miércoles, 20 de junio de 2018

PARANTROPOLOGÍA: RELATOS QUE DESAFÍAN LA LÓGICA (1)



Precognición, telepatía, la acción de la mente sobre la materia, apariciones extraordinarias … ocurren en pueblos preindustriales y culturas exóticas ante los ojos de antropólogos que fueron hasta allí interesados por otras cuestiones. Desconcertados por los sucesos anómalos que vivieron, estos investigadores de la condición humana decidieron anotarlos en sus cuadernos de campo. Un puñado de historias insólitas que surgen justo allí donde menos se las espera.

La antropología aspira a desentrañar las claves de la condición humana. Para ello, sus investigadores se miran en el espejo de otras culturas, en ocasiones, muy exóticas. Recopilan datos preguntando a informantes acerca de sus usos, costumbres y creencias, o bien, directamente efectuando la denominada “observación participante”. Es decir, introducirse y convivir durante un largo período de tiempo dentro de una comunidad con el propósito de recabar, de primera mano, todos los datos necesarios. Durante esa inmersión en la vida cotidiana de otras gentes, el antropólogo suele suspender el juicio de aquello que observa. Actúa como una suerte de frío y distante notario de la realidad que pasa ante sus ojos. También, parece inevitable caer en una cierta superioridad intelectual. Al fin y al cabo, aspira a explicar aspectos y comportamientos de la comunidad, cuyo sentido, los propios miembros que la componen ignoran por qué los hacen o los creen.

Sin embargo, el antropólogo también es humano y su aplomo científico, en ocasiones, se ve sacudido por sucesos que desafían su intelecto. En muchos cuadernos de campo y publicaciones etnográficas asoman un puñado de experiencias extraordinarias donde los testigos de anomalías son, precisamente, aquellos que estaban llamados a explicarlas. Un conjunto de sucesos raros que descolocó la mente de los más ilustres y afamados investigadores de los pueblos y etnias preindustriales.

Telepatía amazónica

En 2003 murió uno de los mejores reporteros de la revista National Geographic. Se llamaba Loren McIntyre, un fotógrafo y ex oficial de la marina que gustaba calificarse a sí mismo como un “yonkie de la exploración”. Entre sus principales gestas periodísticas destacó el haber accedido a las fuentes más recónditas del Amazonas el año 1971. Pero, antes de rubricar tan espectacular reportaje, vivió una extrañísima aventura que durante mucho tiempo apenas confió a sus más íntimos amigos. Una peripecia de la que rara vez solía hablar.

A finales de los años sesenta, McIntyre marchó a Brasil en busca de una comunidad indígena no contactada perteneciente a la etnia de los mayoruna. Los indicios acerca de su ubicación le habían sido facilitados por un piloto de avioneta que divisó un posible enclave de la tribu en un claro de la selva. El reportero acudió a las proximidades de ese lugar en un hidroavión que le dejó a un guía indio y a él junto al río Javari sobre la frontera entre Perú y Brasil.

Pero desde el primer momento, las cosas comenzaron a torcerse. Su guía nativo contrajo la malaria y el piloto accedió a trasladarlo en el hidroavión al hospital más cercano bajo la promesa de regresar a por McIntyre al cabo de dos días. Este aprovecharía tan escaso lapso tiempo para intentar trabar contacto con los mayoruna. Sin embargo, también este plan se vino abajo. A la mañana siguiente, el reportero fue abordado por cuatro cazadores de monos que vestían la indumentaria tradicional mayoruna. Para ganarse su confianza, McIntyre les obsequió con telas y espejos y aprovechó el encuentro para ir tras ellos por mitad de la selva. No tardó mucho tiempo en advertir que, conforme se alejaba del río, estaba perdiendo su camino de vuelta, así que nunca más volvió a tomar el hidroavión y pasó a convivir con esa desconocida tribu durante dos meses.

Los mayoruma, apodados “gentes del gato”, se creían descendientes de los jaguares y perforaban sus labios y mejillas con finas púas a imitación de los bigotes de tales felinos. Eran expertos cazadores de monos, no practicaban la agricultura pero sí la guerra. De hecho, confeccionaban collares con huesos humanos y empleaban los cráneos de los vencidos a modo de copas para beber. El panorama para el periodista estaba muy lejos de ser halagüeño porque, en ausencia de su guía indio, no tenía manera de entenderse con ellos. Además, extravió todas sus posesiones occidentales. Los indios quemaron sus zapatillas deportivas y su reloj. Un mono destruyó su cámara y los rollos de película. Y, al llegar a un claro de la jungla, McIntyre se dio de bruces con un macabro hallazgo: varios cuerpos humanos devorados por hormigas y alguno todavía con una flecha clavada en el pecho.

A pesar de tanta contrariedad, el desubicado periodista logró ser aceptado por la comunidad indígena aunque no por todos sus miembros. Un guerrero, al que el reportero denominó “Mejillas Rojas” por la pintura con la que maquillaba su cara, se mostró especialmente hostil. De hecho, una noche, Mejillas Rojas llevó al forastero a un punto apartado del poblado para hacerle partícipe de una simulación de caza con antorchas. Cuando ambos alcanzaron un rincón solitario, el guerrero mayoruna empujó a McIntyre contra unos espinos, abandonándolo a su suerte para dejarlo morir.

Sin embargo, dos días después, mientras su cuerpo empezaba a ser devorado por infinidad de insectos, el reportero consiguió ser rescatado por la facción más hospitalaria de la comunidad. Al regresar a la aldea, topó con el cadáver de Mejillas Rojas, que había sido ejecutado por la tribu y colocado en un sitio prominente, a la vista de todo el mundo, para escarmiento y ejemplo general.

Desde ese momento, la vida fue más fácil para McIntyre, pero también mucho más extraña. El líder del grupo era un venerable anciano al que el periodista apodó “Lapa” por su piel arrugada. Y, aunque el forastero no compartía ningún lenguaje común con él, consiguió comunicarse por un procedimiento absolutamente insólito: sin palabras, a través del pensamiento; mediante un fenómeno que McIntyre bautizó como “radiación”. Gracias a esta telepatía con el jefe, el reportero logró hacerse entender y, también, a “escuchar” al jefe mayoruna. Fue así como averiguó por qué se desplazaban por la selva de un extremo a otro, levantando frecuentemente el campamento sin razón aparente. La tribu estaba realizando un viaje espiritual, guiado por Lapa, quien deseaba reconectar con el “principio de los tiempos”. Una época dorada y mítica fuera del alcance de cualquier civilización invasora donde la vida trascurría de manera más sencilla y había menos miedo en el mundo.

McIntyre también aprendió que esa habilidad para comunicarse sin abrir la boca era el “otro idioma” que manejaban únicamente los más ancianos. Bastaba con que se sentara al lado de uno de ellos para “oír” sus pensamientos. A veces, los mensajes le llegaban bajo la confusa sensación de acceder al fondo de un indescifrable “zumbido” en el cual se manifestaba toda la actividad mental de la tribu.

Pero la aventura con los mayoruna tuvo un punto y final. Llegada la temporada de lluvias, McIntyre aprovechó para hacer una dramática huida río abajo a bordo de una rudimentaria balsa. Una vez en el mundo moderno prefirió no contar nada de sus experiencias telepáticas. “Yo mismo no estaba seguro si realmente había sucedido o no”, dijo al diario Seattle Times en los años 90. “Las alucinaciones son algo que les pasa a muchos exploradores y a todos los escaladores de montaña”.

Pero la duda siempre quedó flotando sobre su mente. Posteriormente tuvo encuentros con más de 30 tribus en el ejercicio de su labor profesional y jamás vivió un fenómeno de “radiación” siquiera parecido. Dudando de sus propios recuerdos, rastreó en 1977 lo que quedaba de la tribu mayoruna. Una parte de la comunidad se había movido más al interior de la selva, mientras que otra facción se había trasladado fuera de ella en Brasil. Fue así como el reportero coincidió y reconoció a uno de los hombres de la comunidad con la que convivió durante dos meses. Le abordó y preguntó directamente si el “viejo lenguaje”, la radiación, se seguía utilizando. “Sí, se fala” [“Sí, se habla”], respondió el indígena en portugués.


La historia de Loren McIntyre fue recopilada y dada a conocer por Petru Popescu en el libro Amazon Beaming del año 1991 y también ha inspirado una obra de teatro titulada “The Encounter”, adaptada por Simon McBurney.

Juan José Sánchez Oro
(Visto en https://libertaliadehatali.wordpress.com/)

MICROMACHISMOS (Y MACROGILIPOLLECES)


Las nuevas normas de comportamiento en los rodajes de Netflix prohíben mirar a una persona durante más de 5 segundos seguidos. Es una muestra más del desquiciamiento al que la teledirigida "guerra de sexos" nos ha llevado. Todo es agresión, todo es acoso y todo debe ser interpretado del modo más desfavorable posible, al margen de la intención de las personas. Un Tío Blanco Hetero aborda esta paranoia prefabricada por l@s ofendid@s profesionales en busca de carnaza.

martes, 19 de junio de 2018

ESTADÍSTICAS DE "VIOLENCIA DE GÉNERO" 2017: EL 80% DE LAS DENUNCIAS RESULTARON SER FALSAS


Estas son las estadísticas que demuestran que estamos viviendo la mayor paranoia colectiva de la historia. De 166.000 denuncias, tan sólo 12.000 fueron condenados tras juicio, y 20.000 más que lo fueron porque se les convenció para aceptar su culpabilidad (y así conseguir más culpables) rebajándoseles la pena. El 80% de esas denuncias resultaron ser directamente falsas, pero se elevarían al 90% si añadimos todas esas que se consiguieron mediante coacción.



(Fuente: http://rafapal.com/)

LO QUE NO TE ENSEÑARÁN EN LA ESCUELA


lunes, 18 de junio de 2018

1933: EL ACUERDO DE HAAVARA CONVIRTIÓ A ADOLF HITLER EN EL PRINCIPAL COLABORADOR DEL SIONISMO



Dada la simplista linealidad con que se nos ha contado la historia reciente de Europa, la siguiente información resultará sorprendente para quienes se han creído que los acontecimientos que precedieron a la última conflagración mundial son básicamente una historia de buenos y malos, de víctimas y verdugos, ... Sin embargo, los oficialmente "malos malísimos" (los nazis) colaboraron bajo cuerda con sus aparentes víctimas, supremacistas judíos que no dudaron en poner a sus correligionarios entre la espada (la persecución en sus países de establecimiento) y la pared (la emigración a un territorio donde eran intrusos), algo que obligaría a reescribir el discurso oficial sobre el Holocausto ... si éste no hubiese quedado blindado con leyes que castigan la investigación histórica al respecto.


La estrecha colaboración de Adolf Hitler con el sionismo en la década de los años 30 del pasado siglo queda probada con el llamado acuerdo de Haavara (“transferencia”), firmado en agosto de 1933 entre funcionarios nazis y Chaim Arlosoroff, secretario político de la Agencia Judía, el centro de la organización sionista mundial Rothschild.

El acuerdo consistía en transferir decenas de miles de judíos alemanes a Palestina para ubicarlos en asentamientos agrícolas, y fue apoyado por amplia mayoría en el 33 Congreso Sionista celebrado en 1935 en Suiza.

Mediante el trueque, la Alemania nazi recibía productos agrícolas de los asentamientos sionistas en Palestina, y a cambio entregaba automóviles, madera, maquinaria agrícola y otros bienes manufacturados procedentes de la industria alemana.


El acuerdo resultó plenamente satisfactorio para el movimiento sionista en los años 30: recibía decenas de miles de colonos judíos alemanes para Palestina y además bienes manufacturados para el desarrollo del tejido agrícola e industrial de la incipiente comunidad judía palestina.

El ministerio de economía del Reich fundó la Agencia de Comercio e Inversión Internacional, a través de la cual el capital económico de los judíos extranjeros era canalizado desde Alemania para ayudar económicamente al establecimiento de los judíos alemanes en Palestina.

60.000 judíos alemanes emigraron a Palestina en los años 30, producto de la colaboración del aparato comercial nazi con la organización sionista mundial, y 13,8 millones de dólares de la época fueron aportados por el Reichsbank de Hitler entre 1933 y 1939 para la implantación del sionismo en Palestina.

Louis N. de Rothschild
El montante total entre la aportación directa del régimen nazi, las aportaciones particulares y los organismos financieros sionistas internacionales controlados por los Rothschild, alcanzó los 70 millones de dólares. 

Edwin Black, periodista e investigador judío estadounidense sentencia lo siguiente:

“El tratado de Haavara produjo una explosión económica en la Palestina judía de los años 30, y fue una contribución decisiva a la futura creación del estado de Israel”.

“Fue el inicio del tejido industrial de Israel, numerosas empresas que se crearon durante aquel acuerdo con la Alemania nazi son enormemente importantes incluso hoy en día”.

No solo Wall Street financió la creación del Estado hebreo, sino que el propio Hitler ayudó a la creación de la industria agrícola e industrial de Israel.

La historia una vez más confirma la interconexión entre todos los peones del poder en la sombra.

(Fuente: https://dondelaverdadnoslleva.blogspot.com/)

MOTOR DE AGUA: EL INVENTO PROHIBIDO



Las grandes multinacionales y gobiernos mundiales han impedido por todos los medios que el motor de energía libre y gratuita salga a la luz. Entre muchos inventos el motor de agua siempre ha sido silenciado y sus creadores han aparecido muertos en extrañas circunstancias.

En 1972 dos ingenieros brasileños dieron a conocer el motor de agua que habían inventado. A la semana de publicar su descubrimiento desaparecieron.


Daniel Dingel, filipino, hizo funcionar sus coches con agua. En 2008, con 82 años de edad, fue sentenciado a 20 años de cárcel.

Stanley Meyer, norteamericano, hizo funcionar su coche con agua. Murió envenenado, y su vehículo desapareció.

Arturo Estévez Varela, español, hizo funcionar su motocicleta con agua ante notario en Sevilla. Donó sus patentes al estado español . Hoy están desaparecidas de la oficina de patentes, nunca se supo más de Arturo.

Paul Pantone, norteamericano, inventor del motor Pantone funcionando con un 80% de agua acabó condenado judicialmente y encerrado en un psiquiátrico.

John Kanzius, norteamericano, descubrió como convertir el agua salada del mar en combustible. Murió 6 meses después.

Nikola Tesla, croata, probablemente el mayor inventor de sistemas de energía libre y gratuita de la historia murió en el olvido y la miseria. La gran mayoría de sus patentes ha desaparecido.



(Visto en https://despertares.org/)

domingo, 17 de junio de 2018

EL EXPERIMENTO ROSENHAN



Muchas de las patologías psiquiátricas son tan inexistentes como ineficaces los tratamientos que se dan a los desdichados a quienes se etiqueta con ellas. De hecho, esto es algo que saben tanto los psiquiatras como las autoridades sanitarias que aun así mantienen la farsa, al menos desde que hace 49 años un profesor de Psicología de la Universidad de Stanford (EE.UU.) llamado David Rosenhan decidió demostrarlo acudiendo él mismo junto con otros siete colegas sanos a varias instituciones mentales diciendo que sufrían lo que los psiquiatras llaman "alucinaciones acústicas".

Pues bien, a siete se les diagnosticó esquizofrenia y a uno psicosis maniaco-depresiva, y cuando confesaron que todo era una simulación nadie les hizo caso. Se les retuvo una media de 19 días -a Rosenhan 52- y solo les dejaron salir tras admitir que entraron enfermos y la medicación -que no tomaron- les había mejorado. El caso se publicaría en "Science".


En 1963 se estrenó en Estados Unidos una película titulada Corredor sin retorno en la que un ambicioso periodista, Johnny Barrett, obsesionado por ganar el Premio Pulitzer, decide ingresar en un psiquiátrico haciéndose pasar por loco e investigar así un asesinato cometido en el centro, solo que una vez en su interior va poco a poco perdiendo el sentido de la realidad.



Influyera o no en él la película, un profesor de Psicología de la Universidad de Stanford llamado David L. Rosenhan –fallecido en 2012 a los 82 años- decidió en 1969 probar que los diagnósticos psiquiátricos no tienen base, y que la diferencia entre gente normal y gente mentalmente enferma no es tan evidente como quieren hacernos creer los psiquiatras. Y para demostrarlo él mismo y siete colaboradores -dos psicólogos, un psiquiatra, un pediatra, un pintor, una ama de casa y un estudiante de Psicología de 20 años- acudieron a distintos psiquiátricos de Estados Unidos con nombres falsos –en el caso del propio Rosenhan solo el director del centro donde ingresó conocía su identidad- alegando simplemente que escuchaban voces extrañas en sus cabezas; es decir, que tenían “alucinaciones auditivas”.

Todos ellos fueron considerados personas mentalmente enfermas e internados.

Una vez dentro y tras un breve período de nerviosismo y ansiedad -comprensible dado el entorno- los falsos enfermos se comportaron ya con absoluta normalidad -sin volver a decir que oían voces- hablando e interaccionando con el personal sanitario y los demás pacientes y cumpliendo todas las instrucciones ... salvo la de tomarse los fármacos, que arrojaron al retrete. Hasta se permitieron tomar notas escritas a diario sobre sus experiencias.

Al cabo de un tiempo todos comunicaron a los responsables de sus establecimientos que se encontraban bien, no habían sufrido más alucinaciones y querían el alta pero no fueron creídos y tuvieron que permanecer recluidos una media de 19 días (Rosenhan 52). Y eso que Rosenhan les dejó claro que deberían salir del centro en el que se internaran convenciendo a sus médicos -y demás personal- de que estaban cuerdos.

¿Y qué pasó? Rosenhan lo cuenta así en el artículo On being sane in insane places (Estar sano en lugares insanos) que publicó en 1973 en Science sobre ello: “A pesar de nuestra pública muestra de cordura los falsos enfermos no fuimos detectados. Se nos admitió con diagnóstico de esquizofrenia -salvo a uno al que se diagnosticó psicosis maniaco-depresiva- y se nos dio el alta como pacientes de ‘esquizofrenia en remisión’.

Y la etiqueta ‘en remisión’ no debe considerarse una mera formalidad porque en ningún momento de la hospitalización se planteó una posible simulación. Tampoco hay indicación alguna en los registros de los hospitales de que se sospechara de falsos enfermos. Antes bien, hay claras evidencias de que una vez considerados esquizofrénicos todos los falsos enfermos quedamos con esa etiqueta. De ahí que a todos se nos diera de alta como esquizofrénicos ‘en remisión’; a juicio de esas instituciones habíamos estado pues realmente enfermos”.

Lo llamativo, según Rosenhan, es que mientras ningún miembro del personal se dio cuenta de la farsa hubo pacientes que sí se percataron preguntándoles si eran periodistas, profesores o investigadores. Algo que atribuye al hecho de que los médicos asumen mejor diagnosticar erróneamente como enfermo a alguien sano que diagnosticar como sano a alguien enfermo. Actitud que a su juicio no es aplicable al caso de los psiquiatras porque –explica- “las enfermedades médicas, aunque desafortunadas, no son normalmente peyorativas; en cambio los diagnósticos psiquiátricos conllevan estigmas personales, legales y sociales”.

Como era de esperar la publicación del trabajo suscitó una airada reacción de rechazo -incluso por colegas de Rosenhan- alegándose que el experimento adolecía de errores, actitud defensiva ante la que éste respondió anunciando que en los siguientes tres meses iba a efectuar un segundo experimento “colando” uno o más falsos enfermos ” en un hospital de investigación y enseñanza cuyo personal había puesto públicamente en duda que ellos hubieran cometido tal error si se les hubiera elegido. Advertencia ante la que el hospital se puso en guardia pidiendo a su personal que valorara en admisiones a cada enfermo de 1 a 10 dando su parecer sobre si se trataba o no de un caso real.

Transcurridos los tres meses se constató que de los 193 enfermos admitidos 41 fueron calificados de posibles falsos casos por al menos un miembro del personal, a 23 los consideró sospechosos al menos un psiquiatra y a 19 les parecieron sospechosos a un psiquiatra y a otro miembro del personal. ¿La verdad? Rosenhan no intentó colar a nadie como había dicho ... y demostró que la fiabilidad de los diagnósticos es más que discutible.

“Basándonos parcialmente no sólo en consideraciones teóricas y antropológicas sino también filosóficas, legales y terapéuticas -diría en uno de sus artículos- toma fuerza la postura de que la categorización psicológica de la enfermedad mental es en el mejor de los casos inútil y claramente perjudicial, engañosa y peyorativa en el peor. Los diagnósticos psiquiátricos están en la mente de los observadores; no son resúmenes válidos de las características que muestra el observado”.

Terminamos indicando que Rosenhan fue pionero en la aplicación de métodos psicológicos en los procesos judiciales siendo hoy sus trabajos fundamentales en los modernos procesos de selección de los jurados populares.

Rosenhan, al analizar luego lo acaecido, destacaría la fuerza que tiene el “etiquetado” de una evaluación psiquiátrica, hasta qué punto influye el hecho de que a alguien se le asigne una determinada “enfermedad” mental:

“Una vez se considera ‘anormal’ a una persona todos sus comportamientos y características quedan teñidos por esa etiqueta. Es tan poderosa que muchos de los comportamientos normales de los falsos enfermos fueron profundamente malinterpretados (…) Por lo que he podido determinar los diagnósticos no los modelaron las circunstancias vitales de los falsos enfermos; fue más bien a la inversa: sus circunstancias se valoraron en función del diagnóstico”.

Rosenhan aporta varios ejemplos de cómo hasta el historial de los pacientes anterior a su ingreso se contempló y redactó luego desde la perspectiva del nuevo diagnóstico considerando circunstancias normales y habituales de la vida -como discusiones o malas relaciones familiares- señales inequívocas del trastorno mental diagnosticado. Aunque éste fuera inexistente.

“Una etiqueta psiquiátrica -explica Rosenhan- tiene vida e influencia propias. Una vez se tiene la impresión de que un paciente es esquizofrénico la expectativa es que seguirá siendo esquizofrénico. Considerándose si éste no hace nada extraño durante suficiente tiempo que está en remisión y puede dársele el alta. Pero la etiqueta perdura más allá del alta y quedará siempre la expectativa no confirmada de que antes o después se comportará nuevamente como esquizofrénico. Y esas etiquetas puestas por los profesionales de la salud mental influyen tanto en el paciente como en sus parientes y amigos por lo que a nadie debería sorprender que el diagnóstico actúe sobre todos ellos como una profecía autocumplida. Hasta que finalmente el propio paciente acepta el diagnóstico, con todos sus significados y expectativas sobreañadidas, y se comporta en consecuencia”.


En pocas palabras, comportamientos habituales de los seres humanos pasan a considerarse patológicos si quien los tiene es alguien a quien un psiquiatra ha etiquetado -aunque su diagnóstico sea erróneo o falso- como afecto de una enfermedad mental psiquiátrica.

Rosenhan lo explica:

“Los cuerdos no estamos siempre ‘sanos’. Todos perdemos los estribos sin buenas razones. Todos sufrimos en ocasiones depresión o ansiedad sin causas justificadas. Y todos podemos tener dificultades para llevarnos bien con unas u otras personas sin razones concretas. Y tampoco los locos están siempre ‘locos’. Y del mismo modo que carece de sentido etiquetarnos de deprimidos porque lo estamos de vez en cuando se precisan más y mejores evidencias para etiquetar de esquizofrénico o loco a alguien solo porque sus comportamientos y pensamientos son extraños”.

Lo increíble es que medio siglo después de las lúcidas denuncias de Rosenhan la Psiquiatría sigue sin hacer autocrítica; y eso que sus advertencias estaban bien fundamentadas:

“Sabemos desde hace mucho que los diagnósticos no son útiles ni fiables pero continuamos usándolos. Hoy sabemos que no podemos distinguir la cordura de la locura. Y es deprimente tener en cuenta cómo se utilizará además esa información. No, no es solo deprimente: es aterrador. Me pregunto cuántas personas sanas habrá internadas en nuestras instituciones psiquiátricas y a cuántas se les habrá despojado injusta e innecesariamente de sus privilegios ciudadanos, desde el derecho al voto hasta el de manejar sus propias cuentas (…) Un error en el diagnóstico psiquiátrico no tiene las mismas consecuencias de un error de diagnóstico médico. Un diagnóstico equivocado de cáncer es motivo de celebración pero es muy raro que se acepten diagnósticos psiquiátricos equivocados. La etiqueta psiquiátrica de anormalidad es para siempre”.

Francisco Sanmartín
(Artículo completo en: https://www.dsalud.com/)

ROSALÍA, "MALAMENTE" Y LA APROPIACIÓN CULTURAL


Un Tío Blanco Hetero aborda el concepto de apropiación cultural a raíz de la oleada de críticas levantada por el videoclip de Rosalia “Malamente” a la que se le acusa de apropiación cultural por introducir elementos de la iconografía gitana en sus canciones y por utilizar jerga andaluza que según los indignados profesionales, no le pertenece.

sábado, 16 de junio de 2018

LA ENFERMEDAD DE LA IGNORANCIA, UNA EPIDEMIA DE NUESTROS DÍAS



La ignorancia es una enfermedad que en nuestra época se ha convertido en una epidemia ayudada por la tecnología digital, que tiene la característica de ser viral (y virulenta).

Un ejemplo que me parece ilustrativo de lo que en inglés se conoce como dumbing-down, como promediar a la baja de la cultura que predomina en la era de la información y la corrección política -donde todas las opiniones, se cree, tienen el mismo valor-, es lo que ha ocurrido con el concepto de los memes. Los memes son un interesante concepto biológico, desarrollado por Richard Dawkins en su libro El gen egoísta. Básicamente son "genes culturales", o unidades portadoras de cultura (ideas, símbolos, conductas, etc.), que pueden considerarse vivientes y se esparcen infectando a sus huéspedes. A grandes rasgos, los memes son organismos de una evolución cultural que se desarrolla en paralelo y se interpenetra con la evolución biológica. Ahora bien, la mayoría de las personas, cuando piensa en un meme solamente piensa en los memes de Internet, y particularmente en un tipo de meme, las recreaciones humorísticas de eventos, algunas muy ocurrentes -hasta el punto de llegar a ser "lo mejor de una campaña política"- pero mayormente banales y limitadas a entretener. Estos memes son una caricaturización de los memes y, ya que la cultura es esencialmente memética, la cultura se vuelve caricatura.

Los memes abarcan mucho más que esto. Algunos biólogos materialistas creen que las religiones son memes particularmente insidiosos; pero, por otro lado, el concepto del meme fue claramente prefigurado por el concepto de arquetipos de Carl Jung y tiene su paralelo biológico no-materialista en el concepto de campos mórficos de Rupert Sheldrake. El caso me parece emblemático por dos razones. La primera, por cómo un concepto científico e intelectual se vulgariza y es adoptado por la conciencia popular sin tener conciencia de su verdadero significado (o de su significado más amplio, ya que, ciertamente, los memes que se publican en Twitter son memes). La segunda, como reflejo emblemático de nuestra actividad memética fundamental, es decir, nuestra actividad cultural esencial es postear fotos divertidas, chistes, curiosidades y demás memes de Internet. A esto se reduce la cultura: a entretenimiento. Lo cual es preocupante, pues lo memético es uno de los ejes principales de nuestra evolución, la calidad de nuestros memes es la cualidad que toma nuestra conciencia.


El término que predomina en nuestra cultura es "viral", pues está orientada a la viralidad: el éxito e incluso el valor de un meme, de un contenido y hasta de una persona se mide en si logra tener una distribución masiva o no. Esto es altamente significativo, pues nos habla en términos de una enfermedad infecciosa. Se trata de una infección cultural en la que lo que predomina son las opiniones y la falta de pensamiento crítico-histórico no utilitario, es decir, pensamiento que conversa con una tradición filosófica y artística y es capaz de absorber valores espirituales que no están supeditados a la inmediatez comercial. De la misma manera que la "comida chatarra" (junk food) predomina en buena parte del mundo debido a la expansión de las grandes trasnacionales, predomina en buena parte del mundo la cultura chatarra, con sus efectos igualmente nocivos para la psique.

Ya Aristóteles había identificado que la ignorancia era una enfermedad. "Porque el que sólo tiene opiniones, si se compara con el que sabe, está en estado de enfermedad en relación con la verdad", dice el filósofo en su Metafísica, y agrega que aquellas personas que sólo tienen opiniones deberían dedicarse de lleno al estudio, de la misma manera que el enfermo se ocupa más de la salud que el hombre sano. El budismo, por su parte, considera su dharma, la doctrina del Buda, como una medicina para curar la enfermedad de la existencia cíclica o samsara -¡la causa de sus innumerables y miserables vueltas no es más que la ignorancia!-. El Buda es el doctor que da la receta para curarse, pero el paciente debe aplicarla y tomarse la medicina por su propia cuenta.

Algunos seguramente argumentarán que esto suena bien pero es un discurso sin sustancia, en tanto que es necesario que digamos cuáles son las cosas verdaderas o qué es la sabiduría, algo que es relativo y, por lo tanto, hablar de "ignorantes" es sólo darse un aire de superioridad e, incluso, una forma de control y manipulación en una perpetua búsqueda de poder. Ante lo cual, diré que más allá del discurso relativista posmoderno existen verdades científicas y verdades éticas (las cuales nos vienen de la filosofía y la religión). Todos nadamos, como si fuere, en el agua de estas verdades, las cuales integramos a nuestras vidas muchas veces de manera inconsciente.

Por ejemplo, asumimos que las personas tienen agencia, son individuos que tienen un valor intrínseco. Esto es algo que nos viene en gran medida del pensamiento judeocristiano y su noción de que las personas tienen un alma. Si no pensamos que los otros tienen conciencia y son seres con libre albedrío se desmoronaría el sistema jurídico y, en general, la sociedad dejaría de tener sentido. Aunque la ciencia materialista maneje hipótesis que mantienen que la conciencia no existe realmente y que los individuos son "robots programados" (en palabras de Richard Dawkins), es una verdad moral valorar la vida individual y asumir que las personas tienen libre albedrío. Asimismo, las normas básicas de la convivencia están basadas en la llamada regla de oro, la cual puede tener ciertas similitudes con la noción hindú del karma (que es una causalidad que no se limita a lo meramente material, sino que incluye lo mental y reconoce una moralidad embebida en el cosmos).

El universo está formado por leyes naturales y leyes morales, y aunque algunas personas han teorizado que estas leyes se pueden trascender, para hacerlo -si acaso es posible llegar al estado "más allá del bien y el mal"- deben ser conocidas cabalmente. Dije antes que todos nadamos en esa agua, en una especie de sopa cultural, pero los que saben son los que son capaces de rastrear la fuente: el agua del río es más pura cerca de la fuente. Y más aún, aquellos que saben vivir en armonía con las leyes y los ritmos que rigen los procesos de la vida para, de esta forma, permitir que ésta siga fluyendo limpia y cristalina y llegue hasta el océano.

Aristóteles observó que la ignorancia era una enfermedad y el dharma indio, desde un principio, entendió que la cura al problema de la existencia -fundamentalmente, el sufrimiento- era la sabiduría. El lema de la bandera de la India aún refleja esta noción: Satyameva jayat ("Sólo la verdad triunfa"), lo cual es parte de un verso de las Upanishad que sugiere que no sólo triunfa sino que alcanza la liberación de todo sufrimiento. Lo mismo dice un conocido verso del Evangelio de Juan. El problema es que se suele caer en la literalidad, la cual es la marca del fundamentalismo. Sólo mi Dios libera. Y el nuevo fundamentalismo: Sólo lo que podemos ver y medir es real, lo demás (todo lo subjetivo) es una ilusión.

Decir que la verdad no es literal no significa que la verdad sea meramente relativa. Significa que no puede reducirse a una definición única y que la sabiduría tiene que ver con la capacidad de percibir la unidad en la diferencia, los puntos de conexión, las analogías que nos permiten compartir sentimientos. Esto fue entendido por los autores de los himnos del Rig Veda, quienes fueron conscientes de que el Uno tiene muchos nombres, todos son aspectos de una misma esencia y sin embargo, ninguno alcanza a comunicarla y a conocerla nominalmente. Es decir, la verdad ética-religiosa no puede ser dicha, pero sí experimentada. Lo cual es algo que nosotros experimentamos en la vida cotidiana: una persona no es buena o ama a otra persona porque dice que es buena o que ama, es buena y ama cuando actúa y experimenta un cierto estado de conciencia. Como notó Raimon Pannikar, la filosofía tiene dos aspectos: es el amor a la sabiduría pero también, la sabiduría del amor. Logos y Eros, Prajna y Upaya unidos en un matrimonio sagrado.


¿Cómo, entonces, liberarse de lo que Aristóteles llama meras "opiniones", la marca de la ignorancia? Platón, el maestro de Aristóteles, distingue opinión (doxa) de conocimiento (episteme). Opiniones son lo que tienen los sofistas, aquellos que sólo aparentan saber. En nuestra época es muy fácil ser un sofista, pues existe fácil acceso a todo tipo de información, especialmente superficial o predigerida.

Lo que diferencia a quien está informado de quien sabe realmente es que el que sabe entiende, no depende de los datos. Es decir, ha sido capaz de hacer suyos los pensamientos que ha escuchado o leído. Los ha transformado en experiencia. El conocimiento se hace, así, una fuerza vital.

Tanto Platón como Aristóteles admiten que el conocimiento se puede alcanzar a través del cultivo de lo que hoy llamamos la razón, como también por medio de la intuición. No obstante, estas funciones cognitivas no se desarrollan mágicamente; son el resultado del estudio de la ciencia y la filosofía y -particularmente en el caso de la intuición, la noesis platónica- de una vida contemplativa. Es decir, de una vida que no se dedica vulgarmente al entretenimiento sino a la interrogación de la realidad, la indagación de los principios y la observación de la propia conciencia o alma. En otras palabras, para ir más allá de la opinión es necesario conversar con y hacerse adepto de una tradición de conocimiento; por regresar al principio de este artículo, de empaparse de buenos memes -memes que han probado su aptitud desde los albores de la historia-, de contagiarse de las grandes mentes de la humanidad, de honrar la tradición. Con lo cual no hay riesgo verdadero -siempre y cuando uno entienda y no sólo repita lo que dicen- de volverse un fanático o perder la propia autenticidad: como mencionamos, la sabiduría tiende naturalmente a la libertad, y no a la utilidad.


El conocimiento no es un fenómeno moderno constreñido a la ciencia. Es una tradición viva y el sabio será siempre quien comprende la tradición y la actualiza en sí mismo, de esta manera haciendo que evolucione y brindándole el necesario vigor para adaptarse al cambio sin perder su esencia. Esta es una "era de la ignorancia", creo, sobre todo porque no valora y no es consciente de su tradición. Asumimos que lo mejor es lo último y que todo lo viejo es primitivo y ha sido superado por la ciencia y la tecnología moderna. Esto, en realidad, no un pensamiento científico; es cientificismo. En un comentario a McLuhan, el escritor William Irwin Thompson escribió:

Lo que McLuhan reconoció, pero no afirmó explícitamente, es que nuestros nuevos medios electrónicos altamente avanzados, al ser usados por individuos mortales evolutivamente poco avanzados, nos llevarían a la aniquilación cultural. Estos nuevos medios que operan a la velocidad de la luz requieren una nueva conciencia espiritual de la luz. Son tan fantásticamente eficientes que no pueden funcionar para el bien si nosotros no somos buenos; solamente pueden ser usados sin riesgo si decimos la verdad y vivimos en la verdad.

(Coming Into Being: Artifacts and Texts in the Evolution of Consciousness)

Esa nueva conciencia espiritual de la luz sólo puede encontrarse en la vieja tradición espiritual de la luz. Ese hábito de decir la verdad y habitar en lo verdadero sólo puede sostenerse sirviéndose de la estructura del pensamiento religioso y filosófico de Occidente y Oriente. Aunque un estudio muestra que los fundamentalistas religiosos consumen más fake news, paradójicamente, la religiosidad -es decir, el sentido de conexión con algo sagrado- es el antídoto de las fake news (de la misma manera que un sentido de lo sagrado es la mejor solución al problema ecológico). No se trata de regresar al pasado o de retomar las viejas religiones, sino de continuar su evolución y actualizarlas, de reimaginarlas -la ciencia, en realidad, es consecuencia y resultado de la tradición filosófica griega y de las religiones abrahámicas, y no su antítesis-. A fin de cuentas el transhumanismo, la ideología dominante entre las élites tecnócratas actualmente, es solamente una versión de las ideas religiosas de deificación (theosis), inmortalidad y dicha eterna. Sin embargo, creo que es una forma pobre de concebir estas ideas, pues transfiere su fe del ser humano -y su semejanza con la divinidad- hacia la máquina. Deifica la materia, pero olvida la posible divinidad trascendente de la propia conciencia humana, la cual, a diferencia de la inmortalidad tecnológica, tiene como base y garante un principio moral.

Alejandro Martínez Gallardo
(Visto en Pijamasurf)

LOS AMOS DEL PLANETA Y EL NUEVO ORDEN MUNDIAL


Estamos siendo dominados por 13 élites económicas repartidas por el mundo, que nos manipulan y controlan sin nuestro conocimiento.

viernes, 15 de junio de 2018

EL FRAUDE DE LA "OPERACIÓN PEDRO SÁNCHEZ"



Cuando en octubre de 2016 Pedro Sánchez renunció a su acta de diputado para recorrer España en coche, nadie habría predicho que terminaría aparcándolo en el palacio de La Moncloa. Entonces era la perfecta imagen del perdedor, del político paria al que todos daban por amortizado. En realidad, lo primero que Sánchez hizo no fue recorrer las polvorientas carreteras de España, sino viajar hasta Los Ángeles, California, con la familia al completo, y pasear por Beverly Hills.

De aquella huida a las playas de Santa Mónica y Malibú, lugares predilectos de los famosos, pocos se acuerdan. De ahí que en su lugar haya terminado prevaleciendo la idílica imagen del sufrido y joven líder socialista, cuya audacia inauidita le ha llevado a ser presidente. Una especie de adaptación del cuento de La Cenicienta a la cutre política española.

Pero los cuentos, cuentos son. La “operación Pedro Sánchez” no surge de la aguda inteligencia del personaje. En ella confluyen numerosos intereses. Cierto es que todo apunta a que fue vendida con grandes dosis de oportunismo como instrumento para desbloquear una situación política que, con Mariano Rajoy de presidente, no tenía solución. Pero hasta ahí llega la audacia. En esta adaptación de La Cenicienta no hay buenos y malos, tampoco audaces o pusilánimes. Todo es mucho más prosaico. Aquí el protagonista es el statu quo, y su proverbial visión de corto plazo, que una vez más ha hecho de la necesidad virtud.

Una coalición de intereses

Es verdad que cuando Pedro Sánchez hizo públicas sus intenciones, parecieron saltar todas las alarmas, pero en realidad el flujo de información ya inundaba los despachos. Lo que podía interpretarse como una audaz blitzkrieg, era en realidad un calculado asalto al poder donde no iban a faltar aliados. Así, la temeraria idea de un gobierno socialista en franca minoría, a merced de nacional-separatistas y comunistas, se transformó a gran velocidad en una operación plausible donde encajaban numerosos intereses.

La prueba de vida exigida al PSOE no tardó en ser proporcionada: los presupuestos pactados no se tocarían. Lo que fue acompañado de información puntual sobre las intenciones del nuevo gobierno. No habría experimentos, al contrario, se prometían nombres confiables: un ejecutivo de técnicos o, como publicaba con su proverbial diligencia el portavoz del régimen, el diario El País, “un gobierno de expertos”. Así, como por ensalmo, el Ibex35 se dio la vuelta y la prima de riesgo dejó de tensionarse.

De cara al establishment, las piezas encajaban. Pero faltaba un comodín para ganarse al público. Dicho y hecho, Sánchez añadiría al elenco un par de nombres mediáticos y ajenos a la política, gente encantadora y fuera de toda sospecha: Pedro Francisco Duque, “el astronauta español” y Màxim Huerta, “el cuenta cuentos”. Un golpe de efecto del que los medios sacarían buen partido y muchos clics. Duque y Huerta, los dos ministros florero, ayudarían a reforzar la imagen halagüeña del nuevo gabinete, serían la guinda que el pastel necesitaba para ganarse el favor popular, con la cooperación, claro está, de unos medios siempre atentos a la dirección en la que sopla el viento.

El regreso del hijo pródigo

De pronto, Pedro Sánchez, el tipo del recalcitrante “no es no”, dejaba de ser blanco de mofas y descalificaciones y pasaba a ser adulado por todos o casi todos. En un abrir y cerrar de ojos se convertía en un político audaz y “más listo de lo que aparentaba”. El odioso Mariano Rajoy estaba fuera, se atenuaba la alargada sombra de la corrupción que pesaba sobre el Régimen del 78, y lo más importante, el nuevo gobierno socialista, libre de las exigencias de los votantes de Centro Derecha, podría buscar una salida negociada al problema catalán. Además de liberarle del peso muerto de Rajoy, el PSOE le hacía otro favor al PP: apartarle de los labios un cáliz del que no podía beber.

Como contrapartida, Sánchez tendría luz verde convertir la moción de censura en una moción instrumental en perjuicio de Ciudadanos y Podemos. El PSOE volvía a la primera línea de la política por la puerta de atrás, apuntándose en su haber la defenestración de un presidente al que ya nadie quería y que, sin embargo, parecía inamovible. Así pues, casi todos salían ganando… ¿o tal vez no?

Políticos sin control

Lamentablemente no es así. Los ciudadanos no deberían estar demasiado satisfechos. Al fin y al cabo, que ni ellos ni los integrantes del propio PP hayan podido descabalgar a Rajoy tiempo atrás, evitando tener que llegar a una situación en la que confluyen demasiados intereses, demuestra los males de un modelo donde los votantes en la práctica no solo no conforman las mayorías parlamentarias, sino que no tienen control sobre sus representantes.

En el mejor de los supuestos, se podría hacer valer la nueva y extraña mayoría parlamentaria para sacar adelante una moción de censura, pero nunca para agotar la legislatura y aplicar un programa de gobierno que no han votado los electores y que, para colmo, si el PP no coopera —aunque está previsto que sí—, habrá de ser negociado con una amalgama de fuerzas con pretensiones que van desde la disolución de la comunidad política, hasta la imposición de alguna suerte de comunismo: esto es, la subversión institucionalizada. Sin embargo, las reglas son las que son. Y precisamente este es el problema: con estas reglas, en la práctica, el Parlamento es más una cámara de conspiraciones que de representación.

“La democracia está funcionando correctamente”

No, nuestra democracia no está funcionado correctamente, desde luego no para el ciudadano común. El parlamento, ni ahora ni antes, está reflejando fielmente sus inquietudes. Sin embargo, desde el momento en el que la moción de censura salió adelante, se ha querido trasladar a los ciudadanos la idea de que la democracia ha funcionado correctamente. Que el relevo del presidente del gobierno y, por tanto, del gobierno mismo, se produce dentro de los cauces oportunos. En definitiva, que todo es perfectamente democrático. Y técnicamente es así. Pero eso no debería ocultar la realidad: que las reglas de esta “democracia” son, por decirlo muy suavemente, francamente mejorables. Afirmar tal cosa no es ser antisistema. Al contrario, ser antisistema es utilizar las debilidades del modelo para sustraer la representación a los ciudadanos una y otra vez. Una forma de proceder que acumula tensiones e ineficiencias que siempre pasan factura.

En realidad, Rajoy no era una anomalía sino la consecuencia lógica de un modelo perverso. Así, las enseñanzas que se pretendan extraer de su conducta son, se quiera o no, muy limitadas. Refundar el Centro Derecha dentro de este estado de cosas, como proponen algunos, es un brindis al sol. Y lo mismo cabría decir de la refundación de lo que aún hoy llamamos izquierda. Los partidos políticos no son agentes al margen de las deficiencias del modelo político, son su máxima expresión, el fiel reflejo de un perverso statu quo. Por eso, las nuevas formaciones surgidas al calor de la crisis, también las supuestamente subversivas, terminan adaptándose. Y sus líderes son acomodados dentro del esquema de Poder, algunos en chalets con parcelas de 2.000 metros cuadrados.

En política, los valores y, sobre todo, las supuestas virtudes personales tienden a palidecer frente a los poderosos incentivos, sus inercias y sus temibles círculos viciosos. Por eso, para que una democracia funcione adecuadamente, hace falta algo más que votar cada cuatro años una lista cerrada. Si el modelo político es una máquina de generar incentivos perversos carente de los más elementales controles y contrapesos, los resultados serán perversos también. Esto es algo que ni el más necio politólogo se atreve hoy a discutir.

Sin embargo, esta evidencia brilla por su ausencia en unos análisis que se ciñen exclusivamente a la buena o mala voluntad del sujeto, a sus valores y contravalores, a sus bondadosos o aviesos fines. Un menú informativo saturado de hidratos de carbono y pobre en proteínas, donde la política es reducida interesadamente a una falaz confrontación entre buenos y malos, valientes y cobardes, inteligentes y necios, progresistas y reaccionarios. Y este pueril planteamiento cae de arriba abajo, como lluvia fina, calando a buena parte de la opinión pública.

Un traje a la medida del statu quo

En efecto, los medios de información han dedicado ríos de tinta a retratar tanto al presidente saliente como al entrante, siempre, claro está, desde una perspectiva trivial, partidista, interesada, cuidándose mucho de hurgar en la verdadera herida. Su misión es adaptar el cuerpo del debate a las costuras de un estrecho traje confeccionado a la medida del statu quo, donde la crítica al sastre está tácitamente prohibida. O peor, se adjudica en exclusiva a los antisistema, a los tontos útiles, para neutralizarla.

Los cronistas nos mantienen entretenidos, epatándonos con sus agudos análisis y crónicas cortesanas, con sus habilidades de comadres. Alguno, llevado por un exceso de entusiasmo, concluyó que quien se marcha era un cobarde; y quien llega, un irresponsable. Pero es de prever que pronto dulcificará su opinión. Otros, más prudentes, prefieren ser optimistas, pero siempre sin salirse del enfoque estrictamente personal, como si lo que fuera a pasar dependiera exclusivamente de las virtudes o defectos de un determinado individuo o de un puñado de nombres propios, cuando en política las cosas no funcionan así.

La falacia de la responsabilidad compartida

Tampoco es verdad que los políticos se construyan a imagen y semejanza del votante. Es el modelo el que incentiva y sostiene las pésimas formaciones políticas que padecemos. Y estas, a su vez, nos suministran presidentes como Sánchez o Rajoy, cuya misión no es gobernar, sino sostener un sistema clientelar y de acceso restringido a la política y a la economía, en el que el único horizonte es el clientelismo, la compra masiva de voluntades y el derroche. Y, en consecuencia, la decadencia sin fin.

La realidad es que en el Congreso los votos originales pueden ponerse del derecho o del revés a voluntad. ¿Acaso son los votantes los responsables del aberrante modelo territorial?, ¿exigían que sus líderes de referencia cedieran al chantaje nacionalista una y otra vez?, ¿tal vez votaron para que las subidas de impuestos fueran incesantes?, ¿quizá estaban ordenando a los partidos que montaran tramas de financiación ilegal? O, por terminar, ¿decidieron en la triste jornada del 26-J que había que recuperar el Ministerio de la Igualdad y convertir el temible feminismo corporativo en una institución omnipotente, que liquide definitivamente el principio de igualdad ante la ley? Es evidente que nada de eso surge del mandato popular.

Justificar los fallos del modelo político aludiendo a los vicios de la sociedad es una artimaña que ya no se sostiene. Un recurso propio de élites acomodadas que aluden despectivamente a eso que llaman “sociedad” situándose al margen o, peor, por encima de ella. Es, en definitiva, la forma en que la inteligencia media, esa intelectualidad mediocre y servil elude su responsabilidad endosándola a terceros. Sin embargo, como expresó Margaret Thatcher, no hay tal cosa como la sociedad. Hay individuos, hombres y mujeres, y hay familias.

Por lo tanto, la socorrida disyuntiva de si fue antes el huevo o la gallina, es decir, si la “culpa” es de la sociedad o de la clase política, es una añagaza. El huevo no es más que la forma en que la gallina se reproduce. Si el huevo no existiera, la gallina se reproduciría de otra forma. En cambio, sin gallina no habría huevo.


Ahora, la gallina ha puesto otro huevo … Y lo ha vuelto a hacer a espaldas de los ciudadanos.

Javier Benegas
(Fuente: https://disidentia.com/)

CINCO ESTRATEGIAS DEL PODER PARA MANIPULAR TU VOTO


En este programa vamos a ver cinco formas que tiene nuestro sistema político de hacer que sigamos como borregos votando a los partidos políticos de siempre sin que nos pongamos a pensar qué está pasando y cómo podríamos cambiar el mundo, o al menos, ponernos a hablar para cambiar algo de lo que nos rodea, desde la educación a lo que vemos en los modelos de las televisiones, y desde las maneras de apelar a la emotividad cuando se habla a la forma de controlar al individuo con todas las estrategias de espionaje que puedan comprar tanto las empresas como los propios gobiernos.

jueves, 14 de junio de 2018

LAS "LIBERTADES" DE QUE GOZA ARABIA SAUDÍ



En el año 2015 el bloguero Raif Badawi, creó un sitio web en Arabia Saudita que se dedicaba al debate político y social, dicho acto es considerado un delito y por tal motivo le impusieron un castigo de 1.000 azotes, de los cuales recibió 50, según un informe de Amnistía Internacional publicado a inicios de año. Fue la indignación a nivel global lo que salvaron a Badawi de recibir todos los azotes, pero igualmente tiene que cumplir una pena de 10 años de prisión.

Si esto le parece escandaloso, debe saber que una mujer en este reino ultraconservador no puede salir a caminar sin la compañía de un pariente varón o su esposo. A este hombre se le denomina “guardián”. Hasta el 24 de junio las mujeres seguirán impedidas de obtener una licencia de conducir. El motivo que daban las autoridades –antes de que se emitiera un decreto real cambiándola- era que obtenerlo incentivaría a que pasen mucho tiempo fuera de sus casas.

Y es que la presencia de una mujer en espacios designados para hombres es algo que horroriza a los saudíes. Una mujer no puede utilizar una piscina pública, entrar a un cementerio, asistir a un estadio sin compañía masculina, abrir una cuenta bancaria sin permiso de su esposo, entrar a edificios públicos por las mismas puertas que los hombres, ni asistir a los mismos parques, playas o parques de diversiones.

Además, una mujer está impedida de interactuar con un hombre que no sea de su familia o su esposo, ni de exponer su belleza. Por esto último está obligada a utilizar la abaya –una túnica negra que cubre totalmente su cuerpo- y un velo que cubra la mayor parte de su cabeza.

Por ello, el hecho de que en el 2017 se le otorgara la ciudadanía saudí al robot humanoide Sophia generó una enorme polémica. Tras el anuncio –que la convirtió en la primera robot del mundo en tener una nacionalidad- las redes sociales estallaron.

“Sophia sale en público sin velo ni guardián. ¡Tiene más derechos que una mujer saudí!”, reclamaba un usuario en Twitter.


Sin embargo, las mujeres no son las únicas víctimas. Un homosexual puede ser perseguido y castigado a determinado números de azotes. Incluso, puede ser sentenciado a muerte.

Es por estas –y muchas otras prohibiciones- que National Geographic no duda en asegurar que “Arabia Saudita es el país con mayor segregación por género”.

Llevar, producir o beber alcohol también puede hacer que lo condenen a recibir latigazos, como a Karl Andree, un inglés de 74 años que llevaba un poco de vino casero y fue sentenciado a recibir 350 azotes por ello.El británico, que sufría de asma y había superado el cáncer en tres oportunidades, fue liberado luego que una campaña de su familia presionara al gobierno de David Cameron y el entonces secretario de Relaciones Exteriores, Philip Hammond, tuviera que reunirse con autoridades de Riad.

Diversas organizaciones pro derechos humanos han denunciado que otros castigos como la amputación de manos a ladrones o lapidar a quienes hayan cometido un adulterio se siguen aplicando en este reino ultraconservador que se rige bajo la ley sharia.

Y la institución encargada de que estas disposiciones se cumplan en el país es la Mutaween o Comité para la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio de Arabia Saudita. Es decir, una policía religiosa que en los últimos años ha perdido poder pero sigue vigente.

Tanto el rey Salmán bin Abdulaziz como su hijo, el príncipe heredero Mohamed bin Salmán, quien se ha convertido en el centro de poder en el reino, parecen tener intenciones de cambiar el rostro de Arabia Saudita.

En los últimos meses han promovido leyes que permite a las mujeres crear su propia empresa, formar parte del ejército, incursionar en el teatro, acceder a los estadios y la mencionada oportunidad de obtener una licencia de conducir.

Además, desde el 2017 emprendieron el proyecto Mar Rojo, una ciudad semisoberana, que se regirá bajo leyes internacionales y que busca diversificar los ingresos económicos del reino, hasta ahora dependiente en un 70% de la venta del petróleo.

Lamentablemente, tal como advierte France 24, estos pequeños avances pueden servir solo de maquillaje si se toma en cuenta que los arrestos a activistas mujeres continúan sucediendo en el reino. Finalmente, criticar de cualquier forma al régimen es un delito imperdonable.

(Fuente: http://epmundo.com/; visto en https://ramrock.wordpress.com/)