martes, 23 de mayo de 2017

EL ARTÍCULO "EL PENE ES EL CAUSANTE DEL CAMBIO CLIMÁTICO" DEJA AL DESCUBIERTO A LA PSEUDO-CIENCIA "FEMINISTA"


Colúmbida posada en una rígida construcción ideológica heteropatriarcal. Más
que rígida, pétrea. ¿Se equivocó la paloma?

Si el físico Alan Sokal dejó al aire las vergüenzas del posmodernismo, un filósofo y un matemático han hecho lo propio con los estudios de género.

En 1996 el físico Alan Sokal logró que le publicaran en la revista posmoderna de estudios culturas Social Text, editada por la Universidad de Duke, un artículo titulado "La transgresión de las fronteras: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica" cuya conclusión es que la gravedad cuántica es un constructo social y que, por lo tanto, basta con no creer en ella para que te deje de afectar. Sokal argumentaba en el artículo que la existencia de "un mundo externo cuyas propiedades son independientes de cualquier ser humano individual" era "un dogma impuesto por la longeva hegemonía de la post-Ilustración sobre el punto de vista intelectual en Occidente".

Alan Sokal, profesor de Física en la Universidad
de Nueva York. Y un cachondo.
El mismo día de su publicación, el físico reveló que el artículo era un fraude compuesto por las frases más estúpidas que había podido recopilar de alumnos posmodernistas sobre física y matemáticas. Sokal consideraba que para publicar en una de esas revistas bastaba con disponer de una conclusión ideológicamente afín a la corriente de pensamiento en boga, un número suficiente de citas a autores como Derrida o Lacan y un uso abusivo de la jerga.

Ahora, el filósofo Peter Borghossian, de la Universidad Estatal de Portland, y el matemático James Lindsay han publicado en la revista Cogent Social Sciences un artículo en el que sostienen que el pene "está detrás de gran parte del cambio climático". Firmando con los nombres ficticios Jamie Lindsay y Peter Boyle, pertenecientes al inexistente Grupo de Investigación Social Independiente del Sureste, el artículo titulado "El pene conceptual como un constructo social" ha sido publicado por la revista Cogent Social Sciences y revisado por Jamie Halsall, "filósofo" de la Universidad de Huddersfield que ahora no debe saber dónde meterse.

Y es que el posmodernismo no desapareció después del escándalo Sokal, que es lo que debería haber sucedido en cualquier mundo intelectualmente sano. Sigue vivo y coleando porque aunque intelectualmente no se sostenga, ideológicamente resulta muy conveniente para el papanatismo académico imperante. Uno de los campos donde ha prosperado es el de los estudios de género, donde cualquier disparate cuya conclusión guste a las feministas puede encontrar acomodo. Y en este caso el disparate consistía en la afirmación de que "los penes no deben considerarse como órganos sexuales masculinos sino como peligrosas construcciones sociales", tal y como explican en un artículo para The Skeptic.

"Asumimos que si nos limitábamos a ser claros en la implicación moral de que la masculinidad es intrínsecamente mala y que el pene está de alguna manera en la raíz del problema, el artículo sería publicado en una revista respetable", aseguran. Y acertaron. Aunque no fue aceptada por NORMA: International Journal for Masculinity Studies, el rechazo no se debió a que los consideraran la estupidez que es, sino a que pensaron que era más adecuada para su revista hermana Cogent Social Sciences. Así describen sus autores el artículo:

No intentamos hacerlo coherente: al contrario, lo llenamos de argot (con palabras como "discursivo" o "isomorfismo"), tonterías (como argumentar que los hombres hipermasculinos están al mismo tiempo dentro y fuera de ciertos discursos), términos que deberían haber alzado una bandera roja (como "sociedad pre-post-patriarcal"), referencias lascivas a términos de jerga para el pene, referencias insultantes para los hombres (incluyendo la conclusión de que algunos hombres que deciden no tener hijos han sido en realidad "incapaces de coaccionar a una pareja") y alusiones a la violación (afirmamos que el manspreading, la queja contra los hombres por sentarse con las piernas abiertas, es "comparable a violar el espacio vacío a su alrededor"). Después de completar el artículo, lo leímos con cuidado para asegurarnos de que no dijera nada con sentido y como ninguno de los dos fue capaz de determinar de qué iba lo consideramos un éxito.

Manspreading/Womanspreading. Abuso y "violación del contínuo espacio-
temporal" cuando lo hace un varón. Visibilización y autoafirmación cuando
lo hace una fémina. Hasta espatarrarse es algo represivo o reivindicativo se-
gún quien lo haga. Sutilezas del "igualitarismo".

Pero no teman, que este nuevo escándalo no provocará ningún terremoto en el campo de los estudios de género: el statu quo viene muy bien política y académicamente a quienes viven de él. La verdad siempre ha sido una cuestión secundaria para los "científicos sociales" feministas.

(Visto en http://www.libertaddigital.com/)

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