viernes, 1 de abril de 2016

SONRÍA PARA LA FOTO, SEÑOR SECUESTRADOR


La imagen más -bizarra, tronada, dadaísta, elija el lector- de estos días

El lector habitual del blog ya sabe que cada primero de mes, a modo de acto psicomágico que exorcize algo de la pesadumbre y la preocupación en que nos suelen sumir las noticias de un mundo convulso y violento, esta bitácora solo da cabida a entradas positivas, humorísticas o esperanzadoras. He dudado en incluir en alguna de estas categorías el siguiente hecho, pero dado su feliz desenlace, creo que bien puede ser un ejemplo de que algunos, ya sea por sangre fría o por una inconsciencia absoluta, no se dejan sobrepasar por las circunstancias:

La cosa, más o menos, fue así: el pasado martes un vuelo de la compañía Egyptair con 55 pasajeros y 7 tripulantes a bordo, y que acababa de despegar de Alejandría con dirección al Cairo fue secuestrado y obligado a aterrizar en el aeropuerto de Lárnaca, en Chipre, por un tal Mustafa Seifedeen, un hombre "psicológicamente inestable" abrumado por su reciente separación de una chipriota. Al parecer el secuestrador pretendía que se hiciera llegar una carta a su ex-esposa. Luego exigió la liberación de varias mujeres encarceladas en Egipto, pidió hablar con algún representante de la U.E., y probablemente hasta en algún momento de lucidez empezara a preguntarse qué demonios estaba haciendo.

En el origen del susto estaba, afortanadamente, el mero desa-
mor, no el fanatismo, el odio, la yihad o el afán de notoriedad
Entre los rehenes se encontraba un británico de 26 años, Ben Innes, quien al parecer había logrado comunicarse con su madre en Inglaterra, una sensata mujer que le recomendó, sencillamente, que no se hiciese notar en tan apuradas circunstancias. El caso es que nuestro protagonista no debe ser de los que se dejan aconsejar, puesto que, ni corto ni perezoso, se acercó al secuestrador, quien llevaba adosado al abdomen lo que parecía un cinturón-bomba (que luego resultó ser falso) y con un aplomo absolutamente surrealista, pidió a una azafata que le transmitiese al secuestrador su deseo de hacerse una foto con él. Tan delirante como la pretensión del muchachote fue la aceptación del desorientado Seifedeen, quien posa circunspecto en una imagen que Innes justifica como una iniciativa tendente a "mantener el ánimo frente a la adversidad".

En su twitter, nuestro héroe relata el momento afirmando que el secuestrador se limitó a encogerse de hombros ante su extraña pretensión, por lo que se situó a su lado, hombro con hombro, y compuso la mejor sonrisa que pudo, dadas las circunstancias. No pasó su mano por el hombro de Seifedeen, pero tal vez incluso pudo haberlo deseado.

El autor del secuestro, tras ser detenido
A uno, que en el fondo es un sentimental, le da por pensar en si, puestos a pensar en que la bomba del secuestrador hubiera sido real, tal vez la disparatada inocencia del niño grande que quiso posar junto a él le hubiera disuadido de provocar una de tantas matanzas de las que este desquiciado mundo está sobrado.

Por imaginar, que no quede.

(posesodegerasa)

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