miércoles, 28 de febrero de 2018

LAS ONG´s FEMINISTAS, HERRAMIENTAS DE LA DICTADURA GLOBALISTA (1ª PARTE)



En las últimas décadas el negocio de las llamadas ONG’s (Organizaciones no gubernamentales -no se rían-) ha florecido de forma copiosa, curiosamente al calor del injerencismo militar y político de EEUU y la OTAN en todo el mundo. Y lo han hecho como novedosa arma “solidaria” de destrucción masiva ya que las llamadas empresas de caridad social no sólo actúan como agentes desmovilizadores ideológicos en zonas de aparente paz o de pobreza extrema sino que han resultado ser también un instrumento de propaganda muy hábil para reforzar las tesis bélicas de sus “sponsorizadores”. Se puede decir que el tradicional misionerismo católico ha ido dejando paso o coaligándose con los nuevos movimientos seculares de organizaciones sociales “no gubernamentales”, tenderetes manufacturados en su mayoría por intereses públicos y privados, imperialistas, de Occidente. Lo de “no gubernamentales” no es necesario decir que empieza a ser un chiste macabro.


Las ONG’s están funcionando como efectivas traficantes injerencistas de derechos humanos a gran escala, en coordinación con las élites políticas-oligárquicas de EEUU y la Europa de la OTAN, tanto si hay como no potenciales objetivos bélicos de Washington. Si los hay … la estrategia es denunciar primero la “represión” o vulneración de derechos humanos, exigiendo en algunos casos una “intervención militar humanitaria” y después, sobre el “terreno” se encargan de “inventariar” las violaciones de DDHH del “régimen” de turno, en una táctica previamente consensuada con sus amos imperiales. Esto es lo que ha sucedido, en los últimos tiempos, en países como Siria y Libia. Cabe señalar, por otro lado, que en naciones bajo control militar de EEUU, como es Afganistán, las ONGs sólo pueden operar bajo la autorización de la CIA y la OTAN.

La lista “Soros” del magnate norteamericano manejando a sus 226 marionetas en Europa ejemplifica el grado de corrupción de unas élites políticas que actúan no sólo bajo el manto protector del billonario progre de la CIA y de “revoluciones de color” nazis como el Euromaidan ucraniano, sino que utilizan como respaldo a una extensa red multinacional de ONGs, a su vez controladas por las agencias de inteligencia de Occidente a través de fachadas-fundaciones como la NED y numerosas corporaciones empresariales de multimillonarios financistas. Todo ello con el objetivo de mantener el “statu quo” capitalista imperante en el mundo bajo el engaño salvífico de los “derechos humanos”, la “justicia social”, la “diversidad sexual LGBTI” y el “feminismo postmoderno”.


Una de los frentes o caras del activismo ONG generosamente subvencionado por los Estados Occidentales para el control social del “divide et impera” capitalista es precisamente el de las organizaciones feministas agrupadas en torno a la progresía post-troskista, socialdemócrata o neoliberal postmoderna, quienes llevan pontificando durante los últimos años de forma enfermiza, en Occidente, una divinización de lo “feminista”, en particular, desde medios progres como Público o el de George Soros, ElDiario.es, donde colaboran especímenes como Barbijaputa, y también en el resto de medios con tendencias menos progres y más derechosas (ELPAIS, ELMUNDO, etc). Algo que hubiera revuelto las tripas a las iniciadoras de ese movimiento.

La mistificación de lo “feminista” se está haciendo en base a una colección de medias o completas verdades (las menos), anécdotas, mentiras, demagogia, datos en algunos casos falsos y un discurso donde aúnan sensacionalismo, falta a la verdad y menosprecio por el papel a desempeñar por el hombre en sus proyectos de radicalismo (sic) feminista. En el mundo del feminismo subvencionado el discurso debe estar en consonancia con las aportaciones dinerarias que el Estado y/o tus patronos billonarios te dan.

La invasión-invención de un nuevo lenguaje parasitario forma parte sustancial de los, las y “les” próceres del feminismo institucional y callejero. Uno de los alegatos teóricos más bobos y disparatados esgrimidos por el feminismo postmodernista consiste en que hay que despotenciar al hombre de la “masculinidad” puesto que es el resultado de un heteropatriarcado “opresor”. Es decir, la imposición consiste en que tú (como hombre) debes asumir tu rol histórico de “opresor” y luego, vía crucis feminista y despojado de tu masculinidad represiva, ya estarás en condiciones de ser el “hombre nuevo”, según los cánones exclusivistas de arianización feminista. Mientras tanto, eres y seguirás siendo culpable, al modo que la iglesia inoculó a sus súbditos durante largos siglos, de haber sido depositario del pecado original “machista” por ser hombre. Si te lo tomas en serio, esto no llega ni a la categoría de imbecilidad.

El otro pretexto utilizado es repetir de forma monótona e incesante algo que, en términos globales, es totalmente incierto por mucho que tiren de estadísticas (¡los que les pagan!): como es el hecho de que estemos, según las estridentes feministas bienpagás, inmersos en una cultura de la violencia machista (también de la violación, que esto ya es pura ficción), que existe un mar de desigualdad (cuando existen prácticas discriminatorias más o menos puntuales y en otro caso, se han legalizado abrumadoramente las “positivas” a su favor), que se está “cosificando” a la mujer por ser mujer (otro neologismo de chistera) y bobaditas para perder el tiempo tan risibles como que hay que destruir el concepto de “amor romántico”.

En definitiva, el argumento etnocentrista-feminista postmoderno consiste en que todo lo que le ocurra a una mujer proviene de la maldad masculina…porque cuestionar el sistema, la raíz de sus supuestos males, no lo hacen ni lo harán. Teatro de marionetas. Es más cómodo perder los estribos de la razón estando al servicio de una industria estatal de “género” que lanza alertas sobre cualquier actividad supuestamente “sexista” en cualquier foro o ámbito público-privado bajo la supervisión de las nuevas vigías de la moral sacerdotal-feminista. Por fantasear con nuevos patrones neolínguísticos que no quede. De ahí que hayan aparecido como setas términos como “micromachismos”, que consisten en microgilipolleces del tipo: pedí una cerveza y un mosto y el mosto se lo pusieron a ella (el que te equivoques está mal visto) o bien Pedrito le preguntó a Chema en vez de a Paquita, que tenía más conocimientos que nadie…


Otro pleonasmo feminista esperpéntico, fabricado en EEUU, es el llamado “mansplaining”, es decir, cuando un “hombre le explica a una mujer cosas que ya sabe con la clara intención de mostrar superioridad”. Y yo me pregunto ¿cómo coño se llega a la conclusión de que ese hombre quiere mostrar su superioridad aria? ¿No cabe la posibilidad de que le esté enseñando, siempre educadamente, algo que ella no sabe? Y, en cualquier caso ¿no cabe la opción de pensar que el hombre pudiera estar actuando de buena fe? Y si se ha equivocado de su “terrible” error…¿no se le puede “amonestar” diciendo ”gracias pero ya lo sabía”? ¿Y si fuera al revés cómo lo llamaríamos? Lo fácil es construir terminología despectiva y victimista … que satisfaga a la propaganda de género. Luego están por la neurosis obsesiva con la corrección censora del lenguaje de si “tenían que haber dicho…intersexual en vez de homo erectus” o si hay azafatas en vez de azafatos, de si esta canción es “machista” y hay que vetarla … o si es necesario implementar una “economía feminista” … Mejor dejarlo porque, como diría un castizo, esto es demasié.

Cualquier crítica, cualquier matiz u observación alejada del consenso implica que el nuevo Santo Oficio feminista te excomulgue “a divinis”. Ante todo este “revival” de despotismo tardofeminista uno piensa, ¿pero estas señoras (ellas llaman ahora “señoros” a los hombres, otra memez con “animus iocandi” de las subvencionadas) podrían haber durado un telediario en países como la ex Unión Soviética y otros socialistas del Este de Europa? Deberían saber estas marionetas progre-liberales que en esos países los avances igualitarios no se hicieron con cuotas y subvenciones o apoyos del capitalismo de Estado, ni tampoco de financistas billonarios, sino que se construyó, impulsó y consolidó unitariamente (hombres y mujeres) y sí, muchas veces (si no la mayoría) esos avances fueron inspirados por hombres (que eran personas, no géneros, ¿algún problema?). Y sin un solo “Ministerio de igualdad” y otros organismos de control mangantes que tanto abundan en Occidente para mantener la división por sexos y, al mismo tiempo, cohesionado al rebaño en torno al sistema. Eso sí, te reivindican a Alexandra Kollontai, Victoria Kent o Rosa Luxemburgo para dárselas de sumas sacerdotisas del feminismo.

Los neoprogres occidentales protestan porque allí, en los países socialistas, no se construyó la igualdad de “abajo” a “arriba”, en plan asambleario 15-m, anarcoliberal-perroflauta, George Soros mediante o bajo la OTAN. En definitiva, no hubo propuestas-imposiciones de cuatro iluminadas para decir cuál era el mejor proyecto para construir el socialismo. Quede claro que uno de los santos dogmas de las feministas de hoy “la revolución será feminista, o no será” no es revolucionario, sino segregacionista, reaccionario, exclusivista y, diría, que hasta fascista. Eso sí, el que diga lo contrario es un “neomachista” de izquierdas. Su nivel. Toda esta ponzoña del feminismo con denominación de origen postcapitalista, con sus ideólogos y politólogos progres de la internacional feminista podemita y asociados, trabajando como disidencia controlada, ha sido importada desde EEUU como arma de destrucción masiva.


Lo veremos detenidamente en próximas entregas

(Visto en https://berlinconfidencial.com/)

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