miércoles, 13 de julio de 2016

AL TORERO EN SU COGIDA



No, matador, no nos alegramos cuando el toro te coge. Nos duele el sufrimiento y eso te incluye también a ti. Aunque seas el verdugo que extrae de este disparate placer y beneficios.

Torero, no pienses que tu muerte en la arena me deja indiferente

Tampoco lo hacen tus heridas. Y esa mueca convulsa, aunque te cueste creerlo, mejor dicho: a pesar de que te convenga negarlo, me sobrecoge y entristece. Así pasa cuando la empatía con el sufrimiento de otros no se construye sobre la distinción entre especies, sino que se apoya en la conciencia del padecimiento ajeno y del valor que la propia vida posee para cada cual. Sé que te resultará difícil entenderlo y que aún haciéndolo preferirás no admitirlo, pues tal sinceridad desmontaría una de las falacias más ruínes y recurrentes utilizadas por el mundo de la tauromaquia para denostar a los que pedimos la abolición. Y no estáis sobrados de razones precisamente.

Lo cierto es que se me antoja un instante terrible aquel en el que el cuerno del toro desaparece en tu ingle o se hunde en tu rostro desencajado. Igual de espantoso, torero capaz de sentir miedo y dolor, que el de tu espada ensartada en el animal hasta la empuñadura mientras el acero le atraviesa piel, músculos, nervios y vísceras. Él, para su desgracia en un mundo donde la reacciones humanas son la única medida, no sabe gritar, pero está tan dotado como tú, mamífero vestido de luces, para experimentar angustia física y psíquica..

Ambos cuerpos sangrientos y desvencijados, el tuyo de hombre y el suyo de toro, los entiendo como un tributo absurdo y dramático a la escenificación de la violencia transformada en tradición intocable, en espectáculo y en negocio. Pero no es una tragedia sobrevenida por azar, ni la consecuencia indeseable de una acción virtuosa y necesaria. Son la estupidez y la brutalidad elevadas a arte imprescindible cobrándose el precio más alto por la crueldad, la ambición, la ignorancia y el egoísmo del ser humano.

Tu muerte me estremece tanto como la del toro, es verdad. Pero existe un matiz que diferencia tu suerte de la suya: él no escogió entrar en la plaza para ser torturado y ejecutado. Es, por lo tanto, la víctima. Tú saliste triunfante al ruedo de forma voluntaria con la intención de martirizarlo y acabar con su vida. Eres, pues, el verdugo. Y sólo muy de vez en cuando el destino te depara lo que al toro tú le reservas siempre.

La abolición es lo único que puede poner fin a esta salvajada.
Por el bien de las bestias y de los hombres
A pesar del papel que cada uno tenéis asignado (el animal jamás puede elegir el suyo), mi entrañas se encogen si cualquiera de los dos, se dobla cayendo sobre la arena para masticar su sangre e intentar respirar sin que el oxígeno le llegue a los pulmones. No os ocurre sin embargo lo mismo a vosotros, taurinos de sensibilidad tan selectiva, porque cuando eres tú, matador, el que recibe el daño, los gritos de tus pares expresan su profunda aflicción, pero al ser el toro agonizante al que se le escapa la vida por sus hemorragias brotan los aplausos y las ovaciones. ¿Te imaginas que hiciésemos nosotros lo mismo mientras te llevan en brazos a la enfermería? Ahórrate el esfuerzo porque tal cosa no ocurrirá. Juráis amar al toro y le procuráis suplicio hasta la muerte. Nosotros, sin amaros, no deseamos vuestro dolor y tampoco el suyo. Esa es la diferencia entre el concepto que tenéis de respeto a la vida ajena y el nuestro.

Julio Ortega Fraile
(Visto en https://entrenomadas.wordpress.com/)

7 comentarios:

  1. Genial comentario. Como dijo Pío Baroja, el toreo es un resto de barbarie.

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  2. El toreo se acabará, cuando nadie quiera ir a los toros. No antes
    Entretanto:
    http://www.rafapal.com/?p=100898

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  3. No me sorprende un artículo de este tipo. En una época en la que la vida humana casi no vale nada lo más normal es valorar al máximo la vida de los animales. Dicen algunos “cuanto más conozco a las personas más quiero a mi perro” bueno, también sucede que el amor exagerado a los animales es muestra de poco interés por el sufrimiento de los seres humanos.

    Ya dieron derechos humanos a los simios. No parece que la vida de los simios haya mejorado mucho con eso. Aunque la vida de algunos humanos (de profesión político-ecologista) ha conseguido prebendas.

    Para los sensibilizados con el bienestar animal seria interesante que visitaran granjas de cerdos. Seria bueno que comprobaran no sólo como mueren, también como viven, si eso puede llamarse vida. La vida y muerte de un toro es más digna en todos los sentidos.

    Siempre me importará más el sufrimiento de un ser humano que el de un animal. Siempre consideraré más la vida de un ser humano que la de un animal. Nunca dejaré que mi amor a los animales me lleve a un odio a las personas. Hay limites que no se deben pasar.

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  4. mas que genial .Sublime. No has podido expresarlo mejor.

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  5. A ver cuando veo algún articulo que también se meta con la caza , porque los animales que viven en los montes también sufren , digo yo. Pero no , a los cotos no va nadie a quejarse o a hacer alguna pantomima como las que hacen a veces delante de una plaza de toros , parece que eso "no vende" en los medios de desinformación masiva .

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  6. ¿Qué pasa, no te gusto mi comentario de ayer?

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    1. Por partes, Sillero3. He pasado unos dias fuera de mi domicilio sin otra posibilidad de acceder a Internet que un locutorio cutre cuyo servicio era peor que lamentable (estas cosas pasan en la España profunda), lo que me ha llevado a tener descuidado el blog. Incorporado a mi casa, he procedido a publicar todos los comentarios acumulados.

      La moderación de los comentarios no obedece a publicar los que me gustan y silenciar los que no. Publico TODOS. Otra cosa es que algunos los dejo ahí y otros los contesto.

      Finalmente, la caza es un hecho que se da en la naturaleza, puesto que muchos de nuestros hermanos animales son depredadores. La complacencia en la agonía de un ser sintiente convertida en morboso espectáculo de masas es, en cambio, exclusiva del animal humano. Hay una diferencia. Conste que no justifico la caza, me limito a establecer prioridades.

      Un saludo, y no sea Vd. tan impaciente.

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