sábado, 30 de septiembre de 2017

CONTRA LA MANIPULACIÓN



La primera ley del demagogo es no matizar los conceptos, utilizarlos en bloque, de forma ambigua, para destacar en cada momento el aspecto que le interesa y dejar los otros en la sombra. Al no matizar, el sentido de los conceptos se empobrece, se banaliza, y esta banalización juega a favor del manipulador en la medida en que impide a las gentes ahondar en el análisis de las cuestiones complejas.

Banalizar implica simplificar. Simplificar es reducir de valor, rebajar, envilecer. El manipulador reduce el valor de lo manipulado en cuanto lo toma como un simple objeto a dominar. Se trata de un voto a conseguir, un cliente a ganar, un militante a fichar. No importa la persona en cuanto tal, sino la función que puede ejercer en un momento dado. No interesa que incremente su capacidad de pensar de un modo riguroso, y que la ejercite. Conviene, más bien, que embote su entendimiento, que no perciba los trucos que se ponen en juego para llevarle a aceptar sin crítica los razonamientos capciosos, estratégicamente solapados y en el fondo violentos, ya que hacen violencia a la verdad de las cosas.

(A. López Quintás: "La revolución oculta")

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