demanda el público. En comparación, el Concierto de Año Nuevo, con sus alegres valses, es un fugaz ejercicio de nostalgia, un recuerdo desvaído de cómo fue el mundo en un pasado al parecer ya irrecuperable.

Si al menos este sentimiento de fin de ciclo fuera acompañado de una cierta dignidad o, incluso, de la valentía desafiante del héroe que, erguido, ofrece su pecho a la lanza del destino, la esperanza existiría. Porque con ese gesto de gallardía el héroe demuestra que no teme el final. Y si llegar al final es los más terrible que puede sucedernos, no tener miedo es vencer.

Pero en este milenarismo posmoderno no hay ni rastro de coraje, solo un enojoso lloriqueo. Ya no hay sujetos sino identidades colectivas que suplantan la identidad personal, la que nos convierte en lo que somos individualmente, para bien y para mal. Esa identidad única sobre la que antes el sujeto se construía con más o menos fortuna, pero siempre resistente, o al menos más resistente que ahora. Y desde luego, más libre.

                 "Toda mujer es libre de expresar lo que nosotras le ordenamos que esprese"

Este colectivismo que llora y patalea, que nos hace depender intensamente del Estado, tiene su máxima expresión en un feminismo “nuevo”, donde la reivindicación de la “categoría mujer”, que es de todas las identidades colectivas la más amplia y, por lo tanto, la más apetecible para el poder, se convierte en una falsa liberación.

Escribía Lucía Méndez Prada, periodista del diario El Mundo, tal vez contagiada por la agitación de la masa, que “no hay ningún partido, ninguno, capaz de sacar a la calle a cientos de miles de personas. Sólo el feminismo y la Igualdad. Interpretar las masivas manifestaciones del pasado 8M en clave partidista es de miopes. A ver si abrimos los ojos a una realidad que no tiene vuelta atrás”.

En eso estamos, en abrir los ojos para contemplar con estupor lo que Lucía llama “realidad”. Y me vienen a la cabeza las palabras de Claudio Magris, que en 1999 anticipaba las contradicciones que traería consigo el nuevo milenio. Porque, aunque con su "Utopía y desencanto" pretendía romper el maleficio pesimista, también vio el peligro venir

“El milenio se anuncia con contradicciones llevadas al extremo. La derrota, si no en todos sí en muchos países, de los totalitarismos políticos no excluye la posible Víctoria de un totalitarismo blando y coloidal capaz de promover -a través de mitos, ritos, consignas, representaciones y figuras simbólicas – la autoidentificación de las masas, consiguiendo que “el pueblo crea querer lo que sus gobernantes consideran en cada momento más oportuno”.

Para Lucía Méndez no hay ningún partido capaz de sacar a la calle a cientos de miles de personas, lo cual es muy discutible (sobre todo si el partido es de final de Champions, nota sarcástica del "blogger"). Si repasamos las páginas más negras de la historia, ahí estuvo la masa politizada también, convencida de que su causa era una gran causa, la más justa de todas las causas. Es la ideología de masas al servicio del poder. Exactamente lo que es este feminismo, por más que algunos le añadan el sufijo liberal.

Aprended, feministas

Es cierto, la realidad no tiene vuelta atrás. Pero si la realidad a la que alude Méndez es la proyección de ese totalitarismo blando y coloidal sobre el que advertía Magris, tal vez deberíamos rectificar. La regresión puede adoptar muchas formas; la libertad solo tiene una. Y no es esta, desde luego.

Javier Benegas
(Visto en https://disidentia.com/)

4 comentarios:

  1. Defienden una consigna como el que defiende la bandera de su equipo de fútbol, aunque jueguen como unos guarros.

    Pues a todo guarro le llega su San Martín.

    Por sus actos los conocemos ya.

    Y cada vez no son más.

    Están todas, todes y todos muy limitaditas, limitadites y limitaditos.

    Pero como la gráfica entra en meseta, dará comienzo el show de la justificación del revanchismo sea por lo que sea aquello que se les ocurra. Por seguro, contranatura, transhumanista y aplicando una lógica travestidamente neonormal.

    Me llama mucho la atención ver a Carmen Calvo (como le debe de joder que su apellido sea en masculino) vestida con los colores de las avispas.

    Colores propios de señales de aviso.

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  2. Se lo han montado para erradicar al individuo, no quieren mentes pensantes individuales, ahora se impone e imponen los colectivos, de lo que sea, el grupo sobre la persona, ellos los ofendidos del mundo se han unido para borrarnos de la faz de la tierra, nos quieren sumisos y con su pensamiento único, no quieren que tengas criterios propios ajenos a los colectivos, debes pensar con mente de masa tú por ti mismo no eres nada ni nadie, y decir lo contrario serás automaticamente tachado con algún "ismo" que los imbeciles ofendidos colectivos dicten, iros todos a la mierda, seguiré teniendo criterio propio y me niego a pensar como todos vosotros masa borrega, no quiero que nadie sufra ni muera pero no por ser mujer, no por ser hombre, viejo o niños, no quiero que muera nadie, ya sean personas o animales matados sin motivos ni sentido, no quiero que sufra ningún ser vivo, punto, no hace falta decir unos si en decrimento de otros, ya sabemos que lo que es bueno para unos es malo para otros, esto es así nos guste, os guste o no, unos mueren para que otros vivan, esto es así desde la noche de los tiempos, siempre habrá amo y esclavo, siempre habrá que matar para vivir, busca tú que lugar tienes y entenderás muchas cosas, la lucha es necesaria pero no siempre se consigue la victoria, nunca saldremos de las mentiras impuestas, pero quiero ser todo lo dueño de mi y mis ideas sin que nadie me diga o me obligue a pensar como la inmensa mayoría instalada en esta locura de sociedad actual.

    Me niego ha seguir ha falsos Dioses, ha falsos heroes, ha falsos lideres y ha falsos mesias que solo quieren mi adoración y mi sumisión, no voto, la democracia es mentira, no tengo banderas, las telas son solo herramientas de división, el hombre como especie debe de ser libre de todo prejuicio, no sigo deportes de masas que atontan y distraen de los problemas reales, quiero ser libre de reir, la vida es muy corta para que otros me la dirijan, quiero usar mis dias como pueda dentro de mis limites sociales ya marcados por horarios ajenos a mi voluntad pero mis horas libres son mias y no quiero estar con personas victimas de chorradas sacadas de contexto para dividir a nuestra especie, más si cabe, no entro en sus juegos no los entiendo y no quiero participar de sus mentiras, así de sencillo.

    No soy nadie para prohibir nada, pero si soy mi dueño para que nadie me imponga sus creencias, lo que es normal para unos no lo es para otros, punto, no tiene porque haber debates por pensar diferente, aceptar criterios diferentes y no insultar a los que no pensamos como la mayoría dominante, son minorías sencillamente porque estamos rodeados de cobardes que dicen si para no molestar y ser aceptados por el resto de la tribu, una mierda, prefiero vivir solo que acompañados de meros estúpidos zombies que solo siguen a las masas.

    Vivir y dejar vivir sería mi lema, cero de imposiciones y aceptación de todas las maneras de pensar sin necesidad de absurdos debates que siempre acaban como el sistema quiere que acaben, mal, está diseñado así, nos quieren todos iguales y hay del que se salga de la foto, no sale.














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    1. Mi mas sincera admiración buscador.... ole ole y ole.

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    2. Las normas definen el juego

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