domingo, 30 de junio de 2019

FEMINISTAS GALLEGAS APALEAN A "ALIADOS" POR SER HOMBRES



Lo cuenta uno de los 50 manginas (calzonazos) convocados por una jauría feminazi formada por treinta zumbadas que dejaron clara su misandria, histerismo y agresividad:

Ayer, primero de junio, fuimos convocados un numeroso grupo de activistas en la okupa compostelana O Aturuxo das Marías. Se trataba de una "alerta feminista", nos dijeron, era muy importante que fuéramos los hombres de los movimientos contestatarios gallegos, pues las compañeras tenían algo grave que decirnos. Sabíamos que se habían producido algunas agresiones dentro del entorno e intuíamos que aquello sería una llamada de atención colectiva al respecto.

El escenario de la "alerta feminista"
Allí aparecimos más de medio centenar de hombres (ejem) relacionados de un modo u otro con el entorno activista. Muchos queríamos saber lo que había pasado y nos sentíamos comprometidos a tratar el tema y ofrecer algún tipo de respuesta. Otra gente que estaba convocada no pudo o quiso acudir. Tras una larga espera en la puerta de la okupa abrieron el paso y nos hicieron subir al piso de arriba. Allí, atónitos, nos encontramos con las ventanas y paredes empapeladas con nuestras fotos y nombres; al menos habría un centenar.

De repente irrumpieron las chicas, superaban ampliamente la treintena, venían muy serias y enfadadas. Repartieron rotuladores y nos dijeron que marcáramos un "sí" sobre nuestras fotos los que se reconocieran a sí mismos como agresores. También nos conminaron a denunciar a los demás. Poco a poco la gente comenzó a señalarse a sí misma, en medio de un clima cada vez más enrarecido por la presión grupal. Algunos señalaban también a otros; hubo quién marcó absolutamente todas las fotos, los conociera o no. Fuimos muy pocos los que nos negamos a participar de este proceso autoinculpatorio, el ambiente de condicionamiento colectivo era muy fuerte y opresivo.

Una vez terminado el rosario de denuncias y “confesiones” empezaron a marcar ellas a los que consideraban agresores. Caímos casi todos. No dieron explicaciones y a gritos nos dijeron que no teníamos permitido hablar. Algunos aún seguimos devanándonos los sesos tratando de saber el motivo por el que fuimos señalados. La tensión aumentó. Nos increparon, nos amenazaron, nos gritaron. Nos dijeron que todos éramos violadores, que ninguno era inocente y que, como hombres, encubríamos las agresiones de los demás (y yo que siempre pensé que eso lo hacíamos todxs, independientemente del sexo).

Pública y expresamente nos declararon la guerra, así nos lo dijeron, y manifestaron que querían romper las relaciones con nosotros (los hombres de su entorno). Nos dijeron que ninguno se salvaba, que éramos armas de destrucción masiva, que tendríamos que cortarnos las pollas y meternos cactus por el culo. Leyeron varios manifiestos absolutamente delirantes en un clima de hostilidad creciente. Nosotros, sumisos, agachábamos la cabeza.

Fue entonces cuando comenzaron las agresiones. Primero de forma más localizada, contra gente concreta. Insultos, gritos, bofetadas, escupitajos. Ninguno hicimos ni dijimos nada. Luego vinieron las patadas y los puñetazos. Entiendo que aún se centraban en venganzas concretas por hechos especialmente graves, pero pronto las agresiones se volvieron gratuitas y arbitrarias: una chica le dijo a alguien mientras lo abofeteaba que no sabía quién era pero que no le gustaba su mirada. Ninguno hacíamos nada mientras arreciaba la violencia. El que más hostias llevó fue uno que había pintado un interrogante sobre su foto, parodiando el proceso autoinculpatorio; recibió una auténtica paliza mientras un cordón de mujeres, en actitud chulesca, defendían la agresión. Nunca en mi vida había visto un abuso semejante salvo, quizá, en los lúgubres sótanos de alguna comisaría.

Una vez se hubieron despachado a gusto, nos obligaron a marcharnos, pero antes las chicas formaron un pasillo en la puerta. Según íbamos saliendo comenzaron a repartir golpes: collejas, empujones, bofetadas... Gratuitos, por la cara. Incluso a gente que no había sido señalada como agresora y con un comportamiento escrupuloso e intachable. Daba igual, eran hombres. Esa misma mañana los saludaban con sonrisas y ahora les cruzaban la cara a bofetadas.

La autoinculpación, aportación comunista al feminismo
Salimos como zombis, las bocas abiertas y la mirada perdida. Apenas hablábamos, incrédulos, tratando de digerir lo que acababa de pasar. Nuestras amigas, nuestras compañeras de lucha, para algunos incluso sus novias, de golpe y porrazo nos trataban del mismo modo que lo haría la policía. Nos acababan de humillar, vejar y torturar de la forma cruel y gratuita típica de los antidisturbios. Puede que alguno lo mereciese, pero la mayoría desde luego que no. Habíamos asistido inermes a un linchamiento público.

Y aún por encima la mayoría de nosotros quedamos marcados como agresores. ¡Sin ni siquiera saber por qué! Una condena sumaria de la que no tenemos derecho a conocer las causas. Ni el propio Kafka habría podido idear un sinsentido tan terrorífico.

No pude evitar acordarme de los procesos autoinculpatorios en las purgas estalinistas, con antiguos revolucionarios asumiendo falsas culpas de camino hacia el cadalso. De las asambleas de “autocrítica” maoísta, basadas en la destrucción del ego de quién cuestionara al partido. De los juicios farsa de Sendero Luminoso, en los que los acusados pedían perdón por sus crímenes y desviaciones antes de ser ajusticiados públicamente con sadismo y crueldad.

En una sorprendente pirueta del destino nosotros nos vimos convertidos en las brujas y ellas en los inquisidores. Aquello fue un auténtico auto de fe, asumiendo culpas que no nos pertenecian bajo el opresivo peso de los dogmas. Tragando inmerecidas humillaciones confundidos por absurdos anatemas ideológicos. Castigados colectivamente en una persecución basada en nuestra condición física y nuestra orientación sexual. Lo que, de toda las vida, se denominó como una auténtica caza de brujas.

Es cierto que las agresiones sexuales merecen un castigo, un rechazo colectivo y la elaboración de análisis y protocolos que permitan reconocerlas y atajarlas. Pero cuando permitimos que la indignación por un hecho horrible provoque respuestas abusivas e indiscriminadas contra colectivos enteros por su condición física o sexual, creamos el caldo de cultivo que desemboca inexorablemente en la creación del discurso totalitario.

Nadie puede negar el patriarcado, los privilegios que tenemos los hombres sobre las mujeres, las agresiones sexuales, la desigualdad estructural. Ni siquiera en lo tocante a nuestros micro-ambientes en el gueto. ¿Pero justifica eso la humillación y la violencia a la que hemos sido sometidos por el mero hecho de ser hombres? Es cierto que las mujeres han sufrido en silencio muchas injusticias durante muchos siglos, es cierto que sufren aún ahora y en nuestros propios círculos numerosas opresiones. Pero en mi opinión eso no justifica una venganza humillante y colectiva contra TODOS los hombres a los que consiguieron reunir. Justo los que acuden a una “alerta feminista”, o sea que muchos de ellos, en cierto modo, son de los pocos que en esta sociedad tratan de cuestionarse sus propios privilegios.

Querían dinamitar las relaciones con el entorno: lo han conseguido. De hecho ya no estoy muy seguro de que exista un “entorno”.

Querían que tuviéramos miedo: han triunfado. Pero aquí el miedo no ha cambiado de bando, solo de género. Y dudo mucho que se extienda más allá de los que simpatizábamos de un modo u otro con su discurso. Ahora sabemos que nuestra condición de hombres, independientemente de nuestros actos, puede acarrearnos venganzas ciegas e irracionales.

Y ahora me asalta una duda: más o menos todos sabíamos en nuestros ambientes las pautas por las que guiarse cuando un grupo de hombres humillaba y agredía colectivamente a mujeres solo por su condición. ¿Qué hacer cuando son ellas las que voluntaria y premeditadamente se sitúan en el papel del agresor?

Después de leer el relato del alelado aliado feminista éste parece que algunos necesitan un poco de jarabe de palo para enterarse de qué va la cosa. Y la cosa va de que ser hombre se está convirtiendo en una situación de alto riesgo. El que todavía no ha abierto los ojos a nuestra condición de especie amenazada debería hacerselo mirar. Porque estas agresiones gratuitas e injustificables van a ir a más: cuando las fieras prueban la sangre se vuelven adictas a ella.

El memo que escribe "nadie puede negar el patriarcado, los privilegios que tenemos los hombres sobre las mujeres [...]" tal vez necesite una dosis extra de vacuna para dejar de repetir como un loro el discurso falaz y "goebbelsiano" de las resentidas profesionales. Como contestaba en una reciente entrada a una comentarista lobotomizada (y perdón por la autocita): "En vez de repetir la machacona propaganda sobre los privilegios masculinos, ¿por qué no empiezas por hacer un listado amplio y creíble sobre cuáles son? Porque yo solo encuentro desventajas masculinas programadas por ingenieros sociales sin escrúpulos que hacen que el que España sea el quinto mejor país del mundo para ser mujer (Georgetown dixit) sea a costa de ser simultáneamente uno de los peores para ser hombre: mayor castigo por los mismos delitos, menor esperanza de vida, inseguridad jurídica absoluta frente a denuncias inmotivadas, mayor tasa de delitos violentos, suicidio, accidentes laborales, fracaso en los estudios, población reclusa, etc." Todo un festival de privilegios, oiga.

Juzgados solo para hombres: enésimo privilegio masculino

Ahora al "festival" de privilegios habrá que añadir el ser impúnemente apalizado.

Por cierto, todavía estoy esperando la réplica de la comentarista lobotomizada a la que parece estarle costando más de lo esperable el listado de privilegios masculinos, con lo claro que parecía tenerlo todo con sus argumentos de prestado (en realidad, consignas recogidas al dictado). Diría que me decepciona, si no fuera por lo habituado que estoy a que en cuanto sometes a análisis la propaganda feminista se derrumbe como un castillo de naipes.


Que un puñado de lerdos y dessustanciados se someta al discurso analfabeto y delirante de estas bacantes es de traca. Tal vez alguno haya aprendido, pero no me extrañaría que otros necesiten ración extra. Hasta que se produzca una mínima conexión neuronal en sus despoblados cerebros y recuperen la dignidad y la autoestima vamos a tener espectáculo medieval, tal vez con exigencia de los testículos del macho como trofeo.

El peligro no es masculino. El peligro es causado por fanáticos y fanáticas en acción. Y el fanatismo se cura con reflexión. A ver si os replanteais las cosas después de lo sucedido.

(posesodegerasa)

8 comentarios:

  1. "... Ahora sabemos que nuestra condición de hombres, independientemente de nuestros actos, puede acarrearnos venganzas ciegas e irracionales."

    No está mal. No está nada mal.
    Ya hay alguno que lo ha vivido en sus propias carnes, no sólo sin comerlo ni beberlo, sino acudiendo al paredón engañado por una alerta Feminista.

    Pero los hombres mienten mientras que las mujeres "solo se maquillan".

    En serio. Me ha encantado el relato.

    De hecho le engrandece su sincera confesión.

    Curiosa sensación esta, la de sonreir con pena.

    Otro abrazo más para tí Poseso.

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  2. En el pecado llevan su penitencia por pagafantas del femimarxismo.

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  3. Tengo un familiar que se ha divorciado y no veas la de privilegios que le han concedido por ser "hombre", le tiene que dar a la "victima" la mitad de la hipoteca, 200 euros por niño, tiene dos, se ha quedado el coche y tiene que pagar las obras del edificio donde vivía, así que me pregunto después de quedarse al mes un saldo de 150 euros para vivir él, decirme amigas del movimiento manipulado por el sistema, que privilegios tenemos los hombres en un divorcio, no había maltrato ni nada, solo una separación de lo más "normal"... no decían algunas histéricas sangrantes que somos los hombres un "arma de destrucción masiva"? O nos unimos hombres y mujeres contra esta locura que nos están imponiendo o seremos todos y todas carne de cañón, más si cabe, todos somos victimas de este sistema, despertad coño.

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    1. Tienes más razón que un santo. Pero tal como van las cosas no sé qué va a ser de nosotros. Me pongo tristísima cuando lo pienso.

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  4. Sospecho que el fanatismo no se cura (se cura cayendo del caballo, Saulo, pero se suben a otro), al menos actuo pensando que no se curra.

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  5. Hay que recordarles a como de lugar y a cualquier precio que son mujeres,el vaso fragil de la vida que la sociedad humana se creo con el brazo y valor del hombre que es orden y derecho natural del macho del cabeza de familia del jefe de manada y esto notiene discucion ni apelacion.

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  6. Las feministas han sacado un comunicado justificando lo que hicieron, podrías analizarlo y comentarlo: https://www.meneame.net/m/Artículos/comunicado-feministas-humillaron-golpearon-aliados-varones

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    1. No se puede justificar lo injustificable.

      Por una cuestión de mera salud mental analizar los desvaríos de estas zumbadas es, en el mejor de los casos, un pérdida de tiempo, y en el peor, una legitimación de planteamientos tan delirantes como (extracto de su manifiesto pre-apalizamiento): " Reventad a golpe de sodomía, experimentad lo que es ser violado por los tuyos. Ataos a una cama y violaos unos a otros. Podéis escoger: por la boca o por el culo. Vivid con un cactus metido en vuestro culo. Castraos químicamente o físicamente, pero dejad de violarnos. Poned vuestro cuerpo para luchar contra esa lacra que sois vosotros mismos, y preparaos para nuestra insaciable venganza."

      Las “justicieras” insultantes, agresoras, escupitinajeras lo que necesitan es terapia urgente, y la socidad, por el bien de todos y la posibilidad de convivir, que las encierren en la celda acolchada y las estudien con ánimo de prevenir la violencia irracional de la jauría inhumana

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